Golpeo la puerta antes de entrar.
—¡Pase! —dicen, abro la puerta e intento darle mi mejor sonrisa.
—Quería verme —digo, no le pregunto, más bien lo afirmo.
—Si Juliette, la verdad recibimos muy buenas referencias tuyas, eres la mejor de tu generación, debo decir que estoy bastante sorprendido, aparte de linda eres muy inteligente. —dice, al ver que yo no digo nada, él sigue—. Como sabes mi bufete es el más prestigioso de esta ciudad, nos encargamos de ver los casos que nadie quiere tomar porque están perdidos, nosotros los ganamos, también representamos a grandes corporaciones y empresas, en fin, somos el mejor bufete de abogados de la ciudad y donde más aprenderás y donde mejor te puedes desarrollar como futura abogada —dice, yo asiento.
—Agradezco mucho la oportunidad —digo, él asiente.
—Irás conmigo en una hora a la cárcel de la ciudad, iremos a ver a un narcotraficante que tendrá el juicio en dos días —dice, que horror, este es el inconveniente de estudiar derecho, tener que representar a este tipo de personas, pero bueno, todos merecen una justa defensa, por muy malos que sean.
—Entiendo, ¿algo más? —pregunto, él niega.
Yo me retiro de su oficina para dirigirme al escritorio de Silvia, cuando me ve me sonríe y busca debajo del escritorio.
—Esta es la carpeta que don Esteban solicito para ti, están todos los datos del caso, en una hora deben salir, un auto del bufete los llevará —dice, yo asiento y tomo la carpeta.
Cuando vi que le coqueteaba al jefe, por un momento pensé que me iba a mirar feo, ya saben lo que hacen algunas mujeres, pero en cambio ella no se comportaba así, por el momento. Eso era bueno, no quería pasar estos meses con una chica que me odiara.
Una vez sentada en el escritorio, abrí la carpeta, me sorprendí pero no me asquee, el narcotraficante no solo estaba detenido por drogas, sino por la muerte de dos personas, si es que se podía llamarles ya así, las imágenes no eran aptas para cualquier persona, los cuerpos estaban desmembrados y había tanta sangre que la foto estaba en blanco y n***o. Bueno según yo este caso iba a ser bastante difícil de ganar, porque el ADN del hombre estaba por toda la escena del crimen.
—Don Esteban la está esperando Juliette —me avisa Silvia, yo asiento, tomo mi bolso y salgo.
—¿Lista? —me pregunta, yo asiento.
Caminamos hacia el ascensor, me afirmo en la pared, gracias a dios él va mirando su teléfono y escribiendo, cosas del trabajo imagino, y eso me alivia, no creo poder soportar más de veinte pisos su coqueteo. Un auto nos espera fuera del edificio, uno lujoso, y grande, un Rolls-Royce n***o, con los vidrios polarizados, muy exclusivo. Un hombre nos abre la puerta, primero dentro yo y luego Esteban.
—¿Ha visto la carpeta? —me pregunta, yo asiento—. ¿Qué le parece? —
—Bueno imagino que será un caso bastante difícil, teniendo en cuenta que el ADN estaba por toda la escena del crimen —digo, él asiente.
—Lo será, no hay pruebas en contrario, es algo horrible aunque he visto peores, lo único que podemos hacer es intentar anular algunas pruebas del fiscal, y quitar años, es decir, si le dan cuarenta años, reducirlo a seis —dice, yo lo miro sorprendida.
—¿A seis? —
—Claro, una vez desestimando algunas pruebas, el delito tendrá que bajar, por lo tanto se puede negociar menos años, o incluso solo atribuirle el delito de drogas —dice, yo asiento y miro hacia fuera, definitivamente será un caso bastante interesante—. Debe entender y aprender, que ganar no es solo que el cliente salga libre, si no reducirle la pena de cárcel —dice.
—Entiendo —
A pesar de que las ventanas son muy oscuras por fuera, por dentro se ve todo muy claro, el viaje lo hacemos en silencio, aunque siento varias veces su mirada. Cuando llegamos a la cárcel hago una mueca, ya las conocía, pero el lugar siempre me resultaba demasiado mortífero, esta era la cárcel de alta seguridad, aquí estaban los criminales más peligrosos del país.
