Demian y Humberto

1149 Words

Después del almuerzo, Jimena insistió en acompañarme hasta la puerta junto a Humberto. Me sentía ligera, casi como si hubiera estado en otro mundo, uno donde las heridas no dolían tanto y la risa era fácil de compartir. Al llegar a la entrada, me giré hacia ella con una sonrisa sincera. —Gracias por todo, señora Jimena, fue un placer compartir la mesa con usted. Ella me tomó las manos entre las suyas, sus manos eran cálidas y tiernas. —El placer fue mío, hija. Vuelve cuando quieras, esta casa estará abierta para ti. Le dediqué una pequeña reverencia de respeto, y luego me giré hacia Humberto. Él tenía esa expresión serena que era envidiable. —Espero volver a verla otra vez —dijo, cruzando los brazos con una sonrisa leve, aunque sincera y un poco nerviosa. —Mientras esté en el p

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