6. Riga Black.

4976 Words
Ellie permaneció en el piso del baño con la sábana enredada, cubriendo todo su cuerpo como si fueran un escudo, su respiración era entrecortada, irregular; los sollozos ya no eran fuertes, pero seguían vibrando en su garganta, mientras las lágrimas seguían brotando de sus ojos amargamente. Su cuerpo dolía y no podía distinguir si era por la tensión o por aquello que creía le había sucedido, pero cada intento por recordar la noche anterior la golpeaba con fragmentos borrosos: la sonrisa de Aarón, el sabor dulce del cóctel, el ascensor, las luces, el calor sofocante y después, la oscuridad. Apenas y se llevó las manos al rostro, cubriendo su boca, tratando de detener los sollozos ahogados, buscando a su alrededor alguna explicación que no la destrozara. “Qué me hicieron?, qué pasó?” Las preguntas se atropellaban en su mente sin respuesta, y las náuseas crecieron incontrolablemente gracias a la fragancia de Declan que se le impregnaba a la piel, de forma nauseabunda, y cuanto más intentaba apartarla de su memoria, más parecía adherirse a ella, infiltrándose en sus sentidos hasta provocar una punzada de repulsión. La joven trató de respirar, pero el asco fue más fuerte, el estómago se le contrajo de golpe, el aire se le volvió ácido, y un temblor la recorrió desde el abdomen hasta la garganta; dónde un gemido de horror, que no supo si era de dolor o de pánico, escapó antes de que pudiera contenerlo, junto con lo poco que había ingerido la noche anterior. Apenas logró arrastrarse hasta el retrete cuando un líquido ligero y amargo salio de su boca con violencia, extendiéndose más de lo que supondría un estómago prácticamente vacío, las lágrimas siguieron rodando por sus mejillas ya no era solo el resultado de su estado anímico. Hasta que por fin el espasmo cedió, sin embargo, aún no tenía la fuerza necesaria para levantarse, Ellie se quedó inmóvil, encorvada y acurrucada contra el retrete, con el cuerpo sudoroso y la garganta ardiendo, mientras el eco de su propia respiración llenaba el enorme vacío a su alrededor. El llanto ya había cedido, al menos ya no era tan sonoro pero las lágrimas seguían presentes deslizándose silenciosamente por sus mejillas, desgraciadamente no se atrevía a levantar la vista, porque temía encontrarse con la verdad de lo que acababa de vivir; y en medio de su dolor, recordó que el servicio no tardaría en llegar para limpiar la habitación y, por supuesto, que no iba a permitir que la encontraran ahí, tirada en el suelo y en tan penosas condiciones, no quería escuchar los lamentos la preocupación o el escándalo que se armaría. Ellie era muy consciente de lo que implicaría que alguien la encontrase llorando, aturdida y abusada; la policía se involucraria sin que pudiera evitarlo, los protocolos del hotel eran muy claros al respecto y ella no tenía intención alguna de convertirse en la víctima, para ser llevada al hospital cuestionada, evaluada y revisada en cada rincón de su cuerpo, alargando aún más humillación. Y cómo pudo se levantó, arrastrando la sábana a la que aún se aferraba, y con cierta cautela abrió la puerta temiendo encontrarse con Declan en la habitación, y afortunadamente, por lo poco que podía permitirse ver, el hombre ya no se encontraba en la suite, al menos no en la recámara, permitiéndose salir a hurtadillas, mirando con cautela a cada paso solo para corroborar que él no estuviera ahí. La joven se detuvo junto a la cama observando el descontrol a su alrededor, intentando convencerse que ahí no había sucedido nada. Que todo, quizás, había sido consecuencia de su imaginación o probablemente un mal sueño, pero su vestido colgando de la manija de la puerta que daba a la estancia, su ropa interior desperdigada por todo el piso y la cama humeda y desordenada, le recordo que no que ahí había sucedido algo que se perdió en su memoria. Desgraciadamente, el llanto se exacerbó mientras se abrazaba a sí misma temblando como consecuencia de lo que le habían hecho; ni siquiera quería tomar su vestido o alguna otra prenda. Ellie considero seriamente dejarlo todo ahí, abandonar los vestigios de la peor noche de su vida, sin