Mi corazón hecho trizas

2012 Words
—Aquí no es lugar para cruzar —Dice, mientras me sostiene con firmeza de los brazo, y un paraguas me protege de la lluvia. Pero no es en eso que concentro, sino, en la voz al decir esas palabras. Ahí me he dado cuenta que la voz de este hombre no tiene ninguna semejanza con la de Julián. —¡Tú! —Sale de mi boca en medio de mi llanto y en forma de reclamo, olvidando que, quien me sostiene es Benjamín Jonhson, el dueño del restaurante que está atrás mío. —¿Yo qué? —Me reclama con su frente fruncida. No le respondo, ambos somos interrumpidos por Clarissa, Jenny y Julián, así que me hago a un lado de él mientras nos mira intentando descifrar que ha pasado entre nosotros cuatro. —¿Por qué has salido de esa forma del salón? ¿Qué está pasando? —Me cuestiona Clarissa al borde del llanto, seguro que sospecha el motivo por el que estoy así. —¿Qué haces aquí? —Las palabras de Julián suenan más a un reclamo que a una pregunta. Sin embargo, más allá de lo que sea que él me esté preguntando, yo solo puedo mirarlo y pensar en el tiempo que teníamos de estar juntos, los momentos especiales y felices que vivimos. Es que no sé en qué momento pudo él hacerme esto, yo que fui buena persona con él; siempre detallista, cariñosa; nunca salió de mi boca una ofensa, nunca hice algo para lastimarlo o no que yo pueda recordar. —¿Por qué? —Levanto mis manos y las dejo caer en forma de rendición. Julián inclina su rostro sin responder a mi pregunta. Sé que no tiene una explicación para lo que hizo y jamás obtendré una explicación de su parte, aunque me la merezca. —No estoy entendiendo nada, ¿Qué sucede aquí Alberto? —Pregunta Benjamín Jonhson. Yo miro a Benjamín quien mira a Julián sin comprender quién soy yo, y yo me cuestiono cómo es que Julián conoce a Benjamín. —¿Ustedes se conocen? —le pregunto a Benjamín en medio de mis sollozos—. ¿Cómo es posible? No obstante, mi pregunta parece ponerlo a pensar, en realidad; no sabría explicar la expresión que Benjamín posee en su rostro, es más como si se preguntara a qué me refiero con esa pregunta. —¿Quién eres tú? —Es lo único que escucho de su boca. Parece que aquí soy la única extraña, la que sale sobrando en este circulo. —¿Yo? —Rio, para luego soltar el llanto. —Ella —Se atreve a responder Julián, pero yo lo interrumpo. —Soy su ex prometida, esa soy yo —Apuño mis manos, mientras veo sus ojos abiertos por mis palabras. Sea cual fuera el motivo que lo llevó a tener una relación con Clarisa, ahora está libre para que cumpla el anhelo que ella tiene en su corazón: Casarse con el hombre maravilloso que tiene por novio. —¡Ay que susto! —Anuncia Clarissa—. Pensé que estabas jugando con las dos. Julian la mira y no responde nada, solo sonríe. Él sonríe y yo tengo mi corazón destrozado, ¿Cómo le digo que el amor de mi vida ahora es el amor de otra mujer? ¿cómo me explico que el hombre que yo amo me ha engañado desde hace un tiempo? —¡Qué sean muy felices! —Digo. Me dio la vuelta y comienzo a caminar, volviendo a la lluvia y dejando a aquellas personas atrás, pero me detengo en un basurero y me quito mi anillo, y allí lo deposito. Mi ropa ya está empapada y lo único que me queda es ir a por mi auto e irme a casa a llorar. Voy hasta el estacionamiento y me acerco a mi auto, me recuesto a él y me deslizó hasta caer sentada en el piso, acuno mi cabeza en mis rodillas y las abrazo con mis manos. —¿Por qué a mí? ¿por qué tú Julián? —Susurro en medio de mi llanto. Siento como se me he quedado sin alma, como si metieran la mano por mi pecho y me desbarataran por dentro. Es un dolor que, aunque no es físico, quema; así es como podría yo describirlo, un juego que me está destruyendo. Cada recuerdo que revivo en mi cabeza duele peor que el anterior, quizás eso es lo que más lastima. El saber que me decía que me amaba y que aparentaba ser feliz conmigo, mientras estaba con Clarissa bajándole la luna y las estrellas, ofreciéndole promesas que muy posiblemente si le iba a cumplir, mismas promesas que alguna vez me dijo y no quiso cumplir. Me pregunto qué vio Julián en ella que yo no tenga, ¿por qué herirme así? ¿Qué tiene ella que yo no para que tomara la decisión de traicionarme? ¿acaso mi sufrimiento no le importó o no pensó ello? —¡¿Cristin?! –Alzo la mirada y allí está Julián. No respondo solo vuelvo a tapar mi rostro para no verlo, aunque la verdad, lo hago para que él no me vea llorar. Escucho que da unos pasos y se sienta a mi lado. —Te lo iba a decir —Se atreve a decirme, pero ¿cómo? —¿Cuándo? —le cuestiono—. ¿Cuándo me ibas a decir que tienes otra mujer? ¿cuando ya estuvieras casado? Julián no dice nada, no tiene palabras para justificar su acción, aunque al frente de Clarissa ha quedado bien, mientras que yo soy la ex novia tóxica que aún no lo supera. —Vete a casa, hablaremos cuando ya estés mejor. Lo miró con el ceño fruncido, ¿acaso me a dicho que estoy alterada? —Me voy a casa Julián, pero allí no quiero verte más, ¿comprendes?. No quiero saber de ti, no quiero volverte a ver, no quiero escuchar tus excusas, no quiero nada de ti. Me levanto del piso, abro la puerta del auto y entro en él, todo esto, sin esperar nada de Julián. Enciendo el auto y me marcho, solo Dios sabe cómo me siento en este momento. Siento que vomito, siento que tengo calentura; me siento enferma, pero sé que es por el sufrimiento que me ha causado la traición de quien creí que me amaba. > recuerdo esas palabras y me hacen trizas. Golpeo el volante de mi auto haciendo que este se desestabilice. No me queda otra que orillar y detener el auto aún costado de la carretera, y sintiendo que estar dentro de él me está asfixiando, me bajo. Alzo la mirada y la lluvia baña mi rostro, camino unos pocos centímetros y me siento en una banqueta. La lluvia poco a poco va empapando mi ropa, haciéndola pesada. De esa forma se siente el dolor que llevo por dentro. —Algo me dice que Julián Alberto recién se ha convertido en tu ex prometido, ¿O me estoy equivocando? Benjamín, se sienta a mi lado y con un paraguas me tapa de la lluvia. —Juró que me amaba, que era la unica mujer en su vida, nos íbamos a casar. Yo no sabía que tenía otra mujer. Dos años de relación se fueron a la basura, le di dos años de mi vida y fueron en vano —Respondo. Benjamín me mira serio, parece como si ese fuera su único modo de mirar a las personas. —Disculpa, debes pensar que soy una dramática —continuo mi relato—. Es mejor que me vaya, estoy toda mojada. Me hago a levantarme, pero este me detiene. —No creo que seas dramática, solo encontraste a quien querías traicionándote. Tomo otra vez asiento en la banqueta. Un suspiro sale de mí tras esas palabras. —Hace unos meses me propuso matrimonio, no fue tan elegante como lo hizo con clarisa, fue en la sala de mi apartamento, mientras comíamos pizza y veíamos una película —suelto una pequeña risa—. Pero supongo que es lo que él creyó que merecía, es decir, soy una estilista, no una licenciada como ustedes, pero a decir verdad, gano muy bien, a pesar que eso no lo haya entendido. Quito la mirada de Benjamín para observar los autos pasar, ya es de noche y entre las gotas de lluvia, hacen un escenario bastante bonito a mis ojos, aunque no pueda apreciar del todo el momento. —Estás diciendo cosas sin sentido, tal vez es por la forma en que te sientes. No creo que ser estilista sea decadente, es absurdo. —Refuta molesto. —Lo mismo pienso, pero, ¿qué importa ya? Nada de lo que diga hará que el tiempo retroceda, solo quisiera no haber visto a Julián besando a otra mujer, pidiéndole matrimonio y brindando por la felicidad de ambos. No sé, ¿dónde quedo yo en esta historia? —alzo mis hombros dándole más fuerza a mi pregunta—. Tengo mi corazón hecho trizas y él solo puedo decirme: Vete a casa, hablamos cuando estés más tranquila. ¿puedes creerlo? Llevo mis manos a mi rostro, mi llanto y mi risa se mezclan, sin saber cuál de las dos es más fuerte. Por más que quiera retener mis lágrimas es imposible, salen sin esfuerzo. —No puedes hacer más que vivir con lo que viste, con lo que sientes. Sanará, eso es verdad, y seguirás con tu vida Las palabras de Benjamín son frías, pero son ciertas. —Espero que, al menos, a Clarissa no le haga lo mismo que me hizo a mí —Vuelvo a suspirar. —¿Te preocupas por ella? —¿Qué culpa tiene ella de lo sucedido?, siquiera sabe que Julián me engañó con ella, ¿Podría yo culparla? —Podría, pero no tiene culpa alguna en todo esto, así como tampoco la tienes tú. Benjamín se levanta de la banqueta y se coloca al frente mío, me entrega el paraguas y sin decir una palabra corre hasta un auto y entra en él. Mantengo la mirada fija en el auto en que se marcha hasta que este se pierde entre los demás vehículos que transitan. > me digo en mi interior. Siento mi boca temblar, sé que es por el llanto que se aproxima y que intento contener. —Rompiste mi ser, Julián, me hiciste trizas, ¿ahora cómo hago para vivir con este dolor? —Me digo, y rápidamente limpio la lágrima que se ha escapado. Los minutos pasan, no sé se se convierten en horas o no, solo sé que el frío aumente y que debo irme a casa. Una vez en casa, tomo un baño de agua caliente. Con mi cabeza pegada a la pared y los ojos cerrados, llorando; dejó que el agua recorra mi cuerpo. Con una pijama y abrigo, salgo del baño y me dirijo a la cocina por un vaso de agua, me detengo a mirar el paraguas de Benjamín, y no sé si fue la lluvia, las luces de los autos, o solo el platicar con él que me quitó la asfixia que sentía oprimir el pecho. Pero también es un recordatorio de todo lo que pasó esta tarde y como en un abrir y cerrar de ojos la vida te cambia. Salí de mi apartamento creyendo tener el amor de mi vida, el hombre ideal, el perfecto, y regresé con un corazón destrozado, hecho pedazos. Una cruel lección de vida para no dar por sentado que todo lo tienes, porque es cuando en realidad no tienes nada, o tal vez es la Cristin pesimista que piensa así desde la fragilidad de sus sentimientos, no lo sé, solo sé que ya no seré la misma Cristin por un largo tiempo, hasta que pueda reconstruir lo que el amor destruyó en mi interior.
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