El plan de Sofía
Sofía no dormía.
La imagen de Malena en los brazos de Ricardo se repetía una y otra vez, como una provocación insoportable.
Buscó a Andrés del Castillo esa misma noche. No con ternura, sino con urgencia.
—Necesito que me ayudes —dijo, sin rodeos—. Tiene que parecer real. Irrefutable.
Andrés la miró con cautela.
—¿Qué quieres hacer?
Sofía respiró hondo. Su voz salió fría, calculada.
—Que Ricardo crea que Malena le fue infiel.
No habló de métodos. No hizo falta. Solo dejó claro el objetivo: sembrar una duda imposible de borrar.
—Una noche —continuó—. Un lugar lleno de gente. Fotografías. Testigos.
Nada que pueda explicarse.
Andrés dudó.
—Esto puede salirse de control.
Sofía sonrió, pero sus ojos no lo hicieron.
—Ya se salió —respondió—. El día que él la eligió.
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La trampa
Malena aceptó una invitación que parecía inocente: una salida grupal, música suave, risas, un ambiente seguro. Caren no pudo acompañarla esa noche, y eso la tranquilizó… o eso creyó.
Sofía observaba desde lejos.
No se acercó.
No habló.
Dejó que todo pareciera casual.
Malena comenzó a sentirse extraña. Cansada. Desorientada. Como si el mundo se hubiera vuelto borroso de pronto.
—Necesito aire —murmuró.
Andrés apareció entonces, solícito, correcto, ofreciendo ayuda.
Nada parecía fuera de lugar.
Desde un ángulo estratégico, alguien levantó el teléfono.
Una imagen bastó.
Luego otra.
La historia se estaba escribiendo sola… o eso pensó Sofía.
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La “prueba”
Ricardo recibió las imágenes a la mañana siguiente.
Malena, apoyada en un hombro que no era el suyo.
Un gesto ambiguo.
Una cercanía que no podía explicarse con facilidad.
El mensaje era breve:
“No todos los contratos incluyen fidelidad.”
Ricardo sintió cómo el mundo se le partía en dos.
—No… —susurró—. Ella no.
Pero la duda es una semilla cruel.
Y Sofía lo sabía.
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El silencio antes de la tormenta
Malena despertó con un dolor de cabeza intenso y una sensación de vacío que no comprendía. Tenía mensajes sin responder. Llamadas perdidas.
Buscó a Ricardo.
No contestó.
El silencio fue peor que cualquier grito.
Mientras tanto, Sofía observaba la ciudad desde su ventana, con una calma peligrosa.
—Ahora —murmuró—, que el amor pague su precio.
El enfrentamiento
Ricardo la encontró en el apartamento, de pie junto a la ventana. Malena se volvió al escucharlo entrar y supo, por su mirada, que algo estaba roto.
—Dime que no es verdad —dijo él, sin rodeos—. Dime que lo que vi… no pasó.
Malena negó con la cabeza, desbordada.
—Ricardo, no recuerdo nada así. Me sentí mal esa noche, confundida… yo jamás te haría eso.
Él apretó la mandíbula.
—Las fotos no mienten.
—Las fotos no son la verdad —replicó ella, con la voz quebrada—. Tú me conoces.
Hubo un silencio largo. Doloroso.
—Creí conocerte —dijo él al final.
Tomó las llaves y se marchó antes de que Malena pudiera detenerlo.
Ella cayó sentada, sintiendo que el mundo se le había escapado de las manos.