embargo, no tenía ropa que usar y desde luego que no iba a pedirle ayuda a alguna de sus compañeras, era preferible que nadie se enterase de lo sucedido. Como pudo tomó su ropa interior, colocandosela con un asco que la orilló a apretar los ojos fuertemente, acción que repitió con el vestido, descubriendo que el cierre de la prenda estaba roto, y eso bastó para que un nuevo sollozo la sacudiera. La imagen de Declan, su jefe, esa figura distante y fría, apareció de golpe, nítida, devolviéndole el recuerdo de su voz desconcertada, de su expresión entre la culpa y el desasosiego, y sus torpes intentos por explicarse; pero nada de lo que él hizo, justificaba lo que creía que había pasado. Ellie se ciño el vestido con asco, apenas y fue capaz de tocarlo, antes de enfilarse al espejo en la esquina de la recámara, y al verse reflejada difícilmente se reconoció: el maquillaje corrido, los ojos perdidos, el cabello revuelto y un semblante destruido. Una completa desconocida la miraba desde el otro lado del cristal. - Qué me hicieron?!- Ellie se tapó la boca con ambas manos para ahogar el grito que le subía por la garganta, y se tambaleo contra la ventana, haciéndose un pequeño ovillo que apenas se mantenía de pie. El llanto le estalló nuevamente desde lo más profundo de su pecho, áspero y crudo, su propia piel le daba asco, cada centímetro de ella, y el vestido era una extensión de ello: pegado, invasivo, recordándole lo que había pasado. Ellie tiraba de la tela una y otra vez, desesperadamente, como si al separarla pudiera impedir que la tocara, como si pudiera deshacerlo pero esa carga tendría que soportarla hasta que llegara a casa. Y ahí permaneció por más tiempo del que debería, recargada e intentado disminuir el contacto pero su mente no dejaba de repetirle que no podía permanecer más tiempo en la suite. Una vez más se obligó a respirar, aunque el aire entraba con dificultad, y con manos temblorosas sacó una toallita desmaquillante del bolso, limpiándose el rostro, arrastrando lágrimas, rímel y vergüenza. No se miró en el espejo, ya no era capaz y tampoco quería hacerlo. Una vez más miró a su alrededor y el asco le cerró la garganta, aun así, se obligó a moverse; con manos temblorosas recogió sus zapatos y la joyería de su madre, guardándolos en el bolso con un cuidado casi reverente, como si aferrarse a eso fuera lo único que la mantenía en pie. Enseguida se recogió el cabello a los costados con un par de broches, no era suficiente, lo sabía, pero al menos le devolvía algo parecido al control, algo que la alejaba de la imagen de una joven rota, abandonada en ese lugar después de haber sido violada. Ellie volvió a mirar el sitio, despacio, con una atención dolorosa, asegurándose de que no quedara nada que la obligara a recordar, y solo hasta que todo pareció, en apariencia, limpio, respiró hondo, reunió el poco valor que le quedaba y cruzó la enorme puerta doble hacia la estancia. Y ya no se detuvo, no por gusto sino porque quedarse era peor, y con pasos inseguros avanzó hasta la entrada principal, abriendo la puerta apenas lo necesario para asomarse por la rendija. El pasillo estaba vacío, pero el alivio no llegó; su pecho seguía apretado, como si en cualquier momento alguien pudiera aparecer. Cerró con cuidado y echó a andar, despacio al principio, con el cuerpo tenso y la cabeza agachada, consciente de cada movimiento, afortunadamente la alfombra amortiguaba sus pasos, pero no el ruido que sentía dentro. Ellie caminaba rezando, temiendo que alguien la viera salir de esa habitación, que alguien la mirara y entendiera. Cuando llegó al ascensor, la espera se volvió insoportable, el tiempo se estiró, cruelmente, y tuvo que apoyarse un instante para no perder el equilibrio, incluso la campanilla la sobresalto, pero en cuanto las puertas se abrieron, dio un paso al interior y se sostuvo como pudo, tambaleándose contra la pared reflejante, dónde su imagen le devolvió una versión frágil de sí misma, obligada a apartar la mirada para no romperse ahí mismo. Pero la agitación en su pecho no había disminuido, al contrario, aumento como consecuencia de su temor por descubierta; Ellie