MICAELA
No puedo creer lo que está pasando.
Chica yo igual quiero.
Luego del incidente entre Thomas y Rafael tocó ir a clase. Samantha no había cinco nada porque justo en ese momento había sonado el timbre para indicarnos que era hora de la primera clase.
Por suerte la clase que teníamos era de lectura y nos la pasábamos todo ese periodo leyendo y anotando en las libretas.
- Necesito hablar contigo-le dije a Samantha que estaba a unos dos asientos del mío.
- No es necesario-respondió seria.
Debía hacer algo.
Le dije a uno de mis compañeros para sentarme con ella y poder conversar.
- Te van a castigar-espetó.
- Valdrá la pena.
- ¿Y bien? Entonces, ¿mi hermano he? Y bastante rápido la verdad.
- No es lo que crees, solo estamos fingiendo-le dije.
A la mierda la regla esa ridícula de no decirle a nadie.
Ella enarcó una ceja y pensó un momento.
- ¿El me lo dijo sabes? Me lo dijo desde hace muchísimo tiempo, pero no creí que fuera a suceder. Siempre pensé que ibas a rechazarlo.
- ¿De qué hablas?
- Ya deberías saberlo-espetó.
No entendía ni mierda.
- ¿Puedes explicarme? -pregunté.
- Solo puedo decirte que no me molesta, digo es raro verlo a ustedes dos juntos, pero creo que hacen una buena pareja. ¿Solo no le hagas daño sí?
- ¿Hacerle daño? Realmente no pensaba en esa posibilidad-ironicé.
- Vale, vale. Puedo no se hagan daño entre ustedes si? Ustedes son las personas que más quiero.
- ¿Te he dicho que te quiero? -le pregunté con una sonrisa enorme.
- Muchas más veces de las que pudiera contar.
Reímos.
- Ustedes dos, a leer, que no faltan más que veinte minutos de clase-la profesora nos había escuchado.
Volvimos a reír, pero más bajito.
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Tocaba afrontar el momento. A la hora de la salida estaba ahí, Thomas. Apoyado en su carro. Luciendo tan ridículamente perfecto y recibiendo halagos de las chicas que pasaban en frente de él.
- Cuídalo muy bien-espetó una- que podría incluso robártelo.
Él sonrió maliciosamente y me miró fijamente a los ojos.
- Nadie podría separarme de su lado, estoy donde quiero estar y ella es la única que tiene mi corazón-siguió sosteniéndome la mirada- es la chica de mis sueños.
Y me plantó un beso, de nuevo.
Podría acostumbrarme.
Pues yo no. Lo que estamos haciendo está mal.
Pues con que chico más cursi me he metido.
Por suerte es solo momentáneo, hasta que rafa deje de molestar.
Por cierto, está funcionando bastante bien. Rafael no se ha llegado a meter conmigo. Pero no quiero pensar que cuando esto se termine. Pueda estar incluso muy enamorada de él.
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Una semana. Una semana entera en la que Thomas no ha dejado de llevarme y traerme de la escuela. Es muy atento en esa parte.
Bueno, siempre pasa con Samantha que siempre está en el asiento trasero, yo me subo con ella y la acompaño.
Pero mi corazón aún duele. Ver la realidad en la que estoy metida. Lo que estoy haciendo. Lo que está pasando. Ver que en realidad estoy sola. No tengo al chico que quiero conmino, él está disfrutando su noviazgo abiertamente con su ex, que ahora es su novia.
Date a entender chica
Bien, tengo a un chico espectacular a mi lado. Pero no me siento bien con esto. Pues se supone que es mentira.
¿Quieres que te recuerde la promesa que se hicieron?
¿Promesa?
Y entonces recordé. Vino a mi mente un recuerdo de cuando éramos niños.
- «prometo que si no estoy con alguien cuando tu estés solera, seremos pareja-susurró el hermano de mi amiga
- ¿Prometes? -había preguntado yo.
- Prometo que si nos encontramos solteros algún día seremos pareja
- También lo prometo»
Mierda. Y lo había cumplido. Somos pareja.
Pero no estoy seguro de quererlo de esa manera.
Algo dentro de mí se contrajo de tristeza. Algo pasaba que cuando pensaba en Thomas sonreía, pero no estaba segura de corresponderle sentimientos.
Si es que había sentimientos pro parte de él, claro.
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Últimamente he estado decaída, supongo que es por el duelo de la relación.
Pero ya estás metida en otra relación chica.
Maldita conciencia.
Estoy esperando un paquete de libros que me pedí, no debe tardar en llegar.
Unos minutos después tocan la puerta, supongo que son los libros, digo, la persona que me entregará el paquete, pero… ya me entienden. Pero me equivoqué, no eran los libros, era Thomas, estaba ahí parado frente a mi vestido de forma elegante y con un ramo de rosas.
Y yo… yo bueno, yo estaba en pijama, descalza y con el cabello atado en una coleta, pero no estaba muy bien peinado. Traía los lentes que no me gustaban porque me hacían ver como toda una nerd. Y yo los odiaba.
La sonrisa de Thomas se ensanchó y se veía tan tierno en ella.
- ¿Que se supone que haces? -preguntó.
Bueno, yo esperaba que fuera un poco más amable, se supone que se estaba burlando de mí.
Le hice una seña para que pasara, se quedó en la sala, aún tenía el ramo de rosas en sus manos.
- Entonces usas lentes-espetó.
- Sí… pero no me gustan mucho…
Hice un ademán para quitármelos, pero el sujeto con dulzura mis manos.
- Déjatelas puestas, te ves… diferente con ellos-musitó.
- ¿Diferente? ¿En qué sentido?
- Pues que no todos tiene la dicha de ver esos lentes, siempre amas estar arreglada, creo que me gusta ver una parte de ti, una parte que no ve cualquier persona…
Y tenía razón, porque Rafael nunca me había visto en estas fachas, y Rafael nunca había entrado a mi casa.
El hacer muchas cosas simples por primera vez con Thomas se sentía bien, porque yo lo conocía desde antes, y lo peor es que siempre me gustó, pero justo ahora no estoy segura de mis sentimientos hacia él.
- ¿Quieres algo de tomar? -le ofrecí.
- Pues tengo dos manos y dos pies, creo que puedo ir a servirme yo solito.
Dijo eso y pronto lo vi husmeando en mi cocina.
- ¿No me preguntarás porqué razón traigo rosas? -enarcó una ceja.
- ¿Por qué traes rosas, Thomas?
- Porque quiero invitarte a cenar, creo que es muy bueno que salgas de esta casa un rato, te diviertas y dejes de pensar en ese idiota…
Las últimas palabras estuvieron suspendidas en el aire por unos segundos.
Quería preguntarle cómo lo sabía, pero no fue necesario, porque él se excusó al instante, tal vez por que vio mi incomodidad con la situación.
- Tienes los ojos rojos-señaló- y la nariz, y las mejillas… creo que no me gustaría verte así.
- ¿No es tu momento favorito? -bromeé.
Negó con la cabeza y entonces supe que estaba hablando muy enserio.
- Voy a cambiarme-traté de decir.
Subí las escaleras y dejé al desconocido ahí en la sala.
Tampoco es que Thomas sea un desconocido, pero no se podría llamar tampoco un íntimo amigo de la familia.
Bajé con un vestido corto pero sencillo, con la que solo la parte de arriba se quedaba pegada a mi cuerpo, sin embargo, la parte de abajo caía suavemente y no era ajustada.
- ¿Combinaciones de pareja? -preguntó cuándo me vio.
Terminé de bajar las escaleras y tenía razón, pues el llevaba una camisa negra y el vestido que yo tenía era rosa con detalles negros.
Sonreí.
- Llegó esto, supongo que es importante…
Era la caja con los libros, quería abrirlos ahí mismo, pero simplemente estaríamos perdiendo tiempo.
Dejé la caja y quería volver y abrirla, pero no creo que él esté de acuerdo.
- No me molesta si la abres…
- ¿Enserio? -pregunté.
El asintió y abrí la caja, eran los libros de una saga muy famosa, amé los detalles y nos pusimos de pronto a hablar sobre libros y portadas, resulta que a él no le incomodó, incluso me buscó conversación sobre eso.
Le dije que ya podíamos irnos, asintió y avanzamos a la salida. Antes de estar completamente fuera de casa, vi que las mismas flores que él había traído, estaban encima de la mesita del living.
Aquello me hizo sonreír.
Cerré con llave la puerta de mi casa. Avanzamos en dirección a su auto, entramos y emprendimos viaje.
Empezamos con un restaurante de estilo vintage, tenía mesas y sillas de maderas, lámparas que colgaban del techo, cuadros con algunas frases alentadoras e inspiradoras. Pedimos algo para cenar y luego salimos de allí, no estuvimos mucho tiempo la verdad.
Luego emprendimos camino de nuevo. Esta vez en dirección a la playa, en laguna beach, California.
Era de noche, empezamos a caminar y a caminar, no había oscuridad por completo porque las luces de la pequeña ciudad iluminaban poco la playa. Nos quitamos los zapatos y había un silencio en el que ambos sabíamos que alguno quería emitir palabra, pero solo nos quedamos así.
Yo amo el silencio, me gusta cuando es tranquilo, como un estanque de agua cristalina, y era justo lo que no estábamos sintiendo ahora, pues sentía que había rocas, que había brusquedad y una pequeña turbulencia. Ambos queríamos decir muchas cosas, pero no nos atrevíamos.
