- ¿Por qué? - pregunté - Por nada. - Dijo. - Si quieres, después podemos tener hijos. - Añadió con una nota de diversión, y yo negué. - Claro. - Murmuré, y él notó mi tristeza. - Te noto triste. - Dijo. - No me conoce, señor. - Respondí. - Tienes razón, pero soy psicólogo. - Explicó. - Cuando una persona está triste o no... - Comenzó a decir, pero lo interrumpí. - Tuve un sueño muy real. - Le conté. Alex seguía inmóvil, y yo solo podía escuchar su voz, ya que no podía ver nada. - ¿De qué se trata ese sueño? - Preguntó. - Fue muy real, pero… me da vergüenza contarlo. - Confesé, y suspiré. - Habla. - Dijo. - No te preocupes. - Me tranquilizó. - Usted..., usted era la persona más amable que podía existir. Me ayudaba a salir de ahí. Y usted… no solo me llenó de esperanza, sino tambi