sabia, muy a su pesar, que el vestíbulo del hotel sería la prueba final, sabía que al llegar ahí podría encontrarse con alguno de sus compañeros, gente que la conocía y, que por supuesto, iba a notar su estado. Ya no podía pensar en nada más que en salir de ahí, lo más pronto posible. Afortunadamente para la joven, al llegar al primer piso, pudo respirar con cierta tranquilidad, pues más allá de un par de empleados que conversaban, una recepcionista revisando documentos y un botones que cruzó con un carrito de equipaje, nadie pareció reparar en ella, y eso fue lo único que le dio fuerzas para seguir. Rápidamente cruzó el hall sin mirar atrás, con el corazón latiendo tan fuerte que le zumbaba en los oídos, llegó hasta la elegante acera, en dónde prácticamente se echo a correr rumbo al sitio de taxis del hotel, sin importar lo frío del aire de la mañana y lo iluminado del cielo. Ni siquiera fue muy consciente de cómo abordó el vehículo pues sus manos temblaban tanto que con trabajos pudo abrir la puerta del auto, Ellie estaba más preocupada en mirar por las ventanillas solo para comprobar que nadie del hotel se diera cuenta de su situación. - Señorita.... a dónde la llevo?- preguntó el chofer, mirandola por el retrovisor. La joven le devolvió el gesto con el miedo y la preocupación reflejada en sus gestos, por un segundo que se sintió eterno, hasta que tuvo la fortaleza para responder. - Cedars.....48.....al otro lado de la ciudad, por favor- pidió pero su voz no pudo evitar quebrarse. El hombre asintió, encendiendo el motor y arrancó sin más, mientras Ellie se dejaba caer en el asiento y lentamente su mirada se fue perdiendo en las imágenes tras la ventana; las calles pasaban borrosas, y cada semáforo parecía un recordatorio del caos dentro de su mente. La joven no lloró de inmediato, solo respiró con dificultad, con los labios apretados y las uñas marcando la piel de sus brazos, hasta que una lágrima cayó, silenciosa, y después otra y otra, sin que pudiera contenerlas. El temblor volvió, aunque esta vez más violento, obligandola a abrazarse a sí misma, frotándose los brazos con desesperación, como si pudiera borrar el rastro invisible de Declan, una huella que no soportaba sentir y oler. Su llanto se volvió un sollozo ahogado, contenido entre dientes, mientras el taxi avanzaba sin que el conductor hiciera preguntas, aunque sabía que la miró un par de veces a través del espejo retrovisor, notando su estado, pero ella evitó sus ojos; no podía soportar la compasión, ni las preguntas. Desgraciadamente conforme el vehículo abandonaba la elegante y exclusiva zona de la ciudad, adentrándose en los barrios, se vió atormentada por la memoria de su madre, un pensamiento que le heló aun más la sangre. Alice, estaba enferma del corazón, frágil, y con constante medicación, eso sin mencionar la férrea advertencia del médico de no sufrir sustos o corajes que pudieran dañarla irremediablemente; aunque quisiera buscar refugio en ella, sabia que su mamá no podía saberlo, no podía enterarse de lo que le hicieron, pues aquella noticia sería su final. Y tras un pesado y doloroso trayecto, el auto se detuvo frente a su casa, Ellie sintió el peso del mundo caer sobre sus hombros, sabía que su madre estaba dentro, esperándola, quizás preocupada por su ausencia y la falta de mensajes, sabía que Alice estaría dando vueltas por la sala, frotándose las manos, ansiosa por su llegada. Ahora tendría, no solo que sonreír, sino también inventar una historia convincente del por qué no llegó a su casa a dormir o la razón por la que no pudo escribirle para tranquilizarla, y tenía que ser lo suficientemente convincente para acabar con los cuestionamientos de forma definitiva. Era demasiado y no pudo evitar maldecir a Declan, ese hombre no tenía derecho a trastornar su vida de esa manera y tan irremediablemente. Ella era quien iba a pagar las consecuencias por el capricho de un hombre que creía tener derecho a todo, un hombre que creyó podía divertirse sin ninguna repercusión. Y sin importar cuánto lo retraso, finalmente entendió que los segundos perdidos en el taxi mirando hacia su casa solo agravaban la