Declan observó el billete de 100 que, increíblemente, Ellie acababa de colocar en la copa de las propinas, no era algo que pudiese permitirse una mujer como ella, que a todas luces había ahorrado lo suficiente para comprarse un vestido que disimulara medianamente su pobreza; así que ese maravilloso e incomprensible gesto podria atribuirsele a su sobrino, sino fuera por el hecho de que Aarón jamás desperdiciaría ni un centavo partido por la mitad en un empleado, cuando su frase favorita era: "Para eso les pagan".
Y aunque no parecía importante, el hombre no podía dejar de observar la copa y su austero contenido, dónde el billete llamaba la atención por ser el de mayor denominación y cuyo origen parecía ridículamente imposible.
- Señor..... señor..... señor- la lejana voz del barman llamó la atención de Declan, cuya mente estaba totalmente ocupada en deshilvanar el misterio que rodeaba aquel billete- señor!!- repitió aún más fuerte al notar que apenas y lograba ubicarlo con la mirada- su trago!- concluyó deslizando la adulterada copa sobre la barra con un apenas contenido nerviosismo.
Declan observó el sudoroso rostro del barman, quien mantenía una sonrisa tensa en los labios mientras ocultaba sus manos tras su espalda.
- Has recibido pocas propinas!- indicó bajando la mirada nuevamente a la copa, y a pesar de lo ridículo que resultaba, Declan era incapaz de ignorar el billete y a su donadora.
- Lo....uhum....lo suficiente señor!- respondió con la garganta seca pues el hombre frente a él no parecía tener intenciones de tomar el trago que solicitó.
- Aunque parece que hubo alguien que sí agradeció tu trabajo!!- recalcó señalando levemente con la cabeza el camino a sus espaldas, por dónde Ellie se había marchado.
- Las mujeres suelen ser más agradecidas- indicó manteniendo su tensa sonrisa.
- Jajajaja.....si, sobre todo cuando parecen tener un objetivo muy claro!- y el tono tan inquisitivo en el que habló provocó que el semblante del barman se descompusiera absolutamente.
El nervioso hombre abrió los ojos excesivamente, moviendo los labios con un creciente temor, incapaz de entender si las palabras de Declan provenían de un mero y casual comentario o si para su desgracia, ya había descubierto lo que tan cuidadosamente se llevó a cabo tras la barra.
- Dis....dis..... disculpe- replicó en una ridícula mezcla de apresurada disculpa y torpe evasiva.
- Nada, solo.... cosas que me acostumbre a ver....descuida- dijo Declan otra intención y para tranquilidad del barman, tomó su copa, dando el primer sorbo apenas unos pasos lejos del bar y sin detener su andar.
El empleado soltó el aire contenido, dejando caer sus manos sobre la mesa baja frente a él, con el corazón acelerado, y ese imperceptible temblor en sus dedos que le haría imposible desempeñar adecuadamente su trabajo por los siguientes minutos; sin embargo, mantuvo la suficiente compostura para levantar la mirada hacia donde Aarón no lo perdia de vista y, con total falta de obviedad, ladeó la cabeza ligeramente, anunciando que su participación en aquel sórdido plan había terminado.
Aarón por su parte asintió disimulando el gesto detrás de su gratitud a la joven que ya le extendía la copa de champagne sin adulterar, a lo que sonrió con más emoción de la que se había permitido anteriormente, sin embargo, para él, el momento en el que todo acabaría estaba a punto de llegar y solo debía aguardar a que la droga surtiera efecto.
- Aquí tienes!- exclamó Ellie dulcemente.
- Muchas gracias, preciosa- respondió Aarón, tomando rápidamente la copa de champagne puro- por nosotros!!- exclamó chocando las copas; y para su fortuna el tintineo del cristal se perdió entre la música y las risas de los invitados, sin que llamara la atención de nadie- y por ti, Ellie.... porque no olvides jamás esta noche- susurró con una calidez demasiado ensayada.
La joven bajó la mirada, sonrojada, y bebió un sorbo de su copa, el sabor dulce y burbujeante del cóctel la tomó por sorpresa, sin embargo, fue un agradable cambio.
- Oh.... esto es..... diferente!!- exclamó saboreandose los labios- muy agradable!
- Lo importante es que te guste- el joven sostuvo su copa con elegancia, observándola beber con una maliciosa sonrisa- disfrutala!!
Ellie se mordió el labio, y sin cuestionar bebió otro trago, inconsciente de que, con cada burbuja, la noche comenzaba a cambiar; mientras tanto, del otro lado del salón, Susan observaba cada movimiento de Aarón, como si midiera el avance de un reloj invisible.
Y el hombre realmente se esforzaba en mantener una conversación aparentemente trivial con Ellie, hablándole de anécdotas del hotel y de los viajes que decía haber hecho, mientras en realidad cada palabra era una maniobra para mantenerla cómoda, y confiada. Y de tanto en tanto, le daba un sorbo pausado a su champagne, aunque en verdad lo que observaba era el ritmo con que su joven acompañante vaciaba su copa.
En tanto ella reía suavemente, nerviosa, encantada con la atención que él le prestaba, imitando cada uno de sus gestos, incluso al beber, mientras la luz cálida del salón resaltaba el brillo en sus ojos, que empezaban, poco a poco, a nublarse, lo que por supuesto él notó, aunque disimuló con una sonrisa despreocupada, girando apenas la copa en su mano.
Pero pronto, algo al otro lado del salón, llamó su atención, Declan se apartaba del grupo donde estaba acompañado de Greg y un par de miembros del consejo directivo del hotel, llevándose discretamente una mano al rostro, como si un ligero mareo lo hubiese sorprendido, apenas y murmuró algo al oído de su amigo y se excusó, encaminándose hacia el pasillo que conducía a los baños.
Aarón siguió su andar con la mirada y, al ver cómo desaparecía entre las sombras del corredor, sonrió para sí mismo, todo iba según lo previsto, por lo que volvió entonces la atención a Ellie. En ella su expresión ya había cambiado; sus labios, antes risueños, se fruncieron con una mueca de incomodidad, su nariz se frunció, mientras respiraba hondo, y una leve palidez se apoderó de su rostro.
- Te encuentras bien?- preguntó con fingida preocupación, inclinándose apenas hacia ella.
- No lo sé....uhum...- murmuró Ellie, llevándose una mano al estómago- creo que el coctel no me cayó del todo bien....tengo unas.... ligeras náuseas- el hombre asintió despacio, controlando su satisfacción con maestría.
- Suele pasar- declaró con tono amable- es un cóctel algo dulce, a veces el estómago no lo tolera, pero tranquila, pasará pronto- y con gracia, elevó su copa, mirándola a los ojos con un gesto casi hipnótico- bebe otro sorbo, ayudará.
Ellie dudó apenas, pero finalmente obedeció y bebió un trago más largo, apurando casi la mitad restante de la copa, mientras Aarón no apartó los ojos de ella, observando como su respiración se hizo más lenta y un ligero temblor recorrió sus dedos.
- Estás segura de que estás bien?- insistió él, observándo como se llevaba una mano a la cabeza.
- Sí.....bueno, ya no lo sé- susurró la joven con una voz cada vez más suave- me siento un poco..... mareada.
El cristal de la copa tembló sutilmente en sus dedos, por lo que su acompañante la tomó del brazo con delicadeza, fingiendo sostenerla, aunque su mirada buscaba entre la multitud a su madre.
- Vamos a salir un momento- le dijo con calma- el aire fresco te hará bien.
- Por favor- pidió Ellie, con un hilo de voz apenas audible.
Aarón entregó su copa vacía al mesero más cercano, cuidando que ningún movimiento delatara su prisa, y pasó un brazo por la espalda de Ellie para guiarla, pero antes de dar el primer paso, alzó la mirada, encontrando los ojos de Susan al otro extremo del salón, quien lo observaba, impasible, hasta que él asintió apenas.
La mujer esbozó una sonrisa leve, satisfecha, y sin prisa alguna, se volvió hacia una de las puertas laterales, desapareciendo entre los invitados como si nada ocurriera.
Aarón y Ellie avanzaron hacía la entrada principal, la joven se aferraba suavemente a su brazo, respirando con dificultad, el corazón acelerado, sin saber si era el efecto del alcohol, del nerviosismo o de algo más; él, en cambio, se permitió una sonrisa apenas perceptible pues la primera fase había comenzado.
Por su parte, Declan salió hacia la pequeña terraza privada del salón de eventos y aunque el aire fresco lo golpeó de frente, él no lo sentía del todo, ni siquiera era muy consciente de su cuerpo, sus extremidades se sentían adormecidas, y aún así se obligó a caminar hasta una de las columnas de mármol que bordeaban el pequeño y lujoso jardín, buscando un poco de silencio. Afuera, el murmullo lejano del tráfico nocturno se mezclaba con la música amortiguada del evento, pero todo parecía un zumbido molesto y estridente.
El hombre inspiró profundamente, intentando despejarse, pero el mareo volvió a golpearlo, la sensación era extraña, distinta a cualquier embriaguez que conociera, no era un vértigo agradable ni el letargo del alcohol, sino una presión insistente en las sienes, una pesadez que parecía venir desde adentro.
Con dificultad apoyó una mano en la barandilla de hierro y cerró los ojos un instante, el aire frío le rozó el rostro, pero en lugar de aliviarlo, lo hizo temblar; sentía la piel demasiado caliente, como si la sangre corriera más rápido de lo normal. Declan abrió los ojos, y por un segundo, el jardín del hotel pareció inclinarse levemente ante su vista.
- Maldito coñac- murmuró entre dientes, tratando de convencerse de que solo era eso, maldiciendo haber bebido lo mismo que Greg.
Agitadamente, se llevó la mano al cuello, aflojando un poco la corbata, mientras la opresión en el pecho se hacía más notoria, la respiración comenzó a volverse corta, irregular, y un leve zumbido empezó a colarse por sus oídos. En el interior del salón, las luces seguían destellando, pero desde allí, todo parecía un cuadro borroso, con un eco lejano y descendente.
Caminó unos pasos por el corredor, apoyándose en la pared para mantener el equilibrio, tenía la mente confusa, una mezcla de fastidio y desconcierto que no lograba ordenar, “Debí haber comido algo más…” pensó, mientras se masajeaba la frente con los dedos; pero en el fondo sabía que aquello no era solo cansancio, había algo diferente, casi químico, en esa sensación que lo consumía.
A lo lejos, el sonido de los tacones de Susan rompió el silencio del pasillo, la mujer avanzaba con calma, sin prisa, perfectamente erguida, con una copa aún en la mano y la misma sonrisa serena que había mantenido toda la noche.
- Declan, querido, te encuentras bien?- preguntó al llegar a su altura, con un tono en apariencia preocupado, aunque su mirada medía cada uno de sus movimientos.
- Si....solo..... necesito aire fresco- respondió él, girándose hacia el jardín, pues no quería darle más importancia, pero el temblor en su voz delató que algo no estaba del todo bien.
Susan lo observó detenidamente, notando cómo su medio hermano, parecía luchar por mantenerse compuesto, sin embargo, había un leve brillo de sudor en su frente, y el color de su piel se tornaba pálido bajo las luces cálidas del corredor.
- Quizás deberías sentarte- sugirió con dulzura, colocando una mano en su brazo, pero Declan se apartó con una media sonrisa forzada.
- Estoy bien, no exageres.
Sin embargo, apenas dio un paso más y el suelo pareció moverse bajo sus pies, hábilmente la mujer lo sostuvo con un gesto casi instintivo, y aprovechó el momento para mirar discretamente hacia la puerta del fondo, donde una mujer uniformada esperaba con las manos entrelazadas: la señora Bernard, el ama de llaves, permanecía ahí silenciosa y alerta.
Y bastó que Susan ladeara la cabeza para que la mujer se acercara con prontitud, sin decir palabra, deteniéndose a un par de metros.
- Puede traer un poco de agua, por favor?, el señor Ellsworth parece indispuesto- pidió Susan en tono cortés, aunque manteniendo su atención en Declan.
- Enseguida, señora- respondió la señora Bernard, girándose con rapidez, mientras Susan esperó a que se alejara antes de hablar de nuevo, suavizando la voz- has trabajado demasiado, Declan, deberías aprender a disfrutar más las fiestas que organizas.
- Disfrutar es un lujo que no todos pueden permitirse- aseveró soltando una breve risa ronca, sin humor.
Susan ladeó la cabeza, estudiándolo, había algo en su mirada, una mezcla de ironía y resentimiento, que le resultó casi divertida, pero no dijo más, se limitó a esperar el regreso del ama de llaves, quien trajo consigo un vaso de agua, el cual tomó, ofreciéndoselo directamente.
- Bebe un poco- dijo muy insistente.
Declan la observó, dudando por un instante, pero la sensación de calor creciente lo obligó a aceptar, apenas y dio un par de tragos, intentando controlar el temblor leve que comenzaba en sus dedos.
- Gracias- murmuró, devolviéndole el vaso, permitiendo que Susan sonriera, con impecable amabilidad.
- De nada, querido, a veces el cuerpo solo necesita descansar- y mientras hablaba, el ama de llaves se mantuvo a su lado, discreta, observando con la mirada baja pero con atención, hasta que Susan giró el rostro hacia ella, con un tono imperceptible- asegúrese de que nadie lo vea así, llévelo a un lugar tranquilo si lo requiere.
La mujer asintió sin sorpresa, era evidente que sabía más de lo que aparentaba, y entonces Susan se enderezó, retocando con elegancia un mechón de su cabello antes de marcharse.
- Volveré al salón, si alguien pregunta, dígales que fue solo el calor.
Y con la misma serenidad con la que había llegado, se alejó entre las columnas, dejando tras de sí el leve aroma de su perfume y una sensación de quietud inquietante.
Mientras Declan, apoyado contra la pared, respiraba con dificultad, su visión se nublaba apenas por momentos, y el murmullo del jardín se mezclaba con el eco distante de los aplausos dentro del salón. Por primera vez en años, se sintió fuera de control, al grado que empezaba a experimentar un creciente calor que lo estaba sofocando.
- Señor, desea que le traiga un vaso de whisky o que lo acompañe hasta el vestíbulo privado?- insistió la señora Bernard, fingiendo preocupación.
- No....no es necesario.... solo....- pero las palabras se fueron deshaciendo en su lengua.
El entorno comenzó a girar lentamente, las luces del pasillo se veían más brillantes, el aire más denso, y el ama de llaves dio un paso adelante, colocándole una mano en el brazo con gesto cuidadoso.
- Por favor, señor, déjeme ayudarlo, no se encuentra bien y no es prudente que lo vean en ese estado- replicó con esa serenidad fría que solo alguien acostumbrado a obedecer y mentir podía mantener.
- No....- Declan intentó apartarse, pero su cuerpo ya no le respondía con la firmeza habitual- yo...no....no entiendo- balbuceó.
- Tranquilo- susurró la señora Bernard bajando la voz mientras lo sostenía con más fuerza de la que aparentemente necesitaba- solo necesita descansar un momento, la suite ya está preparada, estará más cómodo ahí.
Él frunció el ceño con confusión, tratando de recordar si en algún momento había mencionado subir a una habitación, pero su mente era un torbellino, y las piernas apenas lo sostenían; y, sin resistencia real, se dejó guiar por la señora Bernard a través del pasillo lateral del hotel, hacia el elevador de servicio.
El ascensor se cerró con un leve chasquido, dejando atrás el murmullo de la fiesta, el ama de llaves presionó el código del último piso y en ese instante su expresión se volvió más rígida, casi vacía.
En otro punto del mismo pasillo, Aarón avanzaba junto a Ellie, sujetándola del brazo con aparente ternura, mientras ella trataba de mantener el paso, pese a que sus movimientos ya eran torpes y su visión empezaba a nublarse por lapsos.
- Te encuentras bien?-preguntó él, fingiendo preocupación, mirando de reojo a los empleados que se cruzaban con ellos.
- Solo.... un poco mareada.... no sé qué me pasa....- sentenció esforzándose por mantener la voz firme.
