Lo miré en silencio por unos segundos, a esas alturas, ya no tenía palabras. Solo un vacío desgarrador dentro de mí, y sentía que no podía con tanto pero aún así me mantuve de pie. —Ya nada importa —dije finalmente. —Al final me destruyeron la vida de una forma tan cruel… tan dolorosa, que no sé si algún día podré reconstruirla del todo. —Perdóname —dijo Fabiola, acercándose a mí. —Perdóname por no haber confiado en ti. Por haber dejado que el odio de otros me cegara. No quiero cargar con los pecados de nadie más. La miré con lágrimas en los ojos, no era perfecta, pero en ese momento, sentí su dolor sincero. —Te perdono —le dije con un poco de frialdad. —No porque lo merezcas, sino porque yo no quiero llevar en mi corazón más con rencores innecesarios. Sabrina se acercó también, evide