preocupación de su mamá. Y sin más alternativa, pago y salió del vehículo caminando con paso lento, apenas y se detuvo frente a la puerta lo suficiente para limpiarse una vez más el rostro, arreglar su cabello y comerse sus lágrimas, dando la mejor sonrisa que sus circunstancias le permitían. Ellie abrió la puerta y en cuanto cruzó el umbral, su madre corrió sorprendiendola con un fuerte abrazo mientras las lágrimas salían de sus ojos con una aliviada ansiedad, Alice la envolvió con tanta desesperación entre sus brazos, que por un segundo le faltó el aire; y fue tan sorpresiva que dejó inmóvil, con los brazos colgando a los costados, mientras sentía cómo las manos de su madre la recorrían, asegurándose de que estaba realmente ahí, entera y viva. - Ah....mi niña, mi niña... dónde estabas?, por qué no me llamaste?, estás bien?!- preguntó Alice atropelladamente, entre sollozos que parecían contener la preocupación de toda la noche. Las palabras la golpeaban una tras otra, sin darle tiempo a pensar, Ellie tragó saliva, obligándose a respirar con calma, quiso responder, pero la garganta se le cerró; y cuando la voz salió, sonó más débil de lo que pretendía. - Sí, mami.... estoy bien, solo....se me hizo tarde en la fiesta..... y la mamá de Aarón insistió en que me quedara a dormir en el hotel- improvisó, con una sonrisa forzada que no le alcanzó a los ojos. Alice se separó lo justo para tomarla de los hombros, observándola con atención, buscando señales en su rostro, en el improvisado peinado, en la ropa, en cualquier cosa que delatará que algo no estaba bien; pero Ellie le sostuvo la mirada con esfuerzo, obligandose a parecer natural. - Tarde?!- repitió su madre, incrédula, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano- no regresaste en toda la noche, Ellie, me dejaste tan preocupada cuando se hizo de madrugada, te llamé decenas de veces....ay cariño..... pensé tantas cosas!!!- exclamó con un temor ahogado, mientras la joven inspiró hondo, fingiendo cansancio más que nerviosismo, intentando parecer la joven despreocupada que había sido antes de esa madrugada. - Lo siento, el teléfono se quedó sin batería, y no quise hablarte del hotel porque pensé que ya estarías dormida- dijo despacio, con la voz medida, evitando que el temblor que sentía por dentro se filtrara en las palabras. Su madre agudizó la mirada, aún sujetándola por los brazos, y Ellie sintió cómo su corazón latía con fuerza, golpeando contra las costillas, temiendo que pudiera oírlo y descubrir su dolorosa verdad. - Estás pálida, cariño....- susurró Alice, con un tono que mezclaba preocupación y duda- sabes que puedes decirme si te pasó algo, cierto?- sin embargo, Ellie negó de inmediato, con una sonrisa tan apretada que dolía. - No, mami de verdad, solo..... fue una noche más larga de lo que creí y no dormí mucho- la joven se encogió de hombros, fingiendo una ligereza que no sentía, y su madre pareció dudar de esa ligereza por unos segundos antes de volver a abrazarla. Esta vez con menos fuerza, como si temiera romper algo frágil, mientras Ellie apoyó la mejilla en su hombro, cerrando los ojos no solo por el dolor de lo que tenía que ocultar sino también por mentirle a su madre de una forma tan descarada. - Ya está, mamá!!- murmuró al fin, con un hilo de voz- estoy aquí y.....no me pasó nada- sentenció con demasiado énfasis, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda, con las manos temblandole y el aire de la casa haciéndose demasiado denso, como si el olor de aquella suite la hubiese perseguido hasta su hogar Alice la sostuvo un poco más, y Ellie fingió serenidad, mordiéndose por dentro para no quebrarse, para no mostrar que, aunque había regresado, una parte de ella seguía perdida en algún lugar de esa noche. Sin embargo, busco la manera de apartarse de su madre, sabía que si ella la miraba así por un segundo más, terminaría quebrándose y contándole toda la verdad, y dado su estado de salud eso era algo que no podía permitirse, así que la apartó con suavidad del abrazo. Y forzando una sonrisa más amplia, se estiro, dirigiéndose con calma hacia la sala, con una actitud casual, casi divertida. - Tan preocupada estas- empezó, fingiendo un pequeño suspiro de cansancio- que no me vas a preguntar cómo estuvo la fiesta?