ALEXA
Mi cuerpo se convierte en un charco en el asiento del copiloto mientras Nolan intenta regresar al hotel a través del tráfico del mediodía y el hecho de que seguimos perdiéndonos en Waker Drive. Una vez que nos dirigimos a las entrañas subterráneas de la ciudad por segunda vez, deja escapar un gemido de frustración.
–¿Dios, como hemos vuelto aquí? –
–No puedes ver más allá del kétchup en tu cara– le digo, aunque podría deberse más al hecho de que la señal del GPS desaparece cada vez que descendemos al laberinto subterráneo.
Toda la tensión que nos siguió durante toda la mañana y la tarde se ha ido. Esos besos, por no mencionar una declaración de amor oportuna, lo curaron todo. Y ahora, tengo curiosidad por ver cuanto más se curará una vez que llevamos las cosas mas lejos. Porque, sí. Necesito a este hombre, y vamos a hacer el amor. No a follar. Es hacer el amor.
Estoy enamorada de Nolan, y lo dije en voz alta, y oh, Dios mío, ¿De verdad es mi novio ahora?
Mi coño palpita y no estoy segura de poder esperar a que volvamos a la habitación del hotel. Lo necesito ahora. No voy a pensar en el futuro ni en un posible desamor. Voy a aceptar que me ama lo suficiente, que esto es significativo y que terminaremos exactamente donde deberíamos.
Además, ahora que estos besos estan en juego, es solo cuestión de tiempo antes de dejar de lado toda mi moral y mis escrúpulos y ceder a lo que este hombre quiera.
Usando nuestros GPS y una vigilancia adicional, de alguna manera salimos del laberinto subterráneo de Lower Waker y volvemos a la luz del sol y a las carreteras correctas. El camión de comida entra ruidosamente al garaje, donde estan todos los demás camiones estacionados. Tendremos los resultados mañana. No tengo ni idea de que esperar. El servicio de hoy fue todo lo contrario al de ayer, pero todo lo que podemos hacer es esperar. No, tacha eso. Hacer el amor, esperar y hacer el amor un poco más.
Nolan cierra los ojos y luego camina hacia mí, manchado de kétchup y guapo. Toma mi mano entre las suyas y lleva mis nudillos a sus labios.
–¿Qué te parece si nos duchamos primero? –
–Si, puedes ir primero. Si quieres. Le doy un codazo. Después de todo, te toco lo peor del kétchup–
–No, nos ducharemos juntos–
Su mirada acalorada me hace sentir un deseo inmenso. Estoy tan emocionada que me tropiezo. Me atrapa, riendo, con sus ojos azules helados brillando.
–No te emociones demasiado– advierte con voz áspera. –Después de todo, es solo sexo en la ducha. Ese no cuenta hasta que te acueste en la cama–
Siento pinchazos por todo el cuerpo. También en mis órganos, porque así de excitada estoy. –No sabía que hubiera distintos niveles de consumación–
–Mmhmm– Pasa el brazo por encima de mis hombros como siempre lo ha hecho. Pero ahora reconozco la posesión en su agarre. Siempre me ha traído más hacia el cuándo hay otros cerca. Mi pecho se oprime a medida que algunas piezas comienzan a encajar. ¿Cuánto tiempo lleva mostrándome que soy suya sin decirlo?
–Y vamos a explorar hasta el último nivel que haya– añade, con su aliento caliente en mi oído.
Salimos corriendo por el vestíbulo del hotel, de la mano. Una vez que las puertas del ascensor se cierran, me inmoviliza contra la pared de espejo, besándome tan fuerte, tan profundo, que gimo, y ni siquiera me importa. Nunca me han besado así. ni una sola vez. Es el tipo de pasión que me hace estar dispuesta a dejarlo todo de lado. Me lo fallaría en público si me lo pidiera, así de convincentes son estos besos.
Cuando las puertas se abren, no interrumpe el beso inmediatamente. Solo cuando alguien se aclara la garganta, Nolan se aparta, con aspecto borracho de amor y mordido por los besos. Por mí.
Unos clientes desconocidos del hotel esperan para entrar. Nolan ofrece una sonrisa. Yo ofrezco un tímido “Lo siento” mientras pasamos rápidamente. Cuando miro por encima del hombro, noto que el espejo tiene impresas la mancha de sus palmas. Nuestra pasión también está marcando el hotel ahora.
Me lleva de la mano a la habitación, nos hace entrar y de inmediato se arrancha la camisa. Me mira por encima del hombro, su mirada baja a mi pecho.
–Vamos–
–Ya voy– siento un rubor subiendo a mis mejillas. Me arranco la camiseta sin mangas primero, pero me detengo antes de liberar a las chicas. –¿Esto es raro? –
Su sonrisa es a partes iguales tonta y sexy. –Si. Pero tambien no. Así que medio raro–
Ambos nos reímos, lo que suaviza la media rareza. Nunca habíamos cruzado esta línea intencionalmente antes de hoy. Bueno, ayer. Así que si, está destinado a ser extraño. Pero conozco a esta persona desde hace casi veinte años. Si puedo compartir esto con relativamente desconocidos que ahora son mis ex, puedo compartirlo con el único hombre que me conoce mejor que ellos.
Además, las superficies planas y musculosas de su pecho me ayudan a convencerme de seguir adelante. Me arranco el sujetador deportivo y lo tiro a un lado. Algo sale volando y rebota en su brazo, pero él ni siquiera se da cuenta. cebolla picada. Se humedece el labio inferior, con la mirada fija en mis pechos.
–Maldita sea, Alex–
–Solo son pechos–
Su sonrisa a medias hace que se me humedezcan las bragas. –Pero son los mejores pechos–
–Para ya– Sus palabras me reconfortan, aunque en el fondo estoy segura de que solo lo dice porque estamos a punto de tener sexo. –No olvides que la contraseña de tu computadora es “amolastetasgrandes”–
–En cuanto lleguemos a casa, la voy a cambiar– Retrocede hacia el baño, desabrochándose los pantalones. Al cruzar el umbral, se le caen hasta los tobillos. Sus bóxer negros estan maravillosamente ajustados. Entreabro la boca. –Mi nueva contraseña será. “amolastetasdealex”–
Me río, porque gracias a Dios, aunque estemos afrontando esta extraña y nueva realidad, seguimos siendo nosotros. Los mismos de siempre.
–¿Estás lista para esto, nena? – Su mirada chisporrotea sobre mí, algo serio flotando en el aire entre nosotros mientras se ajusta. Cuando su mano se retira, su pene, oh Dios, su pene sobresale de la cinturilla de su ropa interior. Una cabeza abultada y venosa. Brillante, de alguna manera resbaladiza. Mi mirada esta pegada a su maravilloso, erótico y absolutamente mejor de lo imaginado apéndice.
–Porque una vez que empecemos…no puedo prometer que voy a ser suave contigo– advierte.
Y luego se baja los calzoncillos, permitiendo que su pene se libere. Se balancea pesadamente en el aire entre nosotros. Está enmarcado por un vello n***o recortado. Celestialmente grueso, largo, pero no apto para un circo. ¿Y sabes que? No es raro. Simplemente se siente bien. Y lo necesito inmediatamente.
Trago saliva con fuerza, flotando hacia el sin siquiera decidirme a caminar. Me atrapa, acercándome con fuerza contra él. Mis pechos se estrellan contra su solido pecho. Le rodeo el cuello con los brazos y el forcejea con mis pantalones mientras nuestros labios se unen en un beso descuidado y desesperado. Nuestros dientes rechinan, nuestras lenguas se arremolinan. Nos besamos como si fuera el fin del mundo y estuviéramos a punto de separarnos en un viaje épico. Excepto que no, no nos espera ningún viaje épico, a menos que cuentes la competencia de cocina de reality en la que podemos o no continuar. Este es simplemente el siguiente paso natural para reconocer meses, tal vez años de atracción reprimida. Esta brotando de mí, como una erupción volcánica activa y no hay forma de saber cuánto durara esta pelea o cuantos pueblos se quemarán en el proceso.
En este punto, ni siquiera me importa. Me baja los pantalones cortos y la ropa interior. Estoy completa desnuda y me levanta contra él. Un fuerte gemido se me escapa una vez que me tiene en sus brazos, sus dedos clavándose en mis nalgas, mi coño presionando contra el duro acero de su polla. Eso paso de ser provocativo a fatalmente sexy en diez segundos.
Me apoya contra la pared de azulejos, que esta fresca y suave contra mi espalda. Entierra su cara en mi pecho, sus labios rozando mi clavícula, su polla palpita caliente y peligrosa contra los labios de mi coño.
–Necesito bajarte– dice. –Y conseguir un condón. Pero no puedo–
Arqueo la espalda, pidiendo más, pidiendo cualquier cosa.
–Por favor, Nolan–
Gruñe, atrapando mis labios en otro beso que me roba el aire. Y luego me baja suavemente hasta ponerme de pie y sale furioso del baño.
Con el pecho agitado, intento recordar que más estábamos haciendo antes de que su pene saliera a jugar. ¿Era una ducha? Oh, sí. Me tambaleo hacia la ducha, todo se siente nuevo y extraño, como si estuviera despertando al mundo después de un descanso de mil años. Apenas puedo recordar cómo funciona una ducha.
Cuando el agua sale disparada del cabezal de la ducha, me sorprende. Los beso de Nolan no solo son apasionados y profundos, borran la memoria y son debilitantes. Dios, quiero más.
Los suaves besos que suben por mi columna me dicen que Nolan ha vuelto. Inhalo bruscamente y me giro. Tiene el envoltorio en la mano y, con la otra, guía mi palma hacia su polla. Envuelvo mi mano alrededor de su circunferencia y jadeo. Es grande, de eso no hay duda. Posiblemente el más grande que he visto en mi vida, incluyendo esa rara película porno que vi cuando tenía veinte años.
–He tenido tantas fantasías contigo, Alex– gruñe, raspando mi clavícula con los dientes. –De follarte en el camión de comida. De convencerte de que te pongas ese labial rojo de nuevo y envuelvas mi polla con tus labios–
Su sucias palabras me recorren el cuerpo, convirtiendo mis pezones en picos rígidos. Pasa su pulgar por mis labios hinchados, rozando apenas mi clítoris. grito y me derrumbo por la inesperada sacudida de placer. Siempre pensé que algún día podría hacerme correr con solo arrastrar sus nudillos contra mí. Simplemente no me di cuenta de que estaría tan cerca de suceder en una habitación de hotel en Chicago. –También he tendido fantasías de follarte en la ducha. Tantas malditas fantasías en la ducha– Su voz me rasga mientras se agacha y toma un pezón entre sus dientes. –Pero esto ya es cien veces mejor, y aún no hemos tocado el agua– Su lengua golpea el punto duro como una serpiente, su mano acaricia mi montículo mientras permite que su dedo medio se sumerja en la humedad entre mis piernas.
Esta vez, captura mi clítoris entre los nudillos de sus dedos índice y medio y aprieta. Gimo fuerte, indecentemente, como si mis fantasías cobraran vida porque jodidamente lo están. Desliza un dedo dentro de mí, su palma creando una fricción caliente con mi clítoris justo cuando toma mi otro pezón entre sus dientes y… ¡BOOM! Fuegos artificiales. Calor y truenos. Hola orgasmo.
Mis rodillas se doblan y me derrumbo de nuevo, mis uñas clavándose en la cresta de sus hombros. Esta vez me atrapa. La sonrisa en su rostro es omnisciente, tan jodidamente presumida y satisfecha. Me hizo correr durante el calentamiento, mientras él estaba considerando ponerse el condón.
Es ignominioso, en el mejor de los casos, y delatando lo insatisfecha y escasa que he estado, en el peor.
Nolan me da un suave beso en los labios, en contraste con el calor y la necesidad que me atraviesan. –Número uno–
–Ese no lo podemos contar– protesto débilmente. –Eso solo fue la bomba de achique–
Se ríe. –Solo dejando salir el humo acumulado, ¿eh? – cuando me atrae de nuevo contra él y me pongo de pie, me inmoviliza con una mirada tierna. Nunca le había visto eso antes, y mi instinto me dice que tampoco es algo que ninguna de sus antiguas amigas haya vislumbrado. Me mira como si me estuviera sirviendo el corazón en bandeja. Como si estuviéramos a punto de ir a un lugar del que nunca podremos recuperarnos. Un lugar del que tal vez nunca queremos recuperarnos.
–Dios, mírate– murmura, su mirada explorando mi rostro y luego entre nuestros cuerpos. –No estoy soñando ¿verdad? –
–Ese orgasmo de bomba de achique fue muy real, así que pienso que no, no estamos soñando–
Sonríe, abre el condón, lo deslizo sobre su pene y luego me empuja hacia la ducha.
El agua tibia me golpea el hombro mientras me levanta contra la pared. Y esta vez, cuando su pene se desliza en su lugar, sus ojos se entornan. –¿Quiere que vaya despacio, nena? – Me da un beso perezoso en mi hombro.
–No– digo. Porque necesito que me folle tan fuerte como pueda. Para compensar los días, semanas y meses que he estado necesitándolo sin obtenerlo de él.
Tira de mi labio inferior con los dientes mientras se desliza dentro. Un gemido raspa sus labios mientras se hunde dentro. Pronto yo también estoy gimiendo como un animal. Se desliza dentro de mí, grueso, caliente y seguro, llenándome de una manera que nunca antes me habían llenado.
Cada centímetro nuevo trae un zumbido corporal y destellos en el borde de mi visión. No puedo decir si estoy tropezando o simplemente ascendiendo al cielo. Tal vez esto es lo que se siente al hacer el amor con alguien de quien estás realmente perdidamente enamorada. Tal vez nunca estuve enamorada de Andy. Nolan me hace cuestionar todo lo que creía saber. Solo sé que nunca se había sentido así con nadie más.
Aprieta los dientes mientras se hunde completamente dentro de mí. Me arqueo contra él, invitándolo a más, mi cabeza da vueltas. Mis pezones son piedras, raspando contra su pecho mientras me retuerzo y me pego contra él.
–Mierda, Alexa– Su voz es áspera. Completamente bañada en pasión. Ya estoy tan cerca del orgasmo, lo cual no me sorprende. Después de todo, soy la chica que tuvo un orgasmo mientras lo imaginaba cortando zanahorias. El ahueca mi pecho, su respiración es dificultosa mientras sale de mí y luego vuelve a entrar. Lo hace de nuevo, pellizcando mi pezón. Chillo en respuesta.
Cuando se estrella contra mi por tercera vez, con mucha más fuerzo que antes, todo mi cuerpo tiembla.
–¡Oh, Dios! – grito. todo se tensa dentro de mí. Mis muslos se convierten en un torno a él y mi cabeza cae hacia atrás contra los azulejos de la ducha. Nolan se sumerge y me besa a lo largo del cuello.
–Oh Siii— sisea, entrando y saliendo de mí. Me levanta de nuevo, la base de su polla presionada contra mi clítoris dolorido. Pero no solo me está follando. Esta frotándose, rodándose, meciéndose contra mí. Es como si intentara hacerlo increíble para mí de todas las maneras posibles. Ahí desaparece la posibilidad de que el sexo con Nolan sea una decepción.
Otro ruido sin gracia escapa de mi garganta. Esta vez, sueno como un animal moribundo. Ni siquiera puedo evitarlo. Ha despertado algo en mí que aparentemente ha estado latente toda mi vida. Hay un caldero en mi interior, y él está añadiendo ingredientes exóticos, aumentando el calor, lanzando hechizos de brujo.
–Te sientes tan jodidamente bien, Alex– gruñe. Sus labios rozan los míos mientras habla. –¿Tienes alguna maldita idea de lo sexy que eres? –
–Nooo– gimo.
–Entonces no tienes idea de lo mucho que estoy intentando no correrme ahora mismo– Su voz es tensa, su bombeo se acelera. Mis extremidades son fuego líquido, cada célula de mi cuerpo expectante, esperando el orgasmo. –Qué difícil es no correrme cada vez que haces esos ruidos–
En mi cabeza digo: > Pero como son demasiadas palabras para este estado mental, solo gimo.
–Córrete conmigo, nena– Su voz se quiebra mientras me perfora, rodando en un circulo lento. El movimiento ejerce una deliciosa pero fugaz presión sobre mi clítoris. –Dame el número dos– Lo hace una segunda vez; mis dedos se curvan en sus hombros. Y cuando lo hace una tercera vez, los fuegos artificiales explotan en mis extremidades y mi visión se vuelve negra.
—Ohhhh, Diosss…Nolan– grito. Mi coño, mis muslos, mi vientre y cada parte suave de mi se tensan mientras mi orgasmo causa estragos en mi cuerpo, pulsando y golpeando a través de mí. estoy bastante segura de que grito, sin o en la vida real, entonces absolutamente en mi corazón. Los labios de Nolan están enterrados en mi pecho y está gimiendo, dando una última embestida débil.
No nos movemos por un rato. En cambio, me aferro a él, con el pecho agitado como si hubiera corrido una maratón. Está enterrado dentro de mí. Su aliento sale en bocanadas calientes sobre mi clavícula. No es hasta que se mueve que recuerdo el agua. Cálida y firme contra mi brazo. Dios, se suponía que nos estaríamos duchando aquí. ¿Cómo se supone que voy a hacer eso ahora?
Nolan se desliza fuera de mí y luego me baja lentamente hasta ponerme de pie. Me toma un minuto ponerme de pie. Me dejo caer contra la pared y el me atrapa, con una suave sonrisa en su rostro.
–¿Lo tienes? –
–No. Me jodiste el equilibrio– grazno.
La mirada acalorada que me recorre mientras se quita el condón del pene es una que vivirá en mi memoria por la eternidad. Es tan guapo que duele. Me resulta familiar como el Nolan con el que crecí, pero también este dios del sexo con el que nunca conté. Y aunque es una locura y me cuesta asimilarlo, por ahora solo quiero disfrutarlo.