Ethan se quedó en silencio un momento, mirando a su madre como si buscara fuerzas en esos ojos cansados que aunque débiles, siempre parecían verlo todo. Evelyn respiraba con dificultad, pero la firmeza en su mirada bastaba para ponerlo contra la pared. Los labios de su madre se entreabrieron, y durante unos segundos pareció que el oxígeno en la mascarilla no era suficiente para todo lo que necesitaba procesar. —¿Lía no es la chica que te gusta? —preguntó al fin, y había un brillo extraño en sus pupilas, mezcla de sorpresa, curiosidad y una pizca de picardía que recordaba al carácter fuerte que siempre la había acompañado. La duda en su tono era como una daga, porque eso significaba que ella intuía que aquello iba más allá de un dato suelto, de un árbol genealógico polvoriento. Él se i