- Alice parpadeó, desconcertada por el cambio repentino de tema. - La fiesta? - Sí- insistió Ellie, sentándose con aparente naturalidad, mientras se acomodaba el cabello detrás de la oreja para ocultar el temblor en sus manos- supongo que querrás saber quiénes fueron al evento del año.....o sobre los Ellsworth....o acaso ya no te interesa ese encargo tuyo?!- y la ironía velada en su voz sonó más convincente de lo que esperaba. Y aunque su mamá la siguió, todavía confundida, el giro de la conversación surtió efecto, el brillo de la preocupación en sus ojos se mezcló ahora con una curiosidad más mundana. - Claro que me interesa- Alice respondió finalmente, con un dejo de reproche en el tono- pero eso no quita que me hayas tenido en vilo toda la noche. - Lo sé, mami, y lo siento- repitió Ellie, esta vez con una dulzura que parecía sincera- de verdad no fue mi intención, solo.... me divertí tanto que se me fue el tiempo, ya sabes cómo son esas fiestas, demasiado largas, demasiada gente, y.... bueno, demasiadas copas. Hizo un ademán despreocupado, bajando la mirada como si se avergonzara apenas de su descuido, afortunadamente el gesto resultó creíble; incluso Alice suspiró, relajando los hombros. - No me gusta que bebas, Ellie y menos si luego desapareces sin avisar. - No volverá a pasar.... creeme- aseguró con una firmeza que provenía de lo ocurrido, aunque manteniendo la voz estable, como si no hubiera pasado la noche más confusa y aterradora de su vida. Por dentro, sin embargo, sentía el corazón latirle con fuerza en la garganta, una tensión punzante en el estómago, y una sola idea martillándole la mente, mantener el control, todo debía parecer normal. - Y bueno.....- la sonrisa picara de Alice le confirmo que su plan había surtido efecto- qué tal estuvo?!, viste a alguien importante?!, hubo famosos?!- cuestionó ahora con la inocencia de una niña pequeña. - Fue......una fiesta..... inolvidable....- exclamó consciente que, probablemente, para la única que lo había sido era para ella, y no de un modo agradable- pero fue una noche muy....larga....creo que mejor me doy un baño y después te cuento todos los pormenores, te parece?- concluyó estirándose como si todo lo que sintiera en realidad fuera cansancio. Alice ladeó la cabeza, mirándola de reojo, pero más allá de su cabello, la falta de maquillaje y un vestido arrugado por haberse tenido que dormir con él, no había nada que delatara que su hija le estaba ocultando algo, así que desistió de sus intenciones. - Bien, anda- dijo finalmente, acariciándole la mejilla- ve a bañarte y duerme un poco, te ves agotada. Ellie asintió, con una sonrisa agradecida, y de inmediato se levantó dirigiendo sus pasos hacia su habitación pero, al cerrar la puerta, su respiración se quebró por primera vez en silencio. La joven apoyó la espalda contra la madera y soltó el aire que había estado conteniendo, mientras el silencio del cuarto la envolvió por completo. El temblor en sus manos regresó, más visible ahora que no necesitaba fingir y la respiracion se volvió en violentas arcadas, que intentaban devolverle algo de aire a los pulmones; ni siquiera supo como fue capaz de avanzar hacia la cama pues a cada paso sentía que el suelo se diluía bajo sus pies. Su mirada se detuvo en el reflejo del espejo, comprobando lo pálido de su piel, los labios partidos, el cabello desordenado y aquel vestido, aquel maldito vestido; y sin pensarlo, comenzó a quitárselo con movimientos bruscos y desesperados. La ansiedad le subió al pecho, y Ellie tiró con fuerza hasta escuchar el leve chasquido de la tela cediendo, rompiéndose por un costado desde la cintura hasta el dobladillo; y entonces se lo arrancó del cuerpo con violencia, arrojándolo al piso con un gesto seco, casi violento. Se perdió observándolo por unos segundos, recordando lo ilusionada que estaba al verlo tomar forma en el maniquí de su mamá, el cuidado que le proveyó al traerlo a casa de la lavandería, lo emocionada que estaba al vestirlo y lo encantada que quedó cuando se lo