+++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Estaciono la moto frente al restaurante y siento el calor del motor todavía vibrándome en las piernas. El rugido se apaga y queda ese silencio lleno de bocinas lejanas, pasos de gente entrando y saliendo y el olor penetrante de fritura mezclado con pan recién horneado. Me bajo rápido, ajustando el casco en el brazo, y ahí está ella: mi hermana. Me esperaba justo en la entrada, con los brazos cruzados, dándome esa mirada de “ya vas tarde, Isabella, otra vez”. —¿Qué pasó? ¿Por qué tarde? —me suelta de golpe, ni siquiera un hola. —Pequeños problemas —respondo, quitándome el guante y metiéndolo en el casco. No quiero dar explicaciones, menos después de lo que acaba de pasar con Francesco. Ella alza una ceja, claramente queriendo más detalles, pero se

