La prueba de maquillaje a mi novia se realizó con éxito, y es aquí donde caigo en cuenta que he dejado perdido la maleta de maquillaje con la que maquillé a Clarissa —vaya tonta he resultado ser, ¿cómo es que hasta ahora lo noté? —Por suerte cuento con más maquillaje y he logrado un trabajo impecable.
Me siento bien por ello, fue como si mis dotes artísticos para maquillar hubiesen salido a flote y todo quedó más que perfecto, ahora, solo debemos esperar quince días para la boda.
Por lo pronto, estoy haciendo la maleta para el desfile de modas, la temática del desfile es drag queen, así que; requiere toda mi atención para que salga más que perfecto y deje mi nombre en alto. Esto es lo que en este momento necesito, necesito un empujón para irme abriendo camino en un peldaño más elevado y con maquillistas completamente profesionales y con técnicas infalibles, aplicadas a celebridades.
Miro por última vez la maleta, asegurándome así que haya guardado todo lo que voy a necesitar. Pienso y pienso en si he olvidado alguna cosa, pero estoy segura que todo va allí. Veo pestañas, polvos sueltos, bases de maquillaje, paletas de sombras y creo que tengo todo lo necesario para hacer un espectáculo en mi modelo.
Veo la hora en el reloj y son las nueve de la noche —vaya que me ha tomado bastante tiempo hacer la selección de productos y empacarlas— ahora lo que necesito es un vaso de jugo y un emparedado, para luego irme a la cama.
Para mi mala suerte, una vez más Julián llega a mi cabeza. Es extraño que no se haya aparecido por mi condominio, aunque supongo que no debe importarle, y, ¿a mí por qué debería importarme él? Es absurdo, supongo.
Aburrida por estar encerrada en casa, y mirando la cobija que cubre mi cuerpo, me levanto dispuesta a salir a caminar por el vecindario.
Me visto y me maquillo un poco para no asustar a las personas con mis ojeras. Al salir a la sala miro el paraguas de Benjamín y lo tomo. Tengo que regresarlo o va a pensar que me lo he robado, aunque bueno, no se va a morir por un simple paraguas. Seguro que tiene mucho dinero en su cuenta bancaría para comprarse la empresa si quiere.
Salgo del apartamento y a la primera persona que veo es al hijo de la vecina con los trajes puestos de Julián. Por alguna razón lo miro con detenimiento, no sé si es porque siento nostalgia o curiosidad por mirarlo con su ropa exclusiva —por lo menos se ve bien con su ropa— prosigo mi camino, y salgo de mi condominio.
Miro a la derecha y a la izquierda para cruzar la calle, y comienzo a alejarme. No tengo rumbo a donde ir, quizás al parque y sentarme debajo de un árbol y leer algún libro.
Mientras decido que hacer, sigo caminando hasta llegar al parque. Lo miro con atención, decidiendo si cruzar o no. De pronto, un auto n***o se detiene y el vidro polarizado del mismo, baja, dejando ver a Benjamín.
—Señorita —saluda él muy respetuoso, siendo para mí un asombro verlo, es como si hubiese sabido que lo andaba buscando—. Que gusto verla, y veo que anda con mi paraguas.
Le hecho un vistazo al paraguas y extiendo mi mano para devolvérselo. Es suyo, tiene el derecho de reclamarlo.
—Así es, iba de camino a entregárselo, pero supongo que no sabía por donde iniciar a buscarlo. Tenga —le entrego el paraguas, a lo que el lo recibe y lo coloca en el asiento, a su lado.
—¿Va para algún lugar en específico? Tengo entendido que esta zona es un poco conflictiva.
—No crea todo lo que le han dicho, Señor Jonhson. Son solo habladurías —sonrío.
Benjamín me mira, es una mirada escaneadora, como queriendo descifrar algo de mí.
—¿Hacia donde se dirige? Señorita
—En realidad, aún sigo analizando que hacer —Alzo mis brazos.
—Bueno, en lo que decide que hacer, ¿qué le parece si la invito a un café y platicamos?
La idea no me desagrada, lo que me desagrada es tener que recordar que él es conocido de Julián, y debe saber que ha sido de él desde que pasó el incidente, si es que así se le puede llamar.
Lo pienso unos segundo y acepto —Esta bien, acepto el café —. No tengo nada que perder, además, todo sea por no estar en casa por un par de hora.
Benjamín se baja del auto y me invita a entrar en él.
—Ángel, llévanos a una cafetería, por favor.
El joven asiente y reanuda el viaje. Estando en el auto, me siento diminuta junto a Benjamín y su lujoso auto.
—¿Intimidada? —Me cuestiona con cierto grado de diversión.
—No puedo mentir, tu estilo y la elegancia de su auto, para mí es mucho. ¿Acaso esa es su vocación? ¿intimidar a las personas con su mirada de rayos equis?
Benjamín mira hacia el frente, resopla una sonrisa y alza sus hombros.
—De todo he escuchado en esta vida, pero es la primera vez que escucho decir que tengo mirada de rayos equis.
Me ruborizo, ¿cómo fui capaz de decir algo semejante?
¿Por qué no pienso antes de decirla cosas?
—Sí, creo que fue un mal comentario, lo siento.
—No hay por qué, es gracioso que piense eso de mí. Por el contrario, pienso eso que soy una persona agradable.
¿Agradable? Ja, un poco gruñón diría yo, aunque supongo que debo darle el beneficio de la duda.
—Tiene la autoestima bastante elevada, que piense así me da un aire a que tiene confianza en sí mismo.
—Debería, ¿no cree señorita? —me mira con esos ojos intensos, esos ojos color miel—. Mi trabajo me obliga a ser así, de otra manera, no tendría lo que soy ahora.
Sin una palabra en mi boca, así es como me ha dejado él, nada me viene a la cabeza para poder combatir lo que me ha dicho.
Desvío la vista hacia mi ventanilla. No sé por qué lo hago, solo siento la necesidad de no mirar a Benjamín a los ojos. Siento que cada que nuestras miradas se cruzan me escudriña hasta el alma.
Me siento un tanto impaciente por llegar a la cafetería. Por alguna razón el viaje se vuelve más largo de lo que puede ser, y a eso se le suma que siento los ojos de Benjamín en mi cuello.
—Hemos llegado —Anuncia el conductor.
Miro hacia la ventana de Benjamín. Este me mira y es como si un helaje me abrazara. Un frío y un calor baña mi cuerpo y eriza mi piel. Solo quiero salir del auto y tomar un respiro, pero —¿qué ha pasado?
Benjamín parece descifrar que me ha pasado. Lo disimula muy bien. Se baja del auto y sostiene la puerta para yo bajarme.
—Gracias —Puedo decir con suavidad.
—¿Siempre agradeces y te disculpas por todo?
Analizo su pregunta, y no sé como tomarla.
—Cortesía, supongo —Una respuesta fácil.
—¿También eres así de contestona?
Esa pregunta es un poco ofensiva, sin embargo, sé que estoy a la defensiva y no sé porqué me he puesto de esa manera.
—Discúlpame, no quiero justificar mis acciones culpando a otras personas. Solo… —me detengo a analizar que voy a decir, no tengo nada por exclamar al respecto—. No lo sé.
Benjamín guarda silencio ante mi respuesta.
—¡Vamos! —Coloca su mano por mi cintura y me empuja a caminar hacia la cafetería, rompiendo así los segundos de silencio.