vió puesto; sin embargo, todo eso ahora le daba asco y repulsión. No quería volver a olerlo, no quería volver a verlo jamás, no quería volver a usarlo, no le importaba el empeño que madre puso en él, ahora ese vestido se volvió la confirmación de la peor noche de su vida y casi sin pensar, lo tomó de nuevo con apenas un par de dedos y lo llevó al baño, empujandolo al fondo del cesto de basura. Ellie se arrancó entonces la ropa interior, que sufrió el mismo destino, y corrió hacia su habitación tomando todo lo que había tenido algo que ver con esa noche, los zapatos, los broches que llevaba en el cabello, el maquillaje, hasta el perfume Chanel que había usado y que solo ocupaba en ocasiones especiales; todo absolutamente todo terminó en la basura. Y cuando finalmente se sintió libre de esos asquerosos objetos, abrió la llave de la ducha, pero solo aguardó lo suficiente para que tuviera una temperatura considerable y sin más dilaciones, entró. Por supuesto que sabía que no debía hacerlo, no debía ducharse, ni cambiarse de ropa, ni tocar nada; era una mujer lo suficientemente inteligente, había escuchado tantas veces lo que debía hacerse en esos casos, conservar las evidencias, acudir al hospital, denunciar ante las autoridades. Pero en ese momento, nada de eso importaba, porque sabía quién era él y el apellido que cargaba, el peso que ese nombre tenía en la ciudad, y la palabra de una chica común no valía nada frente a la influencia de un Ellsworth. La joven se alisó el pelo hacia atrás, temblando, sintiendo como el agua caía por su cuerpo, mientras pensaba que debía pedir ayuda, repetir lo ocurrido, dejar que le hicieran preguntas que no estaba preparada para responder, desgraciadamente, no podía. Y de nueva cuenta su mente voló hacia su madre, con su salud frágil, con sus noches de insomnio y su dependencia del tratamiento costoso que apenas podían pagar; y lo peor: qué pasaría si se enteraba, si el escándalo llegaba a los periódicos, si la familia Ellsworth decidía tomar represalias, si el trabajo y el excelente seguro médico que tenían gracias a ellos se desvanecía de un día para otro. Llevaba lo suficiente en el hotel para saber de las amistades de la familia: jueces, políticos, altos mandos de la policía, abogados de renombre; gente que podría comprarse y que los Ellsworth podían pagar. En cambio ella apenas y costearía un pobre abogado de medio pelo, alguien que se llevaría lo poco de sus ahorros y que lo único que le conseguiría sería una demanda por difamación. Así que si, Ellie lo sabía, sabía exactamente lo que debía hacer y también sabía que no serviría de nada; por lo que dejó que el agua se llevara todo, las pruebas, las huellas, las posibilidades. Lo único que quería era borrar el recuerdo, aunque fuera por unos minutos, y entonces empezó a tallar su cuerpo, los brazos, el cuello, los hombros, una y otra vez, hasta que la piel se le enrojeció y empezó a arder. Pero eso no bastaba para sentirse limpia, pues aunque de su cuerpo parecia haber borrado cuánto pudo, su intimidad aún desprendia esa húmeda mezcla de fluidos. Ellie tomó la ducha de mano y se encargó de lavarse a consciencia la v****a, no quería sentir el rastro de Declan en su interior. Aunque en el fondo de su corazón deseó, con una mezcla de dolor y rabia, que al menos hubiera tenido la precaución de protegerse, pero no podía recordarlo, su mente era un vacío intermitente, lleno de dudas y ninguna certeza. Y esa incertidumbre, se convirtió en un nuevo golpe, no bastaba con lo ocurrido: ahora debía enfrentarse también a las consecuencias de las que él jamás tendría que preocuparse. Ahora no solo tendría que tomar algo para evitar un embarazo, también tendría que hacerse pruebas para descartar una ETS, y por supuesto que no quería ir a un médico, no quería responder preguntas, no quería ver en los ojos de nadie ese brillo de lástima o sospecha; y aún así, sabía que no podía arriesgarse. No pudo más que dejar escapar un suspiro tembloroso, le dolía pensar que todo eso, el planear cómo borrar, cómo prevenir, cómo sobrevivir en silencio, se volvió parte de su realidad. Y de nuevo lavo todo su cuerpo con