CAPÍTULO 3

1546 Words
KICKBACK Te encontraré Libro 2: ════ ♣♣♣ ════  Actualidad… La vida de Arlene Byrne, cambió drásticamente desde que había huido de casa una noche. Por culpa de la gran mentira de su tía Fiona. Quien aún después de haberle destrozado la vida no odiaba, pero tampoco quería tenerla cerca. Llevaba alrededor de dos años desaparecida. Lo que aprovechó para investigar acerca del verdadero lazo de sangre que unía a Rowdy, con su familia. Se negaba a aceptar, que durante todo ese tiempo pudo haber cometido algo tan inaceptable como el incesto. Algo dentro de su ser, le decía que eso era una vil mentira. Además, no creía que Fiona fuese capaz de callarse algo tan grave, como eso. Después de todo ella era su sangre, hija de su hermana menor. Por la que tantas veces, delante de todos profesaba amor y decía que hasta la fecha lamentaba su pérdida. Pero con ella cualquier cosa podía pasar, ya que era la maldad hecha mujer. Sus recuerdos son muy lejanos, apenas tenía tres años cuando sus padres murieron, en una situación muy extraña. Según las versiones de muchas personas ellos padres habían tenido una fuerte discusión, que los llevó a ambos a caer por el balcón de su habitación. Por supuesto, que no tenía cómo averiguar la verdad, ya que en el presente solo la bruja de su tía sabía realmente lo sucedido. Porque su tío Cian que también había estado presente esa noche, había muerto varios años atrás.   «Malditos secretos familiares, son una verdadera mierda», pensó. Luego dio un respiro de resignación. Estuvo de acuerdo con la frase popular: “No podemos escoger a nuestra familia”.  Faltaban pocos minutos para su encuentro en el bar con el investigador privado, que había contratado en Londres hacía un poco más de un año, y que gracias a su trabajo, se encontraba muy cerca de lo que podía ser la  verdad. Lo cierto era que las piernas le temblaban, porque tenía el presentimiento que algo muy malo iba a pasar al momento de abrir esa puerta.  Tomó un sorbo de su whiskey y lo saboreó, en su mente brindó. Era siete de septiembre, ese día el amor de su vida, cumplía treinta y tres años. —¡Joder! —exclamó en voz baja mientras; pasó la mano por detrás de su cuello. Desde que había salido del trabajo esa tarde, tenía una sensación extraña. Sentía que alguien la observaba. Sacudió la cabeza en negación, eso era imposible, su cabello que antes fue rojo natural,  rizado; y hasta la cintura, en ese momento era liso; un poco más arriba de la nuca, y de color n***o.  Recién llegada al país de sus antepasados, Irlanda. Se cortó el cabello, casi que como un novato de la armada. Era necesario para cambiar su aspecto en ese momento, le costó mucho deshacerse de las viejas costumbres. En ese momento deseó estar en casa bajo la protección de los tres hombres que según ella le asfixiaba. Ryan, su primo y jefe de la familia, su hermano mayor Aidan y por supuesto el amor de su vida Rowdy.  Dio un largo suspiro, sacudió la cabeza por el absurdo anhelo. Tamborileó sus dedos sobre la mesa de la barra, tal acción simplemente era señal de impaciencia. Tomó otro sorbo de su trago, y de nuevo su mente fue invadida, por unos jodidos ojos azules translúcidos, que a veces asustaban como la muerte, porque delataban el estado de ánimo de su dueño. Suspiró y preguntó:  «¿Qué estarás haciendo ahora, Row? ¿Con quién?». De pronto una ráfaga de celos, y de cosas locas pasaron por su cabeza. Recordó que seis años antes a Row, no le importaba estar con dos mujeres al mismo tiempo. No le importaba amanecer en cama ajena, el sexo era lo más importante. Pero tenía que reconocer, que él dejó sus andanzas, desde la noche que estuvo con ella y le juró que desde ese momento nada sería igual. Ya había perdido la cuenta de los suspiros que había dado en menos de diez minutos, cuando otro se le escapó. Sonrió como una verdadera tonta, para Arlene, fue la mejor noche de su vida. Volverse mujer, en los brazos del hombre que amaba.  Tenía que sincerarse, ella era una loca maniática  y egoísta cuando se trataba de él. Muchas veces le amenazó, diciendo que le cortaría los huevos, si lo pillaba con otras. Porque desde aquella jodida fiesta de cumpleaños celebrado solo para dos, ella era su única mujer, y se encargaría de que así fuera para siempre.   Su corazón dolía, por estar lejos de él, su cuerpo lo anhelaba las veinticuatro horas del día. Pero no podía volver a casa todavía. No hasta que no resolviera el misterio, que rodeaba el nacimiento de Rowdy, y pudiera gritar en la cara de Fiona Byrne que era una bruja mentirosa, manipuladora y malvada. Todo eso para no llamarla maldita mujer. Realmente no veía ni el día ni la hora de volver, estaba prácticamente loca por hacerlo. Porque a pesar de ser muy cautelosa, presentía que su vida no estaba a salvo en Dublín.  Apenas unos días atrás, creyó que unos hombres en un vehículo, le habían estado siguiendo. El miedo se caló en sus huesos, de tal forma que llamó desesperada a Jessica, su amiga y la única persona en la cual confiaba plenamente, después de Rowdy. No dudó en pedirle ayuda. Le suplicó que fuese discreta, ni siquiera su hermano Aidan podía enterarse. En seguida ella le calmó diciendo que lo resolvería, y que haría todo lo posible por ir lo antes posible por ella.  Estaba tan paranoica, que todas las mañanas, antes de ir al trabajo, se ejercitaba como cuando tenía veinte años. Reforzando todo lo que había aprendido en su entrenamiento Byrne. El cual fue impuesto por el propio Rowdy, ya que insistía en que era completamente necesario, para poder salir bien librada de cualquier problema que surgiera de inesperado. Tenía que estar alerta todo el tiempo, era muy agotador sobre todo. porque solo era una mujer. Si bien era cierto que había crecido entre los códigos de la mafia, y que lo conocía perfectamente. Pero que aun así, era completamente inexperta.  Debía de reconocer que siempre estuvo en una burbuja de protección por su hermano, su primo, y en que en su tiempo fue su novio. En ese momento se estaba arriesgando demasiado; al intentar descubrir una verdad, que no le pertenecía. Pero que al mismo tiempo era importante para ella, ya que de ese descubrimiento dependía su salud mental, y emocional.    Lo estuvo pensando durante más de una semana, y toda la noche anterior. Llegó a la conclusión, que no podía hacerlo sola; por tanto solo esperaría la información del investigador, y volvería a casa, América para contarle toda la verdad a Ryan, que era más que su primo, era como su hermano. Casi se cae del asiento al dar un brinco en el momento que sintió que alguien le ponía una mano sobre su hombro. —Tranquila, Sherilyn. No debería preocuparte, solo soy yo. —Anunció el recién llegado con voz suave y baja. —Ha tardado demasiado, esta vez —fue el saludo que ella le brindó. —Disculpa, no era mi intención, hacerte esperar  —le hizo señas al barman, para pedir una bebida—.  Me temo, que alguien no quiere que siga investigando este caso. El día de ayer tuve un inconveniente, que me dejó un amargo sabor. Le hizo señas con el dedo índice, y giró el rostro, para que viese el gran moretón que tenía cerca del ojo derecho. La joven frente al detective, puso una mano sobre sus labios, para amortiguar un gemido de terror solo de pensar que podía haberle ocurrido, algo por su culpa. Por andar buscando información por algo que no era de su incumbencia.  —¿Está usted bien? —inquirió angustiada, poniendo una mano sobre uno de sus fuertes brazos. —No se preocupe, no es nada que no haya vivido antes. —Le guiñó un ojo, y luego se bebió hasta el fondo su cerveza recién servida en la barra. —Entonces eso solo significa una cosa… que estamos cerca de descubrirlo todo —lo miró con esperanza— ¿Qué nueva información tiene? —No sé si sea buena cosa, encontré a un hombre. Pero lamentablemente no vive en esta ciudad, si no en las afueras. —¿En dónde exactamente? —Estaba ansiosa por saber.  —Específicamente en las afueras de Cork. —¿Qué tan importante es ese hombre para nosotros? —Tomó un sorbo de su trago.  —Hasta que no hable con él, no podré responder a su pregunta.  —Entiendo, eso tiene completa lógica, pero usted tiene la sospecha que tiene algo que ver con Rowdy, ¿cierto? —Sí, es cierto. Pienso que tiene todo y nada a la vez. Arlene enarcó una ceja, inquisitiva, mientras el detective hacía señas al barman de nuevo, para que le diera otra cerveza y luego agregó: —Ese hombre estuvo implicado emocionalmente con Enya Walsh durante mucho tiempo. Él puede tener una jugosa información, para nosotros, y eso es ventajoso para descubrir la verdad que tanto está anhelando.
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