No podría haber sido tan estúpida de haber cruzado esa línea, ¿verdad? Muchas veces Broc también me había abrazado y me había hecho sentir como en casa. Él siempre era la mano alargada hacia mí, expectante a que la cogiera cuando me fuera necesario, cuando quisiera salir de aquel hoyo. Eso es. Cailan estaba convirtiéndose en un amigo -con derechos- a quien era probable que le estuviera cogiendo algo de cariño. Podía ser una mierda a veces, pero él había estado para mí en determinadas ocasiones. > mi mente intentó tranquilizarme y me aferré a aquella idea. No había absolutamente nada por lo que debiera preocuparme. Dos amigos podían tener sexo tranquilamente sin temer que aquel sentimiento llegara a más. —Val... —la mano de Silas se movió con velocidad frente a mis ojos y observé a mi alrededor. Ya no quedaban muchas personas en la cafetería, mis amigos ya se habían marchado y ni siquiera había tocado mi plato de comida. —¿Estás bien? —preguntó entre dudoso y preocupado, volviendo a tomar asiento en la mesa —Tu mente se teletransportó a otro planeta. Le di una forzada sonrisa y aclaré mi garganta. Entre lo de Branko y el rubio, la paz parecía correr de mí como si fuera una puta enfermedad. —Estoy bien —intenté sonar lo más convincente posible. Él entrecerró sus ojos, percibiendo mi mentira como si me conociera desde hace años, y se acomodó erguido en su lugar. —Ni siquiera le has dado un bocado —señaló mi plato de comida lleno —. ¿Es por Cailan —insistió en el tema — o por lo de Branko? Mi mirada se clavó en él. ¿Cómo podía saberlo? Yo siempre parecía ser la última en enterarme de todo, sin importar si era algo que me involucraba o no. —Los pasillos hablan —comentó y recordé las misma palabras que Mitch me había dicho a los pocos días de estar aquí. Sólo esperaba que hablaran sobre cosas importantes como esas, y no sobre cómo el rubio me besaba sin escrúpulos en los pasillos o me abrazaba como si fuéramos algo más que sexo casual. —Ambos —suspiré. —Es demasiado, comprendo —emitió. No sólo no había podido dormir cuando lo había intentado, sino que el llanto no había servido de nada. Tenía tantos sentimientos mezclados que sentía que no podía responder a cada uno de ellos. —Mi cabeza explotará en cualquier momento —presioné los dedos en mi sien. —Mejor tu cabeza y no tú —me dio una sonrisa tranquilizadora —. ¿Qué te parece si te pido un postre de chocolate? No pude evitar reír. Cada hora que pasaba me sorprendía más con la evolución de la personalidad de Silas. El primer día en que lo había conocido, apenas había hablado conmigo y ahora me estaba ofreciendo un pudin con el que ahogar mis penas. —No hay mejor remedio que la comid... De repente, Cailan y Naya tomaron asiento en nuestra mesa y el rubio me observó con determinación. j***r. Tendría que invocar a todos los santos y los espíritus para que me brindaran de paz y algo de tolerancia. Sabía que la presencia de Naya junto a él no podía traer nada bueno... —Has estado algo despistada en la cena —habló ella y dirigió su mirada hacia mi plato. —No tenía hambre —emití, simplemente. —¿Quieres ver una película en mi habitación? —me propuso Silas. Su plan de hacer enfadar a Cailan estaba en marcha y, si bien no me encontraba de ánimos ahora mismo como para llevarlo a cabo, aquel podía ser la solución para que dejara de pensar en uno de los temas que me estaba taladrando la cabeza. —Aunque tendrá que ser en mi móvil, porque no tenemos televisión en las habitaciones —añadió y me eché a reír —. Eso puede ser una excusa para que estemos más cerca y... —Das asco seduciendo —bramó Cailan, furioso. Silas sí estaba dispuesto a morir esta noche. —Me ha ido estupendamente bien hasta el momento —se defendió mi amigo y el rubio me penetró con la mirada. Por fortuna para mí, Reyes era quien se encontraba sentada a mi lado. Por desgracia para Wright, Vaughan era quien se encontraba a su lado. —He conseguido lo que tú deseas —contraatacó Silas y ya percibía todo irse a la mierda. Estaba segura que Cailan estaba contando hasta tres para no arrojarse sobre él y partirle el rostro a golpes. —A quien —murmuró. —Habla fuerte que no te oigo —habló Silas. —Es "He conseguido a quien tú deseas", no "lo que" —espetó —. Valdine no es una cosa. Casi que él le daría una golpiza por tratarme como un objeto y no por lo que realmente había dicho. Pensar que él había sido el primero en tratarme como una porquería y ahora me defendía. Sus puños estaban cerrados con fuerza por encima de la mesa pero su mirada sólo expresaba su seriedad usual. Sabía que Cailan también cargaba con un pasado que lo perseguía, por lo que no me sorprendía que fuera de aquellos que reprimían sus sentimientos o los ocultaban tan en el fondo del baúl que eran casi inexistentes. No logré reprimir la sonrisa que se asomaba por mi rostro y Naya chistó a lo alto. —¿Por qué no se marchan y follan de una vez por todas? —soltó sin pelos en la lengua y me alegró que ya no quedara nadie en la cafetería. —Estoy de acuerdo —señaló mi amigo y lo acribillé con los ojos. Vaya puñal en la espalda me había clavado el muy gilipollas. Ambos se pusieron de pie y ella se acercó a él. —Llévame a mí a ver películas —le sugirió ella, bromeando. —Con gusto, pero no una erótica que para eso ya están ellos dos —concluyó. En cuanto tuviera la oportunidad, sería yo quien lo asesinaría y no Cailan. —Naya —el tono del rubio fue firme y algo intimidante. —Descuida, no diré nada —dijo ella y se largaron. ¿Por qué no podía decir nada y sobre qué, con exactitud? Descansé mi espalda sobre el respaldo de la silla y crucé mis brazos sobre mi pecho. —¿Qué ha sido eso? —indagué, sintiéndome algo excluida. —No quiero que diga nada sobre nosotros. —¿Por qué? Me sacaba de las casillas que me dieran una respuesta a medias. Él suspiró y alzó su mirada para observarme. Aquellos ojos celestes que ocultaban cualquier tipo de sentimiento, eran exactamente lo que me abría el apetito. Debes ganar el juego. —Porque no existe un 'nosotros' entre tú y yo —remarcó aquella palabra y mi apetito se esfumó como una flatulencia. Entonces, como toda la central estaba al tanto de que se estaba follando a Gianna, eso quería decir que sí había un 'nosotros' entre ellos. —Pero sí entre tú y Gianna —espeté. Su mirada reposó sobre mí por algunos segundos hasta que aclaró su garganta. —Ya no —declaró —. Sus sentimientos intervinieron y lo arruinó. No me creía que la misma persona que ahora se mostraba tan indiferente frente a mí, fuera la misma que hoy me había abrazado para calmarme. —No tienes que ser un cabrón —le dije y clavó sus ojos sobre mí —. Ella ya debe de sentirse lo suficientemente mal como para que tú digas que lo arruinó. El amor no correspondido es una mierda y puede que tú no sepas sobre eso, pero no se supone que la hagas sentir peor. —Él rodó sus ojos. —Entonces, ¿quieres que continúe follando con ella? Pues, no. Me puse de pie y cogí la bandeja, dejando el plato sobre una mesa cerca de la cocina. —No me has respondido —insistió a mis espaldas pero lo ignoré. Si le respondía que 'sí', estaría mintiendo solamente porque no quería que la lastimara, además de que no quería que tocara a nadie más que no fuera yo. Y si le decía que 'no' pues... exponía mis absurdos celos para nada. Me encaminé hacia la salida para dirigirme a mi habitación sin más ya que era tarde. —Tomo eso como un sí. —Me tragué los insultos y continué mi paso. No me importaba que Gianna se hubiese comportado mal conmigo, pero nadie merecía que la trataran así. Un corazón roto era más doloroso de lo que él podía imaginar, ya que dudaba que alguna vez lo hubiese experimentado. —De hecho, iré ahora mismo a su habitación. Las palabras mágicas dieron resultado y me volteé hacia él para coger su brazo entre mis dedos. Su sonrisa egocéntrica se dio a relucir y suspiré. —Me iré a dormir —le informé —. Espero que no confundas tu habitación con la de ella. Rompió a reírse y contuve la sonrisa provocada por aquel armonioso sonido. —O con la tuya —añadió él y le lancé una mirada de advertencia. —Te lo prohíbo —le dije, como si mis palabras tuvieran algún tipo de efecto en él. No esperé a que respondiera que me marché sin más. Él había estado tantas veces en mi habitación que, a este punto, casi que también era la suya, sólo nos quedaba bautizarla. * El encierro en este lugar comenzaba a afectarme poco a poco. No tenía una rutina ni tampoco podía tenerla fuera. Los únicos lugares en los que frecuentaba eran la cafetería, mi habitación, y aquella gran sala de reuniones. Extrañaba mi libertad, pero supongo que era el precio que pagaba por aún estar con vida. Las visitas a la casa de mi padre, la cena familiar todos los fines de semana con los Lane, las reuniones en el bar con mis amigos, e incluso algo tan simple como caminar por la calle sin preocupación porque alguien quisiera asesinarme, eran algunas de las cosas que más extrañaba. —¿Han tenido sexo? —Me sobresalté ante su aparición a mi lado y golpeé su brazo con fuerza —.¡Mierda! —chilló y me observó como si lo hubiese traicionado de alguna forma —¿Por qué me golpeas? —Utilizaste el plan como papel de retrete. —Frunció su ceño —. Te limpiaste el trasero con él. Asintió. No sabía si era porque acababa de comprender mi referencia o confirmaba lo que decía en mi cara; sí le había valido mierda el plan. —¿Ha valido la pena? —preguntó. Mi puño regresó a su brazo y los demás tomaron asiento en la mesa. —No estoy a favor de la violencia —comenzó a decir Luca —, pero Silas merece un buen golpe de vez en cuando —bromeó y el castaño lo fulminó con la mirada. —¿Te encuentras bien? —me preguntó Thea por lo bajo. No sabía si me lo preguntaba porque había oído lo de Branko, porque no había comido mi cena anoche o por los golpes que le había dado a Silas hace tan solo unos segundos, pero sólo atiné a asentir. Esta vez, sí devoré mi plato pero con el objetivo de no tener que hablar sobre absolutamente nada. Temía que Silas o Naya trajeran a tema de conversación lo de ayer con Cailan, sin importar que la morena le hubiese dicho que no diría nada, y que me viera envuelta en un interrogatorio sin salida. De repente, la morena aclaró su garganta algo fuerte y todos alzamos la cabeza para verla. Por lo contrario, ella sólo me observó a mí. —¿Qué sucede? —pregunté. Nada que no fuera una pregunta directa podía ser bueno. —Se han estado corriendo algunos rumores... —comenzó a decir. Mi mirada sobre ella ahora se intensificó y creo que Silas no sería el único en irse de aquí sin un golpe. —... sobre que Branko Wolf ha venido aquí sólo para verte. —¿Qué? —Thea casi se ahoga con la comida. Todos menos el castaño clavaron su mirada sobre mí, expectantes a que respondiera. Sé que no había sido la intención de Naya ponerme bajo la lupa, pero sí que lo había hecho. —No sé con exactitud a qué ha venido —respondí. —Val... —Thea se acercó un poco a mí, ahora recompuesta con una mirada de ilusión —, puede ser la oportunidad perfecta para traer de vuelta a Broc. Mi corazón se hizo pequeño y el cargo de conciencia regresaba a mí. Sí, pero a costa de tener sexo con él. Como si toda la cafetería hubiese oído el nombre de mi amigo, así como si hubiese estado prohibido nombrarlo desde que lo estaban torturando, el silencio invadió el lugar y me estremecí. A unas cuantas mesas de nosotros, divisé a Cailan ponerse de pie y observar pasmado hacia la entrada del lugar. Aparté mi mirada de él e hice lo mismo. El impacto de lo que estaba auspiciando me comprimió el pecho y me dejó sin aire. Casi como por reflejo, también me puse de pie y no quité mis ojos de la escena. Temía que si lo hacía, todo hubiese sido producto de mi imaginación. Mis piernas comenzaron a moverse involuntariamente y mis pies se sentían tan pesados como dos ladrillos. Se me dificultaba moverme, pero no me importaba. Me forcé a apresurar mi paso antes de que desaparecieran como por arte de magia. Mi respiración comenzaba a acelerarse y mis piernas amenazaban con no llegar a ellos ante los temblores. ¡j***r, que esto tenía que ser real! Si no lo fuera, se verían como los Rowell que conocía y no era así. Donovan y Jules caminaban casi por inercia y con su mirada completamente ida. Margo no se veía muy distinta a ellos, también se la veía afectada, pero ¿cómo demonios sería una niña de quince años capaz de saber qué suponía ser torturado y que su hermano lo fuera? Margo y yo siempre habíamos tenido una relación muy cercana. Así como Broc era como mi hermano, ella también era como una hermana para mí. Siempre que podía la ayudaba con los deberes o con dudas sobre el amor adolescente. *Unos meses atrás* —Tú no puedes verlo porque te encuentras cegada por el amor... —comenzó a decir mi amigo, pero la conversación siempre era la misma y no llegábamos a un acuerdo. —Ambos estamos aprendiendo a tener una relación —le dije —, y es algo que haremos por el resto de nuestra vida. Que tonta había sido al creer eso. Él apartó su mirada y suspiró. —No me agrada —espetó y sonreí, acercándome a él con sigilo. —No te agrada que tu mejor amiga ya no tenga tanto tiempo para ti como hace algunos años —inferí y rodó los ojos. —Sí, pero no —su clásica respuesta cuando no quería darme la razón pero sabía que la tenía. —Vete —intervino Margo con la mirada insistente puesta sobre su hermano —. Tengo que hablar con Val. Sonreí. Ya suponía a qué se debía su orden. Él bufó y se puso de pie. —Hazme saber cuándo pueda regresar —le dijo él —. Yo también quiero pasar tiempo con Val ya que parezco nunca ser una prioridad para ella. Él se marchó de la habitación y su hermana tomó asiento frente a mí con una pizca de preocupación en su mirada. —¿Es sobre Cale? —pregunté. Él era el niño a quien ella le gustaba. Margo asintió con su vista baja. Me acerqué un poco a ella y cogí su rostro entre mis manos para obligarla a verme. No era una experta en el tema, pero su hermano me había roto el corazón casi a su misma edad, por lo que creía que podría ayudarla en algo. Además, no se atrevía a hablarlo con Jules y yo era la única adulto mujer en quien ella confiaba. —Él respondió el mensaje en el que confesaba lo que sentía por él. Mierda. Un corazón roto. —Dijo que siente lo mismo por mí —sus ojos color pardo no reflejaban la alegría que se suponía que debía estar sintiendo ahora mismo. —¿No era eso lo que querías obtener como respuesta? —Suspiró. —Tengo miedo de que no esté siendo honesto —dijo —, de que sólo esté jugando conmigo. Margo era una adolescente pero, definitivamente, no pensaba como una. —Muéstrame el mensaje —le pedí y me entregó su móvil. Aquel niño parecía estar genuinamente enamorado de la pequeña Margo. Sonreí y se lo devolví. —¿Dirías que es 'fehaciente'? —Reí ante su uso de vocabulario. —Como dos y dos son cuatro —respondí, como cada vez que me preguntaba si algo era seguro. —Como dos y dos son cuatro... —volvió a repetir ella para sí y se puso de pie —. Algunos cuestionan si la respuesta es realmente 'cuatro' —comenzó a decir —, pero yo no soy lo suficientemente inteligente como para llevarte la contra, así como tampoco soy lo suficientemente inteligente como para comprender por qué Broc rompió contigo —suspiró —. Él se lo ha perdido. Dijo aquello como si quisiera tranquilizarme de alguna forma, como si Broc me hubiese lastimado lo suficiente y necesitara las palabras sanadoras de alguien. Detuve mi paso en seco frente a ellos y ninguno se había percatado de mi presencia. Eran reales, no había sido producto de mi imaginación. Sólo esperaba que no me odiaran, aunque aquello resultaba casi inevitable. Su hijo y hermano se había sometido a la tortura y posible muerte por mí; vamos, yo también me odiaría de ser ellos. Me acerqué a ella y me puse a su altura -yo le llevaba algunos centímetros- para observar directamente a su mirada perdida. El silencio continuaba latente en la cafetería y me preguntaba cómo habían llegado a la central, o hace cuánto. —Margo... —mi voz se oyó inaudible y aclaré mi garganta para hacerla sonar más segura —, soy Val... Val Jensen. No obtuve respuesta alguna. Los tres parecían estar en estado de shock y acerqué mis manos a su rostro tan cuidadosamente como pude. No quería provocarle un ataque de histeria ni nada por estilo, sólo quería brindarle calma. Acaricié su mejilla con suavidad y era en momentos como este en el que me arrepentía de no haber aceptado la propuesta de Branko. Verlos de esta forma con el abatimiento reflejado en su mirada era desolador. Clavé mis ojos sobre los suyos y me esforcé por dibujar una sonrisa reconfortante en mi rostro. —Como dos y dos son cuatro, Margo —hablé, esperando que nuestra frase tuviera algún tipo de efecto sobre ella. De repente, aquellos ojos color pardo se posaron sobre mí con vulnerabilidad y pesadez, y se lanzó a mis brazos, otorgándome algo de la fortaleza que hace tiempo necesitaba