C2

2757 Words
Aún no me animaba a regresar a la mesa con los amigos de Thea, que en tan poco tiempo también se habían convertido en los míos. No porque no estuviera preparada, pero quería esperar algunos días para que no me dieran aquella mirada de lástima que tanto odiaba. De vez en cuando, encontraba a Cailan con su mirada hambrienta sobre mí y no hacía más que evitarla. Si no lo hacía, temía que sucediera lo que le había dicho ayer: daríamos un espectáculo s****l sobre la mesa de la cafetería. —¿Nos seguirás evitando mucho más? Su repentina aparición cubrió mi asombrosa vista y suspiré. —No los estoy evitando, Silas —expliqué y tomó asiento a mi lado —, sólo les estoy dando algo de tiempo. Él rió por lo bajo. —Nosotros sólo queremos apoyarte, Val. Y lo sabía, pero sentir pena por alguien no era fácil de evitar. Yo había sentido lástima por Yuna tras morir su madre, incluso sabiendo exactamente cómo se sentía todo aquello; cómo se sentía ella y cómo se sentía que todos te dieran aquella mirada. —De cualquier forma, ya ha pasado casi una semana desde que te enteraste. ¿No crees que ya nos has dado "tiempo suficiente"? —hizo énfasis en eso y reí. —¿Evitarán hablar sobre él? —Él asintió rápidamente —. Entonces, puede que los acompañe hoy en la cena. Ninguno de ellos tenía que pagar por las atrocidades cometidas por Irene. Ya muchos lo habían hecho y no quería traer aquello a JBG. Este lugar era como una desintoxicación de toda su mierda y no quería contagiarlos con su virus. Alcé mi rostro para volver a conectar con los ojos celestes de aquel rubio y me preguntaba cuánto aguantaría sin volver a tener sus besos. —¿Qué se traen ustedes dos? —Volteé a verlo y llevaba una pícara sonrisa —. Han vuelto a tener sexo. Aquello no había sido una pregunta, sino más bien una confirmación que no necesitaba de mi respuesta. Suspiré y me eché sobre el respaldo de la silla. —Ya no te da aquella mirada llena de ira y codicia —continuó —. Lo has roto, Jensen. Clavé mis ojos sobre él, sin comprender a qué se refería exactamente, y posó uno de sus brazos sobre mis hombros. —¿Qué haces? —pregunté algo alarmada. —Has roto algo en él y ahora se encuentra celoso de verte conmigo. Contuve mi risa y negué. —Él ni siquiera siente empatía por la gente —hablé —. El término "celos" es más bien una palabra inalcanzable en su vocabulario y... —La palabra "amor" parece serlo —me interrumpió —. Y sentir celos es un paso hacia ello. Las palabras "amor" y "Cailan" no iban de la mano. Más bien, parecían estar apartadas por un gigante océano. Sentí una puntada en el pecho al darme cuenta de eso. Me compadecía de aquellos que no se permitían sentir algo tan preciado como los sentimientos. ¿De qué servía vivir si eras una simple roca que vivía la vida sólo para sobrevivirla? —Te aseguro que si miras a Vaughan ahora, su expresión no será la misma que hace unos minutos. Me regresé hacia aquellas hipnotizantes perlas que ahora se estaban devorando a Silas con la mirada. Sorprendentemente, algo de razón tenía. Los celos estaban, pero eran de esos que marcaban propiedad. Cailan quería tener a todas y que ellas no le sirvieran a nadie más que él. —¿Ya ves? —me susurró y lo observé —No tolera verte con alguien más que no sea él. Sonreí y me acerqué más a él. —¿Y tú qué haces, Wright? Parece que te fascina verlo celoso —Él negó. —Me encanta verlo furioso —aclaró y reí. Uno más a la lista de personas que detestaba a Vaughan —. No pienses que quiero seducirte, porque no es así. Silas Wright era toda una novedad. —¿Acaso no me