El mejor regalo

1506 Words
Amaia Me sentí afectada al estar alejada de mis niños aunque solo es por un par de días, me dio sentimiento los pucheros y el reproche de Payton, eso me dolió de una manera impensable, ellas no habían sentido el calor de una madre, el amor que se le profesa a un hijo, entiendo ese anhelo de tenerme cerca, jamás se me pasó por la cabeza que sería la madre de esas gemelas traviesas. No las culpo por querer acaparar toda mi atención y es normal no desear compartir a su madre con su padre, Uriel también es un poco celoso y aunque quisiera cuadriplicarme no puedo, entonces deben aprender a convivir y compartir por igual. Me da miedo pensar que las niñas no acepten a su nuevo hermanito o hermanita, aunque si amaron a Joshua desde que lo conocieron espero sea de la misma forma con el nuevo integrante de la familia. Camino bajo la atenta mirada de Uriel está esperando mi llegada dentro de piscina, camino desnuda hacia él y su amplio pecho me hace extasiar, siento como la humedad resbala por mis piernas y eso solo puede lograrlo él con su mirada ardiente. Al llegar al borde se encamina hacia mi encuentro, ya no me siento acomplejada por las estrías, ahora mi temor es otro, odiaría que mi piel se estire demasiado con este nuevo embarazo, al sentir su mano rozar la mía, mi piel se eriza, es increíble las miles de sensaciones que mi esposo despierta en mí, antes creía que estaba enferma, no alcanzaba mis orgasmos y la humedad nunca llegaba, el tiempo me enseñó que no era yo el problema sino Francisco y aunque lo perdone de corazón, no logro olvidar tantas cosas malas que me hizo pasar. Uriel rompe mis pensamientos al besar mis labios, lleva sus dos manos a mi cintura y mis senos se adhieren a la piel desnuda del fornido pecho de mi esposo. Gemí excitada, solamente me está besando, sin embargo, su aliento mentolado me hace pensar en muchas cosas, mi mente es perversión pura y eso es gracias al caliente de Mr. O’Neill, yo no era así aunque no me molesta, al contrario, me encanta descubrir las nuevas facetas de ambos. Él se consume mi gemido con sus besos, sus manos viajan por todo mi cuerpo, recorren mis muslos, mis glúteos, la espalda y todo lo que a él le provoque tocarme, soy toda suya. Me pega contra una de las paredes de la piscina es brusco aunque no tanto para lastimarme. Parecemos conejos desde que llegamos a la isla, pero no habíamos tenido tiempo para nosotros, por eso aprovecharé cada segundo a su lado, mañana debemos regresar así que manos a la obra. Mis piernas se debilitan al sentir uno de sus dedos introducirse en mis pliegues húmedos y no por el agua precisamente —Amor —Digo mordiendo su labio — ¿Te gusta preciosa? —Besa mi cuello y sin más sus embestidas llegan, mi corazón bombea fuerte y aunque sean solamente sus dedos los que están dentro de mí el placer es intenso. — ¡Ah! Me vas a matar Uriel —digo con mi cuerpo temblando. —Nunca te mataría amor, únicamente me encanta complacer a mi esposa, siempre tu placer estará por encima del mío —Su voz es ronca y varonil, jadeo al sentir su lengua recorriendo mi cuello, con él me siento sexi, atrevida y deseada, los complejos no existen y sus besos me elevan a un mundo inexplorado, tiento a la suerte al ser un poco más atrevida, muerdo su pecho y mis uñas recorren su ancha espalda, retira sus dedos de mis pliegues y yo misma me posicioné su erección en mi intimidad —Con calma mi reina — dice agitado. —No puedo tener calma cuando el fuego me consume, te anhelo mi rey —Con eso enrede mis piernas en su cintura y me muevo deseosa, mis caderas no tienen control — ¡Mierda Amaia! —Gruñe excitado, está vez estoy entregando todo de mí, lo beso como nunca, lo estoy haciendo mío y él echa la cabeza para atrás rindiéndose ante su esposa, ante su amada, ante su reina. —Ahora tú serás quién me matarás, esposa traviesa —Jadea entre gruñidos, que su cuerpo sea ancho y el mío encaje perfectamente en sus brazos lo hace aún mejor —Despacio o me harás venir tan pronto —Sonrió y no me detengo, al contrario, pase mi lengua por sus labios y lo besó con vehemencia, sus manos presionan con fuerza mis caderas y Dios estoy a nada de venirme, el agua salpica y me perdí cuando uno de sus dedos rozó mi otra entrada, él dibuja círculos en ese lugar nunca antes tocado y si más me vine y seguido de mí bombea su semilla caliente en mis paredes. Su gruñido gutural me enloqueció, fue rápido, pero muy intenso —Demonios eres magnífica mi amor —Se abraza a mí y quedé rendida en su pecho. —Debes dormir cariño —Acaricia mi espalda y sale conmigo de la piscina, la verdad si estoy demasiada agotada, tanto que mis ojos se van cerrando mientras entramos en la ducha. El olor a comida me despierta y no de una manera grata corro al baño a vaciar mi estómago, las ganas de vomitar afectan mi ánimo, odio hacerlo es lo más desagradable que uno pueda vivir, escucho los pasos de Uriel y toma mi cabello entre sus manos para que no moleste ni se me ensucie con mis propios desechos —Todo estará bien —Dice dibujando pequeños círculos imaginarios en mi espalda… Su tacto me brinda calma y tranquilidad, al terminar lavo mis dientes y Uriel sonríe. —Ya la cena está hecha, pero noto que ni el olor te gustó, mejor te hago una sopa de verduras —Expresa sonriente. —No, yo quiero de eso que cocinaste —Hago un puchero, la verdad, la verdad se me hizo agua la boca. —Perfecto… Te llevaré a la cama —Me toma en sus brazos y camina conmigo de vuelta a la habitación. Antes de ir por la comida me llena de beso y caricias. Mis manos se unen con las de él al regresar —Llego la comida —Está misterioso, todo está resguardado con una charola encima haciendo imposible dejar ver que se encuentra debajo de ella. Me emociona descubrir mi grandiosa cena y chilló emocionada al observar cada minucioso detalle, los pétalos de rosas que rodean la cena me encantan, el pollo tiene forma de corazón y los vegetales forman una frase "Te amo" y sus detalles me hacen perder un poco más, me enamora que sea tan dedicado y amoroso.  —Gracias —Dije buscando sus labios. —Todo lo mejor para mi esposa —¿Se puede ser un apasionado, pero amoroso esposo? ¡Sí! mi esposo es el vivo ejemplo que con amor, un hombre puede cumplir muchas facetas sin que una afecte a la otra, es un profesional intachable, padre abnegado, un esposo de ensueño y un amante insaciable, todo en uno y lo más maravilloso es que me pertenece, me gane la loteria con mi amado esposo —Eres divino —Le digo cuando empieza a darme la comida, estoy siendo muy consentida por él.  —Es un placer adorarte en todos los sentidos —Mis mejillas arden, porque se a que se refiere.  —Todo está delicioso —Tome el cubierto y le doy de probar —Si, esta bueno —Su sonrisa se dibuja. Al terminar de cenar me invita a caminar por la playa, no antes de abrigarme, es sobreprotector, caminamos con las manos entrelazada disfrutando de la arena y las pequeñas olas romperse a nuestros pies. Esto es lo mejor de nuestra relación que la pasamos bien así sea caminando, disfrutamos la compañía el uno del otro. Uriel tenía todo preparado una casa de campaña nos esperaba, dentro había pétalos de rosas por todos lados almohadas y  cobijas gruesas.  —Bienvenida —Besa mi frente. —¿Ya te dije que te amo? —Acarició sus mejillas, él finge pensar.  —No lo recuerdo —Sonríe con picardía.  —Pues te amo, no me cansaré de decirlo, eres el amor de mi vida Mr. O'Neill. — Y tu el mio ¡Ven! —Me invita acostarme y es cómoda, no había notado que era un colchón de agua, el que estaba debajo —Nos acostamos, acuné mi rostro en su pecho y la luz de la luna entra con armonía y belleza, la suave brisas sopla creando un sonido delicado y hermoso, el acaricia mi espalda, por mi parte hago figuras imaginarias en su pecho, no decimos ni una palabra, en este momento el silencio es nuestro mejor amigo. Así cómodamente me quede prendada en su aroma, su respiración es calmada y sus manos relajan todo mi ser. Sin duda Uriel siempre será mi mejor regalo de vida. 
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