Solté una carcajada de desconfianza, una de esas que se te escapan cuando ya no te importa nada. —No voy a caer en tus chantajes, Mildred, ya no podrás engañar otra vez, te conozco demasiado— Le dije mirándola directamente a los ojos. Me di la vuelta sin esperar su reacción, caminé hasta la puerta del baño y antes de entrar, me detuve y me giré hacia ella nueva vez. —Quédate ahí si quieres, pero yo ya no tengo nada más que decirte. Cerré la puerta tras de mí, me apoyé en el lavamanos y levanté mi mirada al espejo. El espejo me dejó ver en mi misma que no era ahora la Azucena tonta que todos podían manipular. —No le creas —Me dije a mí misma mientras me miraba al espejo. —Solo está buscando confundirte, Mildred no tiene nada que decirte, ella solo llora cuando quiere manipular. Prom