Me gusta la paz que transmite Thomas, se siente bien, siempre se sintió así, incluso cuando éramos muy pequeños y justamente éramos muy amigos.
Se siente raro estar al lado de Thomas, pero no raro en el sentido del miedo, sino en el sentido de que no nos hemos visto en mucho tiempo y simplemente ahora estamos aquí, manteniendo una relación falsa.
- Me alegra que estés aquí-logré decir.
Su mirada fija en el mar, en el agua, estábamos sentados sobre unas rocas que estaban muy cerca del faro, un faro tan alto que tenía que levantar la cabeza completamente para poder verlo.
La vista, el lugar, la persona, todo estaba perfecto.
- Me alegra que aceptaras salir-murmuró.
Y es cierto, había días en que el me invitaba a salir, pero yo no aceptaba, tengo miedo de enamorarme de una persona sin superar a otra, y lamentablemente Rafael fue muy importante como para olvidarlo tan fácilmente, me duele el hecho en que quiero querer de la forma más bonita a Thomas y no lo pueda hacer.
- Quiero estudiar arte-murmuró de la nada, aún con la vista hacia el frente y su mirada un poco perdida y a la vez concentrada solo en el mar, en las aguas que golpeaban con brusquedad cuando se encontraban en las rocas- quiero cambiarme a la universidad de aquí, la universidad Laguna College Of Art And Desing.
Mi boca se abrió de sorpresa, quién lo diría…
No dije nada, pues sentía que él necesitaba decir algo más… o al menos lo quería.
- Quiero estudiar bellas artes y estar cerca de mi hermana, Los estudios del ámbito del Arte y las Bellas Artes se enfocan principalmente en cuestiones como: la belleza y la técnica. Así, se incluyen en esta esfera a la pintura, la escultura, la poesía, la danza, la música y el teatro.
Hizo una pausa.
- Quiero estar aquí, siento que este es mi lugar-finaliza.
- ¿Quieres hablar de ello? -pregunté para ver si en realidad eso es lo que quiere.
- En realidad, no, solo necesitaba sacarlo, gracias.
Asentí. Poco después nos fuimos directamente a mi casa. En camino en su camioneta se hizo ligero, se hizo tranquilo y sereno. No sentí baches, y cuando digo eso, me refiero a discusiones.
Con Thomas era tan fácil ser yo, ser tranquila, la chica que lee libros y ama el silencio. Pero tenía miedo de amar el silencio de alguien más.
Me gusta la naturaleza, desde siempre, de hecho, me gustaría ir algún día al lugar con más vegetación que pueda encontrar y así pudiera leer tranquila. Adoro mi casa, y más ahora, cuando me siento rota, mal.
Llegamos a casa, sentí una leve brisa fresca antes de entrar, su perfume se sentía tan delicioso y adictivo. Me encantaba su aroma. Me gusta que Thomas esté de vuelta.
Estaba ya dentro de casa, Thomas dijo algo de que hubiese querido quedarse, pero necesitaba descansar, por lo tanto, me di un largo baño para luego irme a mi habitación.
Me gusta escribir un poco, no soy tan buena, pero tenía una libreta que no usaba, de pronto, sentada en frente de mi escritorio se me dio la necesidad de escribir, sentí ese cosquilleo en la mano el cual me hizo sentir la necesidad de transmitir esto.
Recordé lo que una vez un anciano me dijo alguna vez.
«Cada que no puedas expresar lo que sientes con tu voz, hazlo con tu mano, ellas no mienten, ellas escriben lo que tu corazón dicta y es muy prescindible»
Hace mucho tiempo ayudaba en un asilo de ancianos, pero cuando Henri, el anciano que me dijo esas palabras falleció por la edad, me Salí de ese lugar, pues sentía que había creado un vínculo solo con él, uno especial.
Por lo tanto, empecé a escribir en la libreta…
«Quiero olvidarte, quiero odiarte, quiero tenerte a la misma vez te quiero lanzar a lo más profundo del océano»
Ese pensamiento había escrito pensando sobre Rafael.
Pero luego sentí otro cosquilleo en la mano, pero sobre un pensamiento sobre Thomas. Saqué otra pequeña libreta y comencé a escribir, sin parar, incluso sintiendo con todo mi corazón. Sin pensarlo ya había escrito en mi libreta, no sé cómo salió aquello, pero me sentía bien.
«Qué ganas de quererte, porque eres un mar, me das calma y pareces turbio algunas veces, cuando te enojas siento que son las aguas del mar golpeando salvajemente las rocas cuando se topan, pero cuando te calmas, siento que eres como un estanque de agua»