Audrey Johnson
¡Dios, que vergüenza! Solo a mi me suceden estas cosas. Si había tenido mi empleo, creo que ya lo perdí el primer día. Mi jefe me ve con cara de pocos amigos, lo que me hace saber que si escuchó el insulto que le grité. Por supuesto, es que mi objetivo fue ese antes de saber de quien se trataba, aunque por otro lado se lo merecía, ¿no se da cuenta que cuando las calles están mojadas y hay persona transitando, se debe disminuir un poco la velocidad?
—¡Discúlpeme señor! Es que miré el desastre en el que me convirtió.
—no deja de sorprenderme, señorita Johnson
‹‹¿se sabe mi apellido?›› debe haber interpretado mi cara de sorpresa porque como si me estuviera leyendo la mente responde
—si, soy bueno recordando a las personas, y ¿por que no se fijó más al caminar?
Frunzo el ceño, ¿y este qué? ¿no ve que tiene la responsabilidad él?
—con todo el respeto que se merece, pero creo que usted es el que debe tener mas cuidado, por si no se ha dado cuenta llovió y creo que por amabilidad debería reducir la velocidad y le evita esto— me señalo —a otras personas. Ahora me tocara llegar tarde, porque mire como estoy.
Sus ojos hacen un escaneo de mi cuerpo de pies a cabeza y al llegar a mis ojos se le dibuja una sonrisa
—¡esta bien! Admito que si iba algo rápido, así que como disculpa, me ofrezco a llevarla hasta su casa para que se cambie
¿espera que? ¿llevarme a mi casa? Lo pienso unos segundos porque no se si me gustaría que mi jefe supiera donde vivo y por otro lado, si alguien lo ve allí, pensarán lo mismo de siempre, que estoy metiéndolo en mi cama para conseguir el trabajo
—No se preocupe, mejor nos veremos en la empresa, aunque como sabe, no llegaré a tiempo.
—insisto— me señala su vehículo —por cortesía yo la llevo.
¡Aarg! No quiero, pero tampoco iniciaré una pelea con este hombre tan terco
—¡Esta bien! Le prometo que será rápido.
Nos vamos hasta su deportivo y conduce con la misma velocidad de hace un momento, parece que no aprende.
—ya deje esa cara, parece un muñeco de esos que mueven la cabeza y se usan en los autos.
‹‹¿en serio me dijo eso?››
—¿Disculpe? ¿Me esta comparando con un muñeco cabezón?
—no lo dije en el mal sentido— se excusa —es solo que desde que se montó no ha dejado de negar como si estuviera haciendo algo muy malo. Simplemente me apresuro para que no lleguemos tarde
—cruce aquí a la derecha— le indico ignorando su comentario —en aquella casa azul de dos pisos es.
El se queda en silencio y al aparcar se queda observando el lugar. Al bajarme, el también lo hace, y por cortesía lo dejo entrar.
—puede esperarme acá en el sofá, no tardaré. Y no le di las gracias por ofrecerme a traerme, es usted muy amable.
—no se preocupe.
Es lo único que dice mientras mira su reloj, y como se que esta apurado, corro hacia las escaleras para vestirme muy rápido.
***
Ross Boulfour
Hoy no he tenido un gran día, cuando Wendy quiso llevar a mi pequeña al jardín, porque se levantó temprano, estaban los periodistas afuera, y no la dejaron tranquila, quería fotografiarla y comenzaron a lanzarle preguntas acerca de su madre.
¡Son unos inconscientes! Es apenas una niña, ¿como se les ocurre preguntarle cosas que pueden ser dolorosas?
Aun recuerdo escuchar su voz gritarme “papi” mientras subía las escaleras y entraba a mi habitación, asustada porque varios señores con cámara comenzaron a acercarse y querer hablar con ella.
Tuve que llamar a la policía para que despejara mi casa, Wendy me contó como pasó todo desde que llegaron al jardín.
Sentí que mi día no comenzó del todo bien, al ducharme y desayunar, pensé en hacerle la vida imposible a la pequeña rubia que decidí contratar.
Si ella es la que esta detrás de todo esto, yo me encargaré de hacerle ver que conmigo no se mete nadie, y menos con mi reputación.
Por eso cuando iba de camino a la empresa y la vi a lo lejos que quería cruzar para tomar el taxi, no lo pensé mucho, simplemente aceleré hasta que supe que logré mi objetivo, dañarle la vestimenta, lo que no me esperaba era que me gritara ese insulto.
Mi intención fue seguir de largo, que ella no se diera cuenta que era yo, pero ese insulto me la puso fácil, queria ver que cara ponía cuando supiera que era yo, por eso decidí detenerme, y valió la pena.
Parecía un cachorrito asustado que no sabia donde meterse, me generó una gran satisfacción cuando vi su expresión al bajarme. Después cuando me dijo que llegaría tarde, decidí llevarla hasta su casa, pero no por cordialidad, porque con ella no debería tener ninguna si es la soplona de la empresa, lo hice porque necesitaba saber donde vivía y con quien, así la pudiera vigilar en ocasiones, descubrir en que anda.
Al principio cuando se resistió, pensé que tenia que convencerla como sea, porque la verdad es que necesitaba saber algo de ella, y cuando insistí por fin cedió.
Me sorprendí cuando vi su casa, es bastante grande, imagino que debe vivir con toda su familia. Al pasar y dejarme solo en la sala, no pude aguantarme las ganas de curiosear.
Recorrí cada espacio de la sala, era bastante grande, desde donde estaba se veía solo na cocina y es por ser de espacio abierto, todo empotrado con azulejos italianos, no lo niego, tiene buen gusto a lo que se refiere a decoración. Admiro la sala y noto que los muebles son modernos, de piel color n***o y una mesa de centro con cristales. Todo esta perfectamente ordenado. En el lateral hay un pequeño mueble de madera en donde se visualizan unas fotografías, aparece ella en casi todas con un hombre que es muy parecido físicamente, imagino debe ser su padre.
Miro la direccion por donde se fue, para comprobar que no venga aun, y como si mi cuerpo tuviera vida propia, mis pies se dirigen a la cocina. Abro los gaveteros blancos y todo también esta muy bien organizado, veo que tiene bastante golosinas, ¿vivirá con un pequeño? Parece joven como para tener un bebe.
¡Igual no debería importarme!
Abro el refrigerador y no hay mucha comida sana, mas que todo pizza congelada y envases de coca-cola ¿acaso se alimenta a bases de dulces?
Escucho un carraspeo a mis espaldas y me tenso
—¡Disculpeme! Estaba buscando algo de agua.
Ella entrecierra sus ojos por un momento, como si me analizara y saber si miento o no
—¡Esta bien! Déjeme que yo lo Atiendo
Se mueve a buscar un vaso de vidrio y toma la jarra de la nevera para servir un poco y ofrecermela.
Después de un silencio bastante incómodo, decido romperlo y hacerle unas preguntas
—¿el de las fotos es su padre?— señalo con la cabeza el lugar que antes estaba mirando con los marcos —se parece mucho a usted.
—si— responde y suelta un suspiro algo ¿melancolico? —era mi padre.
—¡Lo lamento!
—no se preocupe, creo que es hora de irnos.
¡si, también lo pensé!
Nos encaminamos a la salida, mientras noto que a lo lejos un chico me mira de forma extraña, como si quisiera matarme ¿que le sucede? ¿en esta vecindario serán todos así?
Me subo rápido al vehículo y arranco a la oficina, el día se puso gris muy rápido, espero llegar antes de que diluvie.
***
Nos tardamos unos 25 minutos en llegar a la empresa en donde estuvimos todo el camino en silencio, no soy muy bueno sacando conversaciones, por el contrario ella, vi que estaba conteniéndose para no hablar, por lo que me dijo aquella ocasión, suele conversar sin parar para no crear un ambiente tenso. Imagino que por eso sacó su móvil y se enfocó en él.
Al llegar al ascensor, varios empleados me hacen espacio para subir primero, ella por supuesto viene conmigo porque necesita indicaciones de lo que debe hacer, es su primer día y debe estar en cero.
Al llegar al piso 27, que es donde esta mi oficina y uno de los últimos, me recibe la persona que menos esperaba ver, mi padre, tenia semanas sin atender mis llamadas y perdido de mi vida.
—Ross, que bueno verte. ¿podemos hablar?
Mira de reojo a Audrey y ella se encoje un poco, imagino que es porque papá siempre ha tenido una mirada que suele intimidar al que no conoce
—¿donde estabas?— pregunto y el frunce el ceño —estuve llamándote y no me atendías, parece que te olvidaste de que tienes un hijo.
Carraspea un poco incomodo, pero se que es porque no le gusta hablar de temas personales delante de desconocidos.
—¿podemos hablar?— mira a Audrey —a solas
—esta bien— miro a la rubia a mi lado —Esperame afuera de mi oficina, no tardaré para darte las indicaciones.
Ella asiente mientras me encamino a mi lugar de trabajo con mi padre siguiéndome
—¿y esa que? ¿ya tienes sustituta? Porque ya escuché que tu esposa te dejó
—no quiero hablar del tema, y no, no es una mujerzuela, es mi nueva ayudante de redacción, en fin, ¿que ha pasado contigo? ¿donde has estado?
Se que nunca fui del todo unido a mi padre, pero tampoco se había comportado asi, algo no me ha dicho, lo conozco muy bien.
—he estado muy liado, pero no he venido a eso, vine para decirte que me iré por un par de meses a México, me salieron unos negocios por allá y debo aprovechar oportunidades
—¿a México? Pero ¿lo pensaste bien? Creo que es un cambio brusco padre
—Si, lo pensé bien, y me iré mañana, vengo a despedirme, pero nos veremos pronto.
Asiento y con un movimiento de cabeza se despide. Si, mi padre no es de las personas mas amorosas, siempre ha sido como un pan duro, es seco y no hay nada con que digerirlo, creo que ha sido su carácter así siempre.
Por el contrario, yo aprendí fue de mamá, que aun cuando estaba viva, me enseñó a respetar, amar y valorar a las personas, y esos mismos principios, quiero dejarle a mi pequeña.
Doy el permiso para que Audrey pase y le hago la lista de tareas de lo que debe hacer, incluso la sobrecargo un poco, porque la necesito ocupada para que no ande pendiente de lo que hago y si llegara a ser la soplona, no tenga oportunidad de inmiscuirse en mis asuntos.
La veo explicar algunas cosas de su antigua experiencia y noto algunas facciones en las que no me había fijado, por ejemplo su pequeña nariz que tiene algunas pecas que son casi invisibles, pero que si se detallan bien están expuestas. Arruga la nariz cuando intenta buscar pensamientos y se ve adorable.
¡No! No dije eso ¿adorable? No puedo fijarme en ella de esa manera ¡es el enemigo! Por lo tanto, debo enfocarme en hacerle aprender lo que significa meterse conmigo.