Capitulo 4

1853 Words
Capitulo 4 El médico. —¿Qué pasa con mi madre? — pregunté con el corazón en la mano. —El médico... el médico — dijo Grecia sollozando —¿¡El médico qué!? ¿¡qué dijo!? —Tu madre está muy mal, muy mal, Dafne, el médico salió a llamar una ambulancia, dice que si no la internan hoy mismo, no resistirá más de dos días. mi corazón dio un vuelco antes las palabras de Grecia... mi madre no resistirá más de dos días aquí en casa... Dios, no puedo perder a mi madre, perderla a ella sería perderlo todo. —La ambulancia ya viene, debemos comenzar hoy mismo todos los exámenes y tratamiento para lo que creo que tiene la señora alba. — dijo el médico de la familia, he vivido en esta casa toda mi vida, por lo que ya lo había visto muchas veces cada que algún integrante de la “familia real” se enfermaba, era él quien venía a cuidarlos. —¿Y qué es lo que cree que tiene? — pregunté con nerviosismo. —Por el momento creo que es una tuberculosis, y de no serlo, comenzaría a buscar algún indicio de cáncer. — comentó el médico. me llevé una mano al pecho ante la sorpresa y tuve que sentarme en la cama o me desmayaría. Dios, era mi madre de quién estaban hablando, no podía perderla, no a ella, ella es la única persona que tengo en la vida, no tengo a nadie más. Yo sabía que la tuberculosis era una enfermedad que hacía siglos había acabado con la vida de miles o millones de personas, afortunadamente la medicina había avanzado lo suficiente como para que aquella enfermedad ya no sea tan riesgosa cómo antes, pero si el examen sale negativo comenzarán a buscar si es o no es cáncer y eso sí me dolía. Cáncer, una palabra de 6 letras, parece tan insignificante pero cambia el mundo de todas las personas que han pasado por ahí. Si mi madre tiene cáncer, haré de todo para que ella complete sus tratamientos, pero sé que la quimioterapia es tan agresiva que muchas personas no lo soportan, seré la fuerza de mi madre, estaré ahí todos los días hasta que pueda salir de eso. La ambulancia llegó. Desde que el médico dijo aquellas palabras yo no había soltado la mano de mi madre, no pensaba dejarla sola ni un solo segundo. subí con ella a la ambulancia, en la ambulancia le pusieron una máscara de oxígeno y le conectaron a las vías algunos líquidos, no sabía para qué, pero no pensaba cuestionar a los profesionales, ellos saben lo que hacen. el trayecto duró unos 45 minutos, no fue tanto teniendo en cuenta que normalmente para ir a la ciudad uno se tarda más de una hora, incluso a veces es hora y media de camino. al llegar al hospital el doctor rápidamente pidió una cama en urgencias para que comenzarán a hacerle todos los exámenes y mientras salían los resultados estaba gestionando todo para ponerla en una habitación aislada. El doctor dijo que sería bueno que yo también me hiciera algunos exámenes porque la tuberculosis en algunos casos podía ser contagiosa, en caso pues, de que si la tuviese. Acepté de inmediato, no pensaba descuidar mi salud, además, todos los costos corrían por parte de Richard. Grecia me llamaba cada hora preguntándome por la situación de mi madre, ella era como una tía para mí y sabía lo mucho que quería a mi madre. También me había dicho que el señor Gilbert le había entregado el documento para que me pudiese inscribir en el concurso de cocina, le dije a Grecia que no creía que era un buen momento ya que debía preocuparme por la salud de mi madre y nada más, pero mi mamá también insistió en que no podía descuidar mis sueños y que debía participar, debía ganar ese concurso y poder tener mi restaurante soñado. Me realicé todos los exámenes que el médico había solicitado, aún faltaban algunas horas para que salieran los resultados, estaba tranquila por mí, sabía que no estaba enferma. Pero estaba bastante preocupada por mi madre, mis manos no habían dejado de temblar ni un solo segundo y el tic en mi pie hacia que este se moviera cada segundo. No quería demostrarle a mi madre lo nerviosa que me encontraba, trataba de esquivar su mirada e incluso no estaba dejando que ella tocase mis manos para que no se diera cuenta de lo mucho que estaba temblando. Ella estaba tranquila, tenía su máscara de oxígeno, ya no respiraba con dificultad como lo hacía en las noches y habían controlado su tos, vi cómo poco a poco se fue quedando dormida y realmente me alegré, esas noches que había pasado enferma le habían arrebatado horas de sueño, esperaba que pudiera descansar lo suficiente para tener más fuerzas y energías. Ver a mi madre allí durmiendo tan tranquila y con su respiración en calma me hizo relajar, algo dentro de mí me decía que todo estaría bien, así que mientras salían los resultados y mientras mi madre despertaba, comencé a trabajar en el proyecto del restaurante. Debía escoger los mejores platillos, no sabía que jurados habrían, por lo que decidí que debía escoger 2 entradas, 3 platos fuertes y 2 postres, al menos así tendrían de dónde escoger y si no quedaban satisfechos con uno podrían estarlo con otro. —Aquí tengo los resultados — Dijo el médico entrando en la habitación. rápidamente me levanté de la silla en la que había estado sentada y me pare al lado de mi madre, las dos necesitábamos fuerza, tomé su mano, temblaba. —¿Y qué dicen los resultados? — pregunté con nerviosismo, esa respuesta podía cambiar el rumbo de nuestras vidas. —Está confirmado, la señora alba sufre de una tuberculosis, así que por un lado descartamos el cáncer — suspiré, esa era una buena noticia, ¿no? —¿Y entonces qué debemos hacer? — pregunté. —Bueno, la tuberculosis no es menos grave que un cáncer, la verdad es que el tipo de tuberculosis que tiene la señora es bastante avanzado, está esparcido por el 87% de sus pulmones, comenzaremos con los medicamentos para ir bajando la infección. Usaremos los antibióticos más fuertes que tenemos, esto será un poco agresivo por lo que la señora Alba puede empeorar un poco, pero si todo sale según lo esperado, el antibiótico hará efecto. —Vas a estar bien, debes ser fuerte mamá — dije dejándole un beso en la cabeza. Mi madre era una mujer fuerte, bastante fuerte, saldrá de esto y de mucho más. —Y en cuanto a ti, los resultados salieron bien, por lo que te recomiendo que pases el menor tiempo posible aquí para evitar cualquier contagio — dijo el médico. —¿Pasar el menor tiempo posible aquí? pero doctor, no puedo hacer eso, no pienso dejar a mi madre aquí sola, no lo haré. —Es lo que yo recomiendo — dijo simplemente. —Hija, has lo que el médico dice, por mi no te preocupes, me podrás llamar todos los días, además, sé que me cuidará muy bien aquí. Tu debes preparar lo del concurso, enfocate en eso, recuerda que es tu más grande sueño. Suspiré profundamente, mi madre tenía razón, además era un riesgo andar por ahí dándole de comer a todos sabiendo que podía tener algunas bacterias de esas en mí. No me podía arriesgar así. Me quedé con mi madre hasta que se hizo de noche, cuando el horario de visitar terminó salí del hospital no sin antes pasar por la capilla y hacer unas cuantas oraciones por mi madre. A la salida tuve que llamar a Grecia para que me enviará a alguno de los obreros de la hacienda que tenían moto, porque ya era demasiado tarde y ningún autobus o taxi me llevarían hasta la hacienda. Una hora después llegó Oscar, o como todos le decimos Osquitar. Era un muy buen chico, era juicioso y de familia humilde, sus padres cuidaban los potreros por lo que Osquitar desde pequeño se entregó a los animales y básicamente era el veterinario de la hacienda. —¿Esperaste mucho tiempo? — preguntó mientras se quitaba el casco. —No, no fue tanto, muchas gracias por recogerme — le dije con una sonrisa amable. —Bueno, supongo que es la única forma en la que podría estar contigo un rato y charlar un poco — Dijo un poco avergonzado, me causó ternura. —No es necesario que vengas hasta tan lejos solo para poder charlar conmigo, vivimos en la misma hacienda. —Lo sé, pero el que tuvieras novio lo complicaba todo, yo... me enteré de que terminaste con el patán ese, ahora que estas soltera, ¿te gustaría salir conmigo algún día? miré fijamente a Oscar, era guapo, muy guapo, su cara estaba perfilada y limpia, a diferencia de ese niño que vi crecer llenó de barros y gordo. Si la situación hubiese sido diferente, le hubiera dicho que sí sin pensarlo, pero ahora no podía, no debía olvidar que yo Dafne, a petición de Richard, mi padre. Debía casarme con un hombre que no amaba ni conocía. —Lo siento Oscar, me encantaría decirte que sí, pero razones ajenas a mí, me lo impiden. — Dije con lastima. Sentí que le debía una explicación, así que fuimos a comer a unas chozas y allí le confesé todo a Oscar, sintió pesar por mí y por él, porque según él, la mujer de sus sueños ahora se debía casar con un desconocido. Y yo me arrepentí por haberme fijado en el hombre meno indicado, Mi ex... Si tan solo Oscar y yo hubiésemos comenzado desde antes, todo sería TAN diferente. Ya estaba lista, todos los platillos estaban listos, había contratado a la hermana de Óscar para que me ayudase como mi asistente y el señor Gilbert me había prestado una de las camionetas de la hacienda, aprovechando claramente que la familia “real” no estaba en la casa. la camioneta no era la gran maravilla, de hecho era bastante vieja y estaba un poco acabada, pero, ¿cómo iba a quejarme? está vieja camioneta sería quién me ayudaría el día de hoy, así que estaba agradecida por ello. Margot, la hermana de Óscar y yo comenzamos a subir lo importante a la camioneta, los postres iban en cajas bien empacados, era lo único que ya estaba preparado, el resto de platillos estaban listos, no de una manera final si no que me refiero a que estaban en el sentido de que ya sabíamos que debíamos hacer y solo sería llegar, calentar, cocinar y preparar algunos ingredientes y listo. —¿Esto es todo lo que debemos llevar? — me preguntó Margot mientras miraba la cajuela —Eso creo — respondí con nerviosismo. —¿estás lista? — preguntó ella mordiéndose los labios, también estaba nerviosa. —Si y no, me encantaría que mi madre me acompañara hoy — respondí con lástima.
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