Capítulo 6

2774 Words
Esto no tiene sentido. La amiga de Juan Pablo dijo que hicieron una fiesta casera, una en la que no se involucraron los Diener y que se "descontroló". Si Juan Pablo estuvo en esa fiesta ¿qué hacía en casa de los Diener? La historia está en destacadas, no logro ver la hora en que se subió, pero dice que fue el viernes. Al menos me da una idea de que fue antes de las doce. Y entonces se cambia a la siguiente historia y veo que hay una hora en colores fosforescentes: Las once en punto. Debimos haber hecho esto desde el sábado, habría resultado la mitad de complicado. Ahora nos perdimos muchas historias y las que hallemos en destacadas no nos darán información tan confiable o útil. Repito la historia y me peleo con el teléfono para sacar captura de pantalla del momento exacto en el que nos vemos los dos. Mierda, perdí la memoria desde antes de las once, eso es malo. Lo último que recuerdo fue decirle a Raquel que nos fuéramos. ¿Desde antes de las once de la noche? Eso es excesivo, aunque lo entiendo por el tema de no poder entrar a la residencia. Hago la anotación de la hora, el perfil y el suceso en mi cuaderno. No soy investigadora ni detective, pero hago un esfuerzo. No dudo en meterme al perfil de Juan Pablo, pero el muy inútil no tiene historias. Busco a Dalia, a Pavel y a Sebastián, no creí que sería tan sencillo encontrarlos, pero tampoco tienen historias, me da risa el nombre de Sebastián, pues no tiene su apellido, solo una carita rara: Sebastian._. Y entonces me aventuro a buscar a los Diener. Ventura me parece, por mucho, el más agradable de los tres, pero quien tiene más seguidores es Marlene. La chica tiene un cuerpo de ensueño, la mayoría de sus fotografías son de ella en bikini o enseñando su perfecta cabellera rubia. No pone ubicación, pero el lugar donde se tomaron la mayoría de las fotos es soleado, con mucho verde alrededor y un lago. Ventura tiene más fotos que su hermana: Esquía en la montaña nevada, toma el sol en un cómodo camastro, está en las carreras de autos (las legales) y también tiene fotos del lago. Incluso hay una foto de los tres hermanos. Es Tristán quien me causa problemas, pues su cuenta está privada; debido a un pequeño y estúpido descuido, pulso el botón de "seguir". Entro en pánico y estoy lista para cancelar la solicitud, pero será mucho peor porque se dará cuenta de que fue un error. Necesito que la tierra me trague y que sea lo más pronto posible. Siento el irrefrenable impulso de voltear hacia donde está Tristán, pero mantengo el control. Continuo con mi búsqueda de pistas en las historias de los asistentes a la fiesta, muchos no tienen historias destacadas. Estoy por darme por vencida cuando llego a la historia de una chica en donde sale Dalia. Está cantando y sonriendo junto a un círculo de personas y en el centro alguien que perrea de rodillas. Dalia se ve tan tranquila, feliz y divertida, que no parece que algo malo esté por ocurrir. Estoy por pasar a la siguiente historia cuando noto una figura acercarse a la chica de tez negra. No le alcanzo a ver el rostro, pero lo reconozco por el saco n***o; debe ser la misma persona con la que me puse a platicar. Tomo captura y paso a la siguiente historia: Dalia ya no está, es la única que falta en el círculo. Hago la anotación para no olvidar. El profesor dibuja en el pizarrón, estamos con venas y arterias de cabeza y cuello, la clase se nota interesante, pero no logro poner atención. Navego por i********:, pero no encuentro más respuestas, es todo. Antes de bloquear el teléfono, me llega una notificación: "Tristán Diener ha aceptado tu solicitud". Oh, por dios. No voltees, no voltees Kendra, hay que mantener la calma. Tengo la ligera esperanza de que hoy no tengamos que hablar con nuestra pareja para el proyecto final, pero me la tumban. Los últimos diez minutos son para reunirnos. No seré yo quien se acerque a Tristán, eso es seguro. La banca a mi lado queda vacía cuando el chico que se sentaba se mueve a dos bancas de distancia. Espero. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Treinta y tres. Y entonces Tristán cae pesadamente en la banca de al lado. Es estúpido, pero los nervios me carcomen y la ansiedad provoca que quiera morderme las uñas hasta que no quede nada. Cierro mi libreta y la guardo, pero el bolígrafo lo dejo fuera. ―Por mi parte, estoy lista para ponernos a trabajar. ―Y sirve que dejas de acosar a la gente en i********: ―dice entre dientes―. Podemos reunirnos el miércoles. Este idiota se va a ganar una patada en los huevos, siempre tiene un maldito comentario sarcástico listo para sacarme de quicio. ―Entendí el mensaje ―saco mi teléfono y busco su perfil― Quedas eliminado. Un segundo antes de dejar de seguirlo y mostrarle que no me importa su vida social, veo una fotografía de él en el lago junto con sus hermanos, la diferencia es que, en esa foto, se ve una casa hermosa al fondo y por una ventana, alcanzo a ver una silueta. Un timbre de alarma se activa en mi cabeza, pero lo dejo pasar, podría ser la sirvienta o el papá de ellos. Si tuvieran a alguien secuestrado no lo dejarían vagar libremente por la casa. No vi bien la foto, no puedo sacar conclusiones, pero si fuera algo raro relacionado a algún crimen, Tristán no habría subido la fotografía, sería casi gritar que los arrestaran. ―Tampoco es como si fueras tan interesante, campeón. Su mirada verde esmeralda se clava en la mía, su rostro es una máscara de fría apatía, si no estuviera en un salón de clases rodeada de personas, definitivamente estaría asustada. Su mandíbula se tensa al igual que su cuello, trago saliva y no aparto la mirada. Pasan cinco diez, veinte segundos y no lo soporto más, siento que me está leyendo, que ha descubierto el secreto que guardo más profundamente. ―Podemos usar un maniquí ―comento para romper la tensión―. Para el trayecto de venas, arterias y demás podemos usar hilo ―mierda, este hombre ni siquiera parpadea―. O plastilina. Estoy segura de que no dije nada estúpido, o no tanto, pero me siento como la más fracasada del mundo cuando hace una expresión de... Inconformidad. El calor se apodera de mi cara y sí, tengo que apartar la mirada. ―Podríamos hacerlo con cerámica. ―¿No es más complicado? ―pregunto mientras frunzo el ceño―. La verdad no sé de eso. Una parte de mí espera que Tristán me responda sarcásticamente, que utilice mi ignorancia para burlarse de mí o incluso que me diga inútil o qué sé yo. Pero no, de hecho, su respuesta me deja sin palabras. ―Me gusta moldear ―y eso es un rasgo tan humano, que por un momento me olvido de que me cae mal―. Desde niño lo hago, puedo tomar medidas y hacerlo a escala. A falta de una mejor idea (aunque siento que el maniquí nos podría funcionar), asiento en acuerdo. Antes de poder afinar detalles sobre nuestra reunión del miércoles, el tiempo se termina, Tristán se levanta y sale del aula sin despedirse. Un extraño hormigueo recorre mis piernas, la charla fue profesional, pero oír las palabras: "Me gusta moldear", fue lo que me desestabilizó. Ir a Geometría Analítica es de lo más difícil. Tuve todo el fin de semana para mentalizarme a llegar al aula y echar en falta la presencia de Raquel, pero decidí centrarme en todo menos eso y ahora que entro al salón y no la veo sentada en la banca contigua a la que siempre elijo, un duro peso me oprime el pecho. El aire abandona mis pulmones y siento que mis piernas flaquearán. Solo camina, Kendra, llega a la banca y siéntate. Algunos traen