CAPÍTULO 3: NO ES PRECISAMENTE EL TRABAJO DE MIS SUEÑOS

1803 Words
Abby Todavía sigo en estado de shock. No me cabe en la cabeza cómo pasé de intentar audicionar en GlobalTunes Records, a trabajar como la asistente personal del jefe de la disquera. Es que todo ocurrió tan rápido que no tuve tiempo de pensar mejor las cosas. Harmony se me perdió por completo de vista, así que no me quedó más opción que regresar a mi casa caminando, pues, ella se había llevado el bolso con mi dinero. Mientras camino por las calles de Los Ángeles solo puedo pensar en la imponente y sexy figura de mi nuevo jefe. Sebastian Sinclair es un hombre al que es difícil decirle que no. Acepté ser su empleada sin siquiera saber qué demonios voy a hacer en su empresa… ¿y qué se supone que le voy a decir a Harm cuando sepa todo esto? Resoplo con fuerza y termino por sentarme en una banca vacía que está en la plaza por la que estoy pasando. Ya casi está por caer la noche, el cielo es de un tono anaranjado y más arriba ya se empieza a ver el azul marino del firmamento nocturno. —Tendré que renunciar a mi trabajo de mesera —digo en voz alta. De pronto mi celular vibra en el bolsillo delantero de mi pantalón. No me había dado cuenta de la infinidad de llamadas perdidas que tengo de Harm y de mis hermanos también; deben estar preocupados por mí. Respondo la llamada entrante de mi mejor amiga, preparándome para escuchar sus gritos histéricos. —¡¿Dónde rayos estás?! ¿Te escapaste de la audición? —cuestiona con voz furiosa. —Ah… no, en realidad… —titubeo sin saber qué decir. No es mentira que me escapé, pero en teoría, he conseguido un trabajo en la disquera. —¡Lo hiciste! Lo sabía. No puedo creerlo Abby, después de todo mi esfuerzo por inscribirte —reclama. —Espera, calma, si estuve en el escenario, de hecho… conocí al jefe de la disquera —digo mordiendo mi labio. Estoy metiéndome en tremendo lío al mentirle a mi mejor amiga, pero no puedo soportar sus quejas, además, que me lo diga así es el constante recuerdo de mi fracaso. —¿En serio? —pregunta incrédula. —Te lo juro, hasta me ofreció trabajo. El grito que viene seguido de eso me deja parcialmente sorda por un momento. Alejo la bocina del celular mientras Harm grita a todo pulmón. —¡Ah! ¡Te lo dije! Eres muy buena, vas a ser la próxima gran estrella de GlobalTunes. —Sí, por supuesto —respondo con una sonrisa falsa. Si ella pudiera verme, se daría cuenta de mi mentira. De lo único que voy a ser estrella es de hacerle los recados al jefe, pero al menos estaré más cerca de lo que sueño. —¿Dónde estás? Iré por ti, me quedé con todas tus cosas. —Tranquila, me fui caminando y ya estoy cerca, de todos modos, iré a decirle a Nick que renuncio al restaurante. —Está bien. Harm cuelga la llamada mucho más animada que cuando inició. Exhalo un suspiro, pero sé que mi mentira no llegará demasiado lejos, ella se dará cuenta de que todo es una farsa cuando la nueva cantante estrella de la disquera sea otra chica y no yo. Retomo el camino hasta el pequeño restaurante de comida rápida donde trabajo en mis tiempos libres. Ni bien abro la puerta del local me llega el aroma a carne asada, queso y los panes frescos del día. No está demasiado lleno el lugar. De inmediato veo a Nick, mi jefe, recostado sobre el mostrador mientras conversa con Nevaeh, una de mis compañeras. —¡Ey! Abby, ¿qué te trae por aquí? Creí que hoy era tu día libre, ¿o me equivoqué? —pregunta para sí mismo y se apresura a sacar el organizador electrónico que siempre lleva en el bolsillo de la camisa. —No, no tranquilo, no he venido por eso. —¿Has venido a probar la especialidad de la casa? Te advierto que no te daré descuentos especiales. —Me señala con la pluma electrónica, pero no quita la sonrisa de su rostro, sé que está bromeando conmigo. —En realidad… —le digo con un ligero tono melódico—… he venido a presentar mi renuncia. —¡¿Qué?! Pero no puedes irte, eres mi empleada estrella. Nevaeh que hasta entonces había estado en su celular, levanta la cabeza para prestar atención. —¿Te irás? —Sí, lo siento, es que he conseguido empleo en otra parte. —¿Dónde? Más te vale que haya sido para algo grande como ser una cantante profesional, porque si no, no voy a aceptar esto —dice con seriedad. —De hecho, será en una disquera. Sé que la bola de mentira que estoy diciendo empieza a hacerse más y más grande, pero no puedo dejar que nadie sepa la verdad. Además, técnicamente no estoy mintiendo del todo. Nick da un saltito de alegría y me abraza de la nada. Solo puedo sonreír y continuar con lo que acabo de decir. Todos aquí saben que quiero ser cantante, y alguna que otra vez me han pillado desprevenida cuando creo que no hay nadie. Me toma más de lo esperado tramitar la renuncia, pero para las diez de la noche, oficialmente ya no