capitulo 20

1270 Words
—Solo te voy a quitar un par de minutos, y te podrás ira a descansar ese cuerpito lindo. Platican un rato, y una vez terminada la conversación, Sneyder vuelve a subirse a su carro y retoma el camino. “Gato” lo sigue. Sneyder guarda su vehículo en el garaje del edificio donde vive. Se dan un buen baño, y se alista para salir. El guarda espaldas de Yeris, lo sigue esperando paciente. Al ver el carro de Sneyder salir del edificio, sonríe satisfecho. Lo vuelve a seguir con mucho cuidado, para no ser descubierto. La segunda parada que hace Sneyder, es en el barrio vecino. Ahí recoge a una joven y bella mujer. Sale de su carro abraza a la chica y la besa en la boca, durante unos segundos. De inmediato “gato” le comienza a hacer fotos. Sneyder abre la puerta del lado del copiloto y la mujer entra. También se sube al vehículo y se marchan a la zona exclusiva de Medellín, donde disfrutan de la noche en una de las tantas discotecas del barrio. El celoso espía quiere seguir recopilando más material comprometedor, es por eso que también entra en la discoteca. Mantiene mucha prudencia para que Sneyder no lo vaya ver. El sitio está muy concurrido. La música retumba por todo el cuerpo. Hay un verdadero ambiente de fiesta. Y lo típico que suele suceder en una discoteca, está ocurriendo en ésta. Gente bailando, tomando, parejas besándose, y algunos queriendo ligar. Sneyder saca a bailar a su invitada, y cada vez que la besa, alias el “gato” no pierde tiempo para hacerles fotos. ⸺ ¡Este material vale oro!⸺piensa en voz alta “gato”, besa su celular y sonríe malintencionadamente⸺. ¡De una vez por todas voy alejar a ese payaso de mi amor. Y sigue haciendo toda clases de fotos. Casi una hora después, y cuando ya piensa que tiene bastante material para hundir a su rival, se marcha del lugar. En cambio, Sneyder se queda sacándole el jugo a aquella hermosa noche. El sábado por la mañana, Sneyder despide a su amiguita y se va a trabajar. Tan fresco y sin guayabo, que pareciera que la noche anterior, no estuvo de rumba. Por su parte, a eso de las dos de la tarde, Yeris invita a su prima para ir de compras. —¡No tengo nada que ponerme hoy, por eso quiero que vayamos de compra! —Yeris ríe y responde:— ¡Pero si tienes los dos armarios, que son del porte de mi departamento, llenos de ropa y Zapatos! —Nada de eso…quiero que las dos estrenemos hoy. —Por mí no te preocupes, ya tengo escogida la ropa que me voy a poner hoy. —Nada…tienes una cita, y tienes que deslumbrar a ese chico. —El hombre que me vaya a querer, lo tiene que hacer, no por lo que lleve puesto, sino por lo que soy… —¡Deja tu poesía barata!—la interrumpe Yeris y casi a empujones, la lleva a su habitación para que se arregle y puedan salir—. Te doy quince minutos para que te arregles, voy a estar afuera. Yeris no le queda de otra que hacer lo que le pide su prima. Una vez que está arreglada, se va hasta donde está Yeris. —Prima, ¿y si me necesita mi tío? Aún no termina mi jornada laboral. —Ahora estás a mi cargo—responde Yeris y las dos ríen. Yeris llama a sus dos guarda espaldas personales, y les ordena que la lleven al centro comercial más exclusivo de Medellín. “Gato” al verla, le regala una amplia sonrisa, pero Yeris ni se inmuta, y esto lo pone un tanto triste. La pobre Tanya está que no puede con el cansancio en sus piernas, ya han visitados más de veinte tiendas de ropa, y nada le ha gustado a Yeris. —Lo siento prima, pero es que hoy quiero lucir muy bella para mi chico. No veo algo diferente, algo que me haga sentir a gusto. —¡Prima!—y Tanya toma a Yeris por los carrillos—. ¡Entiéndelo, tú eres hermosa te pongas lo que te pongas!—y le sonríe. —¡Eso ya lo sé prima!—responde sonriendo Yeris—. Pero es que quiero lucir diferente. Además, ¿para qué mi padre es el más rico de Colombia?—y vuelve a reír. Cuando ya Yeris se daba por vencida, ve algo que le gusta, y aunque cuesta un ojo de la cara, los paga gustosamente. —¡Vamos a comer algo delicioso!—le dice Yeris a Tanya, una vez que salen de la tienda—. Pero no aquí. Te voy a llevar a un sitio que te vas a chupar los dedos. ¿Con mucha sinceridad? ¿Si me veo bien con esa ropa? —Te he dicho un millón de veces que sí… —Lo que pasa es que me veo un poco panzona. —Oye, si tu abdomen parece una mesa de planchar—Tanya toca la barriga de Yeris. —Pero es a base de machacarme en el gym. En cambio, lo tuyo es natural. Eres bien linda, como lo era mi tía. Tanya entristece un poco, pero su prima no lo nota. Se suben en el carro y alias “machete” lo pone a andar con dirección al sitio que le indicó su jefa. Por la noche, antes de entrar en la discoteca, a Sneyder lo llaman al celular. —¿Aló?—responde muy extrañado, pues no sabe quién lo llama. —A ver, mequetrefe… —¡Ah, es usted! Por pura curiosidad, ¿cómo consiguió este número? —Te he dicho que yo lo sé todo. Como sé que vas a una fiesta con mi hija. Sé que bailaran, tomaran y se besarán. Todo eso lo puedo aceptar. Pero cómo me entere que has fornicado con mi hija… —¡Sí, ya sé!—se atreve a interrumpirlo Sneyder—. ¡Me la corta y me la pone de lengua! No me imagino yo, con una lengua tan grande—ríe Sneyder. —¡Sí, ríe todo lo que quieras… ya estás advertido!—y el capo de capos acaba la llamada. Sneyder se queda un tanto furioso, y es por eso que hace el amago de querer reventar su celular contra el suelo. Se relaja un poco. Saca su vehículo del parqueadero del edificio, y conduce unos metros hasta la casa de Adrián. Pita dos veces para que su amigo salga. Cinco minutos pasan y vuelve a pitar. —¿¡Por qué no te metes el p**o por el culo!?—grita un vecino furioso por la ventana de su casa. —¡¿Por qué no viene y me la chupa?!—responde a gritos Sneyder. En ese instante sale Adrián y de inmediato corre hasta Sneyder. —¡Oye, deja las malas palabras! —¡Él empezó!—pero Sneyder ve a un hombre que sale con una pala en la mano. —¡Ven para chupártela, pirobo!—le dice el hombre y camina hacía Sneyder con la pala levantada, muy amenazante. —¡Tranquilo señor José!—intenta detenerlo Adrián. Sneyder entra al carro y saca una cruceta y regresa casi hasta el enfurecido vecino. —¡Venga gonorrea! ¡No le tengo miedo a mi suegro, y le voy a tener miedo a usted!—le grita Sneyder y lo ínsita a pelear.
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