NOLAN
A la mañana siguiente, duermo con la alarma encendida. Suena tantas veces que una almohada me golpea la cabeza.
–¡Apágala! — gruñe Alexa.
Gruño, buscando a tientas el teléfono. No puedo abrir los ojos todavía. Mi boca esta seca como papel de lija, y tengo un girasol de dolores de cabeza: un gran dolor de cabeza principal con brotes secundarios, todos floreciendo con sus propios dolores de cabeza.
No voy a decir que me deprimí y bebi toda mi tristeza anoche, pero…
Bueno, sí. Hice exactamente eso. No es la idea más brillante, pero no soy lo que llamarías completamente para lidiar con la tormenta de emociones que arruinó mi maldito día de ayer. ¿Celos? ¿Posesividad? Las emociones tormentosas fueron la razón por la que dejé de incursionar en las relaciones en primer lugar, pero aparentemente caí en una relación sin sexo con Alexa en algún momento del camino.
Ella es mi novia sin beneficios, lo cual es la peor arreglo s****l en el planeta, en caso de que alguien estuviera considerando intentarlo.
Excepto que ahora que estoy tratando de agregar sexo a la mezcla, ella corrió como el conejillo de indias que se supone que debo ver en ella.
Estoy tan confundido. Nada tiene sentido. Y ella está a un metro y medio de mí, probablemente inclinada con esas nalgas prohibidas esperando para guiñarme un ojo. Genial.
Me obligo a sentarme y finalmente apago la alarma. Paso un largo rato sentado allí, reuniendo mi fuerza de voluntad para levantarme, tratando de recordar los detalles del final de la noche. Después de disculparme con Alexa para no decir nada de lo que me arrepintiera, entré en la habitación y me di cuenta de que necesitaba estar literalmente n cualquier otro lugar, y luego fui directo al bar.
Pero había algo bueno en beber para olvidar mis penas. Conocí al camarero, así como a uno de los otros participantes del camión de comida. Resulta que me hice amigo del mismísimo Tío Langosta. Es un punk con gorra de beisbol, mitad afeitado, mitad de pelo largo, tatuajes faciales y pendientes alargados, que se hace llamar Rhys. Al final de la noche, tenía mi brazo alrededor de sus hombros canturreando “Mi amigoooo Rhysss” curiosamente, no es una langosta disfrazada, si no un tío. El nombre viene del hecho de que su sobrina menor siempre lo llamaba Tío Langosta debido a la gran cantidad de bizques de langosta que traía a las reuniones familiares. Eso es suficiente para llamarlo mejor amigo.
Algo duro me golpea la espalda baja. Me giro para encontrar la botella de agua detrás de mí. Alexa desaparece de la habitación sin decir palabra.
–Gracias– grazno. Si tuviera un poco menos de resaca, podría registrar la gran cantidad de tensión entre nosotros. Pero ahora mismo, no me importa. Estoy enojado, dolido y con resaca. La peor combinación de la historia.
Nuestro desafío es a las once abajo. Tengo dos horas para ponerme funcional. Empiezo con un poco de ibuprofeno y una ducha fría, maldiciéndome cada segundo del camino por beber esos últimos tragos de ron. ¿Por qué siempre parece una buena idea en ese momento? Tiene que empezar a servir los vasos de chupito con una pegatina que diga “ESTA NO ES UNA BUENA IDEA BORRACHO DE MIERDA”
Para cuando me visto y me he bebido la primera botella de agua de un trago y la he rellenado dos veces. Alexa y yo todavía no hemos intercambiado ni una palabra. Pero no voy a ser el primero en ceder.
Ella fue quien me dijo lo que realmente piensa de mí. dejó más que claro que no soy capaz de protegerla. No vale la pena seguir con eso, porque soy un imbécil incontrolable o lo que sea que no haya dicho, pero que sin duda estaba pensando.
Oleadas de dolor me invaden de nuevo, y lucho contra ellas con todas mis fuerzas. Necesito estar concentrado el día de hoy. No puedo distraerme con estas tonterías. Precisamente por eso no tengo relaciones, pero de alguna manera mi amistad más cercana e importante sigue jodida.
Son las 10:55 cuando finalmente me siento como una porquería cosida. Funcional, la menos. Definitivamente aparece en la sección de descuentos, pero probablemente se deshará en el primer uso.
¿Estás lista?, pregunto mientras reviso las cosas importantes, el teléfono, la llave de la habitación, la gorra de beisbol con visera negra que uso cuando cocino. Me pongo la gorra en la cabeza y evito el contacto visual, ya que todavía no tengo ni idea de cómo sentirme sobre la caída en picada que dio nuestra amistad anoche. Yo me expuse con ella. Ella me vio dar ese salto, me vio alcanzarla y luego me dejo caer de cara.
Debería haber sabido que esto iba a pasar. Mierda, si lo sabía en algún punto, necesitaba evitar cruzar esa línea. En algún punto entre todas las erecciones y los deslices de ese trasero de manzana, lo olvidé. Y ahora míranos.
–Mm-hm– Al parecer, Alexa también se siente igual de rara. Lleva pantalones cortos negros y una camiseta negra holgada sin mangas sobre un sujetador deportivo n***o. Cada vez que pasa una pequeña brisa, se levanta y permite un tentador vistazo de su sujetador. Yo lo sabría, porque ya ha usado esta camiseta antes, y me encanta. Excepto que hoy ni siquiera tengo el corazón para esperarlo con ansias.
Bajamos por el ascensor en silencio en lados opuestos de la cabina. Al menos estamos de acuerdo en que esto es jodidamente incómodo y que deberíamos supurar en ello hasta que nos mate. ¿No es exactamente por eso que la gente evita esta mierda? supongo que es mi culpa, ya que fui yo quien se puso posesivo e intentó quitarse a Donnie de encima. Me bajo la gorra, con el estómago revuelto de nuevo, pero esta vez por razones completamente diferentes.
Las puertas se abren y Alexa sale primero. la sigo, con cuidado de no mirarla demasiado para no fijarme en su trasero o en cualquier otra parte de ella que me recuerde lo que no puedo tener. Porque ella no me quiere.
Bennett y Hartley estan en la amplia sala de conferencias, que ya está decorada con camarógrafos, cabinas de entrevistas para todas esas divertidas confesiones en solitario y aperitivos. Repasamos la tarea una vez; el plato del menú debe incluir chutney, y luego tres veces más para ángulos adicionales y tomas de reacción.
Y una vez que salimos al mundo con el reloj corriendo y Leonardo siguiéndonos de cerca, es hora de irnos. Alexa y yo nos dirigimos al garaje donde los camiones pasaron la noche. Intento concentrarme en lo que planeo cocinar, pero solo puedo pensar en el dolor palpitante en mi pecho.
¿Por qué siento como si Alexa y yo hubiéramos roto?
–Entonces- se aventura Alexa una vez que estamos sentados en los asientos y salgo del garaje. –¿Qué piensas hacer? –
Aprieto los dientes. Ni siquiera quiero oír su voz, porque me ablanda y necesito estar enojado con ella. –No lo sé. algo con chutney–
Resopla. –Podría haberlo adivinado–
–¿Tienes alguna idea? – pregunto.
–Tu eres el chef, no yo–
–¿Entonces que eres exactamente?– Oh, oh. El sarcasmo se acerca a la velocidad terminal. Este no va a ser un buen día para nosotros. Probablemente deberíamos no hablar.
Su boca forma una delgada línea y se cruza de brazos. –Solo intento ayudar a un amigo–
Cierro la boca con fuerza antes de que esto se convierta en una discusión de categoría 10. Cuando llego a la primera intersección, me doy cuenta de que no tengo ni idea de adonde voy. –¿Pusiste la disección? –
–No tengo ninguna– dice,
–¡Dios! Se la enviaron a todos–
Busco torpemente mi teléfono, pero ella me lo arrebata de la mano.
–Déjame hacerlo. Conduce tu–
Me quejo a mí mismo mientras me hago a un lado y enciendo las luces de emergencia. Primero, ella marca la ubicación del desafío, pero dos cuadras después recuerdo que primero tenemos que ir a la tienda. Después de detenernos por segunda vez, exploramos el distribuidor mayoría de alimentos más cercano y me recuerdo a mí mismo que debo concentrarme.
El resto de la mañana y las primeras horas de la tarde siguen el mismo camino. Voy dos pasos por detrás de cada decisión que hay que tomar, y cada acción está envuelta en un lodo y una niebla que simplemente no puedo quitarme de encima. No puedo decir es la resaca, o la angustia, o el hecho de que esta es la primera vez que Alexa y yo estamos enfadados.
Llego al Lower Wacker Drive justo a tiempo para conseguir el último lugar en la fila de camiones. Hoy estamos todos apiñados, en lugar de desparramados como en Green Bay. Las ventanas se abren hacia la acera, que da a un edificio de oficinas de treinta pisos, y el plan es servir de una a dos, para un almuerzo rápido. Bennett nos prometió que este sería tiempo más que suficiente para ganar dinero y vender todo, porque los habitantes de Chicago están acostumbrados a los camiones de comida que bordean sus calles, y nosotros cinco ni siquiera les haremos mella en su apetito.
Fue esa advertencia específicamente la que me impulsó a comprar cuatro veces más comida que la última vez, por si acaso. Y con el menú que he planeado, un burrito de fusión india-mexicana que podría ser lo mejor o lo que peor que haya concebido en mi vida, estoy a punto de venderlo todo.
Una vez que estamos instalados, le doy a Alexa algunas tareas de preparación mientras empiezo a hacer un chutney de mango. Deja de picar cilantro después de un rato y grita. –¡Aja! —
La miro, pero no digo nada.
–Conozco el nombre– deja de picar y se dirige al tablero del menú. Lo limpia del menú de Green Bay y luego comienza a garabatear. Cuando termina, dice: –¡Mexi Mango Salvaje! –
Asiento. Servirá.
Seguimos preparándonos en silencio hasta que me doy cuenta de que necesito música para ahogar mis pensamientos. Sincronizo el altavoz Bluetooth, pongo la música death metal que me calma los nervios y trabajamos.
No pasa mucho tiempo antes de que sea hora de abrir. Apenas he tenido tiempo de dejar enfriar el chutney de mango después de cocinarlo antes de que Alexa abra la ventana de servicio.
Un mar de gente espera al otro lado. la acera, antes escasamente poblada, ahora esta abarrotada de gente. Bennett instaló barandillas para ayudar a guiar a la gente en las filas, pero la fila para cada camión de comida se ha extendido mucho más allá de los limites preestablecidos. Mi estómago se enreda en un lío nervioso, y me dirijo a la parrilla plana, tratando de hacer algunos cálculos rápidos.
–Nolan…– comienza Alexa.
–Lo tengo– espeto. –Solo toma los pedidos– Lanzo una bandeja entera de chuletón picado de reserva a la parrilla para que pueda empezar a cocinarse mientras empiezo a preparar burritos. Alexa comienza a saludar a cada cliente, pero yo solo puedo oír la alegría forzada en su voz, la vacilación que delata las tensiones que nos tiran, más apretadas a cada segundo.
Los pedidos están llegando, y no puedo seguirles el ritmo. Mas allá de eso, cada maldito pedido viene con restricciones: media cebolla en uno, chutney y extra en otro, uno de ellos es solo con el doble de carne. Sustituir el chutney extra en otro, uno de ellos es solo el doble de carne, sustituir el chutney por kétchup. Es un maldito desastre, y para cuando termino la primera tanda de perdidos, mi chuletón está chamuscado en la parrilla.
–Mierda, mierda, mierda– Salto de la estación de preparación para intentar salvar la carne. Pongo todo en un sartén e intento evaluar la situación, pero mi corazón corre mil por hora y todo en lo que puedo pensar es en la larga fila de gente afuera. Por favor. Dios, que esto termine.
Pero puede que no vuelva a haber fila si este es nuestro ultimo evento. Si he arruinado esto porque Alexa y yo tuvimos una pelea y no puedo arreglarme.
Esto, justo aquí, es la prueba de que no soy apto para una relación a largo plazo con alguien. ¿Qué podría pasar si realmente no me comprometiera con ella? perdería la cabeza. No podría pasar un día sin preocuparme que me dejara. Si soy tan posesivo e imbécil después de imaginarme follándola en silencio durante un mes, ¿Qué pasaría si de verdad empezáramos a follar? Porque aquí está el problema. Es mía, pero solo en mi cabeza. No puedo reclamarla. No puedo darle lo que quiere. Quiere un maldito contrato de matrimonio firmado, y no puedo pensar más allá de la semana que viene.
Tiene razón. Solo acabaría haciéndole daño, aunque no quiera.
Así que ahora tengo que seguir tragándome esta píldora amarga hasta el día de mi muerte, supongo. Como una receta del médico. Voy a darle vueltas al hecho de que puse todas mis cartas sobre la mesa y ella me las devolvió.
Solo puedo rescatar algunos trozos de chuletón, pero las existencias se están agotando y la fila no es más corta. Intento vigilar a los clientes mientras se alejan del camión y comen. Un tipo tira el burrito a la basura, lo que me revuelve el estómago.
Nivel de ansiedad 1000 activado. Terminamos. Seremos el primer camión en ser eliminado. > la maldita voz en mi cabeza me grita.
–Claro, claro, solo danos un minuto o dos…– le dice Alexa a un cliente con una sonrisa brillante.
Cuando se gira hacia mí, la sonrisa es reemplazada por una mirada severa. –Necesito que lo hagas de nuevo, ahora mismo. Es alérgica a las cebollas y su burrito tenía el doble–
–Mierda– me da vueltas la cabeza. Me apresuro a rehacer un burrito, pero estoy muerto de cerebro y en piloto automático, así que vuelvo a añadir cebolla. Este día tiene que terminar. Y ahora, no me importa si termina con nosotros eliminados; solo quiero bajarme de este camión y alejarme de estos burritos.
–Sin cebolla– sisea Alexa.
–Lo sé, mierda– tiro todo a la basura y empiezo de cero. Esta vez, lo hago bien.
Alexa me lo envuelve mientras sigo con otros pedidos. La eterna hora de la sesión de almuerzo se prolonga así. errores constantes. Clientes insatisfechos. Mas quejas que vientos en la Ciudad de los Vientos. Para cuando dan las dos, cierro la ventana yo mismo, aunque todavía hay fácilmente quince personas en la fila.
–Ya terminamos– espeto.
–Si, ni hablar. ¿ni siquiera quieres servirles? –
–¿Servirles que? ¿Este burrito de mierda? – Afuera, hay algunos gritos, algunas personas aplaudiendo el costado del camión para decir. –¡Quiero un Mexi Mango! – No me consuela. Empujo las tortillas sin usar lejos de mí. – No importa. Terminamos después de este desafío. No hay manera de que pasemos a la siguiente ronda–
–Bueno, tal vez si hubieras dejado de enfurruñarte durante treinta segundos– responde ella.
–No estoy enfurruñado, mierda. Estoy enojado. Hay una diferencia–
–¿La hay? Todo lo que puedo decir es que estas siendo insufrible–
La ira me recorre, caliente y astuta. Abro de golpe la tapa de la mesa de preparación e intento concentrarme en la limpieza, pero en realidad no puedo ver nada delante de mí.
–Ahí vamos. Mas golpes bajos. Te vienen muchos de esos estos días. ¿Por qué no me dijiste antes de empezar que esto es realmente crees que soy una mierda? –
Suelta una risa aguda. –¿Una mierda? Nolan, te tengo en muy buena opinión. Excepto que tienes la cabeza tan metida en el culo que ni siquiera te das cuenta–
Agarro la espátula de la plancha y me giro enfadado hacia la parrilla. –Tu limpia la estación de preparación. Yo me encargo de la parrilla–
–Bien– dice ella.
–Bien– respondo. Nuestras discusiones han liberado una pequeña fracción de la tensión, pero necesito más liberación que eso. El raspado de mi espátula sobre la parrilla es el único ruido por unos momentos mientras nos concentramos en nuestras estaciones. Mi cabeza esta tan llena de ruido que ni siquiera noto cuando me habla.
–¿Nolan? ¿Ahora me estás ignorando? –
- ¿Qué? – espeto.
–Dije porque no podemos hablar esto como adultos–
–¿De qué quieres hablar? – me giro, exasperado. La tabla de cortar de la estación de preparación está llena con todas las sartenes pequeñas que normalmente se encuentran dentro: el chutney, las cebollas picadas, la crema agria y más. Alexa tiene un trapo de limpieza en una mano y una enorme botella de kétchup en la otra.
–Oh, no sé… ¿el enorme elefante que soltaste en la habitación? – dice ella.
–Yo no solté un elefante, tú lo hiciste–
Suspira exasperada y golpea la botella de kétchup contra el borde de la tabla de cortar. Dice algo, pero no la oigo, porque la tapa de la botella sale volando. El kétchup se salpica por todas partes: en la estación de preparación, por toda la tabla de cortar, en las cebollas picadas. Por todo ella. Por todo mí.
Sus ojos se abren de par en par y nos miramos fijamente por un momento. y lo único que puedo pensar en hacer a continuación es recuperarla.
Tomo un puñado de mi chutney casero y se lo lanzo. Sus ojos se abren de par en par, pero hay algo más en su mirada. Diversión, tal vez. Lanzarle el chutney fue terapéutico: ni siquiera puedo mentir. Algo de la tensión acumulada se filtra.
–¿En serio? – pregunta y luego me lanza más kétchup.
Ahora sí. Una auténtica guerra de comida. Nos apresuramos a asaltar la estación de preparación, con la risa escapándome de mi y también mi frustración. Me da un codazo mientras se lanza a por la mostaza. Me las arreglo para meterle un puñado de cebollas picadas en la camiseta, lo que provoca una ronda de risas. Alexa chilla mientras forcejeamos con la sartén de tomates picados.
La mitad salen volando por los aires. Le meto arroz en la boca mientras ella me aplasta los tomates en la mejilla. Gruño, girándola en un hábil movimiento de modo que queda inmovilizada contra el costado de le encimera.
La agarro por las muñecas, sujetándolas a sus costados. Nos miramos fijamente, con el pecho agitado. Su cabello es salvaje y está salpicando de cilantro y cebolla picada. Pero más que eso, veo la crudeza en su mirada. Los signos de interrogación bailando allí. Sus ojos verdes bailan en mi rostro.
Sé la pregunta que me está haciendo. Pensé que sabía la respuesta. Pero después de anoche, no voy a ir por ahí. La mirada de Alexa se desliza hacia mis labios.
–¿Estás feliz? – pregunto.
Ella niega con la cabeza. Y cuando su mirada se encuentra con la mía de nuevo, se exactamente lo que quiere. Lo que está pidiendo.
Pero esta vez, en lugar de decir una maldita palabra, acorta la distancia entre nosotros. Sus labios se posan en los míos, necesitados, hambrientos. Y tengo que responder. Estoy hecho para responder a esto; el deseo intenso que se derrama de ella solo está despertando mi instinto de “a la mierda con todo” como en, “a la mierda con todas las consecuencias”. No me importa. Porque hay una cosa que necesito, y es Alexa.
Su primer beso es de búsqueda, el segundo es de confianza. La dejo liderar el camino, porque ahora no tengo ni idea de lo que está pasando, pero sí, estoy aquí para el viaje. Aprieto sus muñecas mientras profundiza el beso. Mi polla ya esta dura como un roca. Probablemente pueda sentirla, dado que esta presionada contra su cadera.
Cuando gime, todo se acaba. La levanto sobre la tabla de cortar de la encimera, junto con las cebollas derramadas, el chutney y cualquier otro resto que deberíamos estar limpiando, pero no lo hacemos. Una de las bandejas de preparación cae al suelo con estrepito. Le ahueco la cara entre mis manos y, esta vez, presiono mi lengua para encontrar la suya.
Está dispuesta. Flexible. Está desesperada por esto. Puedo saborearlo en su beso, más allá de la mancha de chutney, que sabe muy bien, por cierto, y el sabor persistente del arroz que le metí en la boca. Aprieta las rodillas a mi alrededor, acercándome más a ella. Inhalo bruscamente después de romper el beso.
–¿Qué demonios estás haciendo, Alex? – Mis manos se dirigen a sus caderas. Las yemas de los dedos presionando más allá de la cintura de sus pantalones cortos. –Pensé que no querías esto– arrastro mis dedos sobre la piel expuesta en la parte baja de su espalda y más abajo, bailando sobre la parte superior de sus nalgas. Se queda sin aliento y se arquea contra mí.
–Nunca dije eso– dice, con la voz cargada de lujuria. Nunca lo había escuchado de ella antes, y mi excitación se dispara al nivel ocho mil millones. Como si alguna vez pudiera borrar esa voz de mi memoria ahora. Todas las fantasías futuras están manchadas. Para siempre. Gracias, Alexa.
–Quiero esto tanto, Nolan, que ni siquiera puedo explicarlo– se agarra los lados de la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. –He deseado esto durante tanto tiempo. Mas tiempo del que puedo…– se detiene abruptamente, y puedo decir que está a punto de emocionarse. Mierda. junta los labios y pasa las palmas de las manos por mis hombros.
–Entonces, ¿Cómo puedes decir que no significaría nada? – la estoy observando tan intensamente que no me sorprendería que estallara en llamas. Mi atención es como una lupa y hay mucho calor canalizándose hacia ella ahora mismo.
–Eso no es lo que quise decir– susurra. –Se que significaría algo. ¿Pero cuanto tiempo? Eso es lo que no entiendes, Nolan– su garganta se mueve y se cubre los ojos con las manos.
–Siempre significaría algo, nena–
Rozo su barbilla con mis labios. Ella sorbe con fuerza y cuando baja las manos, sus ojos se están humedeciendo y ella niega con la cabeza.
–Nolan, estoy enamorada de ti. ¿de acuerdo? Por eso no puedo simplemente…follarte– respira temblorosamente.
Por un momento, las palabras no me impactan. Permanecen agradablemente en el aire, como nubes que se desplazan junto a una puesta de sol. Pero una vez que me impactan, oh, Dios, esas nubes se convierten en un tornado. Pero no es una mala sensación. No. En cambio, se siente como si alguien entrara y diera sentido a la maraña de nervios dentro de mí. Como si hubiera contratado a una consultora organizacional, y ella hubiera entrado y archivado todos mis sentimientos y emociones en sus lugares correctos. Las cosas tienen mucho más sentido ahora. Porque yo también estoy enamorado de Alexa.
La verdad me atraviesa, iluminando mis partes oscuras. Los celos, la ira, la necesidad de que ella esté conmigo, de que emprenda esta aventura conmigo. He estado enamorado de ella más tiempo del que puedo expresar. Y reconocerlo le permite florecer, crecer y hacer que todo lo demás en mi vida parezca correcto.
No quería una relación, pero hemos estado en una todo este tiempo, sin siquiera darnos cuenta.
–No quería arruinar nuestra amistad– continúa con voz temblorosa. –haciendo que las cosas sean raras, porque estoy enamorada de ti. Pero no puedo tener sexo contigo, porque arruinaría nuestra amistad. Así que solo estoy esperando a que haya alguna escapatoria de la que no soy consciente. Significa que puedo estar enamorada de ti y que todo esté bien–
–Cariño– susurro, con la voz pegada a mi garganta. Aprieto mis brazos alrededor de su cintura, eliminando el último espacio entre nosotros.
–Podemos hacer todas esas cosas. Todo estará bien–
Su cuerpo tiembla con un sollozo. –Nolan, no puedo ser amigos con derechos. No soportaría la idea de que estés con alguien más una vez que terminemos el programa. Yo–
–Yo tampoco soporto eso, como ya he demostrado– digo, guiando su barbilla hacia arriba hasta que su mirada llorosa se encuentra con la mía. –¿Y que si la escapatoria es que te conviertas en mi novia? –
Ella frunce los labios. No voy a mentir, mi corazón late con fuerza. No veía pedirle a Alexa que fuera mi novia en la lista de cosas por hacer hoy, pero no me molesta. Tiene sentido. Se siente bien. Y honestamente, esta es la pieza que fala en el gran rompecabezas de mi vida. Estoy enamorado de Alexa y necesito reclamarla, mierda.
–¿Estás …– empieza?
–Si, hablo en serio. Cariño. Seamos realistas. Ya eres mi novia, mierda. Y lo has sido durante mucho tiempo–
Le abrazo la cara de nuevo mientras una risa incrédula sale de ella. –¿Y para que lo sepas? Yo también estoy enamorado de ti–
Guio sus labios hacia los míos. Esta vez, nos besamos tan profundamente, tan apasionadamente, que ella llora durante el beso, pero lo anhela con la misma intensidad. Nuestros besos tienen un toque de sal y kétchup, lo que definitivamente es una combinación más positiva de la que yo habría esperado. Me muevo contra ella para que mi polla se deslice justo entre sus piernas. Ella aprieta su pierna a mi alrededor y se sacude. Oh. Dios. No solo está desesperada por ello. Se muere por ello.
Y voy a dárselo tanto como pueda.
A la mierda por lo que sea que estuviéramos peleando. A la mierda con la competencia. A la mierda con todo. Porque es hora de follar con Alexa.
–Oh, Dios mío– gime cuando el beso se rompe. Presiona su frente contra la mía.
–Tenemos que volver a la habitación del hotel– digo.
–¿De verdad? – Ella está de acuerdo. Por fin.
–Si. ¿Y adivina de que me acabo de dar cuenta? – Me mira, el brillo familiar regresa a sus ojos. –Todo esto se acaba de grabar para el programa–
–Entonces tenemos que salir de aquí, porque si te mueves así contra mí una vez más, no puedo prometer que no te tomaré aquí mismo– Se estremece en mi agarre mientras arrastro mis dientes por su mandíbula.
Ella suspira. –Nolan…–
–Vámonos ahora y limpiaremos después– le digo.
Nunca he visto una sonrisa más bonita florecer en su rostro.