Dos días han pasado desde aquella tarde en el café y aun no me atrevo a marcarle a Benjamín, Me pregunto si será correcto escribir o me abstengo, aunque recordando sus palabras, es posible que espera mi mensaje.
Ya tengo su número registrado en mi celular. Lo miro, lo analizo, pero no me atrevo a llamarlo, es decir, ¿qué voy a decirle?, pero son tantas mis ganas de hablar con él que no tengo una excusa para hacerlo.
—¿Y si le pregunto por un platillo para almorzar? —me pregunto, pero suena tan tonto que ni él mismo se va a creer eso de mí—. Olvídalo, es obvio que quieres hablar con él, lo va a notar.
Me levanto de la cama, dejando el celular en él. Necesito despejar mi cabeza, necesito dejar de sentir que quiero hablar con él.
Decido que es justo llamar a la única persona que me hará entrar en razón, mi mejor amiga, sin embargo, me abstengo de hacerlo y me doy por vencido.
—¡Soy una pésima persona! —Gimo con decepción.
Tengo la necesidad de hablar con alguien y no me atrevo a llamar a la única persona que me dijo: "Llámame cuando lo necesites"
Es que no puede ser —¿Acaso estoy mal? —Es cuestión de marcar su número y decirle: "Hola, soy Cristin, espero que estés bien" —¿Qué tan difícil puede ser?
Pero es que soy de esas personas que no pueden tomar la iniciativa y dar un primer paso para cualquier circunstancia. Y me odio por ser de esa manera, aunque creo que es dejar la pena de lado y hacer las cosas sin pensar, eso me hace cuestionarme —¿Qué pensará Benjamín de mí? —no sé qué impresión tendrá de mí y eso me hace cohibir aún más —¿Qué tal si piensa que soy una pobre diabla? —me ha visto en situaciones vulnerables, podría pensar cualquier cosa de mí.
Asqueada de pensar en Benjamín y en lo que pudiese pensar de mí; así como de Julián y lo que podría estar haciendo, decido que quiero salir, distraerme es lo mejor que puedo hacer.
Tomo un cambio de ropa, un vestido de baile, una ropa interior discreta y unos zapatos de tacón no muy altos, pero que estilizan las piernas.
No tengo que ir muy lejos de mi casa, cerca, unas cuadras, hay una discoteca. Iré un par de horas, tomaré algunas bebidas y regresaré a casa. Lo único que necesito es una distracción.
Subo a mi coche y voy a la discoteca, entró allí, y me siento en la barra. La música está alta, aún no hay personas bailando en la pista, creo que es temprano, pero no lo es para un trago.
—La especialidad de la casa —le pidió al bartender.
El joven mozo me sonríe y prepara la bebida.
—A sus órdenes, señorita —me extiende la bebida y me guiña un ojo bastante coqueto.
Una acción que me sonroja, mas no le presto atención a lo que sea que esté pretendiendo conmigo.
Tomo el trago y siento que mi garganta se quema, no tengo idea qué cosa me ha preparado este hombre, pero vaya que ha calentado hasta el alma.
Con tres tragos recorriendo mi cuerpo y la música a alto volumen, decido ir a la pista de baile donde ya hay algunas chicas bailando.
Bailo de manera sensual o al menos eso intento hacer.
—¿Cristin? —me giro y es la amiga de Clarissa, la misma que me contrató para maquillarla
—Ho-hola —Respondo preocupada.
Me da miedo que aquí esté ella con Julián, no quiero verlos, no quiero saludarlos por cortesía y mirar lo mucho que ellos se aman. No estoy preparada para verlos de esa forma, y no sé cómo vaya a reaccionar cuando los tenga enfrente.
—Que gusto verte, ¿Cómo has estado? Me quedé preocupada por ti aquella noche, espero que ya estés mejor.
¡Rayos!
¿Cómo le explico que fui engañada con Clarissa?
No quiero que tenga una idea errada de mí, pero tampoco quiero lastimar a Clarissa.
—He estado muy bien, gracias por preguntar. ¿Cómo estás tú?
—He estado bien, estamos corriendo como locos por la boda de Clarissa. Por cierto, hablando de ella, sé que es poco prudente preguntarte esto, pero queremos saber si podrías maquillarla a ella para la boca. Ella ha intentado comunicarse contigo, pero ha sido inútil. ¿Crees que se pueda?
Eso no me lo esperé, no esperé que quisieran que yo vuelva a maquillar a Clarissa después de lo que pasó. Aquí hay algo extraño y no quiero ser parte de ese juego.
—Tengo agenda hasta dentro de 5 meses —le respondo con una gran mentira.
Claro que podría hacerlo, solo que no quiero verla de nuevo.
—Es una lástima, déjame ver qué podemos hacer. Quizás la boda podamos atrasarla un poco más.
¡Carajo!
No puedo ser descortés con ella, pero esto es realmente incómodo.
—Veamos a ver qué pasa —Sonrió falsamente y me encamino a la barra para pedir dos tragos más.
—Benjamín tiene tu maleta de maquillaje, él la tiene guardada para cuando la quieras recuperar –añade llegando a la barra después de mí y sentándose a mi lado.
—De acuerdo —La miro, siento que anda en busca de algo más y en cualquier momento lo va a saltar.
—¿Sabes? Tengo mucha curiosidad de qué pasó aquel día, fue extraño como actuante cuando viste a Alberto junto a Clarissa.
¿Alberto?
Estoy cansada de escuchar el nombre de Alberto, Julián, Julián, de esa manera es como yo lo conozco.
—No tienes idea —respondo de forma sarcástica—. Pero en este momento no me interesa hablar de lo que pasó, estoy intentando olvidar.
—¿Tanto lo amas? Es decir, hace mucho que terminaron, ¿no es así?
> pienso.
No quiero imaginar cuantas estupideces ha dicho ese hombre de mí, cuántas mentiras para quedar bien con Clarisa y su gente millonaria.
—Otro trago, por favor —le pido al bartender—. Si te soy honesta, no sé qué cosas le haya dicho Julián a Clarissa, una cosa es segura, no quiero saber de Julián en lo que me queda de vida.
La chica me mira asombrada por mis palabras, quizás ya estoy un poco ebria después de todos los tragos que ya me he tomado, pero es la forma para que entienda que no quiero hablar de lo que pasó.
—Solo digo que fue extraño, Alberto es muy bueno para ser verdad —dice, pero creo que fue más para ella que para mí.
—Sí tienes sospechas de alguna cosa, investiga, seguro que algo hallarás.
Intento levantarme de mi asiento, sin embargo, mis pies están algo torpes, por lo que la chica me sostiene y me ayuda a sentarme.
—Así no puedes manejar, te llevaré a casa.
Pero no, no quiero que ella me lleve, yo puedo con mis propios medios.
—Yo puedo sola.
—No seas terca Cristin, estás demasiado ebria como para saber donde queda tu casa.
Sé dónde queda mi apartamento, el problema es que no sé cómo explicarle y ya mi cabeza empieza a dar vueltas —¿cuantas copas me habré tomado? —no recuerdo cuándo fue la última vez que me puse tan ebria.
—Tampoco sabes dónde vivo —le informo.
—Por lo visto nos queremos aquí hasta que el alcohol se te baje. ¡Genial! —susurra—. Y yo debería estar en casa en este momento.
Su celular suena y se aleja un poco de mí, por lo que logró escuchar y entender, es Clarissa la que está en la llamada.
Cuando termina la llamada vuelve a su asiento y me mira con una sonrisa, parece que su mal genio ha cambiado.
—¿Qué es tan gracioso? —cuestionó.
—Nada, nada.
Obstinada, me levanto de mi asiento y me alejo de ella. Ella no me detiene y se lo agradezco, no quiero estar cerca de ella y de sus cuestionamientos.
Salgo al estacionamiento en busca de mi auto, pero no recuerdo a donde lo he dejado. Giro en varias direcciones buscándolo, pero ninguno es mi auto.
—¡Carajo! —susurro.
Camino por todo el estacionamiento buscando, pero parece que estoy caminando en círculos o es mi cabeza haciendo círculos porque siento que en cualquier momento caeré.
—A ti te andaba buscando —la voz del hombre me hace pegar un salto. No entiendo cómo es que Benjamín está de pie en frente mío. ¿Cómo sabe en donde me encontraba?
—¿Qué? —Cuestiono.
—Olvídalo, vamos te llevaré a casa.
—Está bien que tomé más de lo que debería, pero estoy consciente, ¿ves?
—¿Tú auto? —Pregunta.
Yo no sé qué responderle, no sé dónde dejé mi auto.
—No lo encuentro —Respondo casi en un llanto.
—Vamos, te llevaré en el mío.
Me toma de la mano y me hala para comenzar a caminar. Voy casi corriendo detrás de él por lo rápido que va caminando.
Subo en el auto por mandato de Benjamín y él ocupa el lugar del piloto. Recién me he sentado en el auto y ya me estoy durmiendo. Lucho para permanecer despierta, pero cada vez se me hace imposible.
—Tranquila, conmigo estás segura —dice Benjamín y eso me tranquiliza.