Capítulo 9: "Legado"

1650 Words
- René y Gabriel Wallace. - dice mi hermano a la recepcionista.   - Si, el Sr Parker los está esperando. - dice con amabilidad la joven. - A la izquierda se encuentra el ascensor, de ahí suben al último piso. Yo ahora le aviso.   - Genial. Muchas gracias. - dice mi hermano con una sonrisa.   Ambos vamos hacia donde nos indicó y subimos al ascensor. René marca el botón del último piso.   - Me extraña que haya tenido que obligarte. - dice mi hermano.  - Me intriga, para ser honesto. - digo.   Las puertas del ascensor se abren al llegar al último piso del edificio. Al salir nos encontramos con el vecino.   - Me alegre mucho cuando aceptaron mi invitación. - dice éste.   - Lamentamos molestarte, es que en serio nos interesaba conocer la empresa familiar. - dice René.   - Y como para no, tiene un gran renombre. - dice. - Este edificio es un legado, es parte de su historia. Podría ser su futuro si así lo quisieran. Vengan, les daré el tour. Este es el último piso. Solía ser una sola gran oficina principal con un pequeño lobby para la secretaria. Pero su tío lo modifico e hizo dos oficinas. En una está el y en la otra me encuentro yo. En el penúltimo piso es el área de recursos humanos. Vengan les gustará esto.   Camina en dirección al ascensor y nosotros lo seguimos.   Al volverse abrir las puertas. Hay un largo pasillo y en él se pueden ver marcos de fotos colgados a lo largo.   - ¿Lo reconocen? - dice el vecino deteniéndose en el primer marco.   Es un hombre joven, de unos treinta y algo. Tiene un traje elegante. Su cabello es de un marrón claro cobrizo, resaltan sus ojos verdes casi celestes y su semblante serio. Dos cosas características de los Wallace: los ojos y el carácter.   - El abuelo. - digo con una sonrisa al reconocerlo.   - El mismísimo fundador, Robert Wallace. - dice el vecino también con una sonrisa.   - Pareces que estás ante Walt Disney. - digo.   - Yo lo siento de esa forma. Admiro mucho a su abuelo, es toda una inspiración. Haberlo conocido ha sido lo mejor. Creo un imperio siendo muy joven.  Seguimos caminando por el pasillo. Me detengo al ver otro rostro familiar.   - Papá, no puedo creerlo. - dice René.   Sigue teniendo la misma cara, solo que en la foto también tiene un traje elegante y más cabello.   - Su padre también fue presidente de la empresa. Era muy joven cuando asumió el cargo y también hizo un excelente trabajo, se ve que lo llevan en la sangre ustedes. Lástima que no siguió en la empresa, hubiera hecho cosas asombrosas. No le digan a Tim.   - Dejo todo por amor. - dice René. El vecino ríe. - ¿Tu no lo harías?   - No, honestamente. Dedicarle a algo tanto tiempo y esfuerzo, para luego tirar todo por la borda. Tanto sacrifico para nada.   - Concuerdo contigo. - digo.   - Alaric, me has decepcionado. - dice René.   Este ríe. - Vengan, aún tengo otra foto más.  Caminamos unos pasos más y nos detenemos en una foto grupal en la que hay muchas personas. Todas miraban a la cámara y sonreían.   - ¿Son los empleados de la empresa? - pregunto.   - Eran. Esta foto tiene 30 años. Es de una fiesta de la empresa.   - Ahí está el abuelo. - digo al reconocerlo entre la multitud.   - Mira, ¿ese no es Pa? - dice mi hermano señalando a un joven de cabello rubio largo.   - Si. Ahora entiendo el apodo de Ricitos. - digo con una sonrisa.   - Oye mira, ¿acaso la chica que está a su lado no se parece a la tía Lizzy?  Me acerco y la miro con más detenimiento.   - Hasta juraría que es Lizzy. - digo. Lo miro al vecino. - ¿No sabes quién es?   Él se acerca y mira. - Ehm... No lo sé. No hace mucho que trabajo aquí. Pero se quién podría saber.   Descuelga el marco de la pared y camina hacia una de las puertas, toca. Caminamos detrás de él. La abre y entra. Nosotros lo seguimos.   En la oficina hay un escritorio y detrás de este una mujer castaña pero algo canosa se encontraba sentada en una silla.   - Buenos días, Sra Parrish. - dice el vecino.   - Buenos días sol, ¿en qué puedo ayudarte? - dice la mujer corriendo la vista de su computadora.   - Estoy dando clases de historia y necesito que me ayudes con algo. - este le extiende el marco y ella lo toma. - ¿Conoces a esta joven? - pregunta señalando.  La mujer suspira y se le forma una sonrisa melancólica en el rostro.   - Como no la voy a conocer, si es mi hermana. - responde la mujer.   - ¿Como se llama? - pregunta el vecino. - ¿Trabajo mucho tiempo aquí?   - Solo unos meses cuando era adolescente, hacía una pasantía. Se llamaba Rose.   - ¿Se llamaba? - pregunta extrañado el vecino.   - ¿Rose? - pregunta René sorprendido, sacándome la pregunta de la boca.   Ese es el nombre de la difunta madre de Gus y Lizzy. La segunda esposa del abuelo m, de quien no se habla mucho.  La mujer levanta la vista y nos mira con más detenimiento.   - ¿Ian? - pregunta extrañada.   - Ya quisiera mi padre tener mi edad. - dice mi hermano. - Soy René, su hijo mayor. Él es mi hermano Gabe.   La mujer me mira. - Eres igual a Patrick. ¿Esos dos siguen juntos?   - Como chicle y suela. - digo.   - Me alegra oír eso.   - ¿Tu eres la tía de Gus y Lizzy? - pregunto.   - No sé si merezco ese título, eh sido una tía ausente. No los eh visto desde que eran unos niños. Robert siempre me insistió para que vaya a verlos, pero no era sencillo.   - ¿Que le pasó a Rose? - pregunto.   - ¿No lo saben? - pregunta extrañada. Se para y se acerca a nosotros.   - No. - dice René. - Nunca han querido contarnos. Solo que murió en un accidente cuando Lizzy apenas había nacido.  - En ese caso yo no soy quién para ir en contra se la voluntad de sus padres. - dice.   - Por favor. - digo suplicante.   - Lo siento niños, pero yo no soy quién para darles las respuestas. - dice, me mira. - No necesito conocerte para saber que tienes el mismo carácter que tu padre, tienes esa chispa hasta en tu forma de hablar. - mira a René y pone una de sus manos en el rostro de mi hermano. - Y tú tienes la misma mirada de bondad y amor que Ian. Sin mencionar que eres tan apuesto como lo era cuando lo conocí. Volvía loca a las chicas, al igual que Patrick. Pero el rubio solo tenía ojos y corazón para ese chico con ese carácter tan explosivo. Y Patrick que andaba de mujer en mujer encontró su lugar junto a él.   - Gracias. - digo.   Talvez no respondió lo que queríamos. Pero amo cuando hablan así de mis padres. Eso me hace quererlos y admirarlos aún más, incluso cuando creo que eso ya no es posible.   Hasta me hace desear tener una historia como la de ellos.   Salimos de oficina.   - ¿Qué crees que sucedió? - me pregunta René. - Porqué debe haber algo más.   - Obviamente. - digo. - Ahora llega a ser alguna idiotez y tanto misterio para nada. - miro al vecino. - ¿Seguro que no sabes nada?  - Lo juro. - dice.   Caminamos hacia el ascensor. Se abren las puertas de este y sale Kristine.   - Ahí están. - dice con una sonrisa.   - Hola Kiki, que sorpresa. - dice su esposo.   - No te emociones Ric, vine por René.   - ¿Por mí? - pregunta mi hermano extrañado.   - ¿Debería estar celoso? - dice el vecino.  - El decano nos recibirá hoy, así que vamos.   - ¿Es en serio? - pregunta mi hermano con emoción.   - Claro que sí, pero andando, que no llegaremos. - dice la rubia. Mi hermano me mira en señal de aprobación, yo asiento y él sonríe ampliamente. - Ric, tú y Gabe podrían almorzar juntos. No quiero que se quede solo el pobre, que le robe a su hermano.   - Claro. - dice este con una sonrisa.   Mi hermano y la rubia caminan hacia el ascensor. Se cierran las puertas, dejándonos solos.   - ¿Dónde te gustaría almorzar? - me pregunta.   - Si sabes que no necesitas hacerlo, no le diré. Imaginemos que almorzamos juntos. - digo.   - No funciona así niño. Andando, que no se le rechaza a alguien una invitación a comer.   Suspiro con fastidio. Buen punto.   *******  Estábamos comiendo en silencio en un lugar de comida rápida.   - Kristine odia que coma esto. - dice saboreando su comida. - Dice que no es natural y saludable. Es difícil convivir con una vegetariana.   - Intente ser vegetariano, no dure mucho. Es difícil, admiro mucho a las personas que pueden vivir con ese estilo se vida.   - No es difícil, es ponerle voluntad y esfuerzo. - dice.   - ¿Que eres un coaching? - pregunto.   - No. Solo trato de darte un consejo.   - ¿Qué consejo puedo tomar de un viejo verde como tú?   - Nunca me aproveche de ti. - dice acercándose y bajando la voz. - Esa noche en Las Vegas te pedí permiso, sin mencionar que fue tu idea. Y la noche de la boda tampoco me sobrepase. Jamás hice nada que tu no quisieras. Yo solo te ofrecía algo de experiencia.   - ¿Así es como le llaman? - digo.  - Dijiste que nunca habías estado con nadie, ni habías sentido los mejores placeres de la vida y quería darte una ayuda. A cambio tú me ofrecías algo distinto, sin ataduras y sin que nadie se entere.   - ¿A cambio de qué?   - ¿Tu de que crees? - dice.  - ¿Esto es una conversación real? - digo en shock.   - Diablos. Pensé que eras de los que no se escandalizan con facilidad. Te hacia más liberal.   - Me confundiste con el hermano menor de Tim, Pierre. Entendiste la parte en la que tengo 16, ¿no?   - Si. Créeme que trate de sacar estos pensamientos de mi cabeza, pero como dijo la Sra Parrish, tienes un fuego en tu interior. Y eso me tiene absorto. - dice. Ambos quedamos callados. - Si sabes que no te forzare a nada, ni haremos algo que no quieras, sin mencionar que no soy de esos que tienen un fetiche con los juegos sexuales.   - Ósea no eres Christian Grey. - digo con algo de sarcasmo.   - No. Soy bastante inocente en comparación.   Quedo pensativo unos segundos.   ¿¡QUE CARAJOS!? ¿¡COMO VOY A ESTAR SIQUIERA PENSÁNDOLO!?  Contrólate Gabriel.   - Gracias, pero, como ya te dije, no me interesa.   ¿Es realmente así? ¿O solo trato de hacerme el difícil negando lo que es obvio? 
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