—No puedo… —Mi voz se rompe. No quiero admitir cuánto le necesito —. No puedo volver a confiar en ti. —No te estoy pidiendo que confíes —responde, dejando escapar un suspiro tembloroso—. Te pido que sientas. Sé que es injusto, que tengo todas las de perder, pero si te queda algún rescoldo de lo que compartimos, déjame demostrarte que no fue un engaño completo. Quiero gritarle que se largue, que no soy tan débil. Pero mi resistencia hace aguas cuando veo el brillo de sinceridad en sus pupilas. Me duele recordar que, antes de saber sus planes, lo amé con toda mi alma. Y, en algún rincón oscuro de mí, tal vez lo sigo amando. —Rolan… —susurro, al borde del llanto. Él cierra los ojos un segundo, como si le faltara el aire. —Dime que no sientes nada y me marcharé —dice, con un deje de deses