- Debe ser el champagne, a veces el gas hace de las suyas- bromeó con falsa naturalidad, guiándola hacia el ascensor privado de la familia.
Ellie asintió débilmente, intentando mantener la cordura y presencia, pero al dar un paso tropezó, obligando a Aarón a sostenerla justo a tiempo.
- Tranquila, no pasa nada- aseguró mientras ella se recargaba contra su pecho, pues su respiración ya empezaba a ser notoriamente irregular y su mirada confusa.
- Quizá....debería sentarme un momento!- la joven balbuceó torpemente.
- No!!!- grito Aarón con demasiada rudeza, provocando que Ellie girara débilmente hacia él- no.... aquí no es prudente.....ven, vamos a la habitación- se excusó con más calma, tomándola de la cintura, llevándola casi imperativamente al elevador.
Cuando las puertas se abrieron con un sonido metálico, Aarón sacó de su saco una tarjeta dorada con el emblema del consorcio grabado en relieve y se la tendió a su acompañante.
- Es de la suite principal- dijo con voz suave, casi susurrante, rozando el límite entre ternura y control- sube y espérame, solo iré por un poco de agua y unas pastillas..... no quiero que la champagne te haga daño.
Ellie parpadeó con dificultad, intentando enfocar su rostro, la cabeza le pesaba, como si el aire se hubiera vuelto denso, ni siquiera fue muy consciente del momento en que tomó la tarjeta con la mano temblorosa.
- Aarón...- balbuceó- no creo que sea prudente..... esa habitación.... no debería....
El hombre sonrió, esa misma sonrisa impecable con la que solía encantar a todos, y dio un paso hacia ella, acortando la distancia, acariciandole levemente la mejilla, un gesto que gracias al efecto de la droga se sintió demasiado intenso, comenzando a despertar una sofocante euforia.
- Esa suite fue preparada para esta noche- aseveró con un tono persuasivo- nadie cuestionará si entras ahí.... créeme.
La joven camarista frunció el ceño, intentando ordenar las ideas, pero el mareo la golpeó con fuerza, lo que Aarón aprovechó, inclinándose para rozar sus labios con un beso breve, casi inocente, que, sin embargo, bastó para romper cualquier resistencia.
- Anda- pidió contra su boca- ve, no pierdas el tiempo.... los segundos son valiosos esta noche.
Y antes de que pudiera replicar, la hizo dar un paso atrás y presionó el botón del piso privado, el que conducía directamente a la suite presidencial, de inmediato las puertas se cerraron con un suave chasquido que resonó fuertemente en sus oidos haciendola retroceder.
Ellie se quedó mirando su difuso reflejo en el espejo dorado del panel, su respiración se volvió aún más irregular, sentía que las luces se movían, que el suelo se inclinaba ligeramente bajo sus pies, incluso intentó apoyarse en la pared, buscando estabilidad, mientras su mente luchaba entre la lucidez y la niebla.
Cuando el elevador se detuvo, las puertas se abrieron revelando un pasillo silencioso y alfombrado, iluminado por luces cálidas que proyectaban un resplandor dorado sobre las molduras de madera oscura, alargando extrañas sombras incomprensibles y aún así reconoció el camino que había recorrido más temprano.
Ellie dio un paso, luego otro, con un esfuerzo evidente por mantenerse de pie, el eco de sus tacones parecía amplificarse, llenando el vacío del pasillo con un ritmo lento y desigual, mientras que su respiración se mezclaba con el palpitar errático de su corazón.
Al llegar frente a la puerta doble de la suite presidencial, la miró durante unos segundos, indecisa; su mano tembló al sostener la tarjeta, sintiendo una extraña punzada en el estómago, pero necesitaba descansar, quizás dormir un rato y recuperar la consciencia, así que tragó saliva, respiró hondo y deslizó la llave en la ranura.
El lector emitió un pitido suave, y la cerradura se liberó con un clic, Ellie empujó la puerta con esfuerzo, y un aire más cálido la envolvió al instante, impregnando el ambiente con un tenue, y familiar, aroma a lavanda.
La suite presidencial se extendió ante ella con un aspecto elegante y borroso, con cortinas de terciopelo beige que ondeaban más de lo lógico, una alfombra mu0llida que amortiguaba sus pasos mientras vibraba con rapidez, una mesa con copas de cristal que parecían derretirse, y un sillón de piel junto a la ventana que perdía el color.
Ellie no comprendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, pero creyó que un poco de agua la ayudaría a aliviar el malestar, así que dio un par de pasos hacia el mini bar junto al sofá, sujetándose de la pared pues la sensación en su cuerpo se intensificaba con rapidez.
Pero ya no solo era el mareo, la confusión o el temblor, ahora también comenzaba a sentirse agobiada por un calor que le subía desde el pecho hasta el rostro, haciéndole arder las mejillas y la nuca, intentó inspirar profundo, pero el aire parecía escaso, como si la habitación se cerrara sobre sí misma.
Desesperada, dejó caer su bolso sobre la alfombra y llevó una mano al pecho, buscando calmar el vértigo que le trepaba hasta la garganta, el sudor perlaba su frente, su piel ardía, y la sensación era aún más extraña, invasiva, casi como si su propio cuerpo no le respondiera, las piernas comenzaron a flaquearle y se sostuvo del respaldo del sillón más cercano, intentando no desplomarse.
- Dios.... qué… qué es esto?- susurró apenas audible, mientras su mente divagó entre fragmentos inconexos: el brindis, el sabor dulce del cóctel, la sonrisa de Aarón, pero todo se mezclaba en una espiral que se deshacía en su memoria.
Pero ni siquiera fue capaz de llegar al minibar, pues el mareo la obligó a detenerse, su visión se nubló momentáneamente, las tenues luces doradas se convirtieron en halos que giraban a su alrededor, y casi sin darse cuenta, comenzó a desabrocharse el cierre lateral del vestido, buscando un respiro del calor insoportable que parecía sofocarla desde dentro, su piel temblaba, el aire le faltaba, y un impulso extraño empezaba a provocar una euforia incontenible.
En ese momento sus piernas cedieron, Ellie cayó de rodillas sobre la alfombra, apoyando una mano en el suelo para no desplomarse por completo, dando enormes bocanadas de aire para aliviar el aumento de temperatura que crecía desde su estómago, extendiéndose hacia el resto de su cuerpo.
La joven se perdió en las confusas y diversas sensaciones que estaba experimentando, hasta que escuchó el lejano sonido de una puerta abriéndose, pero ya no estaba segura de que fuera real, por lo que se limitó a esconder su rostro tras su mano.
Desgraciadamente para ella, aquel sonido era demasiado real, Declan salía de baño desesperado por el sofoco y el bochorno que no encontraba alivio ni siquiera con la fría agua del lavabo, con la que había intentado refrescarse sin mucho éxito.
- Demonios- murmuró, apoyándose un instante en el marco de la puerta, tratando de enfocar algo en medio del túnel obscuro que se cerraba a pesar de la suave iluminación de la habitación.
Hasta que un murmullo, un sonido leve, casi como un suspiro, lo hizo fruncir el ceño, llamando su atención, obligándolo a enfocar su vista en la silueta femenina recostada sobre la alfombra, cerca del sillón, y su primera reacción fue de alerta.
- Hay alguien ahí?- preguntó, dando un paso vacilante.
Ellie se movió buscando incorporarse, mientras Declan se inclinó, aún con la vista nublada, reconociendo el vestido coral, aquel que había visto constantemente pasear por el salon.
- Tú...- susurró, incrédulo- qué haces.....- intentó cuestionar pero las palabras simplemente no pudieron ya salir de sus labios.
El pulso aumento, martillandole las sienes, por un momento quiso retroceder, pero el vértigo lo obligó a sostenerse en el borde de la cama, el aire a su alrededor se volvió más denso, y su visión se volvió difusa, todo parecía confuso, irreal, como si estuviera atrapado dentro de un sueño torcido.
Sin embargo, el calor seguía creciendo, empapando su camisa, en tanto la imagen de la mujer en el suelo se mezclaba con fragmentos sin orden de la noche: el brindis, Susan, la copa en la barra, el sabor amargo en su lengua.
Y nuevamente trató de hablar, de pedirle una explicación, pero las palabras se le atoraron en la garganta, Declan dio un paso más, sintiendo cómo el suelo parecía moverse bajo sus pies, y Ellie levantó la mirada, con los ojos vidriosos, sin reconocer del todo a quien tenía frente a sí.
- Qué.....qué está pasando?- la joven murmuró, con voz débil, sin embargo, Declan apenas negó con la cabeza, llevándose una mano al pecho.
- No lo sé...- respondió con esfuerzo, buscando aire- pero el calor.... es insoportable....lo sientes?!
La joven asintió tragando un poco de saliva, desgraciadamente, cada gesto, cada respiración dolía y al mismo tiempo parecía necesaria, como si el oxígeno escaseara; en tanto el hombre se apoyó en el escritorio, intentando estabilizarse.
Ellie se levantó como pudo, dando un par de pasos torpes hacia él, buscando ayuda, pero el movimiento pareció intensificar su mareo, y el corazón le latio tan rápido que casi podía oírlo.
Por un instante, sus miradas se cruzaron, fue un contacto breve, pero algo dentro de ambos se contrajo con violencia: una corriente eléctrica incomprensible y brutal los recorrió sin razón, ante lo que Declan retrocedió, intentando contener el hambre casi animal y primitiva que comenzaba a invadirlo, mientras Ellie lo observaba sin entender por qué sentía que el cuerpo le respondía con esa mezcla de éxtasis y ansiedad, que la empujaba hacia él.
- Me arde- balbuceó ella, llevando una mano hacia el cuello de su vestido, jalandolo con la intención de aliviar la sensación.
- A mí también- él respondió sin poder evitar que su respiración se acelerara, con la voz ronca, como si cada palabra le costara un esfuerzo sobrehumano.
Por un momento, el instinto superó a la razón, ambos dieron un paso hacia el otro, buscando apoyo, confundidos, casi tambaleándose; Declan intentó aflojar el puño de su camisa, sin lograrlo, por lo que Ellie, por mero reflejo, lo ayudó con manos temblorosas quitándole la prenda que cayó al suelo.
- Quitamelo!!- pidió la joven ansiosa, jalando desesperadamente el vestido para separarlo de su piel, que comenzaba a quemar por el roce.
Declan lo dudó por un segundo, pero la joven empezaba a alterarse e instintivamente, el hombre se obligó a ayudarla, rozando su piel sin intención cuando la despojo del vestido; el contacto fue breve y accidental, un roce contra su sensible abdomen pero bastó para que los dos contuvieran el aliento.
Sin embargo, aquel rice también provocó que el calor aumentara, empapando sus pieles, Declan recorrió la perlada piel de la joven saboreandose los labios, sintiendose aún más eufórico ante la exquisita presencia; pero algo en su mente todavía intentaba reaccionar con cordura y lógica, por lo que se obligó a levantar la mirada, intentando razonar, sin embargo su mente era un caos. En ese momento solo quedaban fragmentos de conciencia, de voluntad, deshaciéndose lentamente bajo la fuerza de algo más grande, químico, incomprensible e incontrolable.
- No.... esto no....- musitó él, retrocediendo un paso, pero su cuerpo ya no obedecía.
Todo a su alrededor se desdibujó, las luces, las sombras, los sonidos; solo quedaban ellos dos, como si el mundo se hubiese reducido a esa habitación.
La razón había desaparecido, cediendo paso al éxtasis y la lujuria, y sin pensarlo, o poder detenerse, Declan dió un paso hacia ella, un gesto que Ellie imitó, buscando su mirada, y aunque apenas podía enfocar, vio algo en sus ojos: la misma confusión, el mismo desconcierto, y un anhelo que no podía comprender.
Ninguno dijo una palabra, ni emitió el menor sonido, y no hizo falta; simplemente se rindieron al instinto que los guiaba más que la razón, una fuerza silenciosa que los empujaba a encontrarse, como si algo en su interior los arrastrara hacia un punto sin retorno.