el moño n***o prendido de su ropa, otros simplemente actúan como si nada. Debí traer un moño n***o, así al menos muestro mi respeto. Vuela a mi mente la imagen de Raquel en el baño, de la soga en su cuello, de los labios amoratados... Voy a gritar, voy a llorar, no voy a poder seguir adelante, todo está mal, nada debió terminara así. Yo... Yo... De repente ya no siento nada. No hay tristeza, no hay impresión, no hay enojo. Se abre paso una tibia indiferencia como mecanismo de defensa. ―...Como respeto a la compañera Raquel Solís, el día de hoy no habrá clase ―la voz del profesor me saca de mi ensueño, ¿en qué momento llegó? ¿En qué momento me senté?―. La tarea contará como la prueba de hoy... Ah, la tarea que no entregué. Salimos del salón, unos intercambiando comentarios sobre la masacre, otros ideando teorías, otros charlando de cualquier cosa trivial. Me dirijo a mi habitación, una vez dentro, me encierro con seguro. Si no puedo acudir a la policía, puedo largarme de aquí. Tengo la ventaja de vivir en Sores, ya no me importa perder el semestre. El acosador no puede estar en varios lugares a la vez, mi pueblo está a kilómetros de distancia. Allá no correré peligro y nadie me acosará. Escapar es la respuesta. Que me perdonen Dalia, Pavel y Sebastián, pero mi prioridad soy yo. Hago las maletas lo más rápido que puedo, aviento todo, aunque tenga que hacer esfuerzos sobrehumanos para cerrar las maletas. Una vez que me cercioro de que no se me olvida algo, dejo una nota a Giuliana y me largo. Tengo que meter mi baja y también debo entregar la llave electrónica, no sé bien cuál sea el proceso, pero no me importa, ya arreglaré los inconvenientes cuando llegue a mi casa. Llego a la planta baja y siento mi teléfono móvil vibrar. No me importa, lo ignoro, ya veré qué necesitan cuando esté en el avión hacia mi pueblo. Pero el acosador demostró que va un paso por delante de nosotros, no me voy a arriesgar. "No creerás que te librarás tan fácil, ¿cierto?" Adjunto al mensaje, viene una imagen de mí saliendo de una casa en llamas. No se me ve bien el rostro porque estoy cubierta por una capucha roja, pero sé que soy yo porque recuerdo a la perfección ese momento ¿Cómo consiguió esa imagen? Ese suceso ocurrió hace años, es algo enterrado que se supone jamás vería la luz. No es posible que el acosador lo tenga. "¿Qué quieres?" Envío el texto y espero la respuesta. "Te vas y esto sale a la luz". Hijo de puta, nos tiene bien agarrados; al menos a mí. ¿Qué hizo para dar con esa foto? ¿No pudieron simplemente matarme y ya? Agradezco el estar viva, pero esto es desesperante. "¿Por qué me dejaste viva?" No recibo respuesta. Giuliana me encuentra cuando estoy desempacando mis cosas, llega en compañía de Joan quien, como siempre, saca sus chistes malos y comentarios idiotas. ―¿Se te acabó antes el semestre? ―pregunta el tipo de lentes quien se sienta sobre mi cama, voy a explotar―. Si te vas de vacaciones, me apunto. Volteo los ojos con irritación mientras doblo la ropa, me impresiona lo mucho que me irrita que las personas sigan con su vida normal. Hubo muertos, sí, pero no lo vivieron, pueden seguir adelante sin problemas; nadie está tras ellos, nadie los amenaza, nadie los dejó vivir por alguna razón desconocida. ―Me hablaron por una emergencia, pero fue falsa alarma. Y con eso me dejan en paz. Siguen hablando de sus materias, de chismes de los de tronco común de Economía y de los planes de Joan para publicar su novela. Una vez que termino de acomodar mis cosas, checo la hora, las dos de la tarde. Según las r************* , el funeral será hoy a las cuatro. La ubicación es alejada; calculo unos cuarenta minutos si me voy en transporte público. ―Kendra, ¿comerás con nosotros? Volteo para ver a Giuli y por un momento no sé qué decir. Es como si todo me fuera ajeno e irreal, como si fuera una película y en cualquier momento darían el corte y podría suspirar de alivio porque todo está bien. Pero nada va a estar bien. ―Sí, claro ―sacudo la cabeza―. Vamos. Me pongo ropa negra y comemos en nuestra cocina compartida, trato de parecer normal, tranquila, pero no puedo sacarme de la cabeza el misterio de mi pasado. El maldito acosador está en todo, eso me hace pensar que no se trata de uno solo, si no de dos... O tres. No, es ilógico, no encuentro razón alguna para que los Diener maten a siete o seis en una casa alejada de su mansión, dejen vivos a cuatro y los acosen. Además ¿Por qué matarían a Neli? Muchas cosas no encajan. Al terminar, me despido con la excusa de ir a la biblioteca, no quiero levantar sospechas. Tomo camino a la ubicación del funeral, al llegar, veo a mucha gente reunida. Llego a la masa de gente y busco con la mirada a cualquiera de mis compañeros, mi baja estatura no es mi aliada en este momento. A quien alcanzo a ver, es a Juan Pablo, viene solo y también parece buscar a alguien. La oportunidad de obtener respuestas es única. Me lanzo hacia él. No digo su nombre, me paro enfrente de él en lo que imagino es una pose intimidante. Me mira confuso, después ve algo o a alguien más allá de mí y vuelve su atención a mí. ―Kendra, no esperaba verte aquí. Me cruzo de brazos y admiro el brillo de su cabello, el tatuaje en su cuello. De pronto, una ira hirviente se apodera de mí, me invaden unas ganas inmensas de golpearlo, de escuchar un gruñido de dolor, de hacerle sentir lo mucho que me dolió que... ―Dana me habló ―sus palabras me devuelven de golpe a la realidad―. Está preocupada porque no le contestas los mensajes ni las llamadas. Tardo un par de segundos en captar que se refiere a Dana, mi mejor amiga, la que se quedó en Sores. ―He estado ocupada. ―Es lo que le dije ―nuestras miradas se conectan durante un instante―. ¿Qué haces aquí? ―No te incumbe, pero... ―Madura, Kendra ―bufa y se cruza de brazos también―. Pensé que tomarías la ruptura con madurez, pero me equivoqué. Debes alejarte de mí, encuentra amigos, no sé. Deja de buscarme por todas partes. Este pendejo. A ver, el sábado en las canchas lo encontré por casualidad y no quería hablar con él, estaba hablando con Dalia y ahora... Ahora... ―Me mentiste ―digo segura―. Fuiste a la fiesta de los Diener, ¿por qué ocultarías eso? La expresión de Juan Pablo cambia en menos de medio segundo. De irritación y desagrado, cambia a estupefacción. Frunce el ceño mientras una mueca se forma para adornar su rostro. Descruza los brazos y abre la boca para decir algo. Y entonces alguien no requerido aparece en nuestro panorama. Marlene se acerca y saluda con la mano a Juan Pablo, la sonrisa de Marlene es tan bella como una margarita. Espera, ¿qué? No acabo de pensar eso. En cuanto ve a la chica, Juan Pablo se olvida de mí y de lo que le acabo de decir. Me deja plantada sin decir palabra y camina hacia Marlene. Estoy asombrada, maldito sea mi ex, le pregunté algo, me debe respuestas. ¿Será que tampoco lo recuerda? Lo dudo, algo me dice que Juan Pablo esconde algo. Tal vez nos encontramos en la fiesta, discutimos, me enojé y por eso le dije a Raquel que nos fuéramos, pero no quiso y nos quedamos más tiempo. Quiero pensar que me fui de la fiesta porque salió un mejor en plan en casa del chico muerto, Silvio y entonces ahí ocurrió lo malo. Pero lo de Juan Pablo sigue siendo sospechoso y que ande tan pegado a Marlene, prende una alarma en mi cabeza. Si está fingiendo demencia, es malo, pero si verdaderamente no recuerda que estuvo en la fiesta; es mucho peor.
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