La charla

1657 Words
Me estoy comenzando a arrepentir de haber aceptado la invitación de este hombre. No sé en qué estaba pensando cuando me subí al vehículo. Es obvio que no tenemos nada de que hablar, mas que no sea de la traición de Julián con Clarissa. Intento buscar una escusa para irme de la cafetería, pero no encuentro ninguna, qué le voy a decir que se escuche real si no tengo nadie más que a mí misma con mis traumas amorosos. —Entonces, ¿eres maquillista? —Pregunta Benjamín, sabiendo cual es la respuesta a esa pregunta. Quizá para comenzar a entablar una conversación diferente a la que tuvimos en aquella banqueta del parque. —Lo soy, me he especializado en maquillaje, cabello, estética de uñas. Hago de todo, incluso hago barbería —Respondo, mirando el cabello de Benjamín. —¿Crees que necesito un nuevo corte de cabello? —Pasa sus dedos, peinando su cabello hacia atrás, algo que siento que es muy sensual de su parte. —No, en realidad luce bien, tienes un cabello hermoso, muy sedoso —Las mejillas de Benjamín se vuelven un poco de color rosa, ¿acaso le ha dado pena mis palabras? Analizo si lo que he dicho estuvo bien —yo y mi bocota —es que no aprendo la lección, siempre que abro la boca es para decir alguna tontera. Ahora soy yo la que siente pena por haber dicho tal cosa, desearía que la tierra se abriera y me tragase, aunque ya esa frase la he dicho un par de veces. —Bueno, es amable de tu parte, pero dime, ¿qué te llevó a estudiar maquillaje? Recuerdo que, la inspiración fue mucha, tenía unos dieciocho años, recién terminaba mis estudios de secundaria. Mi madre deseaba que me convirtiese en una especia de ingeniera o alguna profesión que me llevara a un buen estatus social, sin embargo, ninguna carrera me enamoró como para estudiar. Un día, mientras navegaba por i********:, encontré videos de maquillaje, era uno de esos maquillistas llamados influencers y me enamoró todo lo que hacía. Compré un mini kit de maquillaje y comencé a recrear sus maquillajes, así fue como todo empezó. Allí supe que esto era lo que quería hacer, y decidí estudiarlo. Mi madre se negaba rotundamente a que me dedicara a al servicio al cliente, pero viéndolo de un punto de vista, todo trabajo lleva su servicio al cliente, así que; no tuvo más que ayudarme, no obstante, cada que puede me dice que debería aprovechar mi tiempo y comenzar a estudiar. Mientras le narro la historia a Benjamín, este me presta total atención, incluso siento que su mente navega en otra cosa, menos en mi historia. —Y tú, ¿qué hay de ti? —Pregunto, ya no queriendo hablar de mí. —Estudié administración de empresas, pero mi especialidad es la cocina —comenta con una sonrisa, misma que me contagia a mí—. Es en serio, no te burles, podría cocinarte cualquier cosa que a tu mente llega. —No me burlo, solo que, lo has mencionado con nerviosismo —respondo—. ¿Sabes? Unas clases de cocina me caerían bien, la cocina no es mi fuerte. Benjamín suelta una suave risa, algo que me ha llamado la atención, es una risa genuina, muy tierna. —Eres la segunda persona que me pide clases de cocina. Levanto una de mis cejas al escuchar esto. —¿Ah sí? ¿Y la primera quien fue? —Cuestiono. —Mi madre —Suelta en una risa, contagiándome. —Bueno, tienes una segunda alumna —Siento mis mejillas arder. —Claro, cuando gustes. Tras unos minutos de conversación, Benjamín levanta su mano para llamar a un mesero y hacer el pedido: dos cafés. Mirando mi tasa de café, que recién el mesero ha traído, me cuestiono qué ha pasado con Clarissa y Julián, pero el pesar que siento al preguntar por ellos me lo impide. —Pregúntame, te responderé —Alzo la mirada hacia Benjamín. Me cuestiono cómo es que se ha dado cuenta qué quiero preguntar. —¿Perdón? —Es lo que se me ocurre decir. —Sé que quieres preguntar por Alberto, adelante. Respiro profundo, y tuerzo la boca, dudando en si hacerlo o no. —Clarissa, ¿ella cómo está? ¿sospecha algo? Benjamín toma un sorbo de su café y coloca la taza en el pequeño plato. —Ha hecho algunos cuestionamientos, mismos que Alberto ha negado. Pero siento que eso no es lo que quieres saber, ¿o me equivoco? —¿Son felices? ¿Cómo me atrevo a preguntar tal cosa? ¿Acaso ya no tengo suficiente con su traición? —Lo son, o al menos eso es lo que irradian. Eso no quita que Clarissa tenta tantas preguntas sobre ti y él no quiera hablar del