—Llegaste —murmuró Ethan, emocionado, aunque con voz áspera, producto del cansancio. Ella asintió, apretando con suavidad la mano de Sofía. —Claro que sí, no iba a dejarte pasar por esto solo. Eilán se adelantó un paso, inseguro, como si no supiera si abrazar a su padre o quedarse quieto. Ethan le extendió la mano, un gesto más solemne que cariñoso, pero Eilán lo ignoró y se lanzó a rodearle la cintura con los brazos. Ethan se quedó rígido por un instante, sorprendido, hasta que su brazo bajó y lo sujetó con firmeza. El gesto fue torpe, pero real. —Papá… —murmuró el niño, hundiendo el rostro en su abdomen. Lía tragó saliva. Esa simple palabra bastó para que la dureza de Ethan se agrietara un poco más. Se inclinó hacia Sofía y, aunque no era su padre, también le tendió una mano. Ella l

