—¿Esperas a alguien? —me susurró él y negué. Comencé a vestirme con rapidez y le arrojé su ropa encima para que hiciera lo mismo. Él me dio aquella sonrisa que ahora mismo detestaba y cogió mi mano para acercarme a él. Mi pecho chocó contra su torso aún desnudo y le lancé una mirada de advertencia. —Vístete —le ordené. —Tediosa —se burló él. La puerta volvió a sonar y movía mi pierna frenéticamente, impaciente porque se visitiera de prisa y así poder abrirla. Tras encontrarse tan presentable como antes de que él perdiera el juego, abrí la puerta y me encontré con la pelirroja. Sus ojos estaban algo rojos e hizo el intento de esbozar una sonrisa, pero aquello se le hizo sumamente difícil. —Hola... —así como sus ojos verdes deambulaban sin mantenerse en un lugar fijo, su mente parecía encontrarse de la misma forma —, ¿podemos hablar? Oí a Cailan aclarar su garganta detrás de mí y maldije a mis adentros. Él se apareció a mi lado, saliendo de mi habitación, y Thea clavó su mirada sobre él boquiabierta ante lo que estaba presenciando, para luego dirigirla hacia mí. —Suerte que ya habíamos finalizado —habló él y no sabía quién de las dos se había puesto más roja de la vergüenza. —¡Cailan! —lo regañé y él sólo soltó a reírse. Lo detestaba tanto... —Nos vemos luego, Jensen —emitió él, no sin antes darme una última mirada, y se marchó. Era tan irritante... —Puedo volver en otro momen... —comenzó a decir pero debí interrumpirla. —No lo hagas, o me sentiré más avergonzada. Pero tan irresistible. Abrí la puerta por completo para que pudiera adentrarse y, al cerrarla detrás de mí, me preguntaba si la habitación olía a sexo... No que supiera cómo olía, pero lo había leído en muchos libros. La pelirroja tomó asiento en mi cama algo cabizbaja -afortunadamente, no habíamos follado allí- y se puso de pie rápidamente como si hubiese pensado exactamente lo mismo que yo. —Tranquila, puedes sentarte ahí —le informé. Ella asintió y volvió a tomar lugar. Me acerqué a ella y parecía haber estado llorando. —¿Qué sucedió? —me atreví a preguntar y me senté en el suelo frente a ella. Thea largó un largo e intenso suspiro y no negaría que aquello me había preocupado. La seriedad en ella era inusual. Siempre estaba tan feliz como un quokka y reclamaba un poco de su alegría. Ya iba siendo hora de que me deshiciera de mi expresión apagada y amargada, o así lo sentía yo. —Luca y yo hemos discutido —reveló. Estar con la persona que amas es prodigioso, pero discutir con ella es agotador. Habiendo ya pasado algún tiempo desde mi ruptura con Jayce, podía decir que mis amigos habían tenido razón; lo nuestro había sido cincuenta por ciento peleas y discusiones, treinta y cinco por ciento sexo, y quince por ciento de conversaciones de una pareja normal, pero yo nunca quise ver que nuestra relación ya había estado destinada al fracaso desde el comienzo. —Siento oír eso —dije y la oí reír por lo bajo. —No lo sientas, no ha sido tu culpa. Aquel maldito "Siento oír eso" era tan estúpido y cliché como el "¿Estás bien?". Todos hemos crecido en una sociedad con oraciones y palabras predeterminadas que te hacen dudar sobre quién realmente está preocupado por ti o lamenta oír algo doloroso. —¿Debo golpear a alguien? —le pregunté. Por muy bien que Luca me cayera, Thea había sido mi primera amiga aquí y mi reputación en la central ya se había ido al demonio hace tiempo. Un golpe más no haría la diferencia... Ella volvió a reír y posó su mano sobre su pecho como si le doliera. —No hay necesidad. Ha sido una tonta discusión y todo volverá a la normalidad mañana —sus ojos se humedecieron y una dulce sonrisa se dibujó en su rostro —. Él vendrá a mí, hablaremos sobre lo sucedido y me acomodaré en su pecho y entre sus brazos, aquellos que me hacen sentir acogida, como si estuviera en casa —su mirada perdida ahora se posó sobre mí —. Sus brazos son los únicos que pueden salvarme de ahogarme... protegerme —su voz salió temblorosa a pesar de estar hablando de eso con ternura —. ¿Alguna vez te has sentido así en lo brazos de alguien que no sean tus padres? —quiso saber. Bajé mi cabeza y negué. Jayce jamás me había hecho sentir de esa forma. Más que protegida, siempre me había hecho sentir descuidada y dejada de lado. No podía creer cómo había llegado a derramar tantas lágrimas por semejante imbécil. Sus besos insulsos, su forma tan desalmada de comportarse conmigo, sus abrazos distantes que no tenían ni comparación con los de... Detuve mi pensamiento. El silencio no sólo se encontraba presente en la habitación, sino que ahora también en mi mente. Sin embargo, era uno tenso y con sensación de angustia. La forma en la que Thea describía estar en los brazos de Luca se asemejaba a... Tragué grueso. —Cuando encuentres a esa persona —comenzó a decir, pero debía admitir que se oía más como una voz distante opacada por mis propios pensamientos —, no la dejes ir. ¿Acaso había sido lo suficientemente estúpida como para permitir que mis sentimientos por él florecieran? Sí así era, tendría que crear un herbicida o algo por el estilo. Me negaba a sentir algo por él por numerosas razones; uno: el sexo era increíble y sabía que se arruinaría; dos: Cailan no permitiría que aquellos se entrometieran, por lo que sería el fin de nuestro goce; tres: él volvería a tratarme como la mierda misma. Estaba segura que haberlo sentido como lo que describía Thea era producto de mi soledad aquí en la central. Debía serlo. —¿Tienes fiebre? —posó su mano sobre mi frente, quitándome de mis pensamientos — Estás algo roja. Puta mierda. Le di una falsa sonrisa, esperando que fuera suficiente como para que no insistiera en su pregunta. —Siento haber interrumpido lo que sea con Cailan —el que lo nombrara me provocaba una pelota en el estómago —, pero necesitaba hablarlo con alguien. —Siempre que lo necesites. Pero sin permitir que la realidad me golpeara en el rostro como aquella bandeja de la cafetería a Miller. Ella se puso de pie y se encaminó a la puerta, pero no sin antes darme un consejo: —Permítete sentir, Val —dijo —. Sentir el dolor es una mierda, pero no ser capaz de sentirlo es aún peor. No comprendía muy bien a qué se debían sus palabras, pero la realidad de ellas me había atravesado como mil dagas en el pecho. —Los mejores resultados llegan cuando lo aceptas... cuando aceptas que no tienes otra opción más que reconocer lo que sientes —suspiró —. Nadie puede recuperar a Broc por ti, pero tú no serás capaz de rescatarlo si no aceptas la realidad y te deshaces de aquella angustia que te consume poco a poco. Thea desapareció tras atravesar la puerta, dejándome sola con aquel sabor amargo en la boca. Me arrojé sobre mi cama y posé la mano sobre mi estómago, exactamente encima de donde sentía aquel nudo. Ya fuera que aquellas palabras estaban relacionadas con lo de Broc, eran más bien adecuadas para la vida. Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro y parecía que aquella bola se hacía cada vez más y más grande. Ya ni siquiera sabía cuál de todas las preocupaciones eran las que provocaban aquella sensación, pero debía empezar por una... O dos. Broc y Cailan. * Las dudas, los pensamientos, las preguntas y los recuerdos me bombardeaban como a soldado en guerra. Salvar a Broc se veía extremadamente complicado, y no poder hacer nada en absoluto era lo que me estresaba, no a costa de venderme. Tal vez, aceptar la cita no era tan malo pero... j***r. Ni siquiera conozco a Branko Wolf y no sé cuáles son sus verdaderas intenciones conmigo. Tampoco podía buscar algún tipo de ayuda al estar encerrada todos los días aquí. De cualquier forma, ya no sabía en quién podía confiar fuera de estas paredes. ¿Algún día podré salir de este lugar? Comencé a cuestionarme. ¿Volveré a ver a mis amigos? La incertidumbre era una mierda que me quitaba el sueño por las noches. Por el otro lado, teníamos a otro de mis problemas; el señor polla de oro Vaughan. ¿Qué demonios me estaba haciendo? Si mi historia se asemejaría a la de Gianna, ya tenía muy en claro cuál sería nuestro final. "¿Por qué me sentía protegida entre sus brazos? ¿Por qué cuando estábamos follando me invadió una sensación de vacío y angustia? ¿Por qué a él le había permitido tantas cosas que a otras personas no?" eran algunas de las tantas preguntas que comenzaban a atacarme. Nunca nadie me había excitado tanto como él lo hacía, pero eso debía deberse a que lo prohibido se volvía más tentador, ¿verdad? Su piel entrando en contacto con la mía... Lo que provocaba en mí era una absoluta locura y no era normal. La preocupación abundante cuando no lo vi al llegar de la misión en el casino. Mierda. ¿Hace cuánto había comenzado esto? Sin importar, debía detenerlo ahora antes de que fuera demasiado tarde. Me gustara o no, debía apartarme de él. ¿En qué se diferenciaba aquella decisión de las consecuencias que obtendría si le dijera la verdad? En que él me vería como una persona frágil que no había sido capaz de controlar sus sentimientos... Aquellos eran imposibles de controlarse. Puede que estuviera exagerando, que tal vez la situación no fuera tan severa como estaba imaginando, pero no podía arriesgarme a que me volvieran a romper el corazón, si es que eso aún era posible. Sabía que Cailan me rechazaría sin piedad y, dependiendo de cuán avanzado fuera mi estado, no sé cuántas golpizas más podría recibir. Llené mis pulmones de aire y recordé las palabras de todos los que me habían aconsejado que no me metiera con él. "Eres muy sabia y sé que sabrás tomar las decisiones correctas en tu vida." Recordé las palabras de mi padre y quise darme la cabeza contra la pared. Si así fuera, habría tomado los consejos de todos aquí en la central y los hubiese seguido. > me recriminó mi cabeza, pero me era imposible. Es decir, no pensaba en él siempre que tenía tiempo, por lo que puede que apenas estuviera comenzando a sentir cosas por él y no debiera estar preocupándome demasiad... —Hola. —Me sobresalté al oír a Sage a mi lado y me preguntaba cómo demonios había llegado a la cafetería. Con tantas cosas en la cabeza, ya comenzaba a hacer las cosas sin siquiera pensarlas. Ella me dio una sonrisa y recordé la conservación pendiente que teníamos de ayer. Cogí mi comida con rapidez y tomamos asiento en una mesa. Prometo que esta sería la última vez que hablaba o pensaba sobre su hermano. Pero... ¿Cómo me sería posible? Por algún motivo, siempre acabábamos encontrándonos al estar conviviendo en el mismo lugar. Alcé mi rostro y aclaré mi garganta. —Tienes mi atención —le dije, tensa. Ella se sentó erguida y no podía descifrar su expresión facial. —Ayer te estaba hablando sobre mi hermano y recibir la vacuna indicada. —Asentí. —Tu madre es la doctora —comencé a hablar antes de que empezaran a adjudicarme más responsabilidades —. Así como te trata a ti, puede hacer lo mismo con él. Ella rió algo nerviosa. —No es en un sentido literal —dijo, y unió sus manos por encima de la mesa —. Sé que su pasado lo pone a prueba todos los días y creo saber qué es lo que necesita. Tragué grueso y aparté la bandeja con la comida. Mi apetito ya había desaparecido por completo. El pasado de todos nos perseguía y Sage no debía ir de niñera con Cailan. Él no era un niño y buscaría ayuda en caso de necesitarla. —Lo que necesita es un terapeuta. —Su expresión dulce ahora pareció recibir el impacto de mis palabras —. Todos lo necesitamos, de hecho —hablé por lo bajo. —Val... —su voz se oyó suave y me estremecí —, he notado cómo se miran. Como dos personas que han tenido sexo determinadas veces. —No te conozco a ti lo suficiente, pero él jamás ha observado a nadie como lo hace contigo. Largué una carcajada sarcástica —, Tu hermano es una piedra, Sage. —No, él es un diamante —vaya palabra había elegido para él. Si todos lo consideraban eso, el muy cretino comenzaría a creerlo también y se le subirían los humos a la cabeza —; él es tan duro como frágil y, a veces, pareciera que no está completamente pulido porque acaba lastimando a las personas que lo rodean. Me removí incómoda en mi lugar y la observé con ojos insistentes. —¿Qué es lo que quieres? No comprendo —pregunté con algo de frialdad. Mis ganas de salir corriendo eran abismales, pero también lo eran las de oír lo que tenía para decirme. —Tú no observas a Silas como lo observas a Cailan, puedo notarlo. Me puse de pie, dispuesta a darle un fin a esta estúpida conversación, y ella cogió mi brazo antes de que me marchara. —¿Esto es por la promesa que le hizo a Broc? —Clavé mi mirada sobre ella y podía oír mi coraza hacerse añicos —. ¿Es por eso que no quieres aceptar lo que sientes? Era como si siempre tuviera algo nuevo y tormentoso por descubrir. Al parecer, la vida pacífica no era ni sería lo mío... La mirada que me estaba dando denotaba algo de desesperación, mientras que la mía era de estupor. —¿Promesa? —pregunté con un hilo de voz. Sabía que no quería oír la respuesta porque nada bueno podía venir de una promesa hecha en cuanto a mí, pero debía saberlo. La observé con firmeza y me dio una mirada de confusión. —La que Broc le obligó a cumplir sobre no acostarse contigo. Cailan era un desalmado... Un completo y maldito desalmado. Sentí mi pecho comprimirse y debí sostenerme de la mesa para sentir que no me desvanecería. En primer lugar, ¿por qué Broc le había hecho prometer semejante estupidez? ¿Con qué propósito? En segundo lugar, ¿cómo Cailan podía haber roto la promesa que le había hecho? Él bien sabía la situación de Broc, pero permitió que su polla se apoderara de sus decisiones y lo arruinara. Alguien me quitó del agarre de Sage y, al alzar mi rostro, su hermano se la estaba devorando con la mirada. Sentía como si me ahogara con mi propia respiración e intenté disimularlo de la mejor forma que podía. —¿Qué haces? —le preguntó, sin quitar sus ojos de ella. Su hermana se veía nerviosa y debía intervenir para así yo también pudiera marcharme rápido. —Nada, no es nada —respondí y ahora yo también dirigí mi mirada hacia ella —. Lo siento, Sage —comencé a decir con una sonrisa entre nerviosa e indignada —, pero la receta no es de mi agrado. Me tragué aquella pelota que ahora se instalaba en mi garganta y me largué de allí. Sí sentía el dolor; sentía el dolor de la traición de Cailan, el dolor del continuo sufrimiento de Broc, y el dolor de la decisión que estaba a punto de tomar. Cuando me habían dicho que Cailan interferiría en mi objetivo, era justamente por esto. Él y mis sentimientos ya lo habían estado haciendo, pero aún estaba a tiempo de revertirlo. Golpeé la puerta con mis nudillos y oí su voz permitiéndome adentrarme. La sorpresa se estableció en su rostro al verme y, afortunadamente, no tenía compañía. —Valdine, ¿todo en orden? —me preguntó Gwendolyn y detuve mi paso frente a ella. —Comunícate con Branko —le pedí y su mirada se endureció un poco —. Si en los próximos tres días no cambio de opinión, llámalo y dile que quiero verlo