tema, y niegue todo. Julián es un desgraciado, esa es la verdad, ¿cómo va a negar lo que ha hecho? Es que no lo comprendo, y no creo llegar a hacerlo. —¡Mmmm! Supongo que ha ella la ama. Tal vez no halló como decirme lo que estaba pasando y por eso me lo ocultó. —No, Alberto o Julián, como sea que se llame; solo quiere estar dentro del “circulo social al que pertenece mi pri… —guarda silencio y me mira—. Clarissa es sobrina de mi padre. Mis ojos se agrandan al escuchar tal cosa. —¡No puede ser! —susurro. —¿Qué no puede ser? —Cuestiona serio. —No sabía que Clarissa y tú son familia. Aquí es donde me siento inferior a ellos, nuevamente. No quiero pensar mal de Julián, quisiera pensar que él la ama y que por eso se comprometió con ella, pero, siento que él enamoró a Clarissa para obtener beneficios. Un ascenso, por ejemplo. —No creas que Alberto es de mi santa devoción, pero es el prometido de mi única prima. Es algo que debo respetar, pero sabiendo que jugó contigo, estoy seguro que también lo está haciendo con Clarissa, por eso, lo tengo muy bien vigilado. —Ojalá que a ella si la ama como tanto lo profesó en la pedida de compromiso, porque ella está perdida mente enamorada de él. Me confesó cada sentimiento que tiene hacia él y es puro —Inclino mi rostro, sintiendo dolor al recordar esas palabras. —Lo sigues amando, ¿no? Inclino mi rostro, pues quisiera decir que no, sin embargo, la verdad es que yo si lo amé, yo sí estaba dispuesta a todo por él, yo sí soñaba con una vejez junto a él. —Es difícil, quisiera no sentir esto por él; lo odio, lo quiero y lo vuelvo lo odiar más de lo que ya lo odiaba. —Bueno, al menos no has dicho que lo amas, así que ya es un paso. ¿No crees? Sonrío por sus palabras. —Esperaría que así fuera, es lo que más deseo —suspiro—. Pero no hablemos de Julián, ¿Qué hay de ti? ¿tienes pareja? Benjamín vuelve a sonreír y niega con su cabeza. —No, no tengo, señorita. —¡Oh! Lo siento. —¿Lo sientes? —Pregunta divertido. —Sí, es decir, no sé qué decir —Mis mejillas se vuelven rosadas por la vergüenza de mis palabras. —No, no tienes por qué sentirlo. Estoy bien así, la soledad puede ser buena. —O también puede lastimar, ¿no crees? —Todo depende —Responde y levanta su mano para cancelar la cuenta—. En este momento no le ves sentido porque te han lastimado, pero cuando aprendes a amar y apreciar los instantes que tienes para ti, son valiosos… ¡Vamos! Eso no se lo discuto, pero, tampoco lo comparto, la soledad puede ser muy traicionera. —Tengo pensamientos contradictorios al respecto. —Veo que tienes grandes problemas contigo y lo sucedido, deberías charlar con alguien al respecto, te caería bien una ayuda. Caminamos fuera de la cafetería, ha pasado al menos dos horas desde que me encontró en el parque. —Gracias por charlar conmigo —Me despido. —Ha sido un placer —me entrega su tarjera con su número de teléfono—. Cuando necesites hablar con alguien, llámame. Recibo la tarjeta y la guardo adentro de la funda de mi celular. —De acuerdo —Le sonrió y con mi mano diciendo adiós, me doy la vuelta y comienzo a caminar, para regresar a casa. —Sube al auto —Me grita. Me giro y él está con la puerta del auto abierta. Me señala el interior del vehículo y no me queda más que devolverme y entrar en él. —¿Pensaste que te iba a dejar que regreses sola? …. Eso jamás. Me siento un tanto cohibida por sus palabras y atenciones. Al llegar a mi condominio, el auto se detiene y él se baja, me extiende su mano y me ayuda a salir como toda una mujer de clase. —Gracias por traerme. Benjamín hace una reverencia por mis palabras. —No tienes de qué agradecer, al contrario, gracias por aceptar mi invitación —Miro detalladamente sus ojos, el silencio reina mientras nos miramos fijamente —Ya es tarde —Digo titubeante. —Lo es, es tarde. Entra a casa, te puedes resfriar. —Eso haré —sonrió—. Adiós, cuídate mucho, nos vemos. Me aparto despacio de él y camino en busca de mi apartamento. Él entra en el auto y con una mano me dice adiós. Me quedo allí observando como su auto se aleja hasta perderse en una esquina. Con una tonta sonrisa, camino hasta llegar a mi apartamento, recordando así lo agradable que resultó ser Benjamín después de todo y lo bien que me hizo sentir conversar con alguien, aunque él haya sido un desconocido para mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD