Una gran ola de vergüenza me recorrió el cuerpo. Me llevé la mano a los ojos, negando con la cabeza. —Ah… a eso —dije, sintiéndome expuesta, como si me hubieran desnudado en plena calle. —Sí. También quería decirte… que terminé mi relación con Galilea. No era justo para ella, sabía que no funcionaría, no cuando siento que tú… bueno, tú también sientes algo por mí. Aunque no lo digas o insistas en que solo somos amigos. Sentí que mi garganta se cerraba, no sabía cómo reaccionar, la ver fuerza se apoderaba de mi. —Me siento muy avergonzada —confesé casi a punto de llorar. —No tienes por qué —dijo, acercándose. —Pero si de verdad quieres tener un hijo, yo podría dártelo. De forma natural, no tengo problemas con eso. Lo miré, completamente sorprendida, abrí los ojos sin saber si había es

