No... Debía estar alucinando. ¿Cómo demonios era posible que se encontrara aquí? Hace días que no sabíamos nada de él y ya me había hecho la idea de que no haría ni diría nada, y mucho menos que se aparecería aquí. El aire en la habitación era tenso y la respiración me pesaba. Él no podía quitar su intensa mirada de mí y, para ser honesta, yo tampoco podía hacerlo pero a causa del efecto de la sorpresa. La boca se me secaba y debía tragar determinadas veces para que no continuara sucediendo. La saliva sabía amarga y tenía un mal presentimiento. Dirigí mi mirada hacia Gwendolyn, quien se encontraba inspeccionando la situación -puede que estuviera esperando que no enloqueciera al verlo- y, como siempre, Mitch. Él llevaba una mirada mezclada de ira y fastidio, pero que iba dirigida hacia Wolf. Cailan cogió la parte baja de mi playera y jaló mi cuerpo hacia el suyo. Me volteé a verlo y su expresión... Bueno, aquella era simplemente indescifrable. —¿Qué es esto? —preguntó. Su voz no contenía ningún tipo de tono en específico que me informara si estaba a punto de asesinar a alguien. Al parecer, él tampoco había tenido idea del por qué Gwendolyn le había pedido que me trajera aquí. Branko se puso de pie y el rubio jaló más de mi playera hasta provocar que mi espalda impactara contra su pecho. Su mano rozó levemente mi trasero pero ahora mismo no era algo a lo que debía darle importancia. De alguna estúpida forma, estar cerca de Cailan me hacía sentir segura bajo la mirada profunda del hombre que se encontraba frente a mí. La morena aclaró su garganta y también se puso de pie. —Necesitamos hablar contigo, Valdine. Su voz sonó más como una súplica que una orden o una simple respuesta. No sabía si esto estaba relacionado con algún futuro plan o por el simple hecho de que aquel idiota ya había comenzado a chantajearnos, pero parecía que no tenía otra opción más que permanecer aquí. —Yo me quedo —anunció Cailan. A esto se referían con que no permitiera que él interfiriera en mi objetivo. Tener a Branko del lado de JBG nos haría más fácil el rescatar a Broc y deshacerme de Irene. Sin embargo, Cailan no era ninguna obstrucción si yo sabía cómo manejar la situación. —Vete —le ordené y sentí sus ojos posarse con rabia sobre mí. Quité su mano del agarre de mi playera y me aparté de él. —Vete —volví a repetir. A pesar de no ser bueno siguiendo órdenes, no se había opuesto a mi pedido y se marchó dando un fuerte golpe en la puerta. Llevaba la expresión de desconfianza en mi rostro y me acerqué a la mesa. Gwendolyn palmeó el hombro de Mitch, provocando que se pusiera de pie, y se acercó a mí. —Grita si te pone una mano encima —me dijo. —No porta ningún tipo de arma consigo —me informó ella. Como si eso me aliviara de alguna forma... Sus manos tranquilamente podían aniquilarme. Ambos se desaparecieron de mi campo visual y oí la puerta cerrarse detrás de mí. No había quitado mi mirada de él ni por un segundo. A la primera que me descuidara, corría con el riesgo de pasar a mejor vida. —Que bueno es verte viva, Jensen —comenzó a acercarse a mí con las manos en los bolsillos de su pantalón. —Un paso más y el que tendrá que gritar por ayuda serás tú —lo amenacé y frenó su paso. Una sonrisa de aceptación se apareció en su rostro. —¿Has venido a chantajearnos? —pregunté. Negó. —Te he prometido que no diría nada y mantendré mi promesa —comentó. No podía negar que se veía estupendamente bien en aquel traje que llevaba puesto; su corbata perfectamente ajustada, su camisa blanca con los primeros dos botones desabotonados y su cabello arreglado. —¿Por qué otro motivo podrías estar aquí si no es por eso? —lo interrogué. —No es un motivo, sino que son dos. —Me extrañé ante su respuesta y comencé a observar con sigilo a mi alrededor para encontrar algún tipo de herramienta que me fuera de ayuda por si debía defenderme —. No te haré daño, Valdine. Ya estaba acostumbrándome a que la gente me llamará por mi nombre completo. En cierta forma, debía admitir que no lo odiaba. Aquel marcaba una distancia necesaria entre alguien ajeno, o a quien odiara, y yo. —Necesito hacerte una pregunta. Asentí, poco convencida. —Mi madre falleció hace dos meses —reveló y, por un instante, me fue imposible no sentir empatía por él. No importaba que fuera más grande que yo, perder a un padre no era algo que debería suceder a ninguna edad. —Lamento oír eso. Mientras me compadecía por él, aún buscaba con la mirada algún elemento que me fuera útil como defensa. —Antes de morir, me pidió que investigara la muerte de su mejor amiga —no sé qué le hacía pensar que me interesaba saber algo de su vida —, Mel Turner. Mi cuerpo se paralizó al oír su nombre. —Sé que la conociste, así como también sé que eres mejor amiga de su hija y conoces a su padre. ¿Cómo demonios sabía tanto de mí? —Ella falleció hace siete años —dije —. ¿Por qué lo investigas ahora? Él dio un paso hacia mí y yo di un paso hacia atrás. Sentí un bulto en mi trasero y llevé mi mano hacia allí con cuidado. Al meter la mano dentro de mi bolsillo, reconocí que era una navaja. ¿Cómo...? Cailan. Cuando me había tocado el trasero, en realidad me había entregado aquello. —Porque no creo que haya sido por causas naturales como dijeron —declaró. Por primera vez, aparté mi mirada de él y los recuerdos de aquel día comenzaron a invadirme; Yuna llorando desconsoladamente entre mis brazos, caminándose sonámbula por los pasillos de KEK y no haber sido capaz de beber el jugo favorito de su madre desde entonces, sólo agua. —¿Crees que haya alguna posibilidad de que su esposo y su hija hayan tenido algo que ver? —inquirió. Siendo honesta, Reece nunca me había caído del todo bien. Siempre había parecido como si una sombra oscura lo persiguiera y su tensa relación con Irene era algo sospechosa. Yuna, por el otro lado... Yo bien sabía lo que ella había sufrido. Le había tomado un año superar la muerte de Mel y sabía que aún tenía secuelas tras haberla perdido. —¿Cómo podría yo saberlo? —apreté la navaja con fuerza, esperando no tener que usarla. —No esperaba que lo hicieras —suspiró —, pero debía intentarlo. —¿Cuál es el segundo motivo? —pregunté con insistencia. No quería pasar ni un minuto más con él. Cada segundo que pasaba, se me hacía más difícil controlar los nervios que me provocaba. Su dedo índice comenzó a deslizarse sobre la superficie de la mesa al acercarse a mí nuevamente y le evité el suspenso; caminé a paso firme hacia él hasta quedar a unos centímetros de distancia. Su risa hipnótica volvió a aparecer y clavé mi mirada sobre sus ojos avellana. —Sé que ambas corporaciones me necesitan —dijo y el pelo que caía por mi rostro fue llevado detrás de mi oreja con sus dedos cuidadosamente —, pero yo no las necesito. —Si no planeas ayudarnos —espeté, molesta —, ¿qué mierda haces aquí? Sus ojos no se despegaban de los míos. Los nervios estaban alimentándose de mí y el tenso silencio nos invadía. —Pensé que si intentabas persuadirme un poco para que los eligiera a ustedes, era probable que cediera. Su voz sonó armoniosa y, extrañamente, también seductora. Todos eran una mierda que buscaban lo mismo. ¿Sería un acto de egoísmo hacia Broc si no hacía lo que Branko estaba pidiéndome? Mi amigo había entregado su cuerpo y alma para salvarme, y a mí sólo me requería que sometiera mi cuerpo para estar más cerca de su rescate. Branko tenía un encanto misterioso que por momentos me incitaba a explorarlo, pero debía de haber otra solución. La persona que tenía en frente no podía ser la única opción que teníamos... Abrí la navaja y la acerqué a su cuello. Él se apartó un poco al sentir el frío filo del metal sobre su piel y, con aquella acción, ya le estaba dando una respuesta. —Es lamentable que tu decisión dependa de tener sexo con alguien —gruñí. —Sólo... —dijo con cuidado de no moverse demasiado ante la amenaza —, concédeme una cita. Reí ante la estupidez que acababa de oír. ¿Y exponerme de esa forma? Ni en broma. Casi no había salido de este lugar para no revelar que estaba en total libertad aquí dentro, por lo que no mandaría todo al demonio por una estúpida cita con él. —Vete a pedirle favores sexuales a alguien más. Su mano cogió con fuerza mi muñeca con la navaja y me interpuso entre la mesa y su cuerpo. Su mano restante se posó sobre mi cintura y me acercó más a él, obligándome a quedar a centímetros de su boca. Sus labios estaban perfilados a la perfección y su barba se encontraba algo crecida pero en la medida justa. Sus ojos viajaban de los míos a mis labios y la respiración de ambos comenzó a agitarse; la mía por la adrenalina y supongo que la suya por excitación. —No quiero favores de nadie —musitó al estar tan cerca de mí —, no los necesito. ¿Quién necesitaría de algo o alguien si tenía el mundo a sus pies? Joven, apuesto y rico. Debía tener hasta lo que no quería y su propuesta me resultaba peligrosa. —Sólo una cita —volvió a solicitar. Ni cita, ni nada. Mi tiempo era muy valioso como para seguir malgastándolo con alguien como él. No había venido a chantajearme por la información que tenía sobre mí aún estando con vida y trabajando para JBG, sino que a intentar conseguir algo a cambio si él se unía a nosotros. Si no planeaba ayudar a ninguna de las dos corporaciones, entonces no había razón para continuar con esta porquería. Impacté mi puño en su rostro con la mano que tenía disponible y lo aparté de mí con fuerza. —Si tú no necesitas a JBG, nosotros tampoco te necesitamos a ti —concluí. Al salir de la habitación, divisé a los tres con su peso reposado sobre la pared. Cailan fue el primero en alzar su rostro y observarme. No imagino el esfuerzo inhumano que tendría que haber hecho para coger algo de paciencia y no adentrarse a la sala. Gwendolyn me examinó rápidamente de pies a cabeza y se adentró en donde aún se encontraba Wolf. Sabía que había echado a perder posiblemente la única oportunidad que habíamos tenido y que tendríamos de acabar con Irene y recuperar a Broc, pero es que yo seguía pagando los platos rotos de los demás. Cada decisión y error, cada acción y palabra recaía siempre en mí. Mitch hizo el intento de acercarse a mí pero me eché a caminar a paso apresurado. Ya no quería estar más allí y no quería volver a ver aquel rostro magullado al salir de la sala. Sentía las piernas agotadas con cada paso que daba y pesaban como nunca antes. —Valdine, espera... —cogió mi brazo y me obligó a detener mi paso. Ya no me quedaba demasiado para llegar a mi cuarto y caer sobre mi cama. Lo siento mucho, Broc. Me sentía culpable, pero regalar mi cuerpo a Branko o aceptar su cita y exponerme, no me aseguraba que nos fuera a ayudar a rescatar a mi amigo. Chocar con sus ojos celestes me brindó algo de calma y cogió mi rostro entre sus manos. Su tacto sobre mi piel me hacía querer derrumbarme en sus brazos sin temor alguno. —¿Te ha hecho daño? —me preguntó. Largué el aire contenido de mis pulmones. Le entregué la navaja e hice el intento de esbozar una sonrisa, pero estaba segura que había sido en vano. —Gracias —dije con un hilo de voz y me salí de su agarre con cuidado. Me pesaba mi pasado, mi presente y mi futuro. Haber pertenecido a KEK y haber seguido las peligrosas órdenes de Irene me perseguían como presencias demoníacas. Debía procurar tomar sabías decisiones ahora, teniendo en cuenta todo lo que conllevaba tomarlas, para que no afectaran los resultados del futuro. Me preguntaba si había paz detrás de todos estos obstáculos y problemas. Sin embargo, Cailan no era de los que se daba por vencido con facilidad. Volvió a coger mi playera entre sus dedos y bufé. Es que no me dejaría en paz. No estaba de ánimo ni para tener sexo o algún tipo de coqueteo. Sólo quería echarme a llorar y dormir para no pensar en que mi mejor amigo podría estar siendo torturado ahora mismo y que cabía la posibilidad de que aquello no se acabaría pronto por mi culpa. Un nudo se me instalaba en el pecho como goma de mascar en el cabello y obligarme a dejar de pensar en eso era imposible. Mi cabeza nunca se detenía cuando la preocupación me invadía. —Val... —su voz se oyó como un susurro a mis espaldas. Sus manos se deslizaron por mi cintura hasta entrelazarse sobre mi estómago. Acercó mi cuerpo hasta impactar contra pecho y, como por instinto o necesidad, me aferré a sus brazos. Ni el propio silencio nos mantenía apartados y yo no quería que nada ni nadie interfiriera. Mi respiración entrecortada ahora se iba normalizando poco a poco y me permitía no pensar en nada. Sus brazos eran como el salvavidas que permitía que no me hundiera en aquellas aguas llenas de lágrimas y preocupaciones. —¿Te encuentras bien? —su pregunta me hizo sentir diminuta, pero no en el mal sentido. Me hacía sentir como cuando siendo pequeño tropezabas y caías al suelo, y alguno de tus padres se acercaba de inmediato para preguntarte si te encontrabas bien. Por supuesto que no me encontraba bien. El golpe había dolido como cualquier otro pero su preocupación era como un analgésico; me aliviaba en cierta forma. A veces, no eran necesarias palabras reconfortantes o un regalo. A veces, sólo bastaba que te rodearan con sus brazos y volvieran a hacerte sentir diminuta. Mi piel se erizó al darme cuenta que era Cailan quien volvía a provocar aquella sensación en mí. No. Él no era quién para provocar aquello... No podía permitirlo. Deshice el agarre de sus manos de inmediato y me aparté de él. Temía mirarlo a los ojos, pero... ¿por qué? Aquel había sido sólo un simple abrazo que me había reconfortado un poco, ¿verdad? Aclaré mi garganta y me moví en mi lugar algo nerviosa. —N-nuevamente —balbuceé como una idiota —, gracias por la navaja. Me largué de allí tan rápido como me fue posible y me adentré en mi habitación. Apoyé mi espalda en la puerta y me dejé caer en el suelo. Todo está bien, Val. Es normal... Tiene que serlo