Pov: Clementine Reed.
Si termino encarcelada, será por mi maldita voluntad. No en esta casa que es un calabozo disfrazado de “hogar dulce hogar”.
Me retoco el gloss, observando mi maquillaje. Así de hermosa se ve una mujer libre.
Perfecto.
Tomo mi cartera y salgo de mi habitación. Al bajar las escaleras, veo a mi madre en la sala con su tableta.
Deberían quitársela: pasa viendo puras tonterías. Desde que se peleó con mi hermano está insufrible, y soy la única hija que le queda para moldear a su antojo.
Maníaca del control. Siempre queriendo imponer su voluntad.
También eres la tonta que se deja mandar.
No, señor. Eso ya no más.
Se acabó la Clementine que busca su maldita aprobación.
Jamás la tendré y no debe importarme.
Un suspiro sale de mis labios y disipo mis pensamientos.
Si para ser apreciada como hija debo perder mi libertad… entonces dejaré de ser su hija.
— ¿A dónde vas? —Su voz me detiene justo antes de pasar el umbral de la arcada.
— No es tu problema. Por cierto, me llevaré mis cosas en la tarde. Echarme no será necesario.
— Clementine, en la tarde será la reunión con los Holland. Escúchame, hija, es lo mejor para ti. No querrás seguir esperando sin una familia; la edad en una mujer…
Guarda silencio cuando volteo el rostro y le clavo la mirada con completo horror.
— ¿Alguna vez te escuchas, madre? Siento que no. ¡Tengo 24 años! No 80. No hay telarañas en mi útero.
Una suave risa irónica escapa de mis labios. Sigo mi camino a la salida.
— A las cinco vendrán los Holland —vocifera a lo lejos.
Suspiro, cargada de decepción.
Sigue importándole el qué dirán.
— Joven Reed.
Jaime, quien trabaja aquí de toda la vida, me regala una sonrisa a modo de saludo.
— Jaime —Correspondo con educación.
Mi auto está afuera. Lo que no he encontrado son las llaves.
¿Las habré dejado puestas?
— ¿Esto es lo que busca, señorita Reed? —la voz de Jaime viene acompañada por el sonido metálico de mis llaves.
— Mis llaves… —Abro los ojos, acompañando con una sonrisa. Camino hacia él, pero cierra su mano con las llaves adentro.
— ¿Dónde las encontró, Jaime? —pregunto.
Su mirada cargada de regaño me escruta. Luego de lanzar un suspiro, se asegura de que nadie escuche.
— ¿A quién cree que llamó anoche, señorita Clementine? —murmura, cuidando que nadie oiga.
— Ahora comprendo por qué no recordaba nada. Lamento eso.
Extiende mis llaves. Las tomo y sonrío.
— Prométame que no volverá a tener esas actitudes tan irresponsables. No me molesta que me llame a la hora que sea; siempre iré a buscarla —expresa con tono melancólico—. Lo único que le pediré es que tenga cuidado. Alguien podría hacerle daño, señorita Clementine.
Aprieto los labios y asiento como una buena chica. A él no puedo contradecirlo. Encima que lo despierto a mitad de la noche, sale a buscarme. Jaime es lo mejor de esta casa.
— Fue un impulso desesperado. No quiero casarme.
— Lamento ese hecho, señorita. Me preocupa.
— No se preocupe, Jaime. No haré lo que ella quiere. Yo soy quien manda. Haré lo que yo decida.
— No me preocupa eso. Me preocupa que se quede sola. Ya sabe que si eso sucede, nunca es tarde para llamarme. Iré a buscarla, sin importar cuándo ni dónde.
— Gracias, Jaime. Usted es lo mejor de este lugar.
Sonrío alejándome. Agito mi mano con mis llaves en modo de despedida.
Subo a mi auto. Lo único bueno que mis padres me han dado. Un maldito deportivo blanco. Mi bebé. Mi única adquisición.
Podría haber pedido un departamento. Pero la pendeja quería al terminar la escuela, un auto deportivo.
Eres fabulosa, Clem.
Fabulosamente pendeja, eso soy.
........
El lugar donde me han citado es un enorme edificio. Visualizo el tablero y toco el botón del 5D.
Está todo tan extraño que posiblemente me estoy metiendo en la boca del lobo.
¿Culpamos a la desesperación?
¿A la inconsciencia que te caracteriza?
Silencio. Sé perfectamente lo que hago.
El intercomunicador suena.
— Señorita Reed, agradezco su puntualidad.
Es la misma voz que escuché por teléfono. Ni siquiera espera mi respuesta; corta la comunicación y la puerta del lugar suena.
Apoyo la mano y empujo. Se abre. Camino al ascensor y toco el piso 5. Las manos me sudan. Los nervios quieren apoderarse de mí.
Las puertas se abren y justo frente a mí está el 5D. No llego a tocarla: la puerta se abre sola.
— Señorita Reed.
Un hombre no tan mayor sonríe gentilmente. Cabello corto, ojos entre verde y café, muy arreglado, con una suave barba prolija.
— ¿Usted es el señor Bauer? —indago, con desconfianza.
Me permito desconfiar. Tarde. Ya estoy aquí.
—Ese soy: Conrad Bauer. Un placer conocerla, señorita Reed. Adelante, los papeles están listos para ser firmados.
El lugar es una simple oficina pulcra. Muebles elegantes color café. Las paredes combinan, dando armonía. Huele a café.
— ¿Quiere un café? Tome asiento tranquila, le daré el contrato para que lo lea con calma. El heredero de la familia Jäger tiene incontables candidatas. Aun así, esta vez yo he sido el elegido para seleccionar a su futura esposa.
Opto por sentarme. Frente a mí hay un folder con al menos diez hojas.
— Quisiera repasar todo de nuevo. Lo que está aquí escrito —digo, tomando el folder y abriendo la primera página.
— Firmará aceptar casarse con el heredero Jäger. Una vez que el matrimonio esté oficializado, recibirá un 10% de la herencia Jäger. Hablamos de miles de millones de libras.
El heredero solo quiere una esposa que provenga de buena familia y que conserve su pureza intacta.
• No habrá sexo.
• El contacto físico no es obligatorio.
• El matrimonio durará mínimo un año.
• Vivirá en el castillo Jäger.
• Se pagará el 10% de la herencia al finalizar la unión.
Mis ojos se abren como platos.
— ¿Un… un castillo? ¿Estaré en la parte más alta de la torre, custodiada por un dragón? —lanzo, entre risas.
— El castillo de la familia Jäger se encuentra cerca del norte de Londres. Hablamos de hectáreas colmadas de vegetación y, en el centro, el majestuoso castillo que lleva generaciones en pie.
Aprieto los labios para no reír.
— Solo hay animales, un viejo vivero… Quizá gallinas y personal del lugar. Nada de dragones por el momento —dice, con una sonrisa.
Al menos tiene sentido del humor.
— ¿Quieren que viva en un castillo? ¿Por cuánto tiempo?
— Especulamos seis meses. El contrato es efectivo hasta que la boda se lleve a cabo. Una vez casados, recibirá su paga y podrá marcharse. El matrimonio debe mantenerse por al menos un año y luego podrá disolverse.
El señor Bauer es muy profesional. Releo por encima las primeras páginas y efectivamente todo lo dicho aparece, pero con palabras técnicas.
—¿No hay trampas? ¿Solo vivir en ese castillo? ¿Está embrujado? —pregunto, abriendo los ojos.
Una sonrisa divertida se dibuja en sus labios.
— No está embrujado, señorita Reed. Esas cosas no existen. Es simple: hay muchas jóvenes sin carácter por aquí. Ninguna soporta la presión de este contrato. A veces no todo es dinero. Algunas quieren amor… y el señor Jäger no tiene amor. Esto es solo un negocio. Él debe casarse para heredar, y usted, para ser libre.
Mejor no pudo decirlo.
— ¿Dónde firmo? —Terminemos con esto.
— Al final de cada hoja. Usted se quedará con la copia firmada por el señor Jäger.
Mis ojos se clavan es estas hojas que si firmo deberé respetar. No es lo que más quiero en la vida.
Yo quería hacer esto con amor.
Pero al final, esta es la única puerta que se abrió justo cuando me siento a punto de ser atrapada.
Firmo sin pensarlo.
Mi madre ya planea cuántos hijos tendré.
Yo no seré una de esas tontas que quieren amor.
Esto es lo mejor que podrían darme: dinero y libertad.
Siendo una mujer casada.
El sueño de todas.
Quizás solo es mi sueño. Ser bien vista, pero libre.
Si no puedes contra ellos, combate con el mismo fuego.
— Bienvenida a la familia Jäger, señorita Reed. Hoy por la noche pasarán a buscarla por su residencia, prepare sus maletas ya que debe instalarse hoy mismo en el castillo Jäger —Extiende su mano y la estrecho.
— ¿Eso decía en el contrato? ¿Hoy mismo? Ahí conoceré al señor Jäger.
— Sí. Apenas sea firmado debe comenzar la convivencia. Esperaré sus datos.
Me levanto tomando los documentos. Me siento bien.
También me siento completamente intrigada de cómo será el bendito heredero.
Solo espero no sea un monstruo, aunque si es uno atractivo y… quiere comerme, mato dos pájaros de un tiro.
Consigo todo lo que siempre he querido.
¿Pero qué estoy diciendo?
Yo no seré una de esas tontas que se enamoran. Pero si me rompen el corazón… que sea con estilo y en un castillo.