Iana Bennett.
— Ya despertó mi pequeña
— No estoy de humor papa.
Él enarcó una ceja y sonrió.
— ¿Y se puede saber porque?
— Tuve una mala noche.
— Max me conto que te encontrabas indispuesta en su habitación.
— ¿Qué?
— Me preocupe un poco pero luego me comento que estuvo ayudándote… ¿paso algo que no me quieras decir?
— Debo irme a la empresa papá.
Me levante de la cama en silencio adentrándome al baño para hacer mis necesidades y luego darme una ducha. La voz de mi padre provenía de nuevo en la habitación, solo necesito evitar este tema y tomar un café en Starbucks.
— Papá enserio ya.
Respondí frustrada escuchando como insistía respecto al tema mientras salía del baño con una toalla envuelta en mi cuerpo.
— Algo tuvo que haber sucedido Iana Bennett.
— No quiero hablar del tema papá.
— Se besaron y por eso no quieres decirme.
Respire profundo entrando al armario y tomando lo primero que encontraba.
— Está bien papa, si nos besamos.
Una sonrisa curvo sus labios cuando salí del armario vestida.
— ¿Y por qué no querías decirme?
— Porque estuvimos hablando de un tema que la verdad me ha dejado bien confundida.
Mi respuesta hizo que frunciera el ceño, no dijo nada más y tampoco lo deje, el asintió saliendo de mi habitación para dejarme sola en ella. Me maquille lo más rápido que pude, necesitaba salir de casa. Y despejar mi mente, y sé que Lily me ayudaría en eso. Luego de haber terminado de arreglarme baje hacia el recibidor con mi pequeño bolso en mano hasta llegar a la entrada de donde una camioneta se encontraba esperándome.
— ¿A dónde la llevo señorita?
— A un Starbucks y después al departamento de Lily.
El chofer asintiendo arrancado el auto, gire mi rostro observando cómo nos adentrábamos a las calles transitadas de Seattle. En mi mente aún con ese repetía ese estúpido beso. Era como un gif, a cada cierto segundo se volvía a repetir.
Todavía no podía creer como me había tratado Max anoche. Me hizo sentir mal respecto a sus palabras, las cuales se repetían siempre en mi mente, me hizo sentir aburrida e incluso creo que lo que siento por el solo era atracción física. Nadie en mi vida me había tratado de esa manera como él lo había hecho, y me preguntaba… ¿cómo es que puede bajarle el autoestima a una mujer en cuestión de segundos?
El auto seguía en movimiento. Mientras yo miraba por la ventana como aparcaba el auto enfrente del Starbucks, baje del auto diciéndole al chofer que me esperara dentro que no tardaría mucho a lo cual accedió. Camine colocando mi bolso sobre mi hombro para luego abrir la puerta observando a varias personas verme en silencio.
— Muy buenos días… ¿Qué desea para hoy?
La chica de la barra me atendió.
— Quiero dos malteadas de chocolate.
La chica tecleo algo en el ordenador y caminó de regreso hacía dentro empezando hacer las malteadas, la cafetería era la mejor de la ciudad, mucha gente venía a tomar unos desayunos exquisitos. Conversaban y disfrutaban un delicioso café mañanero. Estábamos en tiempos calurosos en Seattle, y aun así el lugar estaba repleto. Pero cuando el clima se volvía frío, todo se ponía desastroso. La chica regresó con una sonrisa y mis dos malteadas.
— Son cinco dólares señorita.
— Aquí tienes, gracias.
— A sus órdenes.
Después de entregar el dinero me gire viendo como las malteadas se tambalearon en mis manos debido al cuerpo que había chocado con el mío. Las malteadas no se cayeron al suelo, pero estaba molesta por la inconsciente persona que ni las disculpas me habían ofrecido.
— ¡Estás loco!
Su rostro se fijó en el mío y una sonrisa curvó sus labios mientras que en mi rostro solo había molestia.
— Buenos días Iana. ¿Bonita mañana?
La ironía en su voz me daba unas ganas de golpearlo. ¿Cómo una persona puede ser tan arrogante? Por estaba muy claro que Max Davis lo era, se le notaba a cada paso que daba que se sentía superior a todos, ¿pero por que?
— Casi tumbas mis malteadas, debiste darme un espacio.
— Es una ciudad libre, tu debiste fijarte en las personas que te rodean, tal vez así te das cuenta en lo que debes hacer.
Fruncí mi ceno sin entender sus palabras.
— ¿Qué?
Respondí consternada de sus palabras. Habían sonado como una advertencia y no me gustaron. No obstante, vi cómo me ignoraba para hablar con la chica de la barra con la cual estaba coqueteando, solté un jadeo molesto para caminar hacia la salida y luego subir a la camioneta con mis labios y ceno totalmente fruncidos.
Al llegar al departamento de Lily estaba un poco más tranquila. Había olvidado lo sucedido con Max en el momento en que cruce la puerta y Lily me recibió con sus brazos abiertos en un abrazo.
— ¡Ian! Qué bueno que viniste, justo estaba hablando con Connor sobre la fiesta de Max
— Hola...
Salude respirando para tratar de calmarme, Connor y Lily parecían hermanos, luego de varios minutos pude darme cuenta de la confianza que ambos se tenían, era demasiada y podían actuar sin naturalidad y decirse las cosas sin problemas.
— Traje dos malteadas de chocolate.
Le extendí la malteada a Lily mientras que la mía se la daba a Connor, luego de lo sucedido en el Starbucks no me provocaba absolutamente nada.
— ¿Y ese humor nena? Te saldrán arrugas si sigues frunciendo sus cejas.
Comento Connor sentado en el sillón con la malteada entre sus manos.
— Pregúntaselo a Max Davis.
Respondí furiosa caminando hacia la cocina para ir por un vaso de agua. Lily quien se encontraba al lado de Connor en el sillón sonrió ansiosa.
— Oh... Alguien tiene problemas en el paraíso.
Respondió Lily con burla.
— No existe ningún paraíso Lily. Es solo que es un idiota.
Max provocaba miles de sensaciones en mí, eso no voy a negarlo, pero una de las mayores sensaciones era desprecio por su personalidad de idiota.
— ¿Qué pasó ayer?
La pregunta de Lily había hecho que le relatara todo lo que había pasado detalle por detalle, y no me salte nada, incluso no me dio timidez decirlo enfrente de Connor porque la molestia que tenía hacia que lograra expresarme de una forma increíble.
— ¡No puedo creer lo que hayas besado Iana!
La emoción en los ojos de Lily hicieron que mi molestia aumentara aún más, se supone que debe ayudarme, no alegrarse por eso. Sin embargo de nuevo el beso regreso a mi mente. Lily se disculpó conmigo observando a Connor que tenía el ceño fruncido mirándome. Entonces hizo la pregunto que lo había dejado bastante consternado, pero yo no dije nada por sabía que ese tema que quería de nuevo tocarlo, y Lily termino diciéndole todo.
— Eso sí es un problema grave Iana.
Connor sonrió llevando de nuevo la malteada sus labios.
— Y eso es lo que lleva a mi molestia… Max me afirmo que me ocultaba mi verdadero yo dentro de la timidez y vergüenza.
Connor achino sus ojos, mientras que Lily no le prestaba mucha atención al asunto.
— ¿Y qué piensas tú respecto a eso?
Trague saliva.
— Creo que tiene razón.
Connor no dijo nada al respecto duro un minuto procesando mis palabras y luego sonrió.
— Entonces porque no dejar que todo fluya en ti.
— Porque sé que cuando lo haga todo ira mal.
Asintió sin dejar de sonreír. Pensé que esto me ayudaría a salir de dudas, sin embargo quede igual que al principio, sin una respuesta concreta. Connor no me ayudo, solo cada vez que lo miraba me sonreía y comenzaba a molestarme estar aquí. Con el pasar de las horas me despedí de Lily y de Connor. Baje del departamento hasta estar fuera del edificio. Tome mi móvil pero no había señal, y mi chofer no había llegado. Frustrada por la situación me di por vencida y comencé a marcarle a un taxi, pero lo triste era que no pasaba ni un alma por la calle, y eran las once de la noche. Un auto se paró enfrente de mí, era un deportivo n***o muy hermoso. Sentí curiosidad de saber quién era el dueño de aquel auto y porque había estacionado al verme, y fue cuando la ventana del copiloto bajo y pude ver al dueño.
— Sube al auto.