Claro, aquí está el texto con la ortografía corregida:
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Alina
Discutí con mi madre como todos los días, a veces no la soporto, siento que me odia y no sé por qué. Pensaría que le recuerdo a mi padre, pero no es así por un pequeño detalle, soy adoptada.
Hace diez años ella nos encontró a Felipe, Eliana y a mí en la calle rondando. Fueron los peores años de mi vida. No teníamos para comer, debimos escapar de todos los peligros que enfrentan tres niños pequeños al vivir en la calle.
Yo no lo recuerdo, de hecho, no recuerdo nada; esa es la historia que me han contado. Eliana me contó que ella y Felipe me encontraron cuando era pequeña, rondando en la calle y buscando comida en la basura.
Felipe afirma que mi madre me abandonó, me dejó allí y se marchó en un gran carro. No recordaba ni mi nombre, Felipe me nombró Alina.
Las tres fuimos abandonadas y al compartir el mismo dolor nos volvimos inseparables; somos como hermanos. Jazmín nos recogió y nos dio una casa, ella tiene adoración por Felipe pero a mí me odia por alguna razón que desconozco.
No solo a nosotros "nos adoptó", también lo hizo con otro niño, mi hermano menor Ramiro, que tiene diez años. Al ser adoptados por Jazmín no cambió nada, los tres seguimos trabajando en las calles, limpiando vidrios de los carros, robando o ganando dinero de la forma en la que pudiéramos.
A pesar de que tenemos una casa desde pequeños, debemos ganar nuestra comida. Sin embargo, nunca me gustó robar. Así que apenas cumplí los doce años, comencé a aprender a cocinar y vender comida. Usualmente camino por toda la ciudad y golpeo de casa en casa para vender.
Algunas personas son amables y otros no.
Al despertar, me puse unos shorts azules y una blusa blanca. Mi cabello es rizado y castaño, mis ojos son verdes. Me dirigí a preparar el desayuno con lo que encontré en la nevera y luego llevé al pequeño Ramiro a la escuela.
Siempre los mayores lo hemos protegido a él. Ha sido el único que ha ido al colegio y Eliana también porque ella terminó sus estudios hace aproximadamente dos años y ahora está estudiando enfermería. Sin embargo, Felipe y yo apenas sabemos leer y escribir.
Lo poco que aprendí me lo ha enseñado Eliana. Ella insiste en que estudie, pero con lo que gano apenas me alcanza para cooperar con la comida.
Prefiero vender comida en la calle que volver a robar, como lo hacía cuando era pequeña. Sin embargo, Felipe piensa lo contrario.
En la tarde, luego de preparar la comida, me dirigí con mi socia y mejor amiga Jacqueline a repartirla. La ciudad es grande y tenemos nuestra clientela. Sabemos en qué casas vender. Soy muy buena para vender lo que sea, en cambio, Jacqueline es muy tímida.
Soy muy buena vendiendo, aunque más de una vez le tuve que poner un alto a algunos tipos que se quieren propasar con una chica sola. Al estar en las calles, varias veces me han intentado violar; sin embargo, siempre me he defendido o Felipe lo ha hecho.
Estábamos a punto de cruzar la calle cuando noté que el semáforo cambió de color, yo me detuve, pero Jacqueline siguió de largo. Y eso no fue lo peor, un auto color rojo se aproximaba a toda velocidad. Mis reflejos fueron rápidos y logré empujar a Jacqueline, las dos caímos y gracias a Dios el carro se detuvo.
Del carro bajaron dos hombres, el copiloto un muchacho rubio de ojos claros y el conductor un muchacho de cabello oscuro y ojos azules, tan azules como el mar. El azul de sus ojos me resulta familiar, como si fuera parte de un sueño.
— ¿Estás bien, guapa? ¿Te lastimaste? — El chico rubio me ayudó a pararme.
— No, estoy bien — Respondí y ayudé a Jaqueline a levantarse del suelo. — Jaqui, ¿estás bien?
Ella asintió.— Solo un golpe en la rodilla.
— Casi nos matas — Le grité al tipo de ojos azules, quien únicamente me miraba como idiota.
— Tú te atravesaste, niña, el semáforo estaba en verde. ¿Quieres dinero? No tengo tiempo, tengo cosas importantes que hacer. — Respondió con frialdad.
— Lo único que quiero es una disculpa — Respondí molesta.
— Y echaron a perder la canasta, Ally, ¿qué hacemos? — Dijo Jaqueline al ver la canasta con nuestra comida en el suelo.
El rubio me ayudó a recoger la comida en la canasta y luego nos pusimos en la acera porque las personas estaban tocando la bocina. Él sacó su billetera y me entregó dinero, pero no lo acepté.
— No es necesario, tú no hiciste nada. El animal fue tu amigo.— Dije.
— Sí, enseguida llegaré — Respondió él de cabello oscuro mientras estaba en el celular.
— Claro que sí, Ally, es lo menos que puedo hacer — Respondió Pato.
— De verdad no — Negué con la cabeza.
— Al menos permitan que las llevemos al hospital, de todas formas vamos para allá, mi primo es doctor, se llama Dante, suban. — Indicó Pato.
— Con este tipo ni a la esquina — Lo fulminé con la mirada.
— Están perfectas, vamos Pato — Respondió él — Me esperan para una cirugía.
Pato me dejó su tarjeta con su número y después se marcharon.