Sin saber cómo, se encontraron uno frente al otro, la distancia que los separaba se desvaneció con un movimiento torpe e inevitable; las líneas de sus rostros se fundieron en una imagen borrosa, indistinta, y la consciencia se desvaneció con la misma rapidez que el juicio.
Fue un impulso tan grande por aliviar la euforia, el anhelo, el calor y la ansiedad, que sus labios simplemente se encontraron en un beso desesperado y salvaje, sus manos se acariciaron mutuamente despojándose de la poca ropa que quedaba con un instinto primitivo.
Pero eso no fue suficiente para él, de un momento a otro, Declan la levantó, sujetándola por la cadera, deleitándose en sus firmes y redondeados glúteos, mientras ella se aferró con ardor a su cuello; dejando que sus erguidos senos rozaran con sus pectorales sin la menor vergüenza o conciencia de lo que estaba sucediendo.
Sin embargo, ese contacto ya no bastaba, el calor exigia una satisfacción más plena, Declan la llevó rápidamente hacia la cama; continuando con el frenético contacto de sus labios, ambos cayeron con ímpetu contra la elegante colcha, y solo hasta ese instante sus labios se separaron y sus ojos se conectaron en una mirada larga, profunda y llena de súplica.
Los ojos de Ellie descendieron despacio por el torso firme de Declan, saboreandose los labios, atrapada por el delicioso relieve marcado de su abdomen y por la fuerza contenida en esos brazos robustos, donde las venas se delineaban con claridad bajo la piel. No comprendió del todo el impulso que la guiaba, solo supo que estaba ahí, envolviéndola, empujándola a avanzar, e instintivamente sus dedos cedieron a esa llamada y recorrieron cada músculo, cada surco tenso, siguiendo el ritmo irregular de su respiración agitada.
Declan cerró los ojos, cediendo por completo al lenguaje silencioso de sus caricias; para él cada roce parecía encenderlo un poco más, tensar su respiración, volviendolo vulnerable de una forma que no recordaba haberse permitido antes. Y su mano respondió casi por instinto, recorriendo el costado de Ellie con una devoción lenta, como si quisiera memorizar la forma en que su piel temblaba bajo el contacto, tibia, viva y peligrosa.
Y para Ellie, aquello fue suficiente, la emoción le subió al pecho, urgente e indomable, y la euforia que la dominaba terminó por imponerse a cualquier duda. Lo tomó del cuello con decisión, acercándolo sin pedir permiso, y volvió a buscar su boca, reclamándola con una necesidad que no admitía retrocesos, como si en ese beso se jugara algo más que el simple deseo.
La joven terminó bajo él, estremecida, con el cuerpo tenso y la respiración rota, como si el aire se le negara. Su cabello se extendió sobre la almohada y la piel se le erizo bajo el peso de Declan, inconsciente a la distancia que debía separarlos; apenas lograba ubicarse en el espacio, su mundo se redujo a esos labios hinchados y a la profundidad de unos ojos que la recorrían sin piedad, como si la conocieran más de lo que ella misma se permitía.
Y por un segundo, breve e inútil, Declan intentó contenerse, pero sus labios seguían unidos a los Ellie con una necesidad feroz, como si el deseo, finalmente, hubiera tomado el control. Y así fue, los dedos del hombre bajaron por su cuello y hombros, deleitándose en la curva de sus senos, acariciandolos y apretandolos con devoción y necesidad; mientras su cadera comenzaba a moverse con un vaiven cadencioso que la rozaba ahí, justo donde ella comenzaba a arder de deseo y placer.
Ellie soltó sus labios, liberando un ahogado gemido que había estado conteniendo innecesariamente, lo que él aprovecho para saborear su piel, desde la base de la barbilla, viajando por su tenso cuello, deleitándose en el nacimiento de su pecho antes de coronar con una contrastante suavidad sus erguidos pezones.
La joven lo sujetó por los hombros clavando sus uñas en la piel expuesta, dejándose llevar por los húmedos movimientos de sus labios mientras Declan permitió que su dedo índice rozara su clítoris, deteniéndose brevemente solo para sentir cómo su piel respondía a cada toque; provocando que Ellie elevara las caderas sin control, convulsionando de un deseo que solo era avivado por la droga que inconscientemente había bebido.
