Miré de nuevo aquella habitación elegante sin poder creer que sería mi pieza, tenía más que claro que el dinero no debía ser tan importante en la vida, pero... las comodidades con este eran un delirio. Un delirio que se debía controlar, ya que si las personas no lo hacían... podían perder la cabeza en percepciones incorrectas. —¿Qué tal?— la pregunta del hombre me hizo sonreír mejor mostrándole todos mis dientes, sin poder evitarlo lo observé dejar las maletas en el suelo cerca de una pequeña sala del lugar. Después de un aterrizaje lento e incómodo por fin habíamos llegado a nuestro destino; aquel hotel más que conocido en el continente y todo por su calidad. —Es lindo— le dije para avanzar por el sitio. —Y no has visto la habitación principal— ambos adentramos nuestros pasos a aqu