—Definitivamente es alta seguridad —digo, los cercos tenían advertencias de electricidad con alto voltaje, y en unas torres había oficiales con armas que de un solo disparo podrían sacarte un brazo, no esperaba menos.
—Aún así algunos han escapado —dice él.
—Pero definitivamente con ayuda desde adentro —digo, él me mira.
—Puede ser —
—Es imposible que un hombre escape con esta seguridad —digo.
Nos bajamos del auto cuando el chofer nos abre la puerta, iba a abrir la puerta pero Esteban me detuvo, una actitud que obviamente no comparto con él, a veces la fama se sube a la cabeza.
Los oficiales nos revisan cuando entramos, uno me queda mirando y yo enarco una ceja.
—No creas que eres tú el que me va revisar, así que trae luego a una compañera tuya —le advierto, él oficial hace una mueca pero va a buscar a una oficial que me revisa. Yo miro a Esteban que me mira sonriendo .
—¿Que? —
—Nada —
Caminamos hacia la salas que están habilitadas para las conversaciones con los abogados, me siento junto a Esteban esperando que traigan al hombre.
—¿Por qué no quisiste que el guardia te revisara? —me pregunta, yo realmente quise rodar los ojos en ese momento y mirarlo como si fuera estúpido, pero me aguante bastante.
—Hay un protocolo —digo encogiéndome de hombros, tampoco iba a dejar tocarme por gusto.
—Si es verdad —dice, me sorprende un poco, y eso quizás le haya cambiado la idea que tendría sobre mí, seguro pensó que nos acostaríamos, y bueno en otra época quizás pero ahora eso ni siquiera esta en mis pensamientos.
Cuando nos traen al hombre, se ve más joven que en las fotos. Él se siente frente a nosotros, me ignora, tiene la vista fija en Esteban.
—¡Espero que me saques hoy mismo de aquí —dice, Estaban ríe.
—Fuiste un completo idiota —le dice, yo estoy bastante sorprendida de la forma en como le responde pero no muestro emoción, el hombre, tampoco parece sorprendido, es más, casi como si se conocieran—. Dejaste todo tu maldito ADN en la escena del crimen, hay cámaras que te sitúan en el lugar, te pedirán la perpetua —dice Esteban.
—Pero tu trabajo es sacarme de aquí —dice el hombre, Esteban se acomoda en la silla, apoyando su espalda en el respaldo.
—Es imposible que yo te pueda ayudar, fuiste bastante tonto, tendrás suerte si logro bajarte algunos cinco años —dice, el hombre forma sus manos en puño, pero Esteban no parece en lo más mínimo asustado.
—¡Esto no se queda así! —
—Tu padre lo sabe todo, dijo que no iba a pagar por sacar a un imbécil de la cárcel —dice riendo, el hombre simplemente no lo puede creer, me mira a mí, y yo no sé que mierda esta pasando.
—¡Lárguense de aquí! —nos grita, yo me sobresalto un poco pero no me paro hasta que Esteban lo hace.
—Bueno, un gusto conversar contigo, nos vemos en el juicio —dice, pone una mano en mi cintura invitándome a salir, pero me adelanto, sonriéndole con cortesía, creo que con mis actitudes han dejado más que claro que no quiero acostarme con él.
Cuando salgo de la última clase, estoy agotada, no había alcanzado a comer porque luego de ese cliente, Esteban me llevo a ver otro, menos grave, solo conducción en estado de ebriedad pero que habíamos sacado de inmediato, y eso había tomado tiempo, el tiempo de mi almuerzo.
“Voy a casa muerta de hambre”
Le envío un mensaje a Mateo, su respuesta no tarda en llegar.
“Perfecto, hice mucha pizza”
“Por eso te amo”
“Creí que era por como te lo hago”
Yo sonrío rodando los ojos.
“También”
Me subo al Jeep y manejo a casa, mis pies me están matando, y el dolor de cabeza se esta haciendo punzante en el lado izquierdo de mi cabeza.
Al abrir la puerta del departamento, el olor a pizza me embarga por completo y el sonido de mis tripas no se hace esperar.
—¡Hola princesa! —me saluda Mateo con un beso en los labios.
—Hola bebé, vengo agotada —digo, él asiente.
—Lo sé, ve a darte un baño y te espero en la cocina para comer —dice, yo asiento, lo vuelvo a besar y camino hacia el baño, esperando que el agua relaje todos mis músculos.