Ethan quería ver a Lía, así que con cuidado, se inclinó hacia su hijo, que lo observaba con una mezcla de desconfianza y cansancio. Lo había traído consigo porque no concebía soltarlo, pero sabía que aquel niño necesitaba anclas, no más sobresaltos. Se arrodilló frente a él, le habló en voz baja, con esa calma que solo usaba cuando lo que venía era importante. —Elián, quiero pedirte algo. —Le señaló a Sofía, dormida aún, hecha un ovillo en la silla—. Quédate aquí y cuídala mientras voy a ver a Lía. Esta niña es muy importante para mí. Vuelvo en un momento. No estarán solos, ellos estarán vigilando. Señaló con la barbilla a los dos hombres de seguridad que se habían quedado en la sala: uno de pie junto a la puerta, otro un poco más atrás, con la vista recorriendo cada movimiento de los p