tanta insistencia que el movimiento se volvió casi mecánico dejando que el jabón resbalara mezclado con lágrimas que ni siquiera notó al principio, pero quería, necesitaba borrarlo todo, el olor, el tacto, el recuerdo, sin embargo, cuanto más se limpiaba, más lo sentía. El aroma de Declan parecía incrustada en su piel, en su cabello, en su respiración; Ellie dejó caer la esponja y se cubrió el rostro con ambas manos, mientras su cuerpo se sacudía por el llanto contenido, ese que no podía liberar, por su propio bien. Y se quedó ahí, ahogando sus sollozos, respirando entrecortado, con el agua cayendo como si intentara arrastrar con ella todo lo que había ocurrido; solo se dejó caer en el piso del baño, abrazando sus piernas contra su pecho, recargando su mejilla contra las rodillas, con las lágrimas mezclándose con el agua, hasta que ya no supo distinguir entre una y otra. Ahí se quedó hasta que el entumecimiento en sus piernas y las yemas arrugadas de sus dedos le hicieron saber que había pasado demasiado tiempo; y de nuevo se obligó a levantarse, la joven se enredó una toalla en torno al cuerpo, y salió tambaleante hacia la habitación. Se sentó en la orilla de la cama, con el cabello aún goteando, la mirada perdida y la respiración irregular; pero el cansancio empezó a pesar sobre su cuerpo, y más por necesidad que por deseo se puso la pijama y finalmente se dejó caer sobre el colchón, encogiéndose sobre sí misma, abrazando su propio cuerpo como si con eso pudiera calmar el temblor interno. El llanto no ceso en ningún momento, y el sueño la alcanzó por puro agotamiento, pero la quietud no trajo alivio. Apenas cerró los ojos, su respiración empezó a acompasarse con sombras difusas que se fueron formando entre la penumbra del sueño, el resplandor tenue de una lámpara, el roce de unas manos sobre su piel, el peso de un cuerpo sobre el suyo. Al principio, creyó que era otra pesadilla, quiso moverse, gritar, pero el sonido no salía; hasta que escuchó algo que la hizo detenerse, su propia voz. Un susurro bajo, entrecortado pero reconocible. "Hazlo" - se escuchó pedir- "Mmmm...se siente bien, muy bien" Las imágenes se volvieron más claras, vio su cuerpo arqueándose bajo el de Declan, sus dedos aferrándose a su cuello, sus labios buscándolo con urgencia; sintió el calor, la respiración, el movimiento sincronizado, todo parecía demasiado vívido, demasiado real e instintivamente su cuerpo se contrajo, se movió ligeramente gimiendo como consecuencia de la "pesadilla". Pero en el sueño, lo veía mirarla con intensidad, sus pupilas dilatadas, su voz grave murmurando su éxtasis como si fuera una súplica. Y ella respondía con impetuosos gemidos, con caricias, con besos; incluso podía ver su propio rostro, enrojecido y abandonado a una pasión que le era desconocida. Ellie intentó despertar, pero las imágenes no se desvanecían, su cuerpo se movió aún más, su ritmo se aceleró, y entonces escuchó su risa, su propia risa, entrecortada y temblorosa, un sonido que la atravesó: no podía ser ella, no quería que fuera ella. El recuerdo cambió y por un instante, creyó sentir otra vez el olor del alcohol, el roce de la alfombra, el frío del suelo, una sensación de mareo la envolvió; y entre destellos, vio el rostro de Declan acercándose, el brillo del deseo en sus ojos, y una voz, la suya o la de él, diciendo algo que no alcanzó a entender. Lo que basto para despertarla, Ellie se enderezó de golpe, jadeante y con el corazón golpeando tan fuerte que le dolía el pecho, las lágrimas volvieron a brotar sin aviso mientras se obligaba a respirar. La joven miró a su alrededor, perdida entre la oscuridad y el silencio del cuarto, con el sudor frío pegado a la piel, por mero reflejo se llevó las manos al rostro y permaneció inmóvil, con los ojos fijos en la nada, sintiendo el vértigo, la confusión, el horror y de la duda, sin saber si lo que había recordado era real o una trampa de su mente agotada. Porque si todo hubiera sido como lo recordaba... Realmente había sido una víctima? Y ese pensamiento, más que cualquiera de los anteriores, le heló la sangre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD