CAPÍTULO 5

1049 Words
KICKBACK Te encontraré Libro 2:   ════ ♣♣♣ ════ Eran las siete y cinco de la mañana, cuando Arlene entró a la cafetería, a la cual Andy Jones le había citado. Pidió un desayuno completamente irlandés,  que consistía en: bacón, salchichas, huevos fritos, champiñones, lo acompañó con dos rebanadas de pan tostado, mantequilla, mermelada de fresas, y su gran taza humeante de café. La camarera la miró con algo de desaprobación, porque debió pedir el típico té, que nunca debía faltar en la mesa  de un irlandés, aunque la falsa creencia hiciera pensar que es solo una tradición británica. Arlene solo le devolvió una cordial sonrisa.  No sabía que tenía tanta hambre hasta que se llevó el primer bocado a la boca. Prácticamente devoró la comida, todo estaba exquisito. Estaba terminando el último bocado de manera distraída , cuando Jones se acercó a su mesa, con su aire misterioso y su apariencia taciturna. Sin embargo; el hombre daba tanta seguridad, que le hacía confiar en él plenamente. Además de que tenía excelentes referencias. Andy Jones, era un hombre de alrededor de los treinta y seis años. Completamente un caballero, como lo eran la mayoría de los hombres ingleses. Cabello castaño claro. Alto, alrededor de un metro ochenta y algo, pero no tan alto como el amor de su vida. Nariz aguileña, ojos marrones claros bordeados por gruesas, y largas pestañas negras. Su  boca era grande con labios finos. Reconoció en su momento que Jones era completamente atractivo,  Sin invitación se sentó en frente de ella. —Buenos días, es bueno ver que tiene apetito. —El tono en la voz del detective, era un poco burlón. La camarera se le acercó, para preguntarle si quería algo para desayunar, y tomar su pedido, pero al parecer él estaba más que listo. Le hizo un gesto con la mano, y luego miró a Arlene y le informó: —Esperamos a que usted termine su desayuno y nos ponemos en camino, ¿le parece bien? Arlene tomó un sorbo de su café, y enarcó una ceja hacia él. Simplemente para retarlo, al mirarlo sintió un poco de pena por el hombre, ya que esa mañana se le notaba más el moretón en el rostro. La culpa le hizo sacudir la cabeza; desechó esos pensamientos y le manifestó al hombre: —Solo me falta esto, y ya estoy terminando. Me imagino que ya tiene todo preparado para hoy, ¿cierto?   Le hizo señas a la camarera, para que se acercara de nuevo y le pidió una botella de agua y la cuenta de Arlene. Tal gesto le hizo entornar los ojos, por más que se esmeraba, todo el mundo la veía como una mujer desvalida. Cuando la chica regresó con lo que había pedido, ya había terminado, y se disponía a levantarse, todavía un poco molesta por la actitud del hombre que sería su compañero.  En ese momento giró la cabeza, y miró hacia la calle por el gran ventanal. Parpadeó un par de veces, porque por un momento creyó haber visto a un sujeto observándola. No pudo divisar bien, pues tenía gorra y lentes oscuros. En el instante que quiso volver a mirar, la persona ya no estaba.  —¿Sherilyn? —La voz de Jonas la sacó del trance— ¿Pasa algo? —No, nada —respondió de manera automática.  Jones también se asomó, intrigado por lo que ella había visto dio un respingo de frustración, porque él no pudo ver absolutamente nada.   —¿Sabe? A veces me gustaría que confiara un poco más en mí, de esa manera dejaría de subestimar mi inteligencia. «¿Por dónde comenzar?», se cuestionó. En el fondo sabía que él tenía razón. Su nombre no era Sherilyn, quería gritarle. Pero esa era la identidad que había conseguido, desde que había dejado la casa de su primo. Sherilyn Ward, según era  totalmente americana, descendiente de irlandeses. —Entonces, vamos a ponernos en marcha —le sugirió Jones.   Ella había llegado al lugar en taxi, puesto que iban a viajar en el automóvil de Andy. En realidad, el viaje no era muy largo. Apenas dos horas y treinta minutos. Llegarían a media mañana, tal vez regresarían el mismo día. Ella nunca había salido de Dublín en los últimos meses. Por esa razón estaba embelesada mirando el paisaje. El lugar parecía el camino hacia un bosque encantado de los cuentos de hadas. Llevaban alrededor de una hora y media de camino, cuando Andy dio un resoplido. —¿Qué sucede? —Quiso saber Arlene. —Creo que nos vienen siguiendo, y desde hace rato —fue la respuesta del detective.  Enseguida ella se giró un poco en su asiento y miró hacia atrás. Un Cadillac Escalade, y otros dos vehículos se acercaban rápidamente. Su corazón se aceleró, solo conocía a una persona que amaba ese tipo de camioneta.  —¡Rowdy! —exclamó Arlene con emoción, pero no duró mucho tiempo, porque los vehículos, les pasaron por el lado. Tocando el desesperadamente la bocina y prendiendo y apagando las luces.     —Juro por Dios, que nos venían siguiendo —se justificó Jones. —Por un momento lo creí también —manifestó Arlene, acomodándose mejor en el asiento del copiloto. —Lo bueno es que vamos a buen tiempo; y la carretera está despejada —Andy aceleró el motor.  Tal vez, debía dejarse de idioteces y llamar a Jessica, o mejor a Aidan. Lo conocía, y aunque estuviese molesto por no haber confiado en él, estaba segura que iría por ella, y le brindaría ayuda.  Terminaron el viaje en silencio, el detective Jones sabía lo que hacía, la que no sabía qué hacer, ni hacía a dónde dirigirse era ella. Andy Jones, activo en su dispositivo la aplicación Waze, ya que conocía muy poco la ciudad en la que estaban. Siguieron las indicaciones y encontraron el lugar. Ella frunció el ceño, estaba en los suburbios de la ciudad. Sintió miedo cuando el automóvil se detuvo, a pesar de que apenas eran cerca de las once de la mañana, el lugar estaba solitario y sombrío. También le pareció sospechoso que el hombre tuviese un taller mecánico, le dio a entender que la persona que venían a buscar, tenía negocios ilícitos.   —Vamos —dijo Andy interrumpiendo sus pensamientos.
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