Bajo ese contacto el éxtasis en ella aumento de tal forma que sus manos se crisparon sobre las sábanas bajo su cuerpo cuando el roce de Declan se hizo más intenso sobre su hinchado clítoris; su cuerpo apenas era capaz de sostenerse por los dedos de sus pies, elevándolo hasta la parte alta de la espalda mientras sus labios se abrían y cerraban en un intento de contener los gemidos, pero cuando el orgasmo la atravesó sus gritos estallaron sin control uno tras otro, acompañados de suaves y sugerentes gemidos, que desfallecieron cuando Ellie cayó rendida con una amplia sonrisa de absoluta satisfacción.
Declan se detuvo solo un segundo para mirarla, deleitándose en la humedad de su mano como testigo de lo que había provocado; sin embargo, la forma en que ella lo miraba a través de los mechones de su cabello, bastó para que todo lo demás dejara de importar, ya no había miedo en sus ojos, solo una rendición sin palabras, una invitación a que continuará, a que no se detuviera.
Y sin necesidad de absurdos preámbulos, él volvió a inclinarse sobre Ellie, atrapándola entre sus brazos y dejándose arrastrar por el impulso que los unía, dispuesto a perderse con ella en la intensidad del momento. Pero algo en su mirada había cambiado, en sus ojos apareció una chispa primitiva, una urgencia que la joven sintió recorrerle la piel como un incendio delicioso.
Los dedos de Declan, volvieron a dibujarla casi por completo, deteniéndose en su cadera, sujetándola con la fuerza suficiente para hundirla un poco más contra el colchón, acercándola a su cuerpo con un dominio que la desarmó por completo.
- Ahhh!!!- exclamó Ellie tomándolo por los puños, gozando la tierna rudeza que la envolvía- qué.... qué estamos haciendo?- cuestionó con un moribundo resquicio de conciencia, pero con la voz entrecortada, sin saber realmente si quería detenerse o seguir.
- Lo que no deberíamos!- murmuró él rozando su boca con la suya sin llegar a besarla.
- Bien.....- sus labios temblaron, atrapando el aire entre ellos- entonces..... no te detengas.
El beso que el hombre le robó después ya no tuvo nada de cuidadoso; fue profundo, demandante, casi feroz, como si el control que siempre lo caracterizaba se estuviera desmoronando bajo el peso del deseo y Ellie respondió igual, sus dedos se deslizaron por su nuca, por su espalda, arañando ligeramente cuando lo sintió apretar su cadera con más fuerza.
Un gemido ahogado se escapó de alguno de los dos, o quizá de ambos, y ese sonido pareció romper lo último que quedaba de cordura entre ellos; la boca de Declan descendió por su cuello en un recorrido lento al inicio, pero pronto se volvió más intenso, chupando y succionando cada centímetro, como si quisiera reclamar cada espacio de su piel. Ellie arqueó la espalda, ofreciéndose, buscando más, y él lo notó, lo sintió, lo provocó; sus manos se movieron por su cuerpo con seguridad, marcando su camino, guiándola, atrayéndola hacia él sin permitirle ningún centímetro de distancia.
La cama volvió a crujir cuando Declan la rodeó con su cuerpo, imponiendo su presencia y su calor en medio de sus piernas. Había en él una fuerza contenida que ahora se liberaba sin reservas, una pasión que ardía con la misma intensidad que el latido acelerado bajo su pecho, irguiendo su m*****o con tal fuerza que ella pudo sentirlo presionando su abdomen bajo.
Ella no dudó, la longitud que la acariciaba era demasiado apetecible que su v****a empezaba a palpitar de necesidad, por la necesidad de sentirlo dentro de ella, y ni siquiera pensó en lo peligroso que pudiera ser, solo lo tomó del rostro, obligándolo a mirarla, y en esa mirada se encontraron dos fuegos distintos pero igual de voraces.
- Hazlo- susurró, no como súplica, sino como desafío, mientras sus piernas se abrieron un poco más, invitandolo a invadirla.
Declan trago saliva y su mirada se volvió aún más oscura, sujetándola con fuerza y soltando un rugido casi animal se deslizó en la húmeda y palpitante intimidad de Ellie, quien extasiada lo recibió.
- Ahhhh.....es......es..... maravilloso!!!- exclamó con una excitante ternura.
Y para él, fue el aliciente que necesitaba, sin tregua, consciencia o cuestionamiento alguno comenzó a penetrarla vorazmente, moviéndose con una ansiedad que solo era el resultado de los años de abstinencia, pero ya nada importaba.
Simplemente la sostuvo, dominando cada movimiento sin perder el cuidado que aún se escondía detrás de la fiereza; era como si ambos se reconocieran desde un lugar más profundo e instintivo, donde las palabras sobraban y solo quedaba el pulso que los arrastraba el uno hacia el otro.
El ritmo entre ellos creció, envolviéndolos y consumiendo la habitación en un torbellino de suspiros, de manos que no querían soltar, de gemidos y gritos incontrolables; mientras el hombre se entregaba sin miramientos o la consideración que la inconsciencia le robó.
- Ahhhh.....ahhhh..... más...... necesito más!!!- Ellie gritó ansiosa por el movimiento tan brusco que la estaba enloqueciendo pero genuinamente no quería que se detuviera.
Y cada palabra lo animaba a continuar, Declan la sostuvo con más fuerza, pegándola a su cuerpo hasta borrar toda distancia; la piel de ambos ardía, húmeda, resbalando bajo el calor que los envolvía, mientras cada respiración era un jadeo entrecortado, un intento fallido de recuperar el aire que el contacto les robaba.
La pareja se movía al mismo ritmo, con una urgencia que los volvía torpes y cuasi salvajes, el roce de su piel producía un sonido leve y húmedo que se mezclaba con el crujido de las sábanas y el golpe acompasado de sus cuerpos.
El sudor les perlaba ya la frente, resbalando por el cuello y el pecho, las venas en los brazos de Declan se marcaron vividamente como resultado del esfuerzo que estaba consumiendolo; en tanto Ellie lo siguió sin pensar, con los labios entreabiertos, soltando gemidos cada vez más sonoros que parecían salir sin permiso; su rostro se había teñido de un leve sonrojo, y su respiración temblaba entre el placer y el agotamiento.
- Mierda!!- gritó el hombre sintiendola tensarse alrededor de su m*****o, e instintivamente bajó la cabeza, succionando uno a uno sus pechos, aumentando el placer y los gritos de su amante.
El ritmo se volvió más rápido, más fuerte, hasta que los músculos de ambos se tensaron al mismo tiempo, anunciando y buscando la liberación; sus cuerpos se estremecieron cuando el impulso del orgasmo creció desde ese punto donde se encontraban unidos.
Ellie gritó con todas sus fuerzas cuando sintió que el orgasmo la alcanzó haciendola convulsionar completamente bajo ese sudoroso y musculoso cuerpo que la envolvía; sin embargo, Declan necesito un par de estocadas más que la golpearon sin el menor cuidado, hasta que su m*****o se contrajo dentro de ella, liberando su esencia con fuerza, robándole una sonrisa de placer y un rugido animal.
La pareja permaneció jadeando, con el pulso desbocado y la piel ardiendo bajo la tenue luz, intentando recuperar el aliento. Declan la atrajo hacia su pecho, a lo que ella accedió sin vacilación, permitiéndose disfrutar de sus poderosos músculos, del sudor enfriándose en su piel; acompañados solo por el sonido lento y profundo de sus respiraciones, como si el cuerpo aún no supiera que todo había terminado.
- Mmm- murmuró la joven con un hilo de voz, apenas un suspiro entremezclado con una sonrisa adormecida- se siente....bien.... muy bien!!
- Demasiado- el hombre respondió con un tono bajo, casi ronco, sin saber si hablaba o soñaba.
- Esto....pasó de verdad?!- Ellie preguntó, más para sí que para él.
- No lo sé- sentenció dejando escapar un suspiro que se perdió entre ambos- pero ya no importa ahora.
Por un instante, sus cuerpos permanecieron inmóviles, unidos solo por el calor compartido y el pulso lento que aún los conectaba, hasta que la respiración de ambos se fue calmando confundiendose con la quietud de la habitación.Declan la rodeó completamente con ambos brazos, y Ellie se acurrucó contra él con una sonrisa dibujada en los labios, sin duda había sido el mejor sexo de su vida y por alguna razón que no comprendía, no deseaba perder el calor que solo él le daba.
Finalmente el sueño los envolvió dejándolos rendidos, aún entrelazados, sin nombre, sin conciencia, solo el eco de lo que acababan de compartir.
A la mañana siguiente, el primer rayo de sol se filtró a través de las cortinas de lino, proyectando líneas sobre la habitación, el silencio era espeso, casi opresivo, interrumpido solo por la respiración acompasada de dos cuerpos entrelazados bajo las sábanas revueltas.
Declan fue el primero en moverse, con un leve movimiento, apenas un intento de cambiar de posición, pero fue suficiente para que el dolor de cabeza lo golpeara con la fuerza de una resaca brutal; su cuerpo ardía, y la luz irritaba sus ojos de tal forma que parecía cegarlo y eso lo sacó del sopor.
Y antes de siquiera abrir los ojos, su nariz percibió un aroma dulce y persistente, además de demasiado ajeno, Declan frunció ligeramente el ceño y entreabrió los ojos, todavía desorientado, intentando reconocerse el espacio. Sin embargo, el olor seguía allí, envolviéndolo con insistencia, llenándole los pulmones como una presencia imposible de ignorar.
Pero más alla del aroma, sintió el roce leve de una piel suave contra su brazo, un contacto tibio, familiar pero imposible en su mente, el hombre parpadeó, aturdido, sin comprender muy bien dónde estaba o qué era eso que lo tocaba.
En ese momento su mano derecha, oculta bajo las sabanas, se crispo sobre una suave piel, provocando que el desconcierto se transformara en un nudo de alarma; instintivamente su cuerpo reaccionó antes que su pensamiento, un espasmo involuntario le recorrió los músculos, y la sangre le golpeó con fuerza en los oídos.
El sueño se desvaneció violentamente, siendo reemplazado por el pánico que lo atravesó como una ráfaga fría, dejándolo inmóvil, con la mente en blanco y el corazón al borde del sobresalto.
El pobre hombre permaneció así unos segundos, conteniendo la respiración, tratando de comprobar si seguía dormido o aquello que sentía era real, sin embargo, ninguna sensación desapareció, ni la suave fragancia ni el tacto cálido de su cuerpo contra otra piel.
Con renuencia giro su rostro, y gracias a la claridad tenue de la mañana, el hombre pudo distinguir la silueta acomodada junto a él; una pequeña mata de cabello revuelto, desordenado, un hombro desnudo apenas cubierto por la sábana y el leve movimiento de una respiración tranquila.
E irremediablemente sus ojos se abrieron del todo, pues el golpe de realidad fue seco e inmediato, obligándolo a aceptar el hecho de que no estaba solo; su cuerpo dió un respingo y trago saliva, sin atreverse a moverse del todo, con el pulso aún desbocado por la confusión.
- Que carajos!- balbuceó con la voz rasposa por el sueño y la incredulidad.
Lentamente, extendió una mano hacia la joven, dudando por un segundo antes de hacerlo, como si temiera que al tocarla todo se desvaneciera o se volviera más real; y con mucho cuidado, apartó un mechón de cabello, la yema de sus dedos apenas y rozaron su mejilla, brindándole una sensación cálida, suave y genuina.
Su respiración se quebró en seco cuando el rostro femenino se reveló con nitidez por primera vez; el aire quedó atrapado en su pecho, como si sus pulmones hubieran olvidado cómo funcionar, y un latido violento sacudió su corazón con fuerza desmedida. Un calor abrupto le recorrió el cuerpo, seguido de un escalofrío que tensó sus hombros y le crispó los dedos, mientras parpadeaba totalmente incrédulo.
- Mierda- susurró, casi sin aire- qué hice?!
Declan retrocedió unos centímetros, todavía sin levantarse, como si la distancia pudiera ayudarle a comprender, pero no podía hacer más que observarla con detenimiento, repasando cada trazo de su rostro, buscando una explicación lógica, un error, algo que justificara lo imposible. Desgraciadamente para él no había error, había una mujer desnuda a su lado; y lo peor era que él no tenía idea de cómo había terminado así.
Pero el leve movimiento fue suficiente para que Ellie despertará, la joven abrió los ojos lentamente, desorientada; por unos segundos no entendió dónde estaba, ni por qué el cuarto giraba levemente, lo que si era tangible fue el calor que sentía bajo las sábanas, aunque desconocía su origen.
- Qué.....e....- la joven balbuceó incoherente, girando el rostro lentamente, encontrándose con Declan, y el grito se ahogó en su garganta.
Ellie centró su mirada en el confundido rostro del hombre, enderezándose mientras sostenía las sabanas contra su pecho, sus pupilas se dilataron, y un temblor le recorrió la espina dorsal.
- Señor.... Ellsworth?!- murmuró apartándose de golpe- que hace aquí?- increpo con la voz llena de confusión.
La pobre chica miró a su alrededor, la ropa desperdigada por la habitación, a Declan demasiado cerca de ella y los rastros de un encuentro que no podía ser explicado de manera inocente; y de nuevo su mirada asustada se centró en él, dejando que sus ojos se llenarán de lágrimas.
- Qu.....que....q.... qué me hizo?!- cuestionó con la voz temblorosa, alejándose de él rápidamente, sin embargo, la pregunta se volvió un grito ahogado- qué me hizo?!
Declan retrocedió sobre la cama, quedando a la orilla, mirandola con desconcierto pero el terror en el rostro de Ellie lo sobresalto, obligándolo a salir, intentando cubrirse con lo primero que encontró.
- Qué dices?!- debatió incorporándose lo necesario- yo no te hice nada....- una respuesta que sonó demasiado débil.
- No mienta!!- gritó ella desesperada, retrocediendo hasta chocar contra el respaldo de la cama, y sin que pudiera contenerse, las lágrimas rodaron por sus mejillas violentamente, pero en su mirada había algo más que miedo, había humillación y rabia; Declan la observó, atónito, sintiendo cómo cada palabra le caía como una piedra en el estómago- usted....yo no… yo no.... pero....usted...
Ellie se cubrió el rostro con ambas manos, temblando, dejándose envolver por la confusión y el miedo, no sabía qué había sucedido o cómo terminó en la cama con Declan Ellsworth, lo último que recordaba era la fiesta, la copa que bebió con Aarón, la sensación de mareo y luego la oscuridad.
- Yo no sé que está pasando- trató de explicarse, aunque la intención era más para sí mismo- no recuerdo qué paso.....
La joven presionó las sabanas contra su pecho, cubriendose hasta el cuello, su cuerpo se descontroló en un temblor ansioso, mientras observaba el caos a su alrededor. Instintivamente llevó una de sus manos a su entrepierna dónde los fluidos pegajosos yacian secos en sus muslos, en ese instante todo su mundo se derrumbo frente a sus ojos, cuando el asco le subió por la garganta ante la inminente la confirmación de lo sucedido en esa habitación.
- Us.....us..... usted....me....me.... violó!!- exclamó con terror, con la voz entrecortada y la respiración quebrada.
Declan dió un paso más atrás, sorprendido por la precipitada conclusión, pero él mismo no tenía otra explicación que darle o darse ante la escena de la que eran participes.
- No....no....- sentenció asustado- yo no.... no sé qué pasó, ni por qué estás aquí.... pero yo no te toqué!
Sin embargo, eso no bastó para Ellie, las palabras de Declan se perdieron en un zumbido agudo que le llenaba los oídos; de pronto, el aire le faltó y su pecho se contrajo con violencia, las manos le temblaron con un mayor ímpetu, que no tardó en apoderarse de todo su cuerpo.
- No....- murmuró sin reconocer su propia voz- no.... no....no.
La joven retrocedió torpemente, arrinconandose en el hueco que formaba la cabecera y el buró, arrastrando consigo las sábanas revueltas, pero el olor a la fragancia de Declan impregnada en la cama fue suficiente para que un sollozo brotara de su pecho antes de que pudiera contenerlo, áspero, quebrado y lleno de una angustia que le raspó la garganta.
Ellie se apartó de golpe, con una violencia instintiva, como si el simple contacto con la cama pudiera quemarla; subió sus manos al pecho, presionando con fuerza mientras el pánico crecía sin orden ni lógica, expandiéndose como una sombra que le cerraba el paso a cada pensamiento. El corazón comenzó a golpearle con una furia descontrolada, tanto que el aire dejó de obedecerle; respiraba y aun así sentía que se ahogaba.
Y esa humedad persistente entre sus piernas que no reconocía como propia, agudizó el asco que le atravesó el cuerpo con una crudeza brutal; el estómago se le retorció y las náuseas subieron sin permiso, secas y violentas, obligándola a inclinarse mientras el mundo parecía cerrarse a su alrededor.
Cada respiración y arcada llegaba rota, inútil, y los dedos se le crisparon buscando apoyo, aferrándose al colchón como si fuera lo único sólido en medio del vértigo.
El miedo y la repulsión se mezclaron hasta volverse indistinguibles, aplastándola por dentro, dejándola atrapada en una sensación insoportable de invasión y suciedad, como si algo hubiera sido arrebatado sin posibilidad de devolverlo.
- No... no.... esto no.... no.... puede estar pasando- jadeó, con la voz rota por la angustia y el terror por lo que creía había sucedido.
Por un instante, su mirada se encontró con la de él, pero no lo veía realmente, lo que la noche anterior había sido consecuencia de la droga ahora era el resultado del dolor más profundo que cómo mujer podía experimentar; todo era tan confuso, un vértigo insoportable que la hacía sentir fuera de sí.
Ellie quiso gritar, pero el sonido se ahogó en su garganta, transformándose en un sollozo ronco que la dejó sin aire, el cuerpo le temblaba, los labios le temblaban, la mente le gritaba que corriera, que huyera de allí, pero no podía moverse, el miedo la había paralizado por completo.
Declan se quedó totalmente perdido observando lo pequeña asustada y perdida que se había vuelto, su instinto le pedía que se marchará, que la dejara sola; sin embargo, su consciencia y principios le exigían que la consolara, aunque estuviese tan perdido y confundido como ella.
Instintivamente dió un paso hacia la cama pero la reacción que provocó fue desbordada, Ellie gritó y lloró con angustia, desesperación y genuino miedo, levantando su temblorosa mano para detenerlo, mientras incomprensiblemente se atrincheraba más en su pequeño refugio.
El hombre comprendió que no era momento para mantener aquella conversación, la joven estaba tan fuera de si y desbordada, que Declan solo pudo dar marcha atrás, mirandola con el ceño contraído por la confusión y el desorden mental que lo atormentaba con múltiples preguntas sin ninguna respuesta.
- Yo no...- intentó explicarse nuevamente, pero la certeza se le escapaba entre los dedos, el pobre hombre intentaba reconstruir la noche, los fragmentos borrosos, el calor en la piel, el mareo, la forma en que todo se había desvanecido antes de poder pensar, pero nada parecia tener sentido.
Y aunque así fuera, Ellie no lo escuchaba, el sonido de su voz parecía hundirse en un vacío, y todo su cuerpo se mantenía en alerta; su mente estaba saturada, buscando una explicación, un recuerdo que no aparecía, pero su piel se sentía sucia, ajena, como si algo invisible la hubiera marcado.
- Me obligó!!- gritó, desgarrada- usted abusó de mi!!- sus manos temblaban al sujetarse el cabello con tal desesperación que parecía querer arrancarlo de raíz y los sollozos se mezclaban con un jadeo agudo.
- Cállate!!- explotó él, al borde del colapso pues tampoco comprendía lo que estaba sucediendo y lo estaban acusando de un crimen demasiado aberrante para siquiera imaginarlo- yo no te hice nada!....nada!
- Mentira!!- chilló ella, con una furia desesperada- usted me trajo aquí, me… me…- pero las palabras se le quebraron y la voz se apagó entre sus arcadas- qué me hizo?!.....por qué?!....por qué?!- repetía amargamente una y otra vez.
- Qué demonios estás insinuando?!, crees que planeé esto?, que lo hice a propósito?!...estás completamente fuera de ti!- Declan dio un paso hacia ella, con la mandíbula tensa por la desesperación de no poder explicarse.
- No se me acerque!!!.... alejese!!!.... no me toque, no me toque!!!!- le escupió entre lágrimas, y totalmente histérica- alejese.....maldito desgraciado, alejese!!!- las lágrimas corrían descontroladas mientras su cuerpo temblaba, rígido, como si cada músculo doliera- cómo pudo!!!... cómo pudo!!- y finalmente su voz se quebró, y el llanto estalló con violencia, ahogado y desgarrador.
Declan la miró, descompuesto, con la furia y el desconcierto fundiéndose al mismo tiempo en su rostro.
- No sé qué te hicieron, pero no fuí yo- se defendió con voz baja, grave pero dolida- te juro que no sé qué pasó, maldita sea, yo también fuí una víctima!!!
Ellie negó, negaba todo, con los ojos desorbitados, el cuerpo encogido en su pequeño refugio.
- No!... no diga eso!... no se atreva!!- gritó, y de pronto se llevó las manos a los oídos, como si quisiera dejar de escucharlo, pegando sus piernas contra su pecho- no, no, no!!!- murmuró entre sollozos y respiraciones rotas- esto no está pasando, no puede estar pasando!!!
Por instinto, el hombre dio un paso más, sin embargo, la joven lanzó un chillido tan agudo que lo paralizó antes de salir corriendo hacia el baño.
- Espera!!!- Declan intentó detenerla, pero ella ya había cerrado la puerta con un golpe seco.
El sonido del cerrojo resonó en la habitación, seguido de su grito violento y lacerante, un ruido que le heló la sangre por lo roto y profundo que era; el hombre permaneció inmóvil frente a la cama, con el corazón desbocado y la cabeza punzando, pero él tampoco entendía lo había sucedido, solo sabía que todo se había jodido.
El sonido que provenía del baño era insoportable: una mezcla de llanto, jadeos y el golpeteo irregular de alguien tratando de respirar entre lágrimas; Declan llevó una mano a su cabello, despeinándolo con rabia, de verdad no entendía nada y las evidencias que tenía no le ayudaban a entenderlo. La imagen de la joven, sus ojos aterrados, su voz rota acusándolo, sus gritos, lágrimas de desesperación y terror en una mirada que se estaba volviendo vacía se repetía una y otra vez en su cabeza como un eco enfermizo.
- Qué demonios pasó?!- se cuestionó entre dientes, con la voz llena de incredulidad.
Miró la habitación una vez más: las prendas esparcidas, el aire cargado de un perfume que ya no sabía si era de ella o de él, la cama revuelta por lo que parecía había sido muy intenso, las copas tiradas junto a una botella de champagne a medio beber que no recordaba haber tocado; todo era una escena de la que no tenía memoria alguna.
Pero los rastros estaban ahí, y eso bastaba para que la duda empezara a envenenarle la mente, haciéndolo retroceder unos pasos, hasta que su cuerpo golpeó contra el borde de la cómoda; cuyo golpe lo sobresaltó, llamando su atención hacia algo más que la puerta del baño, desgraciadamente no alivió nada.
La sensación de pérdida de control y la ausencia de una explicación lógica, lo irritaba más que cualquier otra cosa. Además estaba el riesgo latente de que aquella chica en el baño llorando con tal desesperación, tuviera razón y en una noche, él se hubiera convertido en una bestia capaz de abusar de alguien.
- No....no...no....no puede ser- se repitió cerrando los ojos con fuerza- yo no.... no haría algo así.
Sin embargo, cualquier certeza se le escapaba entre los dedos, y en verdad intentaba reconstruir la noche: los fragmentos borrosos, el calor en la piel, el mareo, la forma en que todo se había desvanecido antes de poder pensar, pero nada seguía sin tener sentido.
Declan negó con la cabeza, volviendo su atención hacia el baño, por un instante los gritos habían cesado pero no el llanto, y ese dolor lo perturbó más que los gritos porque no sabía si ella ya se había calmado o si solo contenía el aire, aterrada.
- Maldita sea!!- exclamó tomando su camisa, con el corazón apretado.
No era culpa suya, no podía serlo, él también había sentido ese vacío, esa sensación irreal antes de perderse; y creia, o necesitaba creer, que algo los había afectado a ambos. Pero entonces la imagen de la joven llorando, cubriéndose y temblando como si él fuera su verdugo, lo atravesó como un cuchillo y la furia regresó, no hacia ella, sino hacia todo: hacia sí mismo, hacia la noche, hacia la falta de respuestas.
Con un bufido ahogado, tomó su saco del sillón, la corbata del piso y el chaleco de una lámpara y los lanzó sobre su brazo antes de abrir la puerta bruscamente y abandonar la habitación sin mirar atrás.
El aire del exterior lo recibió como una bofetada fría, cortante y demasiado real; mientras caminaba con pasos duros hacia el ascensor, sentía cómo la rabia se mezclaba con el desconcierto, creando una punzada constante detrás de la sien y cada paso resonaba como una acusación muda.
“Cómo llegó ella a esa habitación?, quién la subió? y por qué él estaba ahí?”
Las preguntas se amontonaban sin respuesta, pero debajo de todo, muy hondo, latía algo que no quería admitir, miedo.
Miedo a lo que acababa de ocurrir y a lo que significaría cuando ella hablara.