Han pasado tantas cosas entre Mason y yo que realmente no quería verme en la maldita necesidad de tener que recordarlas, Jonathan lo estaba haciendo, pues él había sido testigo de todo, al haber estudiado juntos en la misma universidad y haber estudiado la misma carrera y haber compartido juntos clases en todos los semestres de esos cinco años que duró la carrera, él fue testigo de cada cosa que me sucedía, al igual que yo fui testigo de cada cosa que a él le sucedía.
La universidad para cada fin de semestre organizaba con el equipo de fútbol americano y el equipo de las animadoras, un partido de despedida para celebrarse el último día del semestre, por aquellos días era todo una locura, había descontrol en cada uno de los pasillos de la universidad, los profesores tenían permitido faltar a clases si así lo quisieran hacer, así como habían unos que tenían permitido asistir a sus clases si ellos veían que era necesario hacerlo, más ellos tenían prohibido dejar tarea por ser el último viernes del semestre, pues no faltaba el que realmente quisiera dejarla solo para hacernos la vida imposible.
Aquel viernes, yo estaba estudiando en la biblioteca, pues todavía me faltaba presentar un último examen que se realizaría por el día lunes, era fin de semana, y no más quería aprovechar el día libre para repasar todo sin tener que matarme estudiando sábado y domingo para sacar una excelente calificación, por entonces, yo estudiaba sola en un cubículo que había reservado en la biblioteca, este era solamente para una persona, estaba rodeado de paredes anti ruido, y así mismo, era un espacio cerrado dónde no más tenía una pequeña mesa donde cabía mi computadora y mi cuaderno.
Estaba tan concentrada estudiando que me espantó cuando escuché que alguien estaba hablándome.
— ¿Qué mierda? ¿Mason Hugh? — digo cuando me doy la vuelta para mirar a quién estaba hablándome detrás de la puerta del cubículo.
— Sí, hola, oye, venía para preguntarte si quieres ir conmigo al partido de despedida de semestre, no tengo pareja con quién ir, tú tampoco la tienes, pensé que sería una buena oportunidad para conocernos y llevarnos mejor, ¿Qué dices? — me dijo Mason, haberlo escuchado hablar, y más aún, verlo a él allí de pie diciéndome todas esas cosas, realmente me tenían aterrada, como si todo fuese no más una película de terror de la que no tenía escapatoria y de la que estaba odiando tener que decir no sin saber qué podría pasar con ello.
— Am… La verdad es que no tengo pensado en ir al partido, tengo que estudiar para un examen muy importante que será el lunes y… — comencé a excusarme, pero Mason me obligó a callarme cuando me interrumpió.
— ¿Cómo? ¿De verdad no vas a querer ir al partido de despedida de semestre de la universidad solo para tener que ponerte a estudiar para un examen que ya vale mierda? De veras que estás loca — dijo Mason.
Cuando escuché que Mason me dijo que estaba loca, tragué saliva, con ello me había dado cuenta de que realmente nunca iba a conseguir novio si aspiraba solamente a ser excelente en mis obligaciones profesionales.
— Mm, bueno, ¿Sabes qué? Tienes razón, creo que puedo dejar de estudiar por únicamente un par de horas libre para divertirme un poco, ¿Qué dices? ¿Vamos al partido juntos? — le pregunté a Mason a la vez en que me dispuse a apagar la computadora para cerrarla y guardar mis cosas dentro de mi maletín e irme junto con él a ver el partido.
— Sí, pero no dejes que nos vean juntos, mejor, yo puedo pasar por ti a tu habitación, y de allí vamos juntos para el partido, ¿Te parece mejor? — dice él como si estuviera hablando nervioso ante la idea de querer salir conmigo frente a todos en la universidad, pues él era muy popular, yo no era nadie, nada más era una simple estudiante de derecho que buscaba ser la mejor de las abogadas de la ciudad.
Él tenía mucha razón en querer no dejar que nos vieran juntos, no iba a sentirme ofendida por ello, me ofendía más, era tener que hacerme la idea de que iba a salir con el chico más popular de toda la universidad sin siquiera habérselo consultado primero a mi mejor amigo antes.
— Mm, vale, ¿A qué horas te espero? — le pregunto.
— A las 6:30 estoy allí, el partido es a las 7:00 de la noche, tenemos que llegar temprano a escoger los mejores lugares para verlo, ¿De acuerdo? — dijo él.
Solo asentí con la cabeza y Mason se marchó de la biblioteca sin decirme nada más.
Miré el reloj de mi celular, eran las 4:30 de la tarde y la verdad es que si necesitaría ayuda para escoger que ropa iba a ponerme para esa… ¿Cómo debí haberla llamado? ¿Una cita? ¡Sí! ¡Eso era! ¡Una cita! ¡Dios mío! ¡Había aceptado salir en una cita con el chico más popular de toda la universidad! Mason era la clase de chico quien era capaz de tener de rodillas a cualquier mujer que se le cruzara de camino, de hecho, hasta se me estaba haciendo muy extraño que él no fuera el novio de Shelly, la chica más popular de la universidad que estudiaba derecho junto conmigo y en el mismo semestre.
Me apresuré en guardar todas mis pertenencias en mi mochila, y salí apurada de la biblioteca intentando no haber sido regaña por la señora encargada del lugar.
Corrí hasta mi habitación con la mochila cargada en meo de mis brazos, y me apresuré en llamar a Jonathan para que me salvara de esta pesadilla.
— ¡Jonathan! ¡Tienes que venir a mi habitación ahora! — le exigí a Jonathan en cuanto escuché que él había contestado a mi llamada.
— Ya, voy en camino, solo que me tardo un poco, estaba en el gimnasio… — dijo él, le escuché que si venía caminando apurado por qué su respiración se escuchaba bastante agitada, como si él estuviese corriendo desde que lo llamé.