Capítulo. La verdad que no debía existir.
Gianice comenzó a notar cosas extrañas.
No solo los mareos y el cansancio propio de un embarazo. Había días en los que sentía su vientre tenso, demasiado tenso para el tiempo de embarazo que llevaba. Días en los que el dolor no se concentraba en un solo punto, sino que parecía expandirse, como si algo dentro de ella buscara más espacio del que realmente necesitara.
-- ¿Es normal sentir estos cambios tan pronto? – le preguntó una tarde al doctor en medio de una consulta.
El médico dudó.
-- Cada cuerpo es diferente señorita – le respondió finalmente.
-- No todos los embarazos son iguales tampoco, no debes preocuparte, el bebé en tu vientre está bien --
Pero, aunque él le decía aquello, sí lo hacía. El galeno se preocupaba por ella y por esos bebés.
Porque las ecografías que conseguía hacer con su ecógrafo portátil no le ayudaban demasiado, y les mostraban a dos bebés que, por su tamaño, quizás podrían nacer antes de tiempo...
Porque los valores hormonales eran demasiado altos y porque el crecimiento no seguía un solo patrón. Porque, clínicamente, no parecía un embarazo simple.
Por su parte Maximiliano observaba una fotografía borrosa sobre su escritorio. Una que Iván le había conseguido de esa mujer. Ella estaba sentada en un rincón del bar. Con ese antifaz n***o, con la cabeza gacha y una botella frente a ella que le cubría el rostro por completo... Iván había sido demasiado estratégico, guardaba varios de esos antifaces con él. Eran su pasaporte de vida. Y una noche envió a una mujer al bar para despistar la búsqueda de su jeje.
-- Ahí estuvo la joven señor – le dijo Iván, señalando la imagen.
-- Es lo único que hemos podido conseguir. Apenas llegamos al club la mujer desapareció como si la tierra se la hubiera tragado. Parece que tiene gente por todos lados, como si le hubieran avisado que íbamos por ella – le dijo lleno de seguridad.
Maximiliano cerró los puños y golpeo la mesa con fuerza, sin decir más. Sin dejar de mirar la imagen... a simple vista no parecía alguien peligrosa, pero él sabía muy bien que esas eran las peores.
-- ¿Estás seguro de que es la misma mujer? – le preguntó. E Iván asintió.
-- Es la única que utiliza ese antifaz señor – le respondió con rapidez.
-- No parece alguien peligrosa señor – le dijo uno de sus empleados al ver la fotografía.
Maximiliano levantó la mirada lentamente, como un felino acechando a su presa.
-- Esa mujer me drogó – le dijo entre dientes.
-- Me usó. Me marcó... y te atreves a decir que no parece peligrosa – su empleado trago saliva, en ese momento hubiese preferido no haber dicho nada.
-- Quiero su nombre, quiero la dirección de su casa, su historia completa, lo que comió ayer y lo que comió hoy y lo que comerá mañana... todo – rugió.
Esta vez fue Iván quien trago saliva, debía asentir mostrando que estaba de acuerdo con él , mientras por dentro rezaba porque nunca encontrara a esa mujer.
-- La encontraremos, jefe, se lo prometo – le dijo con la mano levantada, mientras continuaba rezando en silencio para que eso no fuera a ocurrir.
Lo último que quería era que Maximiliano More encontrara a esa enmascarada desconocida, al menos mientras ese bebé estuviera dentro de su vientre.
Gianice soñaba cada vez más.
Pero sus sueños se hacían cada vez más confusos. Un hombre sin rostro. Un calor que la envolvía. Una voz grave que no lograba identificar, palabras que no tenían sentido... un dolor agudo en su cuerpo, pero placentero a la vez...
Al despertar, se sentía extrañamente protegida… y al mismo tiempo, profundamente sola.
Una noche, se despertó sobresaltada, con la mano sobre su vientre.
Había sentido algo, por primera vez desde que supo que estaba embarazada de ese bebé sintió algo en su interior.
No era una patada clara, al menos no aún… pero sí una presencia distinta. Como si algo dentro de ella se acomodara, reclamando su lugar.
-- Tranquilo pequeño... – le susurró sin darse cuenta, mientras acariciaba su vientre con lentitud.
-- Todo estará bien, tu estarás bien, te lo prometo –
No sabía por qué había dicho eso.
Tampoco sabía para quien lo hizo. Pero por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de huir, tampoco quiso beber y por primera vez no se sintió sola.
Esa noche no quiso morir... esa noche ella quiso vivir.
Y sin saberlo, ella estaba gestando mucho más que un secreto. Estaba gestando una verdad que, cuando saliera a la luz, destruiría a todos los que habían intentado enterrarla.
El silencio dentro de la habitación era antinatural.
Gianice dormía profundamente, ajena a todo, con el rostro pálido y una mano apoyada sobre su vientre. El monitor cardíaco marcaba un ritmo estable, casi tranquilizador. Quizás demasiado, considerando lo que el doctor acababa de ver en su último ultrasonido.
Iván permanecía de pie, con los brazos cruzados, observando cada movimiento del médico como si pudiera obligarlo a cambiar la realidad solo con la mirada.
-- Repítelo – le ordenó, sin levantar la voz.
-- Mejor no... no lo digas. Si lo haces uno de los dos morirá –
El doctor respiró hondo.
-- No hay margen de error – le dijo con firmeza.
-- He revisado los estudios tres veces. El último ultrasonido y los análisis hormonales coinciden. No hay error Iván –
Iván apretó la mandíbula.
-- Dije que no lo repitieras, no quiero morir todavía –
El médico lo miró directamente a los ojos, consciente de que estaba cruzando una línea peligrosa, pero seguro de que no podía seguir callando.
-- La paciente no está embarazada de un solo bebé – susurró.
El silencio se volvió denso, espeso.
-- Está embarazada de tres –
Iván negó lentamente con la cabeza, dos ya eran un peligro para su vida... ahora escuchar que serían tres, era su sentencia de muerte.
-- Eso es imposible – le dijo en un susurró, mostrando gotas de sudor frio sobre la piel.
-- Mi jefe solo tenía un óvulo viable. Uno solo... ¡maldición! Yo mismo vi los registros de la señorita –
-- Lo sé. Eso todos lo sabíamos – asintió el médico. Él mejor que nadie lo sabía.
-- Por eso tardé en confirmarlo. Pero los hechos no cambian la realidad, porque el resultado no encaje con el plan –
Iván dio un paso adelante.
-- Explíquese bien doctor... ¿a dónde quiere llegar? –
El doctor señaló la pantalla, todavía estaba encendida mostrando la grabación del último ultrasonido.
-- Los valores de HCG son demasiado altos para un embarazo único. El tamaño del saco gestacional no corresponde a un solo bebé. Y aquí... – amplió la imagen.
-- Aquí puedes ver claramente tres formaciones embrionarias independientes –
Iván sintió un vacío en el estómago, mientras pasaba una mano por su cabeza, como si quisiera arrancar cada uno de sus cabellos.
-- Eso no puede llegar a oídos del jefe – le dijo con la voz baja, peligrosa.
-- Nunca entendiste... a no ser que quieras que todos muramos aquí –
-- Iván... esto no es algo que se pueda ocultar eternamente – intentó razonar el médico,
-- Sí se puede – cortó.
-- Y se tiene a hacer. Yo no pienso morir ahora – el médico tragó saliva.
-- Tres bebés implican riesgos. Para ella. Para ellos. Necesitan controles especializados, un entorno clínico más real… serás tú el responsable si algo le pasa a alguno de los hijos del señor More. Te imaginas si él se llega a enterar... –
-- No – lo interrumpió Iván.
-- Pero si él la encuentra, no podremos salvar a ninguno de los tres... ella debe quedarse donde está, y si debemos convertir esa casa en una maldita clínica, entonces hagámoslo –
-- Ella no es una incubadora clandestina – alzó la voz el galeno.
-- Ella es una mujer ¡maldición! –
-- Sí, pero él la está buscando para matarla. Ella es la madre del heredero de Maximiliano More. Nada más y nada menos. Eso es suficiente para dejarla protegida en ese lugar... asi que comience a pensar como llevar todo lo que necesita a esa casa, todo –
Iván lo miró con frialdad, parecía mentira, pero debían proteger a Gianice del propio Maximiliano y todo por su propia negligencia. Si no hubiesen perdido ese ovulo, las cosas hubieran sido diferente.
Esa misma noche, Iván reunió a los hombres que sabían demasiado.
Solo a los indispensables.
Solo a los que ya estaban condenados si algo salía mal.
-- Escuchen bien – les dijo.
-- La mujer está embarazada. Eso ya lo sabemos – nadie habló, todos escuchaban en silencio, cada uno de ellos era culpable de la pérdida del embrión.
-- Lo que no saben – continuó.
-- Es que nadie, absolutamente nadie, debe sospechar que es un embarazo normal. Para todos fue una inseminación y vendrá un solo bebé –
Uno de los hombres frunció el ceño.
-- ¿Un solo bebé... qué quieres decir? –
Iván lo miró, no necesitó decir más. El murmullo fue inevitable.
-- ¿Es que hay…? – comenzó a decir otro.
-- No hay un “es que hay” – lo interrumpió Iván en ese momento.
-- El jefe sabe cuántos óvulos había en ese aparato que todos ustedes perdieron. Sabe cuántos hijos podía tener. Y solo espera uno – todos abrieron los ojos como platos.
-- ¿Y los otros? – preguntó casi temblando otro de ellos. Había quedado claro que venían más de un bebé.
Iván cerró los ojos un segundo.
-- ¿Vas a matar tú a los hijos del jefe? – le preguntó con seriedad... el tipo retrocedió por inercia moviendo la cabeza de un lado a otro.
-- Nunca, eso no lo haría jamás –
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier amenaza.
-- Los otros bebés simplemente no existen... ellos serán de la mamá. Ninguno de nosotros sabrá nunca sobre su existencia..., nadie hablara de ellos nunca más después de su nacimiento ¿han entendido? – todos asintieron a la vez, la decisión había sido tomada y no habría marcha atrás.