Prólogo.
Mi matrimonio con el guerrero Zhen-He fue un acuerdo político, una frágil alianza sellada por mi padre, el emperador. Él era un hombre de leyenda: el más hábil en el campo de batalla y el más dotado con la magia arcana. Pero para mí, solo era el esposo impuesto, el obstáculo que se interponía entre yo y mi corazón.
Porque mi corazón ya tenía dueño. Yo amaba en secreto a un hombre al que todos llamaban "La Sombra del Cerezo", un guerrero noble de bondad silenciosa y honor inquebrantable. Mientras, desprecié a Zhen-He con una crueldad de la que hoy me avergüenzo. Lo rechacé, lo humillé, porque nadie podía compararse con el ideal que guardaba en mi alma.
No sabía que ambos hombres eran uno mismo.
Tras la máscara del marido callado que toleraba mi desdén, se escondía el héroe que admiraba. Y tras su fama de hombre sereno y leal, ardía un propósito mucho más oscuro. Zhen-He carga con una tragedia: a los cinco años vio cómo asesinaban a su madre, una concubina, en una vileza palaciega urdida por la ambición. Toda su vida, su fuerza y su ascenso, han estado guiados por una sola meta: la venganza.
Ahora lo sé todo. Y comprendo que yo, la princesa Liling, fui solo una pieza en su tablero. Casarse conmigo fue el movimiento maestro para ganar el favor imperial y el poder necesario para cumplir su plan.
El precio de mi ceguera es alto. Mi esposo, que es también "La Sombra del Cerezo", no tiene intención de continuar con este matrimonio. Una vez lograda su venganza, solicitará el divorcio.
Pero el amor que siempre sentí por el guerrero de la leyenda no se ha apagado; al contrario, ahora brilla con el fuego del remordimiento y una desesperada determinación. Él me utilizó, sí. Pero eso ya no importa.
Ahora, yo tengo mi propio plan.
Antes de que la tinta del decreto de divorcio seque, debo lograr lo imposible: que el hombre al que herí y al que siempre amé, me vea por fin. Y el tiempo se está agotando.