pertenezco a Crusty Sandwich. Regreso a mi casa en autobús gracias a la liquidación de mi última paga. Cuando llego a casa ya todo el mundo está dormido o han salido de fiesta, como mi hermano Paul, así que me encierro en mi habitación y caigo como peso muerto hasta la mañana siguiente. El despertador habitual me hace levantarme de un salto. Por poco no recuerdo qué hoy empieza mi primer día de trabajo. Tomo el celular y ya tengo como diez mensajes de Sebastian. El primero de ellos es su itinerario y parece uno bastante complejo de seguir. Me quedo boquiabierta mientras leo todo lo que se supone que tendré que hacer a su lado: reuniones de negocios, viajes a otros estados del país, citas en hoteles con productores… Suspiro profundamente y de pronto siento que me va a dar un ataque de pánico. No sé si esté lista para hacer todo esto. Sin darme tiempo a pensarlo, aunque sea un poco, mi celular vuelve a sonar, esta vez con una llamada. —¿Hola? —¿Dónde está? Espero que ya se encuentre de camino, tenemos una reunión a primera hora con el equipo de A&R para ver lo de la nueva artista. —¿A&R? —pregunto sin comprender a qué se refiere. —Artists and Repertorie —explica con un tono que no suena nada feliz—. Le envié todo lo necesario para que aprendiera, ¿no lo ha leído? —Ah… sí, sí, ya estoy en camino —miento, ni siquiera me he cambiado la ropa con la que estaba ayer. —Bien, la espero en veinte minutos. Sebastian cuelga la llamada y yo salgo disparada al baño de inmediato. Ni duchándome en cinco minutos conseguiré llegar en menos del tiempo que me ha puesto. De alguna forma milagrosa consigo alistarme en diez minutos, solo me quedan diez. Mi madre es la primera en verme mientras prepara el desayuno en la cocina. —Abby, ¿qué haces despierta tan temprano? ¿A dónde vas? —Ah… tengo un nuevo trabajo —le digo de manera casual mientras muerdo un pan de la cesta y pido un taxi por aplicativo. —¿Qué? ¿Cómo así? —Lo siento ma, tengo que irme, te explicaré cuando regrese. —Le doy un dulce beso en la mejilla, pero mi madre no se conforma con eso. —¿Cómo así? ¡Ven aquí y explícate! —¡Es en una disquera! —Alcanzo a gritarle antes de abandonar la casa. Es mejor soltar esa bomba y alejarme lo más pronto de ahí antes de que hagan un alboroto. El taxi llega a la puerta y prácticamente me arrojo dentro a toda prisa. —Apresúrese por favor, voy tarde. La dirección es 1234 Sunset Boulevard. El hombre pone en marcha el vehículo, entretanto yo muerdo mis dedos con insistencia. El tiempo corre en mi contra y, como era de esperarse, termina ganándome por cinco minutos. Cuando bajo frente al imponente edificio, me detengo un segundo a admirarlo. Esta podría ser yo entrando como la nueva artista, en cambio, soy una simple asistente de presidencia. Suspiro y corro escaleras arriba porque el ascensor está demorando demasiado. La recepcionista del piso me recibe con una sonrisa y me señala con el bolígrafo que él me está esperando dentro. —¿Estará muy enojado? —Yo que tú entro de inmediato. Oh y… buena suerte, la vas a necesitar —augura. ¡Dios mío! ¿Será que cometí un grave error? Empujo la puerta con parsimonia, enseguida escucho que él se pone de pie. —Pase, señorita Abby —dice desde dentro. Sebastian Sinclair me observa con detenimiento en lo que termino de avanzar hasta su escritorio. El día anterior no me había detenido a detallar la oficina, pero esta vez puedo percatarme de varias cosas, como los discos de oro y diamante de sus mejores estrellas colgados en la pared. El gran poster de la fabulosa Lily Monroe, y otro más del grupo musical de chicos “The Renegades”. El hombre imponente y sexy carraspea la garganta. Sus ojos verdes me miran con intensidad. —Lamento la tardanza —digo encogiéndome en mí misma. —¿Por qué ha venido así? —cuestiona. —¿Qué? Disculpe, no comprendo… —¡Así! —exclama rodeándome cual león. De pronto, invade mi espacio personal y levanta mi cabello como si fuera cualquier cosa—, con el cabello mojado, obviamente se acaba de bañar, y esa ropa… —hace una pausa y suspira—… creí haberle enviado un código de vestimenta. Para la próxima, arréglese mejor, y al menos séquese el cabello, eso le dirá a los demás que es capaz de dedicar un poco de tiempo a usted misma. Me quedo estupefacta ante sus palabras, ¿este hombre está criticando mi aspecto? —¿Qué? —¿Acaso es sorda? —Se frota el entrecejo y suspira—. No importa, por hoy no quedará de otra, quizá le diga a Betanny que le consiga algo más decente. Vamos, la reunión es en diez minutos. Sebastian me pasa de largo, supongo que espera que lo siga, pero realmente no puedo creer que todo eso acabase de pasar. Ahora entiendo por qué la recepcionista me ha deseado buena suerte, es que este tipo ¡es un demonio!
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