CAPÍTULO 6

1509 Words
Bilogía KICKBACK Te encontraré Libro 2: ════ ♣♣♣ ════  —¿Sabe el nombre de la persona a la que venimos a buscar?  —Su nombre exactamente, no. Solo su alias… al parecer es muy conocido en el mundo de los negocios turbios. —¿Cuál es su apodo? —preguntó ella. —Lolar. —Jones contestó abiertamente. Ella frunció el ceño, alguna vez cuando era pequeña escuchó ese apodo. Pero no creía que tuviese relación, ¿o tal vez sí? —Por tu rostro, y por el silencio, me haces pensar que lo conoces, ¿no es así?  —Creo que lo escuché una vez… Respondió mientras caminaban hasta la entrada del taller. Cuando se asomó en la puerta, lo supo. Era una tapadera. Al final de cuentas… era una Byrne, aunque no se involucraba de manera frecuente en los negocios familiares, sabía perfectamente cómo funcionaban. Ryan tenía algunos locales a su disposición, con esas mismas características, con todo y que en cinco años había limpiado parte de la fortuna familiar. —¿Quién está por ahí? —preguntó un hombre de voz gruesa atemorizante. Andy Jones se acercó un poco más con paso confiado al hombre que estaba metido de cabeza en el capot de un vehículo, agradeció que estaban preparados. El gran hombre, se asomó con un arma en la mano.   Era alto con el cabello casi en uno, podría ser moreno o pelirrojo, no podía distinguirse hasta que no saliera del lugar en donde estaba, o les permitiera acercarse un poco más. Ella decidió intervenir: —Disculpe, señor. Si lo estamos molestando —su voz era cordial y trataba de estar serena. Fue entonces cuando él decidió dar la cara, y acercarse un poco más para detallarla. Era un hombre a la mitad de los cincuenta, tenía los ojos verdes, con cejas y pestañas gruesas, nariz perfilada, pero de lado. Se imaginó que debió de haber sido por algún golpe, pómulos altos, y labios finos. Ella lo observaba detalladamente, pues estaba buscando alguna similitud de su físico con el de Rowdy. —¿Qué pasa muchacha? —preguntó el hombre divertido—. Me alegra saber que aún a mi edad soy atractivo para chicas de tu edad. Ella sacudió la cabeza, y Jones la miró con desaprobación, y comenzó a hablar. —En realidad…  —Silencio… —el hombre alzó la mano para que se callara. —Prefiero que esta cosita tan hermosa, me diga, ¿qué carajos busca en un lugar como este? —Busco a una persona… —¡Ja! ¿Acaso crees que este lugar es el departamento de personas extraviadas? —se estaba burlando de ella. —Lolar… —Apenas pudo contener la palabra, y pudo jurar ver un brillo asesino en los ojos del gran hombre—. Estoy buscando a Lolar. —¿Para qué querría una damita como tú, entrevistarse con él? Arlene suspiró para darse valor, pues las piernas le temblaban, el hombre era intimidante. Iba a decir una mentira, que esperaba que le saliera muy bien, porque algo le decía que no era una persona con la cual se podía bromear, menos engañar. —Eh… verá… —carraspeó, y se puso el cabello detrás de la oreja— en realidad ando buscando a mi  tía, pero nos enteramos que falleció. Nos informaron que había tenido un hijo, que tampoco pudimos dar con él. Así que nos dijeron que este señor… Lolar, tuvo una relación con mi tía, de hecho no sé si es el padre de mi primo. Solo quiero saber si a través de él, pueda tener noticias de dónde está mi primo. El hombre caminó un poco más hacia ella, con los ojos estrechados, mirándola con sospecha. —¿Cómo se llamaba tu tía? —Quiso saberlo. —¿Es usted Lolar? —ella le respondió con una pregunta, se dio cuenta de su error, y enseguida puso cara de esperanzada. Se había convertido en toda una actriz. —Te hice una pregunta primero, muchacha. —Arrastró las palabras, y ella sintió miedo. —Enya Walsh —contestó mirándole fijamente a los ojos. Soy Sherilyn Walsh —extendió la mano para presentarse, cambiando su apellido de inmediato. Vio la sorpresa en el rostro del hombre, negó darle la mano, porque la tenía llena de grasa, y con la otra seguía sosteniendo el arma, aunque no les apuntaba con ella en ese momento. —Así que la pequeña Eny tenía familia —sacudió la cabeza— ¿Quién iba a creerlo?   —Mi padre se marchó de casa a muy corta edad —se encogió de hombros.  —Ojalá el bastardo de tu padre, se hubiese quedado para defenderla —espetó algo furioso. —Son cosas que pasan, de las cuales yo no tengo culpa, señor Lolar —le retó con la mirada— Porque, es usted, ¿cierto? —Sí… soy yo.  —¿Mi primo? —Lo siento; no sabría decirte de su panadero… el chico… aunque le vi nacer, y le amé como si fuese mío… vinieron por él, después que Enya murió. —¿Quién vino por él? —Ya conocía la respuesta, pero quería escucharlo de sus labios. —Un hombre… —respondió con repugnancia— que por más que Enya pidió su ayuda, él jamás le tendió la mano. —¿Dónde puedo encontrarlos?, tal vez ese hombre pueda decirme en dónde está mi primo. —Muy lejos… en América, jamás lo volví a ver —manifestó con pesar, ella se alegró de saber que el hombre le tenía aún cariño a Rowdy. —¿Sabe entonces quién es su padre? —Su padre es… Cuando iba a decir, desde afuera del local comenzaron a disparar, enseguida Andy Jonas la puso en resguardo, y Lolar también, estaban rodeados. —¡Vamos, muévanse! —exclamó Lolar, apurándolos para ponerse los tres a salvo. A los pocos segundos, sintieron otra ráfaga de disparos, pero esa vez contra a los que habían intentado matarlos —¡Lolar! —gritó un hombre— ¡Sal de donde estás sabandija! —¡Sácala de aquí! —exigió Lolar— Por la parte de atrás, hay un auto blindado.  —Cuando te diga corre… —Andy le dijo a ella—. Corres cómo si el mismo diablo te estuviera persiguiendo. Ella solo asintió. —¿Me has escuchado, Sherilyn?  —Sí… sí… —Corre entonces…  Ambos salieron disparados hacia donde Lolar, les había indicado. Era una camioneta Ford Super Dutty, un monstruo en cuanto a maquinaria y tamaño. No perdieron tiempo, las llaves estaban puestas en el volante, daba la impresión que Lolar siempre estaba preparado, y salieron a toda velocidad.  El hombre que los había ayudado, casi los alcanza, al salir,  pero una bala en su espalda, no lo permitió. Ellos salieron huyendo, y por alguna extraña razón, no les perseguían.   —¿Qué… qué pasará ahora? —indagó ella todavía nerviosa. —No lo sé —le dio un golpe al volante—, alguien no quiere que sigamos averiguando. —Su auto… —Era alquilado, con identificación falsa. —¿Qué tiene pensado? —Por ahora, ponernos a salvo —observó el tablero para comprobar la cantidad de combustible—, regresaremos a Dublín ahora mismo. Un gemido de miedo brotó de los labios femeninos. —¿Es seguro? —Lo único en la vida, pequeña Sherilyn, es la muerte. Andy condujo hasta Dublín a gran velocidad, el viaje a la capital de casi dos horas y  treinta minutos, fue reducido a  una escasa hora y cuarenta y tres minutos. —Voy a llevarte a tu casa —informó el detective—, debemos encontrar un lugar seguro. —No, debo resolver algo primero. —¿No entiendes el peligro en el qué te encuentras? —Sí, lo entiendo perfectamente. Pero es importante… incluso más que mi búsqueda de la verdad. —No estoy de acuerdo, ¿en dónde vas a quedarte?  —Déjeme en el centro de la ciudad. A los pocos minutos, Andy Jones la estaba dejando en el lugar, al bajarse él dijo: —Ten mucho cuidado, recuerda que tu vida corre peligro. —Así lo haré, tengo su número de teléfono celular —ella trató de hacer una broma. —Cuando necesites mi ayuda Sherilyn… —sonrió con picardía—. ¿O prefieres que te llame Arlene? Abrió mucho los ojos, y se tapó la boca con la mano, para que no se le saliera el grito de sorpresa. —¿Cómo… lo supo? —preguntó ella bajándose del monstruo a cuatro ruedas. —Sé todo acerca de mis clientes —se despidió de Arlene, guiñándole un ojo, y luego le hizo un saludo militar.   La dejó en el centro de Dublín, más asustada que nunca, y con la sensación de que Andy Jones sabía más de la cuenta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD