Cásate conmigo.

2066 Words
Marianela cerró los ojos y dejó que todo fluyera, consciente de que esta era una pieza clave en su plan. Ulises se desnuda, mientras la besa por todas partes. Él le arranca la ropa interior para comer directamente de su parte más sensible. —¡Ahhh! ¡Ulises...espera, esto...esto se siente tan bien!—le dice entre gemidos mientras siente su lengua caliente en su interior. Luego de un rato Marianela se vino en su boca. —Sabes tan rica, no puedo aguantarlo más—le dice antes de acomodarse sobre ella y hundirse por completo. Al principio se le hizo difícil ponerlo, se sentía tan estrecha y apretada que casi se vino solo por hundirse. Cuando llegó al final comenzó a mover sus caderas con más intensidad. Marianela se aferraba a las sábanas por las uñas enterradas. nunca imaginó que hacer el amor era tan doloroso y delicioso al mismo tiempo. Luego de un rato el placer sustituyó al dolor de cada penetracïön. Marianela olvidó cuántas veces su cuerpo se rindió al clímax. Cuando finalmente se entregó a él, supo que su camino en la familia Cisneros estaba asegurado. Ulises no dudaría de su amor, y ella podría continuar con su misión sin sospechas. Luego del acto Ulises se quedó dormido junto a ella y ella decidió permanecer quieta, tuvo el impulso de revisar su celular, pero no sabe que tan tomado está, tuvo miedo de que despertara y la descubra. Ulises despertó varias horas después con la cabeza pesada y la memoria nublada. Al girarse, ve a Marianela desnuda a su lado, con su cabello desordenado sobre la almohada. Su mirada recorrió la cama y su pecho se encogió al notar las manchas rojas en las sábanas. Mira al suelo y permanecía como la había dejado. Su memoria fotográfica era excelente, sabría cuando alguien toca sus cosas aunque sea un milímetro de su lugar. Marianela piensa que Ulises es el menos peligroso de los tres hermanos pero estaba equivocada, él era el más implacable encargado del trabajo sucio de su madre. Eliminaba y limpiaba magistral mente a cualquier enemigo. Marianela despertó y, al darse cuenta de que él ya había despertado, comenzó con su teatro, ella rompió en llanto. —Mi padre me va a matar… creo que no debimos hacer esto, yo era virgen—susurra entre sollozos. Ulises sintió un nudo en la garganta. No recordaba mucho de ese momento en sí, pero la idea de haberla obligado de alguna manera le llenó de culpa. Él sabe que fue a ella que vio en la discoteca tres años atrás cuando estaba con sus hermanos esa noche, el quedó enamorado de esa mujer misteriosa desde aquella vez. Aunque no sabe por que vio dos mujeres casi idénticas. Tal vez su mente le jugó sucio esa noche. Cuando la volvió a ver por casualidad en el campo de golf no podía creerlo. Pero en el tiempo que tienen conociéndose ella nunca le a hablado que tiene alguna hermana igual a ella. —No llores, por favor… Esto es mi culpa —dice él, abrazándola con ternura—. Yo no debí ser tan impulsivo, pero no quiero que te sientas mal. Yo tambien te deseaba, perdí el control. Si tu padre va a ser un problema… casémonos. Estamos en las Vegas aquí es posible más rápido. Marianela lo mira con sorpresa. Nunca pensó que él sería el primero en dar un paso tan crucial. Ella pensó que le tomaría más tiempo, pero supo que era más tonto y manejable de lo que pensaba. Sabía que esto era lo que necesitaba para consolidar su plan, pero debía actuar como si estuviera en shock. —¿Casarnos? Ulises, no sé… tú no me amas...aunque yo sí siento algo por ti. —Si nos casamos, nadie podrá decir nada. Tu me gustas mucho. Quiero hacer las cosas bien. Puedo amarte con el tiempo, eres hermosa, inteligente y ambos somos jóvenes energéticos. Cuando volvamos, iré a ver a tu padre y pediré tu mano. Si se niega… de todos modos, ya estaremos casados —insistió él, decidido. Ella dejó que algunas lágrimas más rodaran por sus mejillas antes de asentir lentamente. —Está bien… así mi padre no me mandará a algún convento. Bajaron de la habitación luego de ducharse y buscaron una de esas capillas de bodas rápidas en Las Vegas. Unas horas después, salían de allí con un anillo en sus manos y una unión legalizada. Marianela le dijo a Ulises que descansaría, luego de terminar de comer. El la acompañó hasta su habitación. El bajó por el ascensor para disipar un poco la mente. Fue entonces cuando Ulises se encontró con regina su hermana en el vestibulo. Ella noto el anillo en su dedo. —¡Oye! ¿Donde estabas? ¿para eso me trajiste? ¿Dejarme abandonada?Me cansé de llamar a tu maldito numero. —Se acabo la bateria. Me fui al casino y regrese a mi habitación. —¿Donde está Marianela? —En su habitación. —Tú a mi no le engañas ¿Qué hiciste realmente? ¿Que significa ese anillo? ¿Acaso es lo que creo que es? Nunca te lo había visto. — Si, es lo que crees que es. —¿Te volviste loco? ¿me estás diciendo que te pasaste con Marianela?¿Crees que nuestra madre lo dejará pasar tan fácilmente? —Regina, necesito que no le digas nada a mamá sobre esto… Cuando lleguemos, se lo diré yo mismo cuando sea el momento oportuno. Regina, frunce el ceño. —¿Crees que no lo sabrá? —Me casé con Marianela¿bien?. Pero por favor, no se lo digas a mamá hasta que yo lo haga. Regina suspira, sabiendo que aquello traería problemas. —Está bien… Pero más te vale que tengas un buen plan para enfrentarte a ella. Y no me estás en eso. Unas horas después, Ulises salió del elevador y se detuvo frente a la puerta de la habitación de Marianela. Aún tenía en la mente todo lo que había sucedido ese día, la boda, las palabras de Marianela diciéndole que lo amaba, su propia confesión de que le gustaba más de lo que pensaba. Había sido un torbellino de emociones, pero ahora tenían que volver a la realidad. Golpeó la puerta con suavidad. —¿Quién es? —pregunta ella desde dentro. —Soy yo, Ulises. Marianela abre la puerta con una sonrisa en los labios. Llevaba un camisón de seda que resaltaba su piel bronceada y su cabello nëgro caía en ondas suaves sobre sus hombros. Lo invita a entrar y, sin dudarlo, Ulises pasa al interior de la suite. —Quería verte antes de irme a dormir, deberías descansar ya que debe pasar de la media noche —dijo él, sentándose en la orilla de la cama. —¿En qué piensas? —pregunta ella, sentándose a su lado y rozando su mano con la suya. —En todo esto… en nosotros —confiesa Ulises, girando el rostro para mirarla—. Me gustas de verdad, Marianela. Solo quería que supieras que no soy un hombre perfecto, pero puedo llegar a amarte. Espero un día poder contarte todo. Y sé que mi madre puede ser complicada, pero lo más seguro es que ella me diga que te vengas a vivir conmigo, tenemos que permanecer en la mansión Cisneros hasta que ella confíe plenamente en ti, debes obedecerla y mantener un perfil bajo, luego vamos a tener nuestro propio hogar. Además debo completar algunos pendientes para ella. Cuando me organice nos mudaremos. Marianela baja la mirada y suspira, fingiendo preocupación. Piensa que realmente tiene ventaja. —No quiero causarte problemas con tu familia… pero tampoco quiero que me alejes de ti. No me importa donde viva si estoy contigo. Ulises toma su mano entre las suyas. —No lo haré. Ahora eres mi esposa y no permitiré que nadie nos separe. Ella esboza una sonrisa tierna y se inclina para besarlo suavemente. —Yo me enamoré de ti desde que te vi, así que haré que te enamores más de mi, esto va a funcionar—susurra. Él le acaricia la mejilla con ternura. —Vamos a descansar. Mañana tenemos una excursión temprano. Dime si amaneces indispuesta y lo cancelamos. Yo dormiré en mi habitación... sé que fui muy brusco, pero si duermo junto a ti no podré contenerme. —De acuerdo...solo estoy un poco adolorida por ser mi primera vez. ¿Vendrás a despertarme? —Claro. Descansa. Volveremos a estar juntos en la misma cama cuando te sientas mejor. No quiero volver a lastimarte, mi tamaño allí abajo no es una broma. —¡Ulises, que cosas dices! ¡Es cierto, pero no deberias hablar así en voz alta! —Perdon...bueno, que descanses. Marianela asintió y lo vio salir de la habitación. Tan pronto la puerta se cerró, su rostro adoptó una expresión seria. Todo iba según lo planeado. Agradeció a los cielos que a él no se le ocurriera dormir con ella, aún siente su interior arder. Y definitivamente tendría que estar muy tomada para poder aguantarlo sin salir corriendo. Al día siguiente, después de un desayuno rápido, fueron a su excursión, se pasaron un día fenomenal, y tres días después tomaron el vuelo de regreso a Chicago. Durante el trayecto, Marianela le envió un mensaje a su padre en secreto y lo borró de inmediato. Marianela: "Llegamos en unas horas. Asegúrate de que todo esté listo." Milo: "Rocco y Camila ya están en posición. Recuerda tu papel." Ella sonríe. Todo estaba bajo control. Cuando aterrizaron en Chicago, Marianela se despidió de la hermana de Ulises, mientras estaban en las Vegas, en el primer día se comportó reacia a la unión tan repentina, pero al siguiente día se dió cuenta que su hermano estaba realmente perdido con ella. Lo que nunca había visto en el la traía sorprendida. No podía asimilar que se trata de la misma persona. Su hermano apodado el despiadado de los Cisneros parecía más una oveja mansa. Así que bajó la guardia y le dio a Marianela el beneficio de la duda. ¿además que podía salir mal si Marianela se había casado con un destajador? Ulises insistió en llevarla a su casa para conocer a sus padres. Marianela lo tomó del brazo y fingió dudar. —Prefiero que primero conozcas a mis padres. Sería una falta de respeto que no lo hagas antes. Ulises sonríe con ternura. —Tienes razón. Vamos a tu casa primero. En el camino, Marianela le indicaba las direcciones mientras tecleaba en su teléfono. Le informo a su padre que se había casado en las Vegas para completar más rápido la mision. Al llegar a una lujosa residencia en un barrio exclusivo, los esperaba un hombre alto, de cabello entrecano y una expresión severa. A su lado, una mujer de tez clara y de mirada afilada que los observaba con atención. —Ulises, ellos son mis padres. Mi padre, Rocco Perozo, y mi madre, Camila Ortega. Papá, mamá, él es Ulises Cisneros... Rocco observó a Ulises con detenimiento antes de esbozar una sonrisa fría y extender la mano. Si su jefe no le hubiera dado indicaciones de que no lo toque en ese momento hiciera uso de esa navaja para degollardo, eliminando a un familiar directo de los Cisneros. —Bienvenido a nuestra casa, muchacho. Espero que hayas tratado bien a mi hija en estas cortas vacaciones. Me habla tanto de ti que me ha hecho un hoyo en los oídos. Aunque sé que tu familia está en el negocio petrolero y mercantil. Ulises le estrecha la mano con firmeza. Hasta ahora no sospecha de alguna mentira cuando dijeron sus nombres y apellidos. Más adelante los investigaría. —Su hija es muy importante para mi, señor Perozo. Ella también me ha hablado mucho de ustedes. —¿Y ese anillo, hija? ¿Es de Matrimonio?—le lanza Camila mostrando una sorpresa finjida al tomar su mano. Camila arqueó una ceja y le dirigió una mirada inquisitiva a Marianela. Marianela mira a Ulises fingiendo que nunca pensó que su madre no se diera cuenta. —Lo que pasa...no se vayan a enojar... —Yo, convencí a Marianela para que nos casaramos. No les andaré con rodeos porque sería una falta de respeto. Nos casamos en las Vegas. —¿Qué?
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