Busqué una estrategia para poder escapar y finalmente ser libre para siempre. Pero también quería arruinarles el negocio, quería liberar a todas las chicas. Sin embargo, no sabía por dónde empezar o qué hacer. Me fui a acostar en la cama, sin saber si al día siguiente amanecería atada o no, pero ya no me importaba. Mis ojos estaban pesados y finalmente me quedé dormida. Al día siguiente, escuché un sonido bastante molesto; parecía ser una alarma. Me levanté de un salto. - ¿Qué es eso? - pregunté, y al abrir los ojos vi a una señora frente a mí. - Mucho gusto, soy María. Le traje el desayuno. - Dijo. - Y ese sonido tan molesto... - Comenté. - Lo lamento, es una alarma para despertarla. El señor la quiere en perfectas condiciones a las 3 de la tarde. - Explicó. - ¿Por qué a esa hora? -

