C1
Sage. Mi dosis de hierro casi diaria era detestable. Odiaba tener que depender de una inyección para no sentirme como un zombie en los pasillos, pero agradecía que existiera algo como tal y que mi madre pudiera suministrármela. —Eso es todo, cariño —me informó mientras cubría con un algodón el lugar por donde se había adentrado la aguja en mi brazo. La imagen de ayer seguía repitiéndose una y otra vez en mi cabeza y no podía dejar de pensar en ello. —Mamá... —Ella se volteó y me dio una sonrisa —, ¿nunca has intentado hablar con Cailan sobre lo de los abuelos? Como era de esperarse, aquella pregunta la había tomado por sorpresa. Dio un largo suspiro, metiendo las manos en los bolsillos de su uniforme, y tomó asiento a mi lado. —Lo he intentado infinidad de veces —comenzó a decir y percibí el tinte de dolor en su voz —, pero él siempre se negó. No hubo ayuda que aceptara... La terquedad de mi hermano había sido un rasgo que conservaba desde pequeño. Recuerdo cuando Gus quería un coche de juguete de la feria pero no se animaba a pedírselo a nuestros padres. Como siempre, mi hermano tenía que convertirse en el héroe de todos. —Si se los dices, estoy seguro que comprenderán —le dijo mi hermano mientras Gus llevaba su cabeza baja —. Es un simple juguete, no un coche de verdad. —Ellos ya me han dado demasiado —habló por lo bajo aquel pequeño moreno. —Mamá —Cailan se acercó a ella —, ¿me comprarías el coche de juguete rojo? —se lo señaló y ella se puso a su altura. —Hijo, cariño... ¿Para qué lo necesitas? Ya tienes muchos en casa. —Gus se movió algo incómodo en su lugar. Su piecito golpeteaba el suelo y sus dedos jugaban entre sí. —Lo sé, pero quiero ese coche rojo —pidió él, algo insistente —. Podemos regalar algunos de los que tengo para poder hacer lugar para ese. Mi madre no lucía demasiado convencida. —Por favor... Haré lo que quieras para que me lo compres. Mi madre rió y acarició su mejilla —, Trato hecho. Donaremos algunos de ellos y te lo compraré —ella cedió ante el encanto de su hijo —. Sage, Gus... ¿Alguno quiere comprar algo? Ambos negamos. Mi hermano se apartó de mi madre y regresó hacia su mejor amigo. —No tienes que regalar gran parte de tus juguetes para que tu madre compre aquel tonto coche rojo —dijo el moreno con culpa. —Ya tengo demasiados. Alguien más les dará mejor uso. —En el rostro de Gus se dibujó una dulce sonrisa y abrazó al rubio. —Espero que no sea muy tarde cuando se dé cuenta de todo lo que puede perder por no querer recibir la ayuda correspondiente. —Mi madre acarició mi cabeza. —Supongo que hablas de Valdine. Clavé mi mirada sobre ella, asombrada. ¿Cómo era posible...? —Soy su madre —sonrió —, lo conozco mejor que nadie. La forma en la que la mira, su tonta forma de odiarla y de quererla al mismo tiempo... —suspiró —. Clásico Vaughan. —Le ha hecho una promesa a Broc. —Ella asintió. j***r, es que no dejaba de sorprenderme. Puede que fuera mi momento de cerrar la boca y oír a mi madre que parecía saber más cosas que yo —. Creo que la ha roto y ha sido en parte por mi culpa. Aquella responsabilidad comenzaba a pesarme y sentía como si en parte hubiese contribuido para clavarle aquel puñal en la espalda a Broc. —Sage, ¿por qué dices eso? —su mano empezó a acariciar mi espalda como una forma de brindarme algo de tranquilidad. —Hace unas semanas atrás cuando descubrí lo de la promesa, me obligué a pensar en que aquella y en que no se involucrara con Jensen para no distraerla del objetivo de todos, era la mejor opción —comencé a decir —. Yo también percibo cómo él la trata diferente a las demás mujeres, pero también lo noté en ella aquel día. Fui decidida a decirle que no le convenía estar con Cailan, que sólo saldría lastimada y lo hice, pero ¿cómo podía ser tan egoísta? —Lo viste... —susurró mi madre y asentí. —Él la mira como si fuera su refugio, de alguna forma. Ella provoca aquella chispa de vigor en él. ¿Cómo podía ser tan egoísta y negarle la única oportunidad de recibir algún tipo de ayuda que él aceptaba? —suspiré —Entonces, me arrepentí. "No abandones algo si crees que es para ti", le dije. Por supuesto, dudo mucho que lo haya comprendido porque ambos intentan negar la realidad. —Ambos son muy obstinados —añadió mi madre —, y eso sólo puede acabar de dos formas; en una explosión o... —Ellos durmieron juntos —declaré. No hubo ni promesa ni advertencias que los hiciera mantener las manos apartadas del otro. —Ayer lo vi salir de su habitación. Él iba empapado y llevaba una diminuta sonrisa en su rostro. Mi madre eligió mantenerse en silencio y me volteé a verla. —Nada impedirá que elija la felicidad de mi hermano por sobre todas las cosas por muy mala persona que eso me haga sentir, pero lo único que puede destrozar todo a su paso son sus traumas del pasado. Ella aclaró su garganta y cogió mi rostro entre sus manos, obligándome a que la observara —, Si se ha acostado con Valdine o no, o si ha roto la promesa o no, olvidas cómo es Cailan. —Una verdadera mierda —dije sin más. ¿Quién rompía una promesa que le había hecho a su posible difunto mejor amigo? Mi madre me lanzó una mirada de advertencia. A la próxima que dijera algo por el estilo, de seguro recibiría un golpe en la cabeza. —Es que no me dejaste finalizar. —Mi madre rió —. Es lo que dije y, además, es una persona testaruda y arrogante que cree siempre poder controlar todo por su cuenta. —Así es. Hemos intentado ayudarlo toda su vida y creo que va siendo hora de que demos un paso al costado, que dejemos de ser un estorbo y permitamos a nuevas personas adentrarse en él —expresó. —Él ya se ha adentrado demasiado en alguien... —hablé por lo bajo, pero eso no evitó que mi madre no me oyera. Me dio un suave golpe en la cabeza y reí. No me arrepentía de lo que había dicho ni por un segundo. —Otro paciente está esperándome —me informó y me puse de pie —. A decir verdad —Posé mi mirada sobre ella —, debo confesar que me sorprende que le haya tomado más de un mes romper la promesa. Todos tenían a los doctores en un pedestal como si fueran las personas más respetadas y serias del mundo. Lo cierto era que ninguna de las dos eran verdad; ni serios, ni mucho menos respetados, desafortunadamente. El habernos criado con una madre ginecóloga y obstetra nos había brindado la oportunidad de hablar con total libertad y naturalidad sobre los temas relacionados a la sexualidad. Tal vez, un poco demasiado. Estaba segura que mi primera palabra había sido 'prepucio' y para los tres años ya me sabía de memoria los órganos genitales femeninos y masculinos. —Ella debe tener algo especial —añadió. Branko. —Ella tiene algo especial —hablé para mí mismo mientras reposaba mi espalda en la silla de mi oficina. La hija de Rufus Jensen sí tenía agallas como para meterse en algo tan jodido como esto a sabiendas de que su vida volvía a correr peligro una vez más. Tenía unas agallas de oro y un gran encanto, por sobre todas las cosas. —O tenía, señor —me corrigió Lance, mi mano derecha en la empresa y en la vida misma —. Se presupone que ha muerto tras la insistente tortura por parte de JBG. —Sonreí a mis adentros. Ella no estaba ni cerca de estar muerta y había engañado a todos. De hecho, era ella quien estaba dispuesta a acabar con las vidas de los demás, yendo vestida de n***o para no ser descubierta y con un arma en mano. —Quiero saber más información sobre ella —le pedí. Necesitaba saber con exactitud de qué iba todo esto. Hasta donde sabía, la enemistad entre ambas corporaciones existía desde hace una década, pero aún no comprendía qué había sucedido tras la muerte del señor Jensen y el supuesto secuestro de su hija. —Más específicamente, qué se sabe de ella luego de su captura —demandé y se encaminó a la puerta para marcharse —. Hazme otro favor. —Él se volteó, expectante a mi pedido —. Consígueme el número de la líder de JBG. —Asintió y atravesó la puerta. Aquella vez en el callejón no era la primera vez que la veía, pero sí que la conocía en persona. Su atractivo era innegable ante los ojos de cualquiera y yo había tenido la fortuna de tenerla frente a mí. Hubiese sido una lástima que alguien como ella hubiese partido de este mundo sin que su belleza hubiese sido admirada por todos. Había conocido al señor Jensen antes de su fallecimiento, exactamente dos semanas antes. Él había acudido a mí en busca de una retribución; él aportaría dinero a mi empresa y, a cambio, yo debía aliarme al oponente de su grupo, JBG. En pocas palabras, había querido comprarme. Claro estaba que no había podido aceptarlo. Poco sabía de la guerra entre ambas corporaciones como para entrometerme en el medio de ellas y acabar como Rufus. Hubiese deseado conocer a la señorita Jensen en otras circunstancias y no corriendo por su vida, pero no podía cuestionar cómo era que sucedían los eventos. El teléfono comenzó a sonar y lo cogí. —He conseguido la forma de contactar a Gwendolyn, la líder —oí decir a Lance desde el otro lado de la línea —, y la señorita Von Doren lo espera en la sala. —Hazla pasar —ordené. Tan pronto como finalicé el llamado, la pelinegra se encontraba adentrándose en mi oficina tan bien vestida como siempre; una camisa, pantalón de lana de algodón y zapatos altos. —Señor Wolf —me saludó con formalidad y sonreí. Odiaba cuando me trataba como si fuera la primera vez que nos viéramos. —Buenos días, Winnie. ¿Cómo has estado? —Tomó asiento frente a mí y posó una delgada carpeta sobre la mesa —. ¿Has tenido suerte? Elowen Von Doren, o "Winnie" como me gustaba llamarla, era una investigadora privada que había contratado hace dos meses tras la muerte de mi madre. Su último deseo antes de morir había sido indagar en la sospechosa muerte de su mejor amiga, Mel, y eso era lo único que podía hacer por ella. Ella bufó. —Es el caso más complicado que me ha tocado hasta la fecha —confesó con su mirada fija sobre los papeles que ahora me acercaba —. Lo cierto es que no creo que haya mucho que pueda hacer desde fuera. Fruncí mi ceño. ¿Desde fuera? ¿Acaso la investigación requería que se llevara a cabo en otro país? —Su esposo e hija trabajan para KEK y esa información es todo lo que logré obtener en un mes —explicó —. Irene parece proteger la identidad y la vida de sus miembros demasiado bien, por lo que no me es posible expandirme más allá de eso. —¿Cuáles son sus nombres? —pregunté. —Reece y Yuna Turner —reveló —. En verdad, desearía ayudarle más pero no hay mucho que pueda hacer —Winnie se mostró frustrada. —Descuida, sabía a la perfección que lo que estaba pidiéndote no era más que algo imposible —hablé. Cogí el sobre de mi cajón y lo deslicé sobre el escritorio hacia ella. —Tengo lo otro que me ha pedido —me entregó otra carpeta y posé mi mirada confundida sobre ella. —¿No era que la información de los miembros de KEK era imposible de encontrar? —cuestioné y se puso de pie, cogiendo el sobre que acababa de entregarle. —Ella dejó de pertenecer a aquel grupo en cuanto fue secuestrada —expresó —. Tan pronto se adentran a la corporación, firman una hoja en la que se les promete proteger su identidad e información personal y, en caso de fallecer, puede hacerse de conocimiento público. Supongo que Irene la creyó muerta y permitió que su información fuera revelada. Asentí. —Gracias, Winnie. —Ella elevó sus comisuras mientras me mostraba el dinero que le había dado por su trabajo. —Gracias a usted, señor Wolf. Me encontré solo en mi oficina y me puse a leer las hojas que me daban cada detalle minucioso en cuanto a la vida privada de Valdine Jensen hasta el día previo a su captura; la muerte de su madre y el motivo, la relación inexistente con la familia de su padre, su relación amorosa finalizada con Jayce Buckley... incluso su amistad con Yuna Turner. A veces, me aterraba la idea de saber que toda nuestra información estaba expuesta en Internet a la vista de todos; cualquiera podía saber más de mí que yo mismo. Sin embargo, por primera vez, agradecía que así fuera o no hubiese podido saber nada sobre la vida de la primogénita de Rufus. Cogí el teléfono de mi escritorio y me comuniqué con Lance. El pitido sonó una vez... dos veces... tres veces... —¿Sí, señor Wolf? —contestó finalmente. —Comunícate con la líder de JBG y dile que me gustaría organizar una reunión con ella cuanto antes. —De inmediato. Mucho antes de que todo sucediera, el apellido Jensen ya resonaba en todas las empresas y todos los grupos de defensa; Rufus por sus increíbles habilidades como líder de KEK y su trayectoria, y su hija... Bueno, las cosas que se oían de ella salían de la boca de depravados y tipos obsesionados con su atractivo. Sin embargo, no fue hasta la muerte de su padre que una parte de mí se sintió culpable al no haberle brindado ayuda cuando me la había pedido. Me preguntaba quién era aquella Val Jensen de la que todos hablaban, la que había sido secuestrada y había perdido a sus padres, y fue por ello que la tecnología había vuelto a ser mi aliada. Las imágenes no tardaron en aparecer -a Irene le debía de haber valido mierda todo y expuso todo tipo de información sobre ella- y fue en ese entonces que mis ojos reconocieron la belleza por primera vez. Como dije, aquel día en el callejón había sido la primera vez que la había visto en persona, pero no sería la última