No sé a quién quiero engañar diciendo que voy a estar bien cuando en realidad no es así. Nada está en mí, estoy en medio de una crisis bipolar no diagnosticada, mis cambios de ánimo son constantes y las ganas de platicar son nulas, tanto así que; ni mi mejor amiga sabe por lo que estoy pasando, no sabe que he sido engañada por el hombre que sería mi marido.
Es que, ¿Cómo narras algo así sin llorar?
De pensarlo, de recordarlo no puedo evitar llorar.
Sé que ayer dije que esto no será permanente, no obstante, hoy siento que el mundo se me viene encima y me aplasta sin tener consideración.
Duele, duele mucho.
Sigo preguntando qué fue lo que pasó, todo parecía estar bien entre los dos, y de pronto, todo se volvió confuso para mí.
Quisiera dejar de lado el sentirme de esta manera, mas siento que cada vez es más difícil para mí tomar el valor de comenzar a caminar sola.
Es aún más difícil cuando veo las pertenencias de Julián en mi habitación o bueno, la que fue nuestra habitación algún día. Donde muchas veces fuimos uno en medio de las sábanas y el crujir del colchón.
Por eso hoy, queriendo dejar de lado tanto recuerdo, he decidido tomar cada prenda, cada perfume y lo que sea de él, guardarlo en bolsas, en esas que se usan para jardinería y tirarlo a la calle.
No quiero nada suyo cerca de mí, además, si no ha venido por sus cosas o enviado por ellas, significa que no le importa nada de lo que hay aquí, así que; qué más da.
Ese es el motivo por el cual me encuentro en este momento de pies frente al closet, es una sensación extraña mirar sus trajes finos y sus zapatillas puestos en la parte inferior del closet; aún costado sus colonias y accesorios de oro.
Observar con detalle cada cosa me hace preguntarme a mí misma: —¿Esto se lo compró él o fueron regalos de la chica millonaria?
Es extraño, es decir, yo no tengo joyas caras como las suyas, no uso prendas exclusivas de diseñador, mis zapatos son de tiendas normales y corrientes, mas los suyos son exclusivos.
—Aquí hay algo extraño —Me digo nuevamente.
¿Por qué hasta ahora vengo a analizar todo esto?
Todo tiene mucho sentido ahora que lo analizo. Claro, ella es algo así como su patrocinadora, al menos que él mismo se costeara todas estas prendas para ganarse a la chica vendiendo una falsa reputación.
Es fácil crearme un mundo en la cabeza, cada cosa que pienso es una alerta roja. Lo que no entiendo es: ¿por qué hasta ahora analizo todo esto?
—Al demonio —Anuncio con fuerza.
Ya es hora de sacar la basura de mi casa, no quiero nada que me recuerde a él o lo que alguna vez vivimos, quisiera tener un borrador de memoria y olvidarlo, hacer como si él jamás pasó por mi vida.
Las prendas las tomo y las tiro en las bolsas de basura, con ganchos puestos y etiquetas que demuestran que están sin uso. Nada de eso me importa, todo se va a donde pertenece, a la basura.
Zapatos, joyas, ropa; nada debe quedarse a ocupar un lugar que él desaprovechó, porque, aunque no nací en cuna de oro, soy trabajadora y algo como esto jamás le haría a la persona que digo amar con el corazón.
—No creo que nada de esto ocupe, en su mansión debe de tener todo lo que ha sonado —Cierro las bolsas con nudos y las saco una a una al pasillo de mi apartamento.
—¿Y esas bolsas, vecina? —me cuestiona la vecina del apartamento al lado—. ¿se va a mudar de apartamento?
Es algo que no había analizado, pero ya que ella lo ha mencionado, puede ser que sí, puede ser que si lo haga. Esta próximo a vencer mi contrato de arriendo, así que eso me ayudará a buscar uno nuevo.
—En los próximos días, por ahora estoy regalando esta ropa. Si sabe de alguien que la quiera y la necesite, puede avisarle o llevársela.
La mujer mira las bolsas y las abre con curiosidad, al ver la ropa de hombre me sonríe y las toma.
—A mi hijo le puede quedar las prendas, si me lo permite, le llevaré la ropa.
—Adelante —le digo—. Es toda suya.
La miro entrar las bolsas al departamento, y yo entro al mío inmediatamente. Abro mi computadora y comienzo a buscar apartamentos en otras zonas.
Sin embargo, aunque no lo quiera admitir, es más caro de lo que imaginé. Miro los precios de cada apartamento y el arriendo sobre pasa lo que yo podría cancelar.
Eso es un golpe a mi ego, no puedo costear ninguno de los apartamentos que me han gustado.
—¡Vaya! —suspiro—. Tienes que trabajar más y ahorrar más.
Eso significa que debo dejar el duelo de lado y comenzar trabajar o de lo contrario mi vida comenzará a decaer. Además, con o sin Julián tengo que seguir adelante con mi vida.
Obviamente no voy a mentir, todo esto me aterra, los cambios que estoy experimentando me aterran, el giro que tan repentido que dio mi vida me asusta; jamás pensé tener que pasar por esto.
Siento en este momento que mi vida no tiene un punto a donde llegar, el camino es complicado, es incierto, pero no es como tenga una opción a la cual acudir.
Tomo mi celular y comienzo a revisar el chat, necesito cotizar algunos maquillajes para los próximos días, tengo que hacer algo productivo o me volveré loca definitivamente.
“Maquillaje para novia” dice uno de los chats, el cual abro inmediatamente y miro de qué se trata.
Segura de que puedo con el trabajo lo agendo y envío la documentación respectiva para que la chica lo analice y acepte mi trabajo, para establecer una fecha para la prueba de maquillaje.
Así mismo lo hago con dos más, uno de ellos es el más importante, es un desfile de modas para el fin de semana, una buena opción para salir de este hoyo en el que me encuentro y poder expandirme más.
“Temática del desfile” dice un correo entrante con todo lo que debo saber para el evento, lo descargo y lo leo cuidadosamente.
> al menos eso quiero pensar, solo ruego para que todo me salga bien.
Dejo mi celular y mi computadora de lado para acostarme en el sofá, eso es lo que he hecho todos estos días, estar acostada sin hacer más que mirar al techo y recordar a Julián besar a la chica delante de mis ojos.
¿Así o más absurda yo?
Que alguien responda por mí, por favor, porque en este momento no sé que está bien o no, no sé si cada decisión está bien.
¿Quién diría que en medio de una tormenta como esta pierdes tanto de ti a causa de la responsabilidad de otro?
Te preguntas si todo está bien contigo, porque de ser así, ¿por qué engañarte con otra persona?
¿Había necesidad de hacerlo?
No comprendo, y no creo que logre comprenderlo algún día, solo sé que él es lo que o quiero tener más en mi vida.
—¡Poco hombre! ¡Lo odio, lo odio! —Golpeo con mis manos hechas un puño el sofá.
¿Hasta cuándo dejaré pensar en él y yo no voy a sentir tanto dolor?
Es una maldición, esto es mi maldición.