Capítulo 3: "Cena de ensayo"

1581 Words
Me encontraba sentado al final de la larga mesa, con el codo apoyado en esta y mi mano sosteniendo mi cabeza.  Gus se sienta a mi lado con su fiel compañero, el cigarrillo. Me llama la atención que lo lleva apagado.  - ¿Crees que notarán si nos vamos? - me dice, algo nervioso.  Todos los demás se encontraban parados por todo el salón, charlando animadamente, bebiendo y tomando fotografías. Estaba nuestra familia y la familia pomposa de Naomi, la prometida de Tim.   Era de noche y estábamos en un elegante salón, donde es la noche de ensayo.   - Nosotros pensamos que no, pero si lo notarán. Al menos Jane te aseguro que sí. - digo haciendo referencia a mi tía, que es organizadora de eventos y es fanática del orden y de los protocolos.  - Que fastidio. - dice apoyando su frente en la mesa.   - ¿Cuánto haces que no fumas?   Me mira. - ¿Como unas... dos horas? - dice. - ¿Se nota mucho?   - Pareces que estás por desactivar una bomba nuclear.   - No me van los lugares cerrados, con mucha gente y que encima son ambientes libres se tabaco.  - Reetweet. - digo.   - Anda, podemos decir que me está dando otro ataque de asma. - dice.   Río. - Gus. No tienes un ataque desde los 18 años. Por suerte, sino estarías muerto considerando que fumas que pareces una locomotora.   - Anda. - dice suplicante.  Me paró. - Vamos, me sofoco con tanto olor a perfume. - digo.   Él sonríe ampliamente y se para. Caminamos juntos hacia la salida de emergencia, que da al jardín trasero.  Me detengo al oír un par de risas familiares. Miro a un costado hacia el pasillo oscuro que lleva a los baños y los veo. Papá está apoyado en la pared y Pa lo encerraba con sus brazos. Se estaban besando.   - Oigan. - digo. - No quiero otro hermano.   Ambos miran en mi dirección con sorpresa.   - Realmente es un limoncito. - dice Pa.   - ¿Adónde vas? - pregunta papá.  - Iba a.... - miro a mi lado, pero Gus desapareció. - Acompañaba a Gus afuera.  - ¿El está bien? - pregunta papá con preocupación.   - Si, solo es abstinencia. - digo.  Papá suspira. - Ojalá pudiera hacer algo.  - Tiene que descargar su ansiedad por algún lado. - dice Pa.   - ¿Qué es lo que...? - comienzo a decir.  - Es un tema complicado en la familia. - dice Pa.   - Las cosas a su tiempo hijo. - dice papá. - Ve con Gus, que me quedo más tranquilo si está contigo.   Asiento y salgo al jardín del salón. Miro alrededor del amplio espacio, pero no hay rastros de él, solo la gran arboleda y las matas de arbustos con formas de pared de hojas.   Tomo mi celular y le marcó. Después de varios tonos, me da el buzón.  Comienzo a caminar alrededor. Oigo voces y me dirijo en esa dirección. Las voces provenían detrás de una mata de arbustos.  - Esto no tiene que ser así. - dice una voz masculina.  - ¿¡Y de qué otra forma quieres que sea!? - dice una voz femenina algo molesta- ¡Lo hemos intentado todo, Alaric!   ¿Alaric? ¿No es ese el vecino?  Se oía ruido como si se estuvieran vistiendo.   - Talvez hay que evaluar otras opciones.  - ¡No! - dice firme la mujer. - De ninguna manera, no quiero que vuelvas a insinuarlo, mucho menos mencionarlo. - agrega algo enojada.  El vecino suspira. - Volvamos adentro, nos estarán buscando.   Doy la vuelta y me alejo sigilosamente por donde llegue.   - ¿Gabe? - oigo su voz detrás, llamándome.   Puta vida.  Me voy la vuelta.   - Sr. Parker. - digo fingiendo sorpresa.   - ¿Qué haces aquí? - pregunta extrañado, algo serio, lo que llama mi atención.  - ¿Quién es Alaric? - pregunta la mujer.   La veo y... Wow. Es digna de imprimir en un póster gigante y colgarla en el medio de la ciudad. Es una mujer joven, de unos 30 y algo. Su cabello es de un rubio platinado y lo lleva ondulado sobre sus hombros. Sus ojos son de un celeste casi transparentes. Su rostro es muy angelical.  Es toda una modelo, de esas que desfilan en esa marca conocida de ropa interior.   - Es uno de los sobrinitos de Tim. - dice.   - Gabriel. - digo.   - Kristine Parker. - me responde la rubia. - Amiga de Naomi.   - Es mi esposa. - dice el vecino.   - Bien. - digo.   Se hace un silencio incómodo.  Saco mi paquete de cigarrillos del bolsillo, tomo uno y me lo coloco en la boca. Lo enciendo y guardo el paquete.   - Vamos Alaric. - dice la rubia seria.   - Entra tú, caramelito. - dice el vecino. - Hay algo que tenemos que hablar sobre la despedida de Tim.   La rubia me mira algo despectiva y entra al salón.  - ¿Que le sucede? ¿Se le rompió una uña? - digo.   - ¿Me convidas uno? - me pregunta, ignorando mi comentario.   Le extiendo el paquete y este lo toma. Saca uno y lo enciende.   - Tengo prohibido fumar. - dice devolviéndome el paquete.  - ¿También con el cuento de que es un hábito horrible?   - Si, eso suena muy a mi madre. Mi padre dice que eso me deja como que soy un adicto a las drogas. Y mi esposa que tengo olor a alguien que limpia vidrios en un semáforo.   - Que va... - me quejo.   Ambos estábamos parados en silencio fumando.  - O estos cigarrillos son los mejores que he fumado, o hace tanto que no fumo que cualquiera me sabe a una exquisitez.   - Son una marca cualquiera de Napa, no son la gran cosa. Yo diría que lo segundo.   - Puede ser. - dice y da una calada.  Me doy media vuelta y me alejó caminando en dirección contraria a la entrada al salón.  - ¿A dónde vas? - me pregunta, quedando a mi espalda.   - Lejos... - digo sin darme la vuelta, siguiendo mi camino.   Oigo unos pasos acercarse con rapidez. A los segundos lo tenía caminando a mi lado.   Llego a una de las paredes, que marcan el final del jardín. Me siento en el pasto, apoyando mi espalda en esta. Él me imita. Ambos fumamos en silencio.   - Se que escuchaste. - dice rompiendo en silencio. - En realidad no somos tan neandertales, es solo que...  - Detente. - lo interrumpo serio. - No te pedí explicaciones, no me las debes tampoco. Cada uno es libre de cojer donde se le da la gana.   - Es solo que...  - ¿En serio vas por ahí, contándole tu vida al primer desconocido que se te cruza? - digo.   - No. Tan sólo sentí la necesidad de hacerte saber que...  - Pues no. No me interesa.  - ¿Hay algo que si te interese?   - Pues sí, muchas cosas.   - ¿Como qué?   - Mi familia, la música, una hoja y un lápiz para dibujar, la literatura, el cine.   - Así que eres de esos niñitos artistas.   - ¿Y tú eras de esos niñitos que le regalaban una calculadora para navidad?   - De hecho, si, uno de los primeros regalos que recuerdo que me dieron, fue un ábaco.   - ¿Esa maderita con cuentas para contar? - pregunto extrañado.   - Eso mismo.   - ¿Me vas a contar la típica historia del niño rico que tenía todo menos el amor de sus padres?   Ríe. - Eres ácido como un limón.  - Me lo dicen con frecuencia.   - Pues sí, esa es mi historia. El hijo que nació para cumplir las expectativas de sus padres.   - Pobre niño rico.   - Tú no eres ningún pobrecito tampoco, señorito mis padres son dueños de un viñedo.   - ¿Como es que sabes tanto? - pregunto extrañado.  - A tu tío le encanta hablar y a mí también. Se todo sobre la familia Wallace.  - Eso sonó bastante perturbador. - digo.   Ríe. - No soy uno de esos locos que andan sueltos por el internet, tu tranquilo.  - No es como si eso me dejara más tranquilo. Esa es la típica frase que diría un maníaco. - digo. Vuelve a reír. - Oye, ¿qué no te cansas?   - ¿De qué? - pregunta extrañado.   - De reírte por todo, todo el tiempo.   - ¿Y tú no te cansas de ser tan ácido? Te aseguro que no hay nada más gratificante que reír.   - Vaya filósofo. - digo.   Nos quedamos mirando a los ojos en silencio, pone una tierna sonrisa en su rostro.   - Será mejor que me vaya a filosofar a adentro. - dice rompiendo el silencio. - Seguro me estarán buscando. - se para y se sacude la ropa. - Gracias por el cigarrillo. - se da la vuelta para alejarse.   - Oye, risitas. - lo llamo, él se da la vuelta. Le arrojó el paquete y él lo toma en el aire. Baja la mirada a lo que agarró y luego me mira a mi algo sorprendido. - Solo es un paquete de cigarrillos, no un riñón. Escóndelos bien, no vaya a ser que me regañen a mí por fomentar tus vicios.   Se da la vuelta y se aleja riendo.   Quedo pensativo con lo que acaba de pasar. No es normal que uno se quede mirando fijo con una persona que está hablando, muchos menos si no es en realidad una mirada fija. Era otra clase de mirada, pero no sé dé cuáles.   Suspiro. Ya me estoy poniendo paranoico con estas ideas absurdas en mi cabeza.   Aplauden una vez frente de mí, trayéndome de vuelta a la realidad. Levanto la vista y lo veo a Gus.  - ¿Seguro que no eres adicto a algún fármaco o algo? - me pregunta.   - Me conoces desde que nací, conoces a mis padres. ¿En serio crees que sería adicto a algo y que seguiría acá?   - Buen punto, estarías misionando en Ruanda. - dice. - ¿Quién era el fulano ese con el que hablabas?   - Si me viste podrías haberte acercado y me hubieras sacado de ahí.  - Lo siento, si tengo que sacrificarte a ti para evitarme entrar en una situación social, lo hago.   - Lo tendré en cuanta para anotarlo a mi libreta negra.   - No has respondido mi pregunta.   - Es el vecino de Tim, vive en frente y trabaja en la empresa.   - ¿El que casi te pasa para el otro lado?   - El mismo.   - ¿Se quedó con ganas de terminar con lo que empezó?   - Peor, me hablaba sobre su vida.  - Sip, es mejor que te atropelle.   No puedo evitar reír. 
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