encuentras atractiva? —Lo pensó por unos segundos y golpeé su pecho, provocando que ambos nos partiéramos de la risa. —Por supuesto que sí, pero no eres mi tipo. —Asentí. Él era absolutamente encantador. —Eso es bueno, porque tú tampoco eres el mío. —Sonrió. —A ti sólo te atraen gilipollas como él. —A mí y a toda la central —añadí. De pronto, su mirada se desvió y me atrajo más a su cuerpo, llevando su boca a mi oreja —, Aquí viene... —me susurró y me paralicé. —¿Qué? —pregunté sobresaltada y oí que alguien aclaró su garganta a mis espaldas. Me aparté de Silas y me volteé. La mirada rabiosa de Cailan iba de mí hacia mi amigo, y de mi amigo hacia mí. —¿Podemos hablar? —la ira brotaba por sus poros y sonreí. Hace un mes atrás, ni siquiera me lo hubiese preguntado, sólo me habría cogido del brazo y obligado a ponerme de pie para arrastrarme hacia quién sabe dónde. —Estamos en medio de una conversación —intervino mi amigo y me atrajo un poco más hacia él. —No te hablaba a ti —gruñó y me observó insistente. Me salí del agarre de Silas con cuidado y me puse de pie. Ahora sí, cogió mi brazo y me llevó hacia afuera de la cafetería. Me salí de su agarre tan pronto detuvo su paso y clavó sus ojos sobre mí. —¿Qué demonios haces? —demandó saber, furioso —Nunca establecimos que podían intervenir otros para provocarnos. —Oye, yo no estoy provocándote. —Se frotó la nuca con desesperación. —¿Es así como quieres que juguemos? Mi sangre se congelo al oír el tono amenazante en su voz. —Yo no quería que fuera un juego —hablé —, pero tú sí. Cailan estaba ardido y me encantaba verlo así. Eso quería decir que los celos empezaban a apoderarse de él y que tendríamos una ganadora muy pronto. Me acerqué un poco a él y posé mi mano sobre su pecho. Él llevó su mirada hacia ella y luego la alzó para encontrarse con mis ojos. —Un juego de a dos es algo aburrido, ¿no crees? —pregunté con una sonrisa provocadora y él tensó su mandíbula. Alguno de estos días, se rompería los dientes. Me dio una sonrisa poco convencido y asintió. —Tienes razón. —Me sentí complacida. El juego con mi amigo había funcionado de maravilla —. Mejor que sean cuatro. La seriedad se impregnó en mi rostro y me aparté de él. ¡Ah, que cabrón! Lo odiaba. —No... No me refería a eso... —comencé a decir y cogió mi barbilla para que lo observara. Su mirada ahora iba cargada de diversión y posó sus ojos sobre mis labios. —No seré yo quien pierda, Jensen —susurró. —Tampoco yo —le advertí —. Que mierda que ambos seamos tan obstinados —removí su mano de mi rostro de un suave golpe —. Si quieres que seamos cuatro, lo seremos —concluí y me dirigí hacia la entrada de la cafetería para regresar. —¿Has follado con él? —me interrogó y no me volteé a verlo. —¿Cambiaría de algo? Así como yo no te lo pregunto, no creo que tú tampoco quieras hacerlo. Sonreí orgullosa de mí misma y me adentré nuevamente a la cafetería. Silas posó su mirada sobre mí al volver a tomar asiento y suspiró. —¿A qué juegan ustedes? —Lo observé y me señaló la entrada. El rubio se adentró hecho fuego y aniquilando a mi amigo con la mirada —. Me preocupa no despertar con vida mañana —bromeó y rompí a reírme. —Debo pedirte un favor. —Me dio una mirada atemorizada. —¿Debería tener miedo? —consultó y sonreí. —Depende... Es probable que te ganes su odio por completo —respondí y se mantuvo en silencio por unos segundos. —Ganarse su odio es sinónimo de verlo furioso —suspiró y esbozó una sonrisa —. Suena como mi tipo de plan. ¿Qué debo hacer? Bebió el agua de su botella y pensé en qué palabras me convenía utilizar con exactitud. —Darle más celos y... —llené mis pulmones de aire — tal vez simular que hemos dormido juntos... Escupió el agua de su boca para luego regresar su mirada anonadada sobre mí. —¿Acaso están jugando a darse celos? —quiso saber. Para ser honesta, no tenía muy en claro a qué demonios estábamos jugando... —Valdine, él no me odiará. Me hará desaparecer de tu vida y de la faz de la tierra. —Negué. —Jamás permitiría que eso sucediera —expresé —. No puedo prometer que no te hará algún tipo de daño, pero no te asesinará. Silas se puso de pie y me aferré a su brazo para que no se marchara. —Por favor... —supliqué —. Hazme este favor y prometo regresar a la mesa con ustedes hoy mismo. Suspiró, dándose por vencido, y volvió a tomar asiento —, Bien —habló y me acerqué a él con rapidez para abrazarlo. Silas se merecía el mundo entero —. Algún día, tendrás que recompensarme por esto y espero que lo recuerdes. Me aparté de él y le di una auténtica sonrisa. —No podría olvidarlo —le dije —. Especialmente, si Cailan te asesina —hablé por lo bajo. —¿Qué dijiste? —me observó alarmado y ahora yo me puse de pie. —Que no podría olvidarlo ni aunque quisiera —emití y me marché de allí. Esperaba que las cosas no se descontrolaran y alguien acabara con su rostro destrozado. Por supuesto, ese no sería Silas, sino Cailan. En cuanto atinara a ponerle una mano encima a mi amigo, se las vería conmigo y no tendría piedad por dejar marcas en aquel precioso rostro. Sonreí al recordar las palabras de mi madre al querer obligarme a no aprender a luchar. Ella sabía que el paso siguiente a eso sería unirme a KEK, y era lo último que había querido para mí. "Se empieza por los golpes y luego le sigue la poca tolerancia. Dentro de un año, un desconocido te detendrá en la calle para preguntarte algo y le enterrarás el puño en el rostro." Podría haber sido el caso, pero tanto mi padre como Mitch me habían entrenado para utilizar mi fuerza en los momentos indicados; sólo en defensa propia. Me preguntaba si mi madre estaría orgullosa de mí, de la mujer en la que me había convertido. Cuando alguien tan cercano y que tanto querías pasaba a mejor vida, las dudas comenzaban a brotar como gotas de agua en una tormenta. A veces, me preguntaba si aquellas "sabias decisiones" de las que había hablado mi padre era realmente verdad. Puede que para él lo fueran, pero alguien siempre acababa perjudicado. Era como hablar del bien y del mal; era subjetivo. No esperaba ser una persona perfecta, pero esperaba no avergonzarlos con mis decisiones y portar mi apellido de la mejor forma posible. —Val... —alguien me llamó a mis espaldas. Rápidamente, Sage se apareció a mi lado y se veía muy saludable a comparación de otros días. —Te ves muy bien —esbozó una sonrisa. —¿Podría acompañarte a tu habitación? No negaría que su pregunta y su comportamiento algo inquieto me parecían inusuales. Llevaba las manos ocultas en los bolsillos de su jersey y su mirada me insistía que aceptara. —No veo por qué no —respondí y comenzó a caminar a mi lado —. Si estás preocupada por mí y la noticia sobre Broc, te aseguro que me encuentro bien —me adelanté. No quería hablar sobre mi amigo a menos que fuera absolutamente necesario. —No... No —el silencio entre palabra y palabra me atemorizaba un poco —, es sobre mi hermano. Tragué grueso, recordando la advertencia que me había dado sobre él en la cafetería. Sin importar qué me dijera, tal vez, lo más conveniente era mentirle. No quería estar dando explicaciones sobre lo que hacía o no con él, y tampoco debía hacerlo. —¿Qué sucede con él? —me tomé el atrevimiento de preguntar. Sage aclaró su garganta. —No sé qué sucede entre ustedes —comenzó a decir y la situación empezaba a ponerme algo nerviosa —, pero... —se detuvo y movió su cabeza como si se hubiese arrepentido —. Cailan no es exactamente un cigarrillo. Aquello estaba relacionado a lo que me había dicho aquel día. —Él es más bien una enfermedad no contagiosa —reveló y detuve mi paso. No comprendía ni una palabra de lo que me estaba diciendo —. Él está roto y, a veces, pareciera que disfrutara de dañarse a sí mismo —bajó su cabeza —, pero creo que sólo necesita la vacuna indicada para tratarla. —¿La vacuna indicada? —pregunté, sin saber si lo que estaba diciéndome era una broma o hablaba con total seriedad. Pasé el peso de mi cuerpo de un pie a otro, nerviosa —Sage, ¿qué intentas decirm...? La pregunta me fue interrumpida cuando, de cuya persona nos encontrábamos hablando, se interpuso entre nosotras y cogió mi brazo. —Ven conmigo —me ordenó y me salí de su agarre con rapidez. —No me gusta que me trates como a la mascota que llevas de paseo —espeté y me volteé hacia su hermana. Ella ahora me dedicó una sonrisa nerviosa. —Mañana continúo dándote la receta —concluyó y se marchó deprisa. ¿Qué demonios...? —Tengo algo de prisa —mencionó Cailan y sonreí. La victoria estaba cerca, podía sentirla. —¿No pudiste aguantarte más? —comencé a seguir su paso y lo observé complacida —¿Te declaras perdedor? —Gwendolyn necesita hablar contigo, y no, no me declaro perdedor. La seriedad estaba plasmada en su rostro. Que tedioso que era. —¿Qué te dará mi hermana mañana? —indagó. —La receta para hacerte menos gilipollas —respondí. Se contuvo la risa y me acerqué más a él. Debía provocarlo para así terminar con esto de una vez por todas y proclamarme ganadora de este juego. —¿No me estarás llevando a la habitación de ligues? —susurré — Es muy probable que esta vez no me oponga, ¿sabes? —Él detuvo su paso en seco. Eso es... Ese era el efecto exacto que quería provocar en él. Observó a nuestro alrededor, procurando que no hubiera nadie cerca, y me acorraló entre su cuerpo y la pared. —Sé lo que intentas hacer —su voz se oyó atractivamente grave y mi corazón comenzaba a coger velocidad — y, si no te detienes, juro que te follaré aquí mismo. Su mirada no hacía más que añadirle severidad a sus palabras. Él no se atrevería... Tragué grueso y atiné a apartarlo de mí. —Déjate de tonterías —mi voz sonó poco segura y una sonrisa se dibujó en su rostro. Su boca impactó en la mía y la necesidad de su beso se hacía presente. Una sensación de hormigueo me invadió el pecho y no me hacía querer separarme de él. Intenté apartarlo de mí con la poca voluntad que tenía pero no me soltaba los labios. Su mano cogió mi trasero y me atrajo más hacia él. j***r. Cailan iba muy en serio. Se apartó sólo unos centímetros de mí y nuestras agitadas respiraciones se mezclaban en el poco espacio que nos mantenía separados. —¿Segura que quieres que pierda aquí? —su voz ronca me daba años de vida a mí y a mi órgano s****l. Lo alejé por completo de mí y lo fulminé con la mirada. —No me siento cómodo con que otros te vean desnuda —hice el intento de imitar su voz —. Eres un cabrón mentiroso. Él se echó a reír y volví a seguir su paso. Para mi sorpresa, no estábamos por adentrarnos al mismo lugar de reunión de siempre. La puerta era mucho más pequeña y oculta que el otro lugar. Cailan abrió la puerta por mí y... Mierda
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD