Despierto con el sonido que causan las olas al romperse con la fina arena, Amaia está abrazada a mí y la observó por largo rato, me pierdo con facilidad ante su imagen angelical, con tranquilidad me grabó cada uno de sus rasgos, sus largas pestañas moldean sus ojos con elegancia, su nariz perfilada hace juego con sus carnosos labios apetitosos. Su cabello se adhiere a su piel y mis ganas de besarla se intensifican, mi pecho se sobresalta al tener tan cerca a mi esposa. Ella es la luz que llegó a iluminar la vida de mis gemelas y la mía.
La abrazo más con más fuerza sin llegar a ser demasiado brusco, aspiró su deliciosa fragancia natural y me embobo con tal solo tenerla a mi lado, ella es mi debilidad, no pensé que lo nuestro se convertiría en algo tan importante, tampoco la quería por un rato nada más, sin embargo, nuestra unión se hace cada vez más fuerte, pura y única. Nos complementamos con una sincronía perfecta y me atrevo a decir que nuestro matrimonio perdurará hasta la eternidad, ya no siento remordimiento al recordar a la madre de mis hijas, fue un gran amor de juventud y de ese amor nacieron mis pequeñas, pero con Amaia todo es diferente, más intenso, más salvaje aunque delicado a la misma vez. Ella me transforma en un hombre apasionado y me calma al punto de ser el más amoroso.
Dejó tiernos besos en la coronilla de su frente, entrelazo mis dedos con las delicadas hebras de cabello castañas. Delineó sus cejas y sus labios, se remueve a causa de mi tacto, sus piernas se aferran más a mí y sin más la besé, busco sus labios con necesidad, es un beso cálido, amoroso en el cual le transmito todo mi sincero cariño. Mi estómago siente el efecto de ese beso, Amaia responde con dedicación y con muchas ganas de mí.
Sus manos recorren mi espalda y sus ojos me observan —Buenos días mi reina —La saludo dejando un beso en la punta de su nariz.
—Amor… Excelente mañana —Ríe iluminando mi mundo por completo ¿Como no estar enamorado de esta dulzura hecha mujer?
—Eres tan hermosa —Exclamó con sinceridad acariciando sus mejillas sonrojadas.
—Y tú tan caballero —Se sube a mi dorso y me llena de besos.
—Preciosa debemos ir a comer —La rodeo con mis brazos, y la rebelde refunfuña, arruga la nariz y muerde si labio, me causa gracia, ya que mi amada esposa es dulce, sin embargo, un tanto caprichosa y con un carácter fuerte, eso es lo que más me fascina que a pesar de todo tiene muchas facetas, ambos nos estamos auto-descubriendo.
Hace un tierno puchero —Por eso los niños son tan manipuladores —Digo fingiendo seriedad. Su sonrisa se amplía, dándome de algún modo la razón —Eso es culpa de usted Me. O’Neill por ser tan consentidor.
— ¿Mi culpa? Son tus hijos tambien ¿O lo olvidas? —Me aferró a sus caderas, ella se suelta y al levantarse corre hacia la playa —Atrápame si puedes… —Grita y saca la lengua como cual niña malcriada, lleno mis pulmones de aire y sin más la persigo y ella se adentra al agua. Intento ser más veloz, pero mi esposa es hábil y se adelanta un poco más que yo, aunque no por mucho, la tomé por la cintura y la traje a mi pecho —Te mereces un castigo —Con eso le doy dos nalgadas fuertes, ella solamente jadea, y mi piel se estremece al escucharla.
—No se vale, eres un tramposo —Me besa, pero no es un beso cualquiera, me muerde juguetonamente y su lengua lame todo mi rostro. Estamos mojados, adheridos el uno al otro y la felicidad recorre todo mi ser.
— ¿Qué hice para merecerte? —Beso su frente.
—Ser el hombre más bueno de la tierra y el mejor padre de todos —Sonrió, sin embargo, no es del todo cierto, no soy tan bueno como Amaia piensa, me distraigo ante la inmensidad del mar. Ella se despega de mí y desaparece toda su ropa, nada con libertad y mi corazón se infla de emoción, de esa mujer triste y marchita no queda ni una pizca. Floreció, renació como la flor más hermosa de todas. Me quedo atontado viendo cómo es feliz, como disfruta siendo libre.
Minutos después caminamos tomados de la mano de vuelta a casa, preparamos el desayuno juntos y sin más descansamos otro rato en nuestra habitación, disfrutamos de la compañía que nos generamos el uno al otro. No quiero soltarme de su mano nunca más — ¿Volvemos? Ya extraño muchísimo a los niños —Amaia inquiere ansiosa.
—Está bien mi preciosa, volvamos —Su rostro refleja emoción.
—Gracias por comprender cariño —Si supiera, se la pienso cobrar ¡Ahora mismo!
—Amor sabías que nada es gratis en esta vida—La observó de arriba abajo con hambre, sencillamente no me canso de mi esposa.
Ella me mira incrédula — ¡Te pasas! Pero tengo una idea que te puede encantar —Con eso baja mi chándal y se arrodilla ante mí —Te compensaré muy bien Uriel —Le ayudo con un cojín para que no se lastime y la dejo que me pague como se debe, Amaia tiene la boca más deliciosa del mundo en sí mi mujer es la mejor en todo la amo con locura y con ella me entregó en cuerpo y alma, sin miramientos y sin arrepentimientos.
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Al llegar a casa todo se vuelve un caos de grito, celebración y felicidad. ¡Increible! se nota que les afectó estar sin nosotros. Sonrío con plenitud al notar a las gemelas y a Joshua desprender dicha por vernos en especial por su madre, la acarician, la abrazan, le dejan muchos besos y aunque a mí me dieron amor no puedo competir con ella. La felicidad de los niños se siente en el aire antes de llegar mi esposa me hizo detenerme en un centro comercial, le trajo regalos a todos, como si nos hubiéramos ausentado por dos años ¡Mujeres! Me dedico a subir las maletas mientras los niños acaparan la atención nuevamente de Amaia, así ya fui desplazado.
Dejó las maletas en la habitación, camino de vuelta y me quedé prendado con la imagen de mi familia, sin más me uno a mi núcleo familiar donde el pilar principal es la madre de mis hijos, es un amor puro y sincero que va más allá de los límites pensados, ella las quiere como si fuesen nacido de su vientre y si dudas eso la convierte en una gran mujer — ¿Vamos al parque? —Grito emocionado intentando que me presten atención.
—La verdad no deberíamos salir contigo padre, sin embargo, te perdonamos por haberte robado a nuestra mami —Payton siempre tan sincera y un tanto dramática. No pude evitar reírme —Muchachita te daré unas buenas nalgadas —La sentenció y me acerqué con cautela, pero al darse cuenta de mis intenciones la muy traviesa corre por toda la casa, la seguí y cuando la tuve en mis brazos la llené de besos.
—Eres muy traviesa pequeña —Acaricio sus manitas.
—Te amo papi —Dice mi peleonera hija, me siento orgulloso de tenerlas.
—Yo los amos mucho más, a los cinco —Ella me mira extrañada, se me fue la lengua.
— ¿Cinco? —Empieza a contar y arruga el entrecejo —Papi somos cuatro, mami, Joshua, Payge y yo.
Debí remediar todo — ¿Y dónde dejas a tu tía Dan?, ella también forma parte de la familia.
—Tienes razón padre, con la tía Dan somos cinco y con la nana seis.
—Correcto mi niña — ¡Al parque! —Payge me hala por el brazo para que la cargue también y así emprendemos un viaje de quince minutos, al llegar las niñas juegan, Joshua da sus primeros pasos y Amaia llora emocionada, Dánae salió con su novio, aún no lo conocemos. Pasamos la tarde así en familia, unidos como nunca.