C7

3118 Words
El olor a jazmines me invadía las fosas nasales y provocaba un cosquilleo en mi nariz. La moví con frenesí y Jules se apareció a mi lado riendo. Cogió lugar sobre el césped a mi lado mientras veía a Broc y Margo perseguirse el uno al otro. —No es buena idea que te encuentres aquí siendo alérgica al jazmín —indicó y chisté. Alérgica o no, no podía perderme la competencia de los Rowell. Quedaba una última pieza de pastel guardada y decidieron que la mejor idea para elegir quién se lo quedaría, era luchando entre ellos. Él le doblaba en tamaño y era muy fuerte, pero su hermana era decidida y obstinada, lo cual me parecía mejor habilidad que la de su hermano. —Me odiarán si me marchó —sonreí al recordar las inocentes amenazas de la pequeña —. Además, me hace bien tomar algo de aire. —Te comprendo —suspiró y me volteé a verla. Sus ojos avellana estaban clavados sobre sus hijos que se perseguían hasta el agotamiento —. A veces, yo también deseo tomarme un descanso de Donovan. —Ya, pero llevan casados casi treinta años. ¿Alguna vez necesitaste tiempo apartada de él estando de novios? —pregunté. Ella negó. —Más bien, todo lo contrario —respondió —. No podíamos estar ni un segundo lejos el uno del otro, y aún sigue siendo igual. Bufé. Las señales siempre habían estado ante mis ojos, pero había decidido ignorarlas por completo. —Apenas llevo un año de relación con Jayce y, por momentos, siento como si me ahogara —declaré. Lo increíblemente estúpido es que no me sentía sofocada por todo el amor que me daba, sino por todas las discusiones en las que me veía envuelta por su forma de ser. —Aún eres joven, Val —comenzó a decir Jules —, y tienes toda una vida por delante. Puedes hacer y deshacer a como te dé la gana, pero piensa bien antes de tomar alguna decisión. —Ni pensándolo bien me conformaré con la respuesta que obtendré. —Ella esbozó una dulce sonrisa y me acercó a su cuerpo, rodeándome con su brazo. —¿Has oído alguna vez sobre cómo saber si lo que sientes por alguien es amor de verdad o sólo un capricho? —Negué —. Debes estar interesada en esa persona por un año sin recibir ningún tipo de retribución. Si incluso sin haberte prestado atención en ese tiempo sigues sintiendo lo mismo, se lo considera amor verdadero. Fruncí mi ceño —, ¿En qué se relaciona con mis decisiones? —formulé. —En que no puedo darte un año, pero dicen que tres días también funciona —emitió —. Si luego de ese tiempo sigues pensando igual, toma esa decisión. —¡Gané! —chilló Margo y observé al frente. Reí al ver a Broc derrotado en el suelo y a ella con una sonrisa victoriosa, danzando de aquí para allí. Por supuesto, la decisión que siempre había rondado en mi cabeza sobre acabar la relación con Jayce se veía afectada por sus persuasiones y porque me encontraba cegada por el amor. Que él hubiese roto conmigo había sido lo mejor que podría haberme sucedido, porque yo no habría tenido el valor de hacerlo. Me acerqué a ambos hombres de pie a los costados de la puerta y la golpeé con mis nudillos. Aquella se abrió de repente y Cailan salió de ella. Aparté mi mirada incómoda, sabiendo bien el poder que tenían sus perlas sobre mí, y me moví para que pudiera salir y yo intentar entrar. —Mi madre está dentro con los tres —me informó. —¿Cómo están Jules y Donovan? —pregunté. Me era imposible hablar con alguien sin mirarlo a los ojos; sentía como si lo estuviera ignorando, en cierta forma. —Mejor —respondió. Su rostro se acercó al mío y mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho. Ahora podía confirmar que lo que Cailan provocaba en mí no era algo a lo que atribuirle solamente a la excitación. Definitivamente, había sido una idiota que no sólo le había abierto mis piernas para darle una cálida bienvenida muchas veces, sino que también le había permitido adentrarse en mi inútil coraza. —Se tardará un tiempo con ellos —susurró en mi oído, provocando que mi piel se me erizara a gran velocidad. Quería apartarlo de mí y decirle que no podía, que ya no me haría esto, pero me era imposible; él me tenía en sus manos. —Podemos repetir lo de ayer y... La puerta volvió a abrirse y Margo se lanzó a mis brazos. La niña me había salvado de... de Cailan. Todo su él representaba una amenaza para mí. Él se apartó de mí y Florece observó la escena desde dentro. —¿Puedes llevarme a la cafetería? Estoy hambrienta —me pidió ella y dibujé una forzosa sonrisa en mi rostro. Me alegraba volver a oír su voz. j***r. Cuánto la había extrañado... La rodeé con mis brazos y la apreté con fuerza. —Por supuesto, te llevaré a donde quieras —susurré y besé su cabeza. Yuna era la única entre mis amigos que no tenía hermanos. A ella nunca parecía haberle afectado, pero a mí sí. La unión entre Broc y su hermana siempre había sido muy especial, y Anya decía que ya no soportaba a sus dos hermanos mayores, pero yo siempre había querido experimentarlo. Jayden y Harvey Lane eran encantadores, a pesar de que su hermana dijera lo contrario, pero Margo y yo habíamos construido una relación mucho más fuerte y profunda. Ella realmente era como una hermana pequeña para mí... Ella volteó a ver a Cailan y le dedicó una mirada de desprecio. —Tú puedes marcharte —le dijo y debí hacer un inmenso esfuerzo para contener mi risa —, no te necesitamos. De ahora en adelante, ella podría ser mi escudo anti-Cailan. A pesar de no lucir cien por ciento recuperada, su personalidad regresaba a ser la misma animada de hace unos meses atrás. —No puedes asumir que porque tú no me necesitas, los demás tampoco lo hacen —añadió él y alzó su mirada para verme. Me moví incómoda ante la mirada de ambos y aclaré mi garganta. Debía sonar segura y firme... si es que me era posible. —No te necesitamos —le informé y la castaña me dio una sonrisa que mostraba todos sus dientes. —Ya lo harán —bromeó él, simulando estar ofendido, y se marchó, permitiéndome volver a respirar con normalidad. —Es un tonto —espetó ella y reí. —Tú y yo debemos tener una charla. Ella eliminó cualquier rastro de expresión de su rostro y asintió. Había tantas preguntas que tenía por hacerle pero mi objetivo no era agobiarla. Para ello, debía caminar con cuidado y a paso lento. Florence salió de la habitación y me dio una sonrisa, para luego imitar aquel gesto al observar a Margo. —Regresaré a verlos por la noche —le informó y posó su mirada sobre mí —. ¿Podemos hablar un momento a solas? —Asentí, apartándome de la pequeña Rowell y sin perderla de vista. —¿Cómo se encuentran? —le pregunté por lo bajo. —Donovan ha mejorado —respondió y sentí un poco de alivio —. Ha estado alimentándose poco a poco y ha dicho algunas palabras. Eso no respondía por completo a mi pregunta. Clavé mi mirada sobre ella y la intensifiqué. —¿Jules? Suspiró. —Hemos tenido que volver a sedarla. —Maldije a mis adentros y el corazón se me hizo añicos. Ninguno tenía por qué estar pasando por todo esto —. Ha despertado algo exaltada y ha arrojado el plato de comida al suelo —explicó —. Su comportamiento es completamente normal, Val. Sé que sólo intentaba tranquilizarme al decirme aquello, pero no servía de nada. No me agradaría estar en su lugar ahora mismo... —¿Cómo es posible que... —disminuí mi volumen de voz —Margo se encuentre tan bien? Es otra persona a comparación de ayer. —Esa no es mi área de excelencia —emitió —. De hecho, un psicólogo vendrá a verlos mañana en la mañana, pero creo suponer que has sido tú —reveló. Las mujeres Vaughan tenían algo con creerme capaz de arreglar los conflictos internos de los demás. —Al haber estado tanto tiempo desconectada del mundo y sin poder fiarse de nadie, has sido el golpe que rompió el cristal que la protegía —añadió. Todo eso sonaba muy bonito, pero no me creía que unas simples palabras hubiesen causado tal efecto en Margo. Sin embargo, como Florence había dicho, no era con ella con quien se suponía que debía hablar esto. —¿Cuándo puedo verlos? Tal vez, eso ayudaría en algo o, tal vez, sólo lograba que Jules me volteara el rostro de una bofetada. Luego de lo sucedido, no podía pretender que las cosas fueran como antes y que ella siguiera teniéndome cariño. —Regresa esta noche —me dijo —. Puede que le haga bien ver rostros conocidos. Reí con sarcasmo —, Puede que mi rostro solo le haga recordar a su hijo siendo torturado por mi culpa. Florence chistó, —Valdine... —comenzó a decir pero no quería oír a alguien que intentara convencerme de lo contrario. —Los visitaré esta noche —confirmé y me regresé a Margo. Ella se unió rápidamente a mí y comenzó a caminar a mi lado. —¿Qué quieres comer? —le pregunté y divisé una pequeña sonrisa en su rostro. —¿Puedo escoger lo que quiera? —Percibí el tinte de ilusión en su voz —. ¿Qué día es hoy? —demandó saber y la observé algo extrañada — En el instituto de KEK, los Lunes era día de guiso de frijoles, los Martes de tortilla de patata con ensalada, los Miércoles... No permití que finalizara de hablar que detuve mi paso y me posicioné frente a ella. —Margo —llevé mis manos a sus hombros para que notara la seriedad del asunto —, esto no es un instituto y, lo más importante, esto no es KEK. —Sus ojos pardo estaban clavados en mí —. Ya no estás sola, ahora me tienes a mí. Esbozó una dulce sonrisa en su rostro y el corazón se me partía en pedazos al saber que no era yo quien ella realmente quería tener a su lado. Como era de esperarse, al llegar a la cafetería todas las miradas se posaron en ella y el silencio se hizo presente. Si había algo que debía reconocerles a los agentes de JBG, era que sabían a la perfección cómo hacerte sentir incómodos. Cogí su mano y la obligué a que ignorara su alrededor. Sabía exactamente cómo se sentía y era una mierda. —Entonces, ¿cuál será tu menú del día? —le pregunté tras entregarle su bandeja y plato, e inspeccionó toda la comida que había. Cogió un waffle, una hamburguesa, un trozo de pastel y un emparedado. —Creo que con eso ya es suficiente para sobrevivir el resto del día —bromeé. —El emparedado es para mi padre y el pastel para mi madre —reveló. Una involuntaria sonrisa apareció en mi rostro. Ella era perfectamente consciente de toda la situación. Cogimos asiento en una mesa vacía y aclaré mi garganta. Aquí es dónde comenzaba mi interrogatorio... —Margo... —Ella alzó su rostro para observarme mientras devoraba su hamburguesa —, ¿podría hacerte algunas preguntas? Posó su comida nuevamente en el plato y limpió su boca con una servilleta. —La morena ya me ha hecho algunas —comentó y entrecerré mis ojos. Era una lástima que la conociera tan bien. —¿Las has respondido? —Negó con una sonrisa divertida en su rostro. —No me fío de ella. Hablaba de Gwendolyn. —¿Cuánto sabes? —le pregunté y pensó la respuesta por unos segundos. —Absolutamente nada. Reí por lo bajo. Margo podía ser como una moneda; tenía una cara y una cruz. Una de ellas era la encantadora y dulce adolescente que conocía, y la otra era desconfiada, rebelde y obstinada. —¿Te gustaría saber más? —Ella comenzó a asentir frenéticamente —. Si lo hago, ¿responderías a mis preguntas? Bajó su mirada y suspiró —, Trato hecho. Mi pregunta ahora era: ¿por dónde demonios comenzaba? Aclaré mi garganta y me senté erguida. —Mi padre está muerto —revelé y clavó su mirada sobre mí —. Rufus Jensen ha... muerto. Era la primera vez que lo decía en voz alta. Puede que ya hubiese pasado algún tiempo desde aquel día, pero la herida y el dolor seguían intactos, y no creía que fueran a desvanecerse jamás. —Lo sé —declaró ella y la observé atónita. Por momentos, olvidaba que ya no era una niña y que no debía suavizar tanto mis palabas con ella. Mi padre no había muerto, él había sido asesinado. —¿Por qué no me cuentas tu lado de la historia y luego la complemento con la mía? —le pregunté, rogando para que aceptara. —Con una condición —acercó su meñique hacia mí y lo entrelacé con el mío —: recupera a Broc. Cogí sus manos entre las mías y tragué grueso —, Estoy haciendo todo lo que está a mi alcance —le dije —. No me rendiré hasta no traerlo de vuelta. —Confío en ti, en Cailan y en Gus —comenzó a decir —, pero sólo tú puedes recuperarlo. Y eso lo sabía a la perfección. La responsabilidad y la presión me pesaban como diez elefantes, pero la culpa me pesaba como cien de ellos. —Broc no nos explicó lo que haría hasta que mi madre encontró su carta —comenzó a decir —. Para cuando quisimos hacer algo al respecto, ya era muy tarde —su mente se encontraba perdida en aquel recuerdo —. KEK es el enemigo, manténganse ocultos por cincuenta días o los matarán, no odien a Val —habló como si estuviera repitiendo algo estudiado de memoria —. Esos eran los tres puntos más importantes, además de informarnos lo que haría; dar la orden para... —mantuvo el silencio por unos segundos —lo de tu padre, traicionar a Irene e intentar escapar. A medida que hablaba, su voz parecía volverse más afligida. A este punto, ya no había nada que pudiera hacer o decir para evitar que se sintiera así. —Ayer descubrimos que lo último no logró llevarse a cabo —limpió las lágrimas que caían por sus mejillas con el dorso de su mano —. Oír lo que realmente estaba sucediendo fue muy impactante para todos. —Tú te has recompuesto más rápido que tus padres —mencioné. —Eso es porque Broc me advirtió las posibles consecuencias la noche anterior sin yo saber a qué se refería con exactitud porque estaba borracho —reveló —. Si lo descubrían y atrapaban, había dos opciones; lo asesinarían o lo torturarían. Sin embargo, hubiese sido un caos si le hubiese dicho lo mismo a nuestros padres. Asentí. Pensándolo de esa forma y con frialdad, puede que la tortura hubiese sido la mejor opción que tenía. De igual forma, todo era demasiado retorcido. —¿Dónde han estado todo este tiempo? —indagué —¿Dónde se han ocultado por tanto tiempo? Le dio un nuevo mordisco a su hamburguesa. —Es secreto. No puedo decírtelo. Más secretos... De cualquier forma, no saberlo no me perjudicaba, por lo que se lo dejaría pasar. —Y... tus padres. ¿Ellos me odian? —el temor se hizo presente en mi voz —Yo lo haría si fuera ellos... —Eres como una hija para ellos; no podrían hacerlo ni aunque quisieran. —Le di una débil sonrisa y, poco a poco, la sensación de alivio regresaba a mí. Margo aclaró su garganta —. Entonces, ¿este lugar es un "como dos más dos son cuatro"? —Asentí. —Es fehaciente —dije. Ella me observó con estima y se echó a reír. Por primera vez desde que había descubierto toda la verdad en cuanto a Broc, es como si un poquito de la culpa que sentía se desprendiera de mí. Ninguno de ellos me odiaba a pesar de tener razones para hacerlo, y eso sólo me confirmaba de qué estaban hechos los Rowell: el amor superaba al odio. En mi caso, lo único que lo superaba era las ganas de obtener venganza y eso era lo que nos diferenciaba. Silas se apareció de repente y le dio una amigable sonrisa a Margo. —Silas Wright, un gusto en conocerte —él alargó la mano hacia ella y la adolescente frunció el ceño, desconfiada. —¿Es tu nuevo novio? —ante su repentina pregunta, debí contener la risa —¿Has engañado a Jayce? Sin embargo, mi amigo no fue capaz de mantenerse en silencio y comenzó a reír. —No y no —respondí y me acomodé en mi lugar. Divisé a Cailan a lo lejos y tenía su rabiosa posada sobre Silas —. Aún me falta contarte mi lado de la historia. Ella me dio una mirada curiosa. —Tu amigo debe irse —emitió. Cogió su mano que había quedado en el aire como por obligación y clavó su mirada sobre él —. Gusto en conocerte, pero esto es algo privado. La cortesía a veces no era lo suyo. —Margo... —la regañé y bufó. —Silas Wright —comenzó a decir ella con una falsa sonrisa en su rostro —, ¿serías tan amable de darnos unos minutos a solas? —Por favor —hablé por lo bajo. Sus modales eran inexistentes frente a los desconocidos. Bueno... tampoco es que siempre tuviera los mejores modales, pero era una adolescente encantadora cuando te cogía cariño. —Por favor —repitió ella, con aquella sonrisa forzosa y reí por lo bajo. Él se acercó a mi oreja —, Luego debo de hablar contigo —susurró —. Tu plan sigue en pie. Me informó y posé mi mirada sobre él. ¿A qué se debería un cambio tan rotundo? Se marchó y Margo dejó caer su espalda en el respaldo de la silla. —Soy